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jueves, 21 de mayo de 2020

Paris en cinq jours


Son los turistas norteamericanos de “Paris en cinq jours” (Nicolas Rimsky y Pière Colombier, 1926), viendo escopeteados, a golpe de pito, los principales monumentos de la ciudad desde su especial autocar descapotado.
Jorge Gorostiza anunciaba en su blog de arquitectura, cine y ciudad que esta curiosa película había sido puesta a disposición en la página Henri (por Langlois) de la Cinemateque francesa que tantas buenas sorpresas me está dando y, tras ver otras tantas películas que le pasaron delante, anoche le dediqué por fin su momento. No es la copia de la calidad extrema de otras que presentan, porque es producto de una laboriosa reconstrucción a partir de lo encontrado y tiene a primera vista el inconveniente de venir sin banda sonora alguna. Pensaba que este último punto iba a hacer que me cansara en seguida, pero lo que va apareciendo por el film, payasadas de su protagonista al margen, es ciertamente tan curioso que, vistas las músicas que a veces ponen a las películas mudas (antes había iniciado la revisión de “La caída de la casa Usher” en Filmin...), hasta me pareció bien la medida.
Desconocía la existencia de este Rimsky, que sin embargo se ve que fue un actor y director de origen ruso de amplia y popular carrera en Francia. No es que, vista la película, se haya convertido en santo de mi devoción, pero sigo sosteniendo que la película, autocar turístico y vistas de la ciudad de entonces al margen, sigue siendo curiosa de ver por varias otras razones.
Una primera se ve en las escenas iniciales del film, cuando el contable Harry (Rimsky) hace desesperar a su jefe y reír a todos sus compañeros de oficina neoyorquina con los desastres que ocasiona en los momentos en que, simulando seguir los encargos recibidos, se pone a leer “Los tres mosqueteros”. El efecto cómico está medianamente conseguido, pero lo más interesante es ver cómo las páginas del libro semiescondido entre expedientes dejan ver, en vez de las correspondientes líneas mecanografiadas, escenas filmadas especialmente de las aventuras de los mosqueteros.
Ya en Paris, el guía deja bajar y volver a subir a sus pupilos unos instantes ante algún monumento y llega a la proeza de guiarles en una visita al Louvre en 15 minutos, lo que me hace pensar si no habría visto Godard la película cuando ideó la alocada carrera dentro del museo en busca de superar el récord en su “Bande à part”.
Otra visita relámpago fuertemente curiosa es la de la Feria de Bellas Artes, creo que instalada por el Campo de Marte. Para no cansar a sus visitantes, además de acelerar su visita, los llevan en unos más que curiosos triciclos individuales, que debería investigar si realmente se utilizaron en la exposición o se los inventaron en el film.
La historia de rivalidad del contable con un conde que le roba la novia da pie también, en su desesperación etílica, a disfrutar -y nosotros con él- de la noche de Paris y sus osados espectáculos, derivando las noches de juerga hasta ir a parar a antros canallas.
Eso y dos o tres escenas como de vanguardia, con una torre Eiffel doblándose o todos los edificios y caras de los acompañantes bailando alocadamente ante el contable, decididamente víctima de la ingesta de alcohol.

jueves, 22 de febrero de 2018

Paris

El DVD del film de Depardon, como debieran ser todos los DVD. Bueno: con el añadido de subtítulos en varios idiomas a escoger.
Puede ser el ejemplo de las posibilidades de un soporte, de su esplendor, ahora que se ve su posible fin. Compré en París el DVD de "París" (Raymond Depardon, 1998) y lo vi anoche. Después de verlo, para asentar ideas, pues un defecto de los DVD franceses es que casi nunca tienen subtítulos, miré los extras. Ahí di con la maravilla: En sendas entrevistas Depardon entrevista, en el momento de creación del DVD (2006), a sus dos principales intérpretes y colaboradores en el film, preguntándoles por sus sensaciones, sus reacciones personales en el momento del rodaje. Los dos, con una sinceridad aplastante, se confiesan ante la cámara.
Plano inicial del film, que hasta que pasa un peatón y un coche te hace pensar si te encuentras ante una película compuesta por el montaje de las extraordinarias fotografías de Raymond Depardon.
Aún siguen haciéndose DVD como éste, pero cada vez menos. Se ven como un sistema del pasado, arrebatado su trono por las plataformas de distribución de películas y sus ficheros electrónicos. Sin embargo, tener un DVD como éste, o como el de "À nos amours" de Pialat, con la entrevista a Sandrine Bonnaire veinte años después, por ejemplo, se iguala al orgullo de tener en una librería de casa una gran obra de la literatura universal anotada, que puede ser consultada cuando desees para exprimirle todas sus enseñanzas, para redondear el placer de su lectura. En el caso del DVD el placer de la comprensión y disfrute total de una película.
El fotógrafo Luc Delahaye en su papel de joven realizador que quiere filmar un retrato de una parisina.
Viendo el film, el primer despiste puede llegar provocado por su título. Empiezas su visión y tras esa conversación entre Luc Delahaye (el joven realizador que quiere filmar un retrato de una mujer) y Silvie Peyre (la directora de casting a la que contrata para que le ayude en la selección de esa mujer, escogiéndola por la calle), te dices que qué buen dispositivo para hacer un retrato de la capital francesa. Pero poco poco a poco vas viendo que la cosa no va por ahí, y que casi todo el juego reside en la captación y entrevistas con estas mujeres, y en la relación entre ambos. Es decir: sí que salen unos cuantos escenarios de París, y entre ellos fundamental la Gare Saint-Lazare, pero son ellas, las parisinas, y no su ciudad las que adquieren protagonismo.
Silvie Peyre, en su papel de directora de casting. También hizo de ayudante de dirección de Depardon.
En la Gare de Saint-Lazare, una de las mujeres cogidas por su aspecto y entrevistadas.