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domingo, 7 de junio de 2026

Encuentro cine clubs en Bescanó


Doble sorpresa ayer al llegar a Bescanó, donde se celebró el encuentro que anualmente celebran los socios de la Federació Catalana de Cineclubs, con su estatutariamente obligada asamblea, en la sede de uno de ellos.
La primera sorpresa fue, en vez de la pequeña representación esperable al haberse decidido celebrar en un lugar que, en principio, no se distingue por sus facilidades de transporte público, coincidir con una numerosísima presencia de cineclubistas, llegados de todo el ámbito de la Federación. Creo recordar que se registraron representantes (uno o más de uno por entidad) de unos treinta y seis cine-clubs, de entre los 66 que hay actualmente federados.
Como documento curioso, en anexo cuelgo la relación de todos los cineclubs federados y su distribución geográfica, lo que puede ayudar a que, a su vez, gente que desconozca su existencia pueda contactar y disfrutar del cine con ellos.
La segunda sorpresa fue el dinamismo y eficacia organizativos para llevar a buen puerto un acto como éste (de los que hay que felicitar tanto al staff de la Federació y a su junta como a los componentes del Cineclub Bescanó) y dar con las impecables instalaciones en que presentan sus películas los del cineclub.
Se trata de un teatro, actualmente municipal, reformado totalmente en este siglo, pero procedente de uno inaugurado hace ochenta años como teatro para los trabajadores de la Fábrica Grober, que en su día fue propiedad de la familia del cineasta Pere Portabella. Fachada y cabecera del escenario, de magnífico empaque, se mantuvieron en la restauración, complementándolas con obra nueva que complementa un modernísimo Hotel d’Entidades de la localidad.
No sólo tuvo la reunión sus apartados “oficiales”. Después de una comida que respondió a las expectativas que surgen cuando se habla de toda esa zona del Ter y la cercana Vall de Llémana, por la tarde Esteve Riambau presentó y luego contextualizó una muestra de películas de Laya Films, la productora del Comisariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya durante el periodo de la guerra civil. Pidió excusas varias veces por aguar las alegrías de la completa comida previa con el pase final de “Catalunya Mártir”, donde se ponen en cruda evidencia (con la fallida intención de hacer rectificar a Francia y Gran Bretaña del hipócrita Tratado de no Intervención) las consecuencias de toda guerra, recordándonos que en esa ocasión no ocurrió en un territorio lejano, sino aquí mismo. Me volvió a golpear esa imagen de desolación con la que cierro el álbum de fotos de Bescanó y la historia que encierra.
Hoy domingo completaban allí la cosa con un acto recreativo-científico, un paseo por la ribera del Ter guiados por sabias manos, al que, sobre todo por no disponer ya de coche y deberme a quienes me acompañaron y llevaron, este año no he asistido.
El año que viene ya se sabe que la cita será en Castelltersol. Esperemos que se desarrolle lo bien que ésta, podamos asistir y disfrutarla.












 

jueves, 16 de octubre de 2025

La película de mi vida


Esteve Riambau ha escrito las memorias de su vida con el cine y de todo lo que con ella tuvo relación y, como se ve mediante su lectura, eso va sumando hasta ser un montón de cosas.
Al final del volumen (“La película de mi vida”, Tusquets, 2025) no hay ningún índice onomástico que facilite búsquedas posteriores, pero luego he echado unos números y lo he encontrado lógico desde un punto de vista operativo: he calculado que la simple relación de nombres que aparecen, cada uno con las páginas en que se encuentran, para un libro que ya tiene unas 500 páginas de texto y otras 50 de fotografías, supondría un incremento de alrededor de unas 200 páginas, ofreciendo de esa forma un volumen ciertamente poco manejable.
Ciertos datos de su biografía personal (no de sus trajines profesionales con el cine) que aporta (muy pocos, en realidad) me acercan un montón a lo que inicialmente cuenta en el libro. Ahí están, para enumerar unos cuantos, sus lecturas apasionadas infantiles, su interés inicial por la antipsiquiatria, enfocarse hacia otra carrera pero mantener y acrecentar su interés por el cine… Luego, la coincidencia en algún que otro acto -muchos por él organizados- y ciertos gustos generalmente comunes, también me conectan con el resto del libro, del que ya le había oído unas cuantas historias.
Todo el libro, de hecho, guardando las debidas dimensiones y distancias relativas, tocan un mismo fondo de memoria con el mío, claro está que visto desde otro lado.
Ha pasado por tantos festivales, ha entrado en berenjenales tan variados (revistas, televisión, libros, Filmoteca), muchas veces, como él mismo relata, con trajes que no eran hechos a medida e implicaban unas constricciones de lo más molestas, que el relato a vuela pluma pero pormenorizando lo más destacado predomina en muchos capítulos. Unos capítulos en los que su costumbre de introducir mínimamente los personajes y películas de los que habla, para que puedan llegar a lectores no muy avezados en la materia, suponen un buen porcentaje del volumen, en los que la anécdota con la que siempre intenta completar la cita queda en minoría.
A mí, personalmente, lo que más me ha gustado del libro es:
-que me ha servido para ligar cabos con relaciones personales entre la gente citada y cosas así en las que siempre ando despistado, bajo la higuera.
-que suelta unos cuantos secretillos o indiscreciones relacionadas con determinada gente del cine.
-que no se calla ni deja de evocar y airear ciertas miserias de gente e instituciones, en un santísimo ejercicio que a ver si colabora para arrastrar lejos la tontería y espíritu despreciable que muchas veces las caracteriza.
-que desmitifica un montón el mundillo de los reporteros cinematográficos y el resultado de sus trabajos.
-y, sobre todo, la denuncia, cuando ya no puede callar, del papanatismo que mueve a un amplio espectro de representantes políticos cuando ejercen un cargo de poder, sólo pendientes de su imagen pública y repercusión de sus movimientos.
Para contrarrestar las pullas que en ocasiones me ha lanzado por mi interés en el cine de François Truffaut, y así equilibrar un poco la balanza, le diré aquí, con sonrisa irónica en la boca, que después de leer las 500 páginas de su libro y ver con detalle todas sus fotografías, creo que me siento capacitado para rebatirle eso que suele decir, y que esgrime en el mismo libro, de que él no es cinéfilo, que lo que de verdad le interesa es la vida que, a través del cine, puede captarse: ¡pero sí todo, frases y reflexiones incluidas, lo ve a través del cine!
La verdad es que me ha desvelado muchas cosas que desconocía y, como he abierto una pequeña lista de cosas que deja entrever, pero sin acabar de mostrarlas desplegadas por completo, desde aquí me gustaría invitarle a una comida en la que, acompañado del libro y las marcas con las que lo he ido señalando, bolígrafo en mano, sonsacarle hasta acabar de redondear lo que me ha quedado sugerido, pero opaco. A ver.

Durante todo el libro, con sus explicaciones, va, según dice, “cerrando círculos”, lo que podría parecer decir que cerrando capítulos para siempre. No hay que hacerle caso. Los círculos esos que ha cerrado están encadenados con otros que ahora está recorriendo, y que, esperemos, deberá explicar en un futuro volumen. 

miércoles, 1 de octubre de 2025

Esteve Riambau presenta sus memorias de cine


La rentrée ya está aquí, debieron pensar ayer en la Filmoteca, tras asistir en su vestíbulo a una de esas saturaciones de los grandes acontecimientos.
La cita, que reunió a una variopinta parroquia (gente del mundo de la crítica y la profesión cinematográfica y espectadores habituales de la Filmoteca, especialmente) era para la presentación de las memorias de Esteve Riambau, a la sazón veterano crítico cinematográfico y hasta hace un par de años director de la institución del Raval.
Mínima introducción del director actual de la Filmoteca, Pablo La Parra, mientras se acomodaban en la repleta sala los rezagados -muchas conversaciones por el mucho tiempo sin verse entre sí-, luego otro tanto por parte de Juan Cerezo (Tusquets Editores) quien mencionó su primer contacto editorial con Riambau, cuando ganó el premio Comillas con su biografía sobre Muñoz Suay y, tras haber lanzado el gancho obligado para lectores indecisos (eso de que el libro se lee como una novela, sin aburrir en ningún momento: sus primeros capítulos así me resultaron anoche) acabó su intervención con una muy bien pensada manoletina, mencionando el sitio de reunión, la Filmoteca, como el auténtico lugar del crimen, pues fue jubilarse como su director para a los dos días ponerse a escribir el libro.
Poco después, en una intervención anticipada a la que se lanzó el protagonista de la tarde, confesó que fueron las horas facilitadas por el confinamiento las que le condujeron a escribirlo para aprovechar ese impensado regalo de tiempo tendente a la auto contemplación. En esa intervención avanzó un concepto que le gusta siempre dejar claro, que él no es ningún cinéfilo (luego volvería a esa idea señalando que le gusta más conocer a las personas que a sus películas) y que por lo tanto sus memorias no son en verdad un libro de cine, siendo como es el cine su hilo conductor.
Según añadió, un 25% del libro estaba dedicado a su tiempo en la Filmoteca (a todo lo organizado y vivido durante esos 14 años de director), otro 25% a esa generación previa que es la que le atrapó y condujo en su afición por el cine, y luego no especificó ya a que estaba dedicado el otro 50%, pero a tenor del atractivo carrusel de fotos que se pudo ir viendo en la pantalla durante toda la sesión, que correspondía precisamente a las fotos (con él o suyas) que aparecen en el libro presentado, debe estar dedicado a la enorme cantidad de gente que ha ido conociendo a través de sus trabajos relacionados con el cine.
Y tras asustarse de todo lo que había llegado a decir, empezó realmente lo que supongo se había planificado, esto es, una mesa redonda con dos puntales -el actor Josep María Pou y la directora de cine Rosa Vergés- que irían dejando asentadas opiniones que podría confirmar, denegar o rematar Esteve Riambau.
Empezó pues Josep María Pou, y lo hizo leyendo, con su profunda y entonada voz, un trozo del prólogo que ha escrito Leonardo Padura para el libro, acabando con una frase muy sonora, que dice que “esta película de su vida debió haberse llamado ‘Love Story’, porque lo que nos ha regalado el apasionado Esteve es, en esencia, eso: la historia de un dilatado, incombustible amor”.
Por su parte, Rosa Vergés se centró mucho en la cantidad de personajes que aparecen en sus memorias (Riambau: “pero no quería hacer en modo alguno un listín de teléfonos”) y en recabar cómo había logrado eso de tanta complicidad, tan evidente, con directores de cine de primera magnitud con los que había tratado.
Riambau, de quien ya había salido a colación su formación y primera actividad profesional como médico, respondió que asumía su doble personalidad de Dr. Jeckill y Mr. Hyde, de la que consideraba la válida la de Mr. Hyde, pero sin abandonar el método científico del que se había empapado el primero.
Pero si otro protagonista hubo ayer en la sala, aparte del escritor homenajeado, este fue Orson Welles, del que nuestro convocante es un referente a nivel mundial, sobre todo gracias a haber aportado conocimiento de lo que otros estudios carecían, su gran relación e implicación con España. Pou agradeció a Riambau haberle facilitado conocer al famoso director de cine… y otras muchas cosas, de su mano, y detalló con la ayuda del mismo Riambau las circunstancias y algún momento relacionado con el proceso de puesta en escena de la obra “Su seguro servidor, Orson Welles”, de la que supimos que impuso como condición para interpretarla que fuera dirigida por Riambau, o de “Máscaras”, la película (codirigida con Elisabet Cabeza) en la que Esteve Riambau captaba su complejo proceso de preparación para representar el papel de Orson Welles.
Para más redundancia, cuando a Riambau le preguntaron qué tenía entrte manos, su respuesta fue que el próximo lunes se inauguraba en la Cinemathèque francesa, en París, una gran exposición, de la que había sido uno de sus asesores, dedicada a... ¡Orson Welles!
Al salir de la sala o de la biblioteca -donde firmó ejemplares de sus memorias- la gente se sumó en el vestíbulo con el público, también numerosísimo, reunido para el preestreno de “Extrany riu”, multiplicando el agradable caos hasta el punto de hacer creer a uno en la mentira piadosa de la potencia de la actividad cultural barcelonesa de esta rentrée.

Pablo La Parra, durante su introducción, apenas logrado que se sentaran los últimos asistentes al acto.

Juan Cerezo a lo mismo.

Avance expositivo de Esteve Riambau. En la pantalla, el carrusel de fotos a punto de iniciarse.

Pou leyendo parte del prólogo de Leonardo Padura, de quien Riambau dijo que estaba previsto que estuviera también en la mesa, pero la única fecha disponible en la Filmoteca lo impidió. En la pantalla, una de las fotos del libro, con unos jovencisimos: un para mí irreconocible Joan Riambau, Esteve Riambau, Mirito Torreiro sentado con el vaso, José Enrique Monterde, Joaquim Romaguera y su mujer, Rose Vendrell
Rosa Vergés al micro.

El Dr. Riambau extendiendo una receta a un paciente, que resulta ser Martí Rom, a quien pronto volveremos a ver por aquí.
 

viernes, 23 de mayo de 2025

Storia del cinema spagnolo


Buscando lugares frecuentados por Cesare Pavese, hemos entrado en la Librería La Bussola de Turín. Entre los libros de cine, dar con esta “Storia del cinema spagnolo”, y la satisfacción de conocer a los cuatro que figuran en su lomo como autores. 

martes, 1 de abril de 2025

Esteve Riambau en las Proclamas Políticas de Ombres Mestres

(No es un escrito mío, pero ante tan generoso apunte, guardo en este blog-almacén la entrada de Esteve Riambau de ayer noche):

Exhaustiu recorregut de Juan Manuel Garcia Ferrer per les Proclames Polítiques al llarg de la Història del Cinema. La sessió de les Ombres Mestres al Cineclub de l'Associació d'Enginyers Industrials revisava fragments emblemàtics de diverses circumstàncies polítiques, des d'un agafat pels péls "Napoleon" d'Abel Gance fins la desfilada final de Nanni Moretti a "Il sole del futuro", No hi ha mancat l'escena inicial d'"El triomf de la voluntat" de Leni Riefenstahl (sense la desfilada posterior amb la mà mesiànica de Hitler), els magnífics diàlegs anticomunistes de "Ninotchka" o l'emotiu final de "This land is mine", amb Charles Laughton llegint la Declaració dels Drets Humans als seus alumnes abans de ser detingut pels nazis. No podia faltar una escena nacionalcatòlica d'"El frente infinito", una notícia de Laya Films, un pla-seqüència de Miklós Jancsó amb cavalls i un helicòpter vermell o diverses escenes de "Retour à Reims". A destacar dues notes exòtiques amb els finals d'un film xinès de la Revolució Cultural i el d'un melodrama nord-coreà tan ensucrat que semblava fet a Hollwywwod.

Segur que el public -amb la presència de velles glòries de la crítica- ha sortir amb la seva llista de mancances. A la meva hi posaria Amèrica Llatina, amb el cinema de la Unitat Popular xilena, el peronista Fernando Solanas, el bolivià Jorge Sanjinés o el mexicà Paul Leduc. Perque, quan parlem de proclames, volem dir propaganda, no? No es cap matís pejoratiu. Com ha dit el ponent a l'inici de la sessió, "cada film transmet un missatge polític". I jo afegiria: "Cada proclama política te el seu destinatari". Hi ha films a favor i en contra, per convençuts i per reticens, d'acord amb la dreta o amb l'esquerra. Particularment interessant es quan el context històric canvia el sentit d'una mateixa pel·lícula. Com en el cas de "La grande illusion" de Jean Renoir, elogiada com a pacifista abans de la segona guerra mundial i denunciada com a col·laboracionista després. Aixó ens hauria portat a parlar de Marc Ferro i de la doble lectura històrica del film, però dues hores ben aprofitades ja no donaven per mes.





 

 

sábado, 29 de junio de 2024

Obediently yours: Esteve Riambau

David Lean, en su silla, recibiéndonos desde la pantalla. A la derecha, Oscar Fernández Orengo, atento a todo con su cámara.

Una fila cero que era, en realidad, la fila diez. Esteve Riambau con familia y equipo de la Filmoteca. Muy cerca suyo, de negro, su sucesor, Pablo La Parra. Mariona Buzzo, la responsable del servicio de restauración y conservación de Terrassa, de pie, tapa al anterior director, Roc Villas.

Con la Consellera de Cultura.

Y con Octavi Martí y Rosa Vergés.

Lleno absoluto ayer en la Chomón, la sala grande de la Filmoteca, y poco antes, al llegar, ambiente de gran acontecimiento, reencontrándose gente que hacía mucho tiempo que no se veía. Seguramente nadie había ido atraído irresistiblemente por las cuatro piezas cortas programadas, aunque éstas estaban, ciertamente, muy escogidas para ligar con el objetivo de la sesión.
Y es que Esteve Riambau se despedía de la Filmoteca tras catorce años, que no son pocos, como su director. Las cuatro piezas hacían mención de cuatro aspectos de Riambau en su íntima relación, a lo largo del tiempo, con el cine, y podían servir, entonces, para encauzar un poco la verdadera pieza fuerte de la sesión, esto es, la conversación a desarrollar con él por parte de Octavi Martí (que compartió con él, además de la crítica en revistas cinematográficas, gestiones directivas en la misma Filmoteca) y Rosa Vergés.
“Obediently yours: Esteve Riambau”. Así tituló su sesión de despedida él mismo, cortésmente, al tiempo que citándonos, desde un principio, su permanente ligazón con Orson Welles.
Se apagaron las luces y en una esquina delantera empezó a sonar Nino Rota, interpretado por Maurici Villavecchia (acordeón) y Horacio Fumero (bajo), para enlazar en seguida con el tema de “El tercer hombre”. Acabadas estas piezas, que sonaron extraordinariamente bien, en la pantalla se desarrolló de forma encadenada un carrusel de fotos que hablaban, desde la ceremonia de colocación de la primera piedra y luego la inauguración en 2012 del edificio en que estábamos, hasta la llegada en 2024, entre otros, de Bela Tarr (la foto del cual, por cierto, cierra el reciente libro de retratos de los “Cineastxs” que han pasado a lo largo de los años por la nueva sede de la Filmoteca en el Raval), de doce años intensos, ricos en proyecciones y grandes nombres del cine paseándose por Barcelona.
-¡Qué bien planificado que lo tenía todo! -me digo, disfrutando de un carrusel (¡debería colgarse públicamente!) que desmiente la idea que tenía en la cabeza, de que Esteve Riambau no había cambiado nada: las fotos proyectadas demuestran que sigue igual, pero en mayor. Fue lo que poco después, a la vez que desmintiendo mi idea formada, porque comentó que esa parte había sido una sorpresa que no se esperaba, caracterizó como “desfile de peluquería, cada vez menos cabello y más blanco”.
Tras el carrusel se encendieron las luces y apareció él acompañado por la Consellera de Cultura, Natalia Garriga, accediendo a un atril que dejó claro él tampoco había hecho colocar ahí. Sin dar aún la voz a la Consellera, accedió al micrófono:
—“Por alusiones me toca hablar”. E inicio una larga ronda de agradecimientos a su equipo, a entidades y al público.
Dejando en evidencia que la inexpresividad que le adjudicaba Jacinto Antón el otro día en un artículo de El País tenía sus grietas, por primera vez en la vida, después de haber alargado ya antes sospechosamente una frase, vi que se le rompía la que estaba diciendo por la emoción: estaba señalando unas rosas situadas encima del piano de cola de la otra esquina, y evocando a Joan Pineda, como él médico, quien había acompañado con su música en ese piano innumerables films del periodo mudo.
La Consellera de Cultura habló como tal -elogiando como se debe la labor realizada estos años-, pero sobre todo como amiga, en un discurso que no se vio nada formal ni distante. Acabó -volviendo a su cargo- indicando que estaba a punto de salir del horno la Llei del Institut de la Filmoteca, que iba a significar la emancipación de la institucion (habrá que estar atentos), y acabó fundida en un abrazo con el homenajeado.
El mismo Esteve Riambau llamó a subir entonces al ‘stage’ a Octavi Martí y a Rosa Vergés, justificando la presencia de la segunda explicando que en una antigua conversación le dijo que organizaba tan bien las cosas que querría que le organizara su funeral. De éste orden debía pensar era lo que estábamos celebrando…
Confieso que esperaba con ansiedad las preguntas de Octavi Martí, seguro de que tendrían un buen mordiente. Empezó confirmándolo, ya que la primera pregunta que le hizo hacía alusión a los cabellos blancos que Riambau había visto florecer en su cabeza en las fotos. Recordó una frase (precisada su autoría y detalle por Riambau, siempre con una memoria prodigiosa para estas cosas, como demostraba de otra manera en las increíbles sesiones en las que actuaba de traductor) de Serge Toubiana, entonces director de la Cinematheque Française y a la sazón enarbolando unas notorias canas: “Hay que hacer la guerra a los cabellos blancos”. La pregunta era, claro, para saber si se había ganado la guerra y logrado una audiencia joven en la Filmoteca, y Riambau contestó con los ejemplos de los casos de las visitas de Tarr y de Ernaux, que es verdad distaban mucho del público medio -sobre todo inicial- de las salas del Raval, esto es, jubilados llevando una bolsa del Caprabo con varias de sus existencias.
Pero en general tuvo Esteve Riambau suerte de contar con dos personas que le facilitaron, con sus preguntas que parecían compradas, efectuar un repaso bastante completo, cada uno con su respectiva anécdota asociada, a los diferentes servicios y actividades desarrollados por la Filmoteca. Se pudo extender, y surgieron de ese modo explicaciones sobre la ubicación de las salas en un barrio tan conflictivo (confesando Riambau la inicial existencia de advertencias de amenazas chungas -“la última fila estará siempre llena de pajilleras”- y apocalípticas), la colaboración con instituciones (y las múltiples complicidades establecidas), el orgullo por la nómina de invitados recibidos (no hubo forma: Martí y Riambau acordaron callarse algún que otro fiasco que tuvieron, y no se movieron de ahí), la reunión en Barcelona de la FIAFF, los políticos que se acercaron alguna vez (dos ex-presidentes de la Generalitat: Pujol-de quien Riambau explicó que estaba preocupado por la posible obsolescencia de todo esto del cine y a quien, a parte de esto, sólo le sacó su aprecio por Cyd Charisse- y Maragall -que se mezclaba discretamente con el público, aunque ya iniciada su enfermedad al poco de inaugurar la sede del Raval-, para tener que esperar a estos últimos años para que un President en activo -Aragonés- pisase la Filmoteca).
Y las preguntas de esos dos entrevistadores decididamente vendidos a la causa también sirvieron, por sí fuera poco, para repasar el estado del arte del cine y la conservación del mismo. Esto es, lo incierto y caro, paradójicamente, de la solución digital, debido a los constantes cambios de tecnología, volviendo a efectuar Riambau esa aseveración que a primera escucha extraña, de que es el soporte analógico el único que por el momento ha demostrado poder garantizar su conservación.
Así las cosas, viéndose Riambau tan amablemente entrevistado, cuando en realidad se esperaba recibir preguntas comprometedoras, casi fue él mismo el que estuvo a punto de lanzar los dardos. Ajeno al proyecto arquitectónico de la sede del Raval, acordado cuando aún no estaba en el cargo, confesó que tuvo el morbo suficiente para ir a ver los otros proyectos presentados, si bien no explicó nada de ellos. Cuando Octavi Martí le preguntó por las secciones adicionales a las salas de exhibición (biblioteca, sala de exposiciones, archivo,…), refiriéndose a ellas como “la parte sumergida de la Filmoteca”, se le vio aliviado contestar que pensaba que se refería a las inundaciones que sufrieron y que tanto mal les hizo. Y así…
Con todo esto nos acercamos a los noventa minutos de conversación larga y sustanciosa, cuando yo temía viendo el programa que, como suele pasar en estos casos, faltase tiempo por todas las costuras.
Pasamos finalmente a lo que Riambau llamó “la degustación” planificada. Dos piezas que justifican su amor y dedicación al cineasta Chomón y a la productora Laya -hasta el punto de nombrar así las dos salas-, un recuerdo de su sempiterno Orson Welles mediante una película rodada cuando debía tener 19 años y un cortometraje de su propia autoría.
Aunque quiso quitar hierro a lo que era y significaba en su vida este momento del relevo, ¿qué más claro que acabar la sesión de su despedida proyectando un cortometraje que, como él mismo confesó, hizo para homenajear a sus padres?
Quiero, por un momento, ponerme en la mente de Pablo La Parra, el que será a partir de julio, de aquí a dos días, nuevo director de la Filmoteca. Se le veía bien, tranquilo y divertido, incluso cuando, acabada la sesión, Esteve Riambau, como se debe continuar haciendo tras las ceremonias de boda, le pasó el ramo de novia (ver las fotos, como todas, de muy mala calidad, ya sea por la distancia a la que me toco la butaca en una sala Chomón llena, ya sea por la poca luz del entorno). Viendo todo lo que vio durante esas casi dos horas y media, debía pensar internamente que vaya el nivel al que le había situado la apuesta. Realmente difícil de alcanzar.
Se me hizo otra vez demasiado largo el escrito, y lo publico más tarde de lo habitual, pero es que luego aún hubo cena, y traslado tardío a casa, y luego ponte a escribir dando cuenta de tanto. No es fácil, y no supe, dar dos o tres notas clave. Podría haber dicho, eso sí, que fue una de las noches clave de la Filmoteca.

No sé quién de su equipo tuvo la feliz idea de darle un ramo de flores, de novia. Él miro de reojo a su sucesor…

Y le encasquetó el ramo.

Óscar Fernández Orengo se percató y pidió, para la posteridad, la repetición de la jugada.

Y ahí que la inmortalizó.

Al llegar a la Filmoteca, caras conocidas en -a veces- reencuentros. Por ahí estaban ya, entre otros muchos, los de tierras gironinas Imma Merino y Àngel Quintana, y más tarde, en el vestíbulo y abajo las caras conocidas se repitieron un montón. En la foto Tomas Delclós junto a Martí Rom, quien está oyendo decir, encantado, a Ferran Alberich que la restauración de su “Miró i Mont-roig. D’un roig encés” ya está casi a punta de caramelo, y valorando aspectos de su primeriza puesta en escena.
 

jueves, 27 de junio de 2024

Cineastxs


Como preparación y aperitivo para la sesión de esta tarde de despedida de Esteve Riambau, que deja la dirección de la Filmoteca y se va a casa a investigar y presentar trabajos de documentación que apenas le han dejado tiempo para hacer estos últimos años, me he leído de pe a pa este libro que ha escrito, así como las diferentes dedicatorias que cineastas retratados han dejado y he observado con detalle las fotografías en las que Óscar Fernández Orengo los ha inmortalizado.
Corroboro lo que le he oído decir al mismo Riambau: leyéndolo me ha parecido un buen resumen, que sirve de recuerdo, de lo vivido estos catorce años. Ahí queda lo mucho que se ha podido ver, discutir, aprender.

Únicamente sugeriría, si se agota la edición y se piensa que hay recorrido para otra, un pelo más de calidad en el papel, para lograr unas reproducciones fotográficas óptimas y, ya puestos, personalmente creo que sería bien interesante que Óscar indicara (si no en todas, sí en las principales) por qué el personaje aparece dónde y cómo aparece en la foto, y cómo fue aproximadamente, en pocas palabras, la sesión fotográfica. 

martes, 7 de mayo de 2024

Pere Portabella.Impugnar las normas

Cubierta del volumen de la edición catalana.

Si había ayer una pregunta circulando entre los asistentes a la presentación de “Impugnar las normas” (Pere Portabella, Galaxia Gutemberg, 2024) unos minutos antes de su presentacion en la Casa del Libro de Rambla de Catalunya, esa era a qué hora iba a hacer acto de presencia el homenajeado, Portabella. Llegada la hora, la pregunta varió a la de si iba a ir o no.
Lo cierto es que no apareció, y todos, internamente, lo encontramos normal, tratándose de una persona que ha alcanzado ya los 97 años, que ciertamente no son moco de pavo. Pero un poco extraño sí resultó que no se dijera en ningún momento nada al respecto desde la mesa, que él no dirigiera ninguna frase en el vídeo preparado por su equipo de Films 59, que se proyectó al empezar, y que ni siquiera se leyera un escrito preparado por él para el acontecimiento. Adicionalmente, que Vicenç Altaió, en su intervención, hablase de él un buen rato utilizando formas de verbos siempre en pasado hizo recorrer un rumor y gestos de extrañeza por el auditorio.
Fue conciso y potente el vídeo de su productora, Film 59 (por ahí estaba Pascual Otal…), enlazando secuencias de sus películas e imágenes que casan muy bien con los temas que se desprenden de sus textos recopilados en el libro.
Tras la introducción efectuada por Joan Tarrida (Galaxia Gutenberg), Esteve Riambau, que es el autor del prólogo y notas del libro, además de haber efectuado el arduo trabajo de su selección y edición, recalcó -y los que en algún momento hemos conocido a Pere Portabella no podíamos sino sonreirnos y representarnos en nuestras cabezas las escenas comentadas- que no hubo decisión editorial de todo el proceso que no hubiera pasado por sus manos. Primero no quiso un libro de memorias o biográfico, escogiendo mostrar los textos que ha ido escribiendo a lo largo de su vida, tocando la cuerda cinematopgráfica, artística o política. Decidió que salieran a la vez una versión en catalán y otra en castellano, Insistió -comentó Riambau- en que figuraran discursos parlamentarios, de cuando fue senador. Aprobó o descartó (también hizo colocar algunos olvidados) todos los textos y fotos que se incluyen en el volumen. Incluso le hizo modificar el prólogo en dos ocasiones, para dar por válida finalmente la tercera versión que le presentó…
Segun Riambau, se trataba de ordenar los materiales pero, conociendo al autor de los textos, no podía tratarse en absoluto de una ordenación cartesiana, pues seguro que la habría rechazado por completo. Al final -señaló- los agrupó en tres épocas (el franquismo -hasta la llegada de Tarradellas-, los primeros años de la democracia -con él participando como senador- y su “regreso” (una palabra que Portabella nunca le admitió) al cine a partir de 1989 -sin olvidar su participación activa en la Fundación Alternativas-, estableciendo una serie de raccords entre ellos.
El siguiente turno fue el de Vicenç Altaió. Se levantó de su butaca, pegó un tropiezo al bajar de la tarima que estuvo a punto de dar con él en el suelo (Tarrida acotó, divertido, que eso sí era una impugnación a las normas) y al final entendimos que no iba de performance, sino de coger un volumen del libro de su expositor (lástima que precintado), para, con pausas teatrales, decir lo que traía preparado, empezando aproximadamente con algo así:
“Això no és una película. És un llibre, un invent que dura més que una película, registre de la paraula, de la memòria. Acte no de memòria, sinó de present. Comença amb una pàgina en blanc, que porta al silenci” (y más o menos por aquí vimos que al no poder abrir el libro no podía seguir por ese camino seguro que previsto de ir pasando páginas). En todo caso siguió un discurso vibrante, subiendo el tono de voz en algún momento, viniendo a concluir que Portabella ofrecía con ese libro “un testamento ético de un sujeto lírico”, y acabó dándole vueltas por todos lados al título del volumen, hablando de impugnadores de normas que en la historia de Catalunya han sido. En algún momento, no obstante, lanzó alguna palabra en un tono más alto del normal, como “sexualidad” y -no pude evitarlo- me fui un poco a tiempos muy lejanos, yo adolescente, acordándome de un cura desde el púlpito lanzando un sermón contra las almas acomodaticias.
El último en hablar fue Josep Ramoneda, quien explicó unos cuantos momentos, a lo largo del tiempo, que coincidió con Portabella que creía, y todos vimos, como definitorios:
Inicialmente habló de las especiales circunstancias del momento en que lo conoció. Era 1969 y se acababa de instaurar el Estado de Excepción. Él era un joven periodista de El Correo Catalán (de la plantilla que más tarde formó el añorado Tele-Exprés) y a su director, Ibañez Escofet, se le ocurrió que debían hacer una entrevista a Pere Portabella. Fueron él y José Martí Gómez, bastante más veterano que él, a entrevistarlo en un apartamento que tenía Portabella encima de Bocaccio (un apartamento que llegué a conocer, porque ahí mismo estuvimos yendo muchas veces Martí Rom y yo a entrevistarlo, repasando toda su carrera hasta entonces como productor y cineasta). Ramoneda concluyó el recuerdo diciendo que lo hicieron muy mal, porque no les censuraron ni una palabra. Eso sí: fue la primera de una serie de magníficas entrevistas a dúo Martí Gómez-Ramoneda, que se prolongaron en otros medios largo tiempo, sentando cátedra de buen periodismo.
Explicó luego que a Portabella se le veía en todos los lugares (actos artísticos y políticos, alguno tan sonado como la capuchinada o el encierro en Montserrat, por no hablar de la venida de Tarradellas a Catalunya) en que se tenía que estar. Pero también en Bocaccio o en Tuset Street. Estaba también ahí, pero, recalcó, siempre individualizado, nunca daba la impresión de ser del grupo.
Otro momento especial Portabella que evocó fue el de sus famosos “suquets”, ligando relaciones entre gente que aparentemente no podían tener nada en común, buscando entendimiento. Incluso en el más que confrontado 2017…
No anoté nada más que me recuerde ahora otros momentos señalados por Ramoneda. Bueno, sí: tengo anotado en la tambleta “Pantalones cuadro Millares”, con lo que acabaré ahí este relato, que volvió a hacerse kilométrico. Surgió en Can Framis, donde le dedicaron una exposición importante. Se ve que allí, señalando un cuadro de Millares, comentó:
-Este cuadro es importante, porque esos pantalones eran míos…
Tardó en dasalojarse la sala, rebosante de gente “que debía estar ahí”, la que acude a los grandes acontecimientos de ese mundillo cada vez más callado. Cada vez se encuentran con menos frecuencia, lo que provoca mucha conversación de actualización de ficheros. Lo que se dio por descontado: que mucho Portabella, nuestro Portabella.

Me explicaron que la de la chaqueta rosa es la Consellera de Cultura.


Viendo el vídeo preparado por Films 59.

Vicenç Altaió, Joan Tarrida, Esteve Riambau y Josep Ramoneda en la mesa redonda que siguió.