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miércoles, 25 de enero de 2023

L’angoissante aventure


La película que hoy miércoles ha colgado en su web Henri la Cinemateca Francesa (“L’angoissante aventure”, Yakov Protazanov, 1920; sin sonido, pero con intertítulos en francés e inglés), da pie a seguir uno de los interesantes flujos que se han dado en la historia política europea y la propia historia de la cultura.
Intranquilos sobre sus posibilidades de futuro, en medio de la guerra civil rusa, el grueso de sus gentes de teatro y cine emprendieron viaje al exilio. Entre ellos estaban el ya entonces renombrado director Yakov Protonazov (que años más tarde realizaría notables películas soviéticas de éxito, como “Aelita”, 1924), el guionista y director Alexandre Volkoff o el actor, luego famosísimo en Francia, Ivan Mozzhukhin.
Estos tres embarcaron en el puerto de Odessa hacia Constantinopla, donde estuvieron un tiempo para de allí zarpar a Marsella y, de ahí, alcanzar Paris, donde se establecieron, unos por un tiempo, otros definitivamente.
Lo más curioso de “L’angoissante aventure” es que parece reproducir, en orden inverso, el recorrido de esta troupe, porque en medio de una trama que se mueve de la comedia a la aventura, el melodrama y la tragedia, para volver a la inicial comedia, lleva a sus personajes, en sus escenas más llamativas, además de a un sofisticado hotel de la Place de la Concorde, a un puente grúa del puerto de Marsella y delante de Santa Sofía de la capital turca. Según parece, aprovecharon, para llegar a un montaje definitivo que fueron alternando, lo rodado en los diferentes puntos de su trayecto.

 

domingo, 11 de julio de 2021

Aelita




En occidente el cine soviético era en tiempos seudónimo de épica revolucionaria. Al menos a mí se me hacía difícil pensar que también pudiera darse una comedia o bien un cine de aventuras popular y a la vez soviético, como el que muy poco a poco (viendo cosas de Barnet, por ejemplo) fui conociendo.
“Aelita” (Yakov Protazanov, 1924) estuvo entre el escaso cine ruso exportado a Europa. No sé si se estrenó aquí durante la República, pero esa difusión genérica hizo que en la postguerra, al menos, se dispusiera de imágenes del film, en las que unos extraños decorados y vestuarios dieran a conocer la rarísima existencia de un film de ciencia ficción (!).
Vista ahora que la acaban de colgar en Mubi (y puede encontrarse también, he visto, una copia bastante buena subtitulada por YouTube), en seguida entiendes que esos decorados constructivistas y vestuarios de vanguardia que la hicieron famosa corresponden a las escenas en que el esforzado ingeniero Losi tiene una serie de ensoñaciones con la reina de Marte (Aelita), mientras que la otra mitad del metraje corresponde a una visión que resulta mucho más “naturalista” sobre la vida soviética del momento.
Gracias al trabajo del protagonista y al de su reciente esposa (en el comité de evacuación) tenemos la oportunidad de ver de primera mano imágenes de un desfile en la Plaza Roja, el ajetreo en el río Moscova o las mastodónticas obras que el nuevo régimen está llevando a cabo. Con el artilugio de situar la acción unos años antes (1921), llegamos a ver sin cortapisas el brutal movimiento de personas, las picarescas trampas que emplean algunos y las dificultades sanitarias, alimenticias y habitacionales que supuso el periódico bélico que entonces acababa. El avance de unos años permite ya decir que se acabaron las grandes migraciones y todo el esfuerzo de reconstrucción e industrialización empieza a dar sus frutos.
Por el lado Marte, estética al margen, está curioso ver cómo la película prefigura el mundo de Metrópolis (Lang, 1927), con unas clases subalternas que malviven dominadas en unos subterráneos… a las que la misión rusa se ve casi obligada a exportar su revolución.