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domingo, 5 de agosto de 2018

Happy End



Jean-Louis Trintignant va en silla de ruedas por una especie de carril bici de un barrio anodino. Un travelling sigue su recorrido y nos permite ver cómo avanza a una pareja de ancianos que, en un segundo plano, camina por la acera. Como no va mucho más rápido que ellos tenemos tiempo de ver cómo los ancianos van a cruzarse con una pareja de jóvenes, que empujan un cochecito de bebé. Estos últimos no hacen ningún gesto ni movimiento para hacerles sitio, por lo que los viejos deben descender de la acera, muy trabajosamente, para dejarlos pasar.
Quizás sí sea una manía ésta de Haneke de evidenciar las lacras sociales, la falta de consideración de los habitantes de nuestro mundo hasta en un discreto segundo plano. De hecho, más tarde, en la misma "Happy End" (2017, ahora en el Méliès) se muestran otras escenas mucho más exageradas, mucho más estilo Haneke, en las que pone en evidencia el malestar profundo de una sociedad que ve, por ejemplo, cómo unos desgraciados inmigrantes de color invaden hasta su entorno privado. Pero ¿no será a base de exageraciones como éstas como puede dejarse constancia eficaz de todo este tipo de comportamientos? A mí me gustan más, es verdad, otras cosas más sutiles, como ese dejarnos ver la forma en que el personaje de la patrona, Isabel Huppert, entra en la casa de los porteros como Pedro por su casa, con la mayor serenidad, con una absoluta conciencia de que es ella la que está al mando y puede hacer y deshacer a su antojo. ¡Pero unas y otras formas se dan en Haneke!
Digo todo esto ante la avalancha de descalificaciones que sufre Haneke y, sobre todo, éste último Haneke. Varios amigos con los que suelo coincidir en gustos cinematográficos me han sorprendido últimamente con ello. Que molesta alguien así, siempre restregando todo tipo de trapos sucios por la cara, y que quizás sea feo haber adquirido esta costumbre para hacerse un nombre y un camino en el cine, pues sí. Que moleste ese proceder suyo de no dejar empatizar con ninguno de sus personajes, enseñando siempre ese envés vergonzoso que seguro poseen, pues también. Pero me parece que eso no es óbice para despreciar, en medio de la cartelera actual, una película como "Happy End". Aunque sólo sea por el inmenso Jean-Louis Trintignant, aquí encarnando un papel, me da la impresión, con el que los espectadores sí acaban empatizando, lo que ayuda sobre manera a hacer volar, a admitir, una de las evidentes y osadas argumentaciones, propuestas, de la película...
Tanto la proposición que efectúa un lúcido Trintignant a su escandalizado y temeroso peluquero seguida por una celebración a base de un culto concierto, como la conversación que entabla con la inquietante niña que conduce toda la trama, enlazan argumentalmente con su anterior "Amor" y ambas ayudan a dar a entender a qué me refiero.

lunes, 13 de febrero de 2017

La música al cinema

Por casa me denigran continuamente explicando que tengo oreja en vez de oído musical. Eso puede influir. Por otro lado, aunque si alguien me presionase llegaría a confesar que de tanto en tanto salgo tocado emocionalmente por alguna música colocada alevosamente como banda sonora, debo decir que nunca se me habría ocurrido hablar precisamente de la música como uno de los posibles elementos del lenguaje cinematográfico. Soy teóricamente de los puristas que dicen aceptar únicamente, sin arrugar el rostro, la música diegética en una escena, aunque luego en realidad me trague placenteramente otras cosas.

De ahí mi batalla numantina, sostenida durante años, cuando discutiendo sobre qué temas escoger para el seminario "Ombres Mestres", Pau Pérez presentaba esa como una de sus bazas año tras año. Al final, en esta ocasión, como uno en una situación de éstas debe ceder para ganar otras cosas, arrojé la toalla, y le dije que bueno, que adelante con la música, aunque entonces poco podía yo ayudar. Y así, mañana martes, el tema del lenguaje cinematográfico de este ciclo de "Ombres Mestres" es nada menos que el inabarcable por extenso "La música al cinema".
Como siempre se hablará de unas cuantas escenas que, una vez vistas, reconoceré que tienen su qué, y que puede decirse que, lejos de un imposible "Están todas las que son", yo creo poder decir que sí que son -aunque muchas no creo que salgan en las antologías de la materia- todas las que están.

Por si alguien tiene curiosidad y quiere probar qué tal (aunque tenga el mismo oído musical que yo después creo que dirá también que sí, que bien), en el enlace siguiente constan los mecanismos para reservar plaza y todas las informaciones necesarias asociadas.

martes, 30 de julio de 2013

Amor

Hablo con Pau, comentando positivamente “Amor” (Michael Haneke, 2013), señalando lo bien que nos define a los espectadores el espacio, ese piso parisino. Le cuestiono, no obstante una cosa, y me dice que eso es fácil de responder. Va a internet y, comentándome que hay gente que, tras ver con detenimiento la película, ha dibujado el plano de la casa, me lo enseña y envía.
A quienes no lo conozcan ya les puede servir para referirse con él en las visiones del film.

sábado, 13 de abril de 2013

Benny's video


Recuerdo que no fui a ver “Benny’s video” (Michael Haneke, 1992) en su día porque interpreté que sería una película llena de evidencias sobre las maldades y desgracias esperables de un mundo invadido por los medios audiovisuales.
Ahora, vista en las sesiones que ha iniciado José Antonio Pérez Guevara en la Llibreria de la imatge, después de haber visto por todos los Haneke posteriores, uno descubre que la película iba incluso un paso más allá de lo pensado, y aprecia los matices que ha ido incorporando Haneke a su obra hasta llegar a un “Amor” alejado profundamente en este sentido de ésta, que fue la primera película suya estrenada en España.

Pero la sesión ha tenido, pese a los golpes propinados por algunas escenas (repetidas además varias veces por diferentes monitores), la cosa positiva de una presentación inicial de JAPG que ha situado muy bien al realizador, su origen y las características de su cine y, por otra parte, la agradable sorpresa de devolverte a Ángela Winkler, asociada a todo un querido cine alemán hoy casi olvidado, como “El cuchillo en la cabeza”, “El honor perdido de Katharina Blum” o incluso “La mujer zurda”, aunque en ésta que ahora me ha venido a la cabeza, la protagonista era una también atrayente Edith Clever…

“La mujer zurda” (Peter Handke, 1978). Esa sí que era una película sugerente, ¿no?