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jueves, 25 de julio de 2024

The Anderson brothers


Me ha interesado por su contenido -hasta el punto que hoy me he saltado mi últimamente innegciable siesta- este documental del Festival Atlántida, que puede verse un tiempo en Filmin, “The Anderson brothers” (Johanna Bernhardson, 2024).
Es una lástima que se le nota demasiado que en su segunda mitad, cuando ya está casi todo descubierto, se hace entonces reiterativo, insistiendo en aspectos que podrían haberse simplificado, y que quiere ofrecer un final agradable. Con algo más de contención diría que habría podido ser una magnífica película sobre la familia, sobre la sociedad sueca y sobre la vejez y el paso del tiempo.
La directora efectúa un retrato de cuatro hermanos: su padre (un antiguo deportista muy comprometido políticamente) y sus tres tíos: uno que tenía dotes para el dibujo y la pintura, otro, documentalista y el mayor, Roy Andersson, el famoso director de singulares ficciones cinematográficas y anuncios.
Para conocer un poco más sobre el mundo de este último también tiene su interés…


 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

La comedia de la vida


Ese señor ha salido al balcón, seguramente atraído por el escándalo de sus vecinos de enfrente. Uno se ha puesto a tocar el trombón y su vecino de abajo se ha puesto a dar golpes al techo para que parase, sin conseguir más que descolgar su lámpara y provocar una lluvia de cascotes.
-¿Qué estás haciendo? -oímos que una voz femenina le dice al del balcón.
-Nada -contesta, sin casi girarse, él.
-¿Estás pensando en algo?
-Por supuesto...
-¿En qué?
-Ahora que me lo has preguntado ya no me acuerdo.
-¡Nadie piensa en mí! -se lamenta, muy lastimera, ella.
Es una de las escenas de “La comedia de la vida” (2007), que empieza muy a lo Jacques Tati y termina muy en el mundo de su realizador, Roy Andersson.
Está en Filmin y, no sé cómo, no la había visto aún, hasta esta tarde. Me ha parecido otra joya de las suyas.


 

domingo, 26 de enero de 2020

Sobre lo infinito



Una pareja de amantes abrazados, a lo Chagall, vuelan. La pantalla parece recoger una ascensión superior y unas estrellas se ordenan y brillan dibujando el título del film: “Sobre lo infinito”. Así pues, vamos a contemplar todo un tratado filosófico: lo último de Roy Andersson.

La cinta (me parece que se permite seguir llamándola así, aunque de cinta ya nada) está compuesta de cortas escenas sueltas, cámara fija, separadas por un corte o un fundido en negro. La primera es genial, y marca una de las líneas de reflexión de todo lo que sigue: Esa pareja de la imagen que adjunto contempla silenciosa, sentada en el banco, el panorama (los cuadros suelen iniciarse con los actores en silencio y es difícil saber cual va a romper a hablar), en una acción de esas que el año pasado con tanto ahínco buscaba de “atalayar”. Ella sentencia: “ya estamos en septiembre...”

Bastantes de los personajes de la película son de edad avanzada o camino de ello, lo que da pie a que los ambientes en que se desenvuelven, sus casas, despachos, etc. tengan un cierto aire años 50/60 que, combinado con los colores pastel apagados del conjunto, el tono de las conversaciones y la risible angustia que se desprende de la contemplación de las diferentes acciones, hace que se agradezca, única entre todas, una central escena en la que tres jovencitas se ponen a bailar alegremente delante de un café, de la misma forma que la aparición de nuevo de la pareja de amantes chagallianos en abrazo, sobrevolando las ruinas de una ciudad estilo Dresde, confiere una poesía a algo que, junto al enorme humor de Andersson -el hombre de los desopilantes anuncios de compañías de seguros (pueden verse en YouTube)-, hace pasar la mar de bien una sesión que, de otra manera, conduciría a la mayor de las depresiones.