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viernes, 11 de abril de 2025

The bewilderment of Chile

El hermano de Diego, preocupado por su hijo, regresando a La Plata, con su familia.

La hija de Diego, atendiendo solicita en la farmacia, pero a punto de recibir en su cara una malevolencia de una clienta.

Diego en una de sus confiterías.

El personaje de Javier García Pelayo expresando al de Jeri Iglesias su parte de desasosiego. En otros planos de esa misma escena unas rejas de la ventana de la habitación en la que se encuentran revelan su incomodidad con lo de su hijo y vivir en un hogar juvenil, de poca categoría para él.

El staff de la confitería reunidos para oír a Iván.

Cuando me daba la impresión de que Lucía Seles iba a alcanzar el limite de su capacidad de creación cinematográfica, sólo quedándole repetir estructura y formas que tanto sorprendieron inicialmente, llega “The bewilderment of Chile” (2025) y, sin dejar de lado su cine personalísimo con todas sus características, me da la impresión de que entra en otro capítulo, más maduro, más serio, encontrando más sentido a lo que plantea, que aventuro que no es aquí otra cosa que una vuelta de tuerca al desasosiego a ese comecome que nos invade, conducidos ambos por tiempos tan revueltos.
Al menos eso he pensado viendo la larguísima introducción de la película, antes de la aparición de su título, que mostrando todo ese mundo que le es grato del entorno de la terminal de La Plata, con sus galerías, farmacias, gimnasio, calles… y confiterías, presenta además una forma bastante diferenciada de la que acostumbraba, con muy frecuentes y entrecortados planos y diálogos.
Los García Pelayo, interpretados por miembros reales o ficticios de la familia, dominan la trama. Es quizás Javier García Pelayo quien, de forma más radical, establece un ‘tour de force’ interpretativo magistral, mostrando ese desasosiego del que hablaba, que abarca también a los demás, cada uno por sus razones, razones que, en muchos casos, se transmiten y relacionan.
Una narradora en off, también en la ficción de la familia, contribuye a esta imagen de seriedad, de drama interior que aflora de todos sus personajes, que en buena parte ofrecen un juego actoral más allá de la caricatura.
Uno de ellos dice una frase para definir el malestar de otro, ese malestar que carcome también, por resonancia y simpatía, su ser, que me ha gustado por definitoria:
-No es que sufra, es que está dañado.
Y una nerviosa cámara en mano facilita muchos planos, de poca duración, interponiéndose con otros, como si quisiera participar, ella también, en ese dar vuelta una y otra vez a las preocupaciones.
No quiere decir eso que la película pierda elementos que definían las anteriores. Ahí están esas frases en spanglish comprimido que tanto gusta a Seles hacer aparecer escritas, para ir comentando lo que muestra la pantalla, unos comentarios que, de tan frecuentes y grafía tan compleja, muchas veces dejan escapar buena parte de sus detalles. O las repeticiones en diálogos y situaciones, o, claro está, ahí están también varias escenas para echar unas cuantas risas, entre las que yo destacaría:
-La diatriba contra los franceses que suelta Diego (Gonzalo García Pelayo), el poderoso dueño de las Confiterías Ritz de La Plata, que aunque pueda parecer que obedezca a su ancestral odio a su rival -la elegante cafetería París- parece corresponder a una real animadversión de Seles.
-Los machotes hachas del básquet, que admiten a uno más, Iván García-Pelayo, “para ahuyentarlo de los problemas con su padre”.
-El berrinche que tiene Javier García-Pelayo con el encargado del hotel, que no hay manera que le pase la tarifa de una estancia a lo largo de otoño-invierno.
Pero incluso a una escena que se inicia como comedia, como es la arenga del dueño de la Ritz-Terminal a su staff, para seguir con una seguiriya, tiene en su poso un cierto deje de amargura… manteniendo el tipo: “Todo se va terminando como un sueño que se aleja, pero la Blanca Paloma se queda”


Al final, el gallego les canta una seguiriya

Admitiendo a uno más los ases del básquet.

Otra performance bien sentida de Javier García Pelayo, en discusión con el inflexible recepcionista de hotel.


 

domingo, 12 de mayo de 2024

School Privada Alfonsina Storni

El nervioso vigilante, en su garita, constata la llegada de la catequística a la Escuela.

La catequística acompaña a la nueva directora. Ambas tienen el proyecto de crear una santería en la escuela.

El encargado del kiosco de helados, que no vende ni un solo helado, en su kiosco. Ya se verá que la película está llena de actores de la escudería Seles.

Ya sólo las primeras escenas de “School Privada Alfonsina Storni” (2024) nos hacen ver de forma inequívoca que nos encontramos ante una película de Lucía Seles.
La cosa empieza, despistando bastante al personal, con un pase como de diapositivas sobre un centro, un lugar funcional, mientras se oye una grabación como de una radionovela de época.
A eso le sigue la filmación de un corrillo de compañeros de trabajo, con sus maledicencias sobre otros compañeros, hecha bajo las normas no escritas de Seles y el último García Pelayo: dejando cancha libre a la improvisación, a lo ideado por los actores.
Van apareciendo de vez en cuando, con mucha frecuencia en esta película, rótulos -recurso que era tan asociable a Gonzalo García Pelayo- con explicaciones y apuntes de un eventual narrador (más bien comentarista de todo lo que se le ocurre relacionado, aunque sea por los pelos, con lo que sale o se cuenta por la película), el propio Seles, reconocible a la legua por su español infestado de palabras de su inglés casero sino inventado, al tiempo que, por lo mismo, difícil de leer y entender Y también hay travellings marca de la casa por la ciudad, siguiendo la cámara a los personajes, en esta ocasión con frecuentes cambios de plano.
He visto las últimas películas de Gonzalo García Pelayo antes, con estos mismos actores argentinos, y es ahora que veo por completo cómo estaba haciendo cine al estilo Seles o, cuando menos, haciendo continuos guiños a sus maneras.
Luego sigue, sin la contención de los setenta minutos, pues dura más de dos horas, el seguimiento de las intrigas, de los golpes de gobierno en la fría y fea Escuela Privada centro de la acción, de las rencillas y acusaciones entre sus empleados. Todo trufado, eso sí, de puntuales cameos (papeles serios y contenidos los de los dos hermanos García Pelayo), aparición de trenes, de elementos especiales de edificios y monumentos, homenajes a los escritores chilenos y declaraciones seleanas como esa de que prefiere mil veces una estación de servicio nueva a un jardín.
Es decir: Lucía Seles en pura esencia.


En la estación (punto nodal en otras películas…) mirando “los cilindros”.

El inquietante chileno en el acto de presentación de otra nueva directora.
 

viernes, 6 de octubre de 2023

La próxima película de Carmen Trevilla

Leyendo una de sus listas.

Ante la mirada complacida de sus productores, Lucía Seles quiere tomar clases de motociclismo.

Viendo cómo podría ir una secuencia de “El nuevo Ezeiza”.

Oía hace un tiempo hablar de Lucía Seles a Gonzalo García Pelayo, sin otras referencias con las que poder confrontar lo que iba diciendo, y mi intriga sobre su figura y sus películas iba en aumento. Tuve por fin ocasión de ver "The urgency of death" (2023), en la que es responsable de dirección y a la vez principal intérprete, y pude así ahondar un poco en el personaje. Pero si alguien quiere saber de verdad sobre Lucía Seles, ahí está una de las últimas películas de Gonzalo Garcia Pelayo.
“La próxima película de Carmen Trevilla" (2023), que así se llama, la presentan en dos partes, cada una de la duración habitual de sus últimos films, y es una auténtica antología seliana, aunque sea utilizando él el trasunto de Carmen Trevilla, quien en la escueta trama argumental recibe a sus productores -español y uruguaya- para la preparación de su próxima película, “La nueva Ezeiza”.
Ahí están su peculiar manera de hablar y expresarse, sus listas (de sufrimientos y odios), sus ideas fijas defendidas con vehemencia, pero guardando siempre la compostura. Incluso, como hacía en una de las escenas más notorias de "The urgency of death" alrededor del cementerio, aparece aquí corriendo, en esta ocasión para alcanzar la estación de Ezeiza, un objetivo siempre mencionado como básico de la película en construcción.
Quien hace el papel de productor español, tomando notas videográficas de todo lo que va haciendo Carmen Trevilla, es Iván García Pelayo. Suele decir en general frases educadas de aquiescencia, pero en una escena de por el final de la primera parte, establece, con unas expresiones y forma de decir que me han recordado un montón a su padre, una descripción demoledora, en busca de los canales adecuados para la distribución hoy en día de un cine realmente
independiente, sobre los festivales que se las dan de más avanzados de la actualidad. Sin dar pie a ello, tengo para mí que Gonzalo Garcia Pelayo ha depositado ahí toda la verdad sufrida al intentar hacer ver sus últimos y maratonianos proyectos.
Otra producción argentina de Gonzalo Garcia Pelayo, pues (y van…). No retengo los nombres que aparecen sobre el equipo, pero he apuntado los de los responsables de la música del film, que en esta ocasión marca, a mi entender, uno de sus temas fuertes, y novedosos:
Mariana Astuti
Macabre

Una hilarante retransmisión futbolística.

“Es mi único amigo europeo” dice Carmen Trevilla (Lucia Seles) de Javier García Pelayo.

No sé si es la estación de Retiro, que toman para ir a la de Ezeiza,

….a donde llega corriendo Lucia Seles.
 

martes, 2 de mayo de 2023

The urgency of death

Reunión familiar, evaluando la situación.

Para asegurar el gusto por las periferias urbanas, “The urgency of death” (2023), la otra película de Lucía Seles que me ha llegado, empieza con unas cuantas visiones ad-hoc y, durante todo el film, seguimos lo que se ve desde un tren que debe ser del trayecto Buenos Aires-La Plata, disminuyendo la velocidad de paso cuando algún edificio es especialmente del agrado del director.
Una variada y desquiciada tropa, entre la que destaca el destartalado personaje encarnado por Seles, protagoniza la sesión, con el (aparentemente descuidado) estilo de la vista anteriormente y ambientada de tanto en tanto por el infumable podscast de una cordobesa, que se trasmite, invariablemente, a las 16 o 18h, según la pasión que le eche, y los que veo deben ser habituales comentarios de Seles vertidos en escritura spanglish sobre la pantalla.
Quizás el personaje que más me guste de la película sea el que tiene a Gonzalo Garcia Pelayo -con expresiones tan precisas y correctas a las que nos tiene acostumbrados en la vida real- como organizador de los negocios y preocupado por los avatares de todo un clan familiar de gallegos, pero en ésta ocasión de Galicia de verdad. Por ahí están las farmacias y, sobre todo, las confiterías de las hermanas Ritz.
El travelling final sigue el recorrido de Seles siguiendo la valla del cementerio de La Plata, mientras la del podcast habla de la muerte y los letreritos que van apareciendo por la pantalla registran el homenaje a su madre, justificando el título del film.
El recorrido es exhaustivo, dando pie a todo tipo de reflexiones del espectador, que va fijándose en los tipos de paramento y pavimentos, en las pintadas o en las floristerías que enmarcan las entradas del recinto. Una que me ha asaltado la convierto en pregunta: ¿por qué serán tan altas las tapias de los cementerios?

Javier García-Pelayo, en su papel de gallego hermano del patrón del clan, acude a las taquillas de la terminal de autobuses (al parecer uno de los lugares icono de Seles) para anunciar que la Confitería Ritz de ahí enfrente pasará a dar servicio las 24 horas.

Rodaje de una escena del film.

Y Seles rodeando, corriendo, el cementerio.
 

domingo, 30 de abril de 2023

Terminal Young

El acercamiento entre seres indecisos.

Obras de ingeniería antigua, notablemente hermosas

Y lo interesantes que pueden llegar a ser paisajes desposeídos, que creemos anodinos, en los que de tanto circular por ellos apenas nos fijamos.


Entre todos, tanto decir que sus películas son indescriptibles e ininteligibles, que se trata de un lenguaje de cine despreocupado y de lo más singular, me habían metido el miedo en el cuerpo. Por eso he sentido una satisfacción grande, teñida inicialmente de enorme alivio, viendo la recientemente premiada en el BAFICI “Terminal Young” (Lucia Seles, 2023) y constatando lo divertida que es, sin perforar ninguna línea de flotación de mi ya renqueante nave.

Por un lado de buenas a primeras entiendo la hermandad con el cine de Gonzalo García Pelayo, aunque sea sobre todo por los reflexiones sobreimpresionadas en la pantalla, que luego iremos viendo es el canal de comunicación directo de Seles, a su bola, con el espectador.

Otro parentesco que le he encontrado: tiene Lucia Seles el mismo gusto por las periferias singulares que Mariano Llinás. El paseo que dan en coche esa pareja que va tanteándose con sumo cuidado ofrece la gozosa visión de elementos monumentales como esos puentes que han quedado como obra de ingeniería antigua, noblemente hermosa, pero también deja ver lo interesantes que pueden resultar los paisajes urbanos desposeídos, que se creen anodinos, en los que de tanto circular por ellos apenas si nos fijamos.

Llinás suele recalcar estos extremos de forma explícita, habitualmente con su propia voz en off, de narrador omnipresente. Seles traspasa los comentarios a sus personajes de ficción, es verdad que haciendo dudar de si se trata en realidad todo ello de una broma. Así, por ejemplo, ese casi éxtasis compartido contemplando un restaurante que “es como un anexo del supermercado”.

Son sus protagonistas personajes cargados de miedo, tanto de hacérselo a ellos mismos como -cuando el carácter acompaña, porque hay algún personaje que todos tienen por violento que no parece preocuparse más que de sí mismo - de hacer daño a sus pares. Quizás demasiado cercanos a la caricatura, gastan todos ellos un lenguaje (corporal y hablado) lleno de expresiones corrientes, lo que les confiere una verdad que te los acerca un montón, haciéndotelos, en cualquier caso, muy próximos.

Se despreocupa Seles del lenguaje cinematográfico, usa una cámara que no para, en sus vaivenes, quieta, nerviosa, dando como resultado unos planos saltarines combinados de forma libérrima en el montaje. Pero ese montaje -que viene a ofrecer escenas paralelas o hasta ciertas miradas adelante y atrás- no supone en absoluto que el espectador se pierda y se quede sin seguir el argumento de la película, que existe y se muestra, a mí entender, sorprendentemente claro.

Hay en esa trama una intriga constante sobre la violencia de la autonominada tenista, por la que todos sienten una cierta aversión, que seguramente esté más que explicada en películas anteriores de Seles, pues creo que tienen estos mismos personajes, aunque sin necesidad de haberlas visto se hace uno cargo de que se trata de un personaje conflictivo. Y hay también la trama sustentada en el acercamiento de seres indecisos y en el notorio amor de una madre.

Y, desde luego, se constata a la perfección que a Seles mismo le gustan las madres y las terminales de autobuses.

Esperando el emotivo encuentro en la galería.


El cantante de música clásica descubierto en el Teatro Sanmartin.