Mostrando entradas con la etiqueta Coll. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Coll. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de noviembre de 2019

Matar al padre


Buscando series de la oferta de Movistar, he dado con esta “Matar al padre” (2018), de la que, seguramente porque estoy bastante despistado y no sigo demasiado la información de actualidad, no había oído nada, pese a ser de una realizadora, Mar Coll, bastante conocida, con experiencia en esto de los retratos familiares demoledores.

Acabo de ver el tercero de los cuatro capítulos que constituyen la mini-serie. Alcanzado ya de sobras el conocimiento del grado de impresentable asociado al personaje principal, interpretado por Gonzalo de Castro, me han resultado geniales sus reacciones al verse abocado a un cáncer raro (de ojo), pero cáncer al fin y al cabo. A ver quién no se reconoce en sus miedos. No puede decirse que tenga reacciones cobardes -al contrario: alguna la juzgo hasta heroica-, pero todo en su conjunto lleva, muy inteligentemente, a la risa.
¿Alguien la ha visto? Espero no ser demasiado apaleado señalándola como serie por la que siento una cierta debilidad. Será, claro, parcial identificación con un personaje de vergüenza ajena (se han cebado con él, llegando a hacerlo cómicamente aborrecible) la que me arrastra a ese sentimiento.

sábado, 12 de mayo de 2018

Los cuervos


Miguel Marías explicaba que Julio Coll tenía una de las colecciones de discos de jazz más importantes del país. Algo de ese gusto por el jazz, diría, se siente -y no por su banda sonora- en el ritmo de "Los cuervos" (1961), que pasaron el otro día por una televisión local.
Que a una producción de esos años no se le vea el plumero moralizante ya es un gran qué, pero si además mantiene una cierta intriga y hasta la tensión y momentos de un cierto cine de terror, la cosa es, tratándose de cine español, a destacar. Claro que no es nada nuevo. Puede sumarse a esa magnífica cosecha del cine negro a la barcelonesa de los años 50.
Tiene, vista hoy en día, un aliciente adicional. Te va mostrando una nueva Barcelona que va dejando de lado otra que ya se había casi acabado. Quizás un momento que evidencia eso, sin recalcarlo demasiado, se da cuando el coche del protagonista, Arturo Fernández (¿o quizás era el de su jefe, George Rigaud?) se cruza a toda velocidad con el carro de las basuras, o con una tartana, en plena Gran Vía.
Los solares predominan aún por Mandri/General Mitre, y la nueva arquitectura de la Zona Franca (¿será alguno de esos modernos edificios de la Seat?), el Juan Sebastián Bach donde vive o algún otro lado contrastan con paisajes casi rurales o bien de casas con jardín que están a punto de perecer en el combate.