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miércoles, 28 de octubre de 2020

El último sábado

Esteve Riambau, Mariona Bruzzo y Rosa Cardona, ayer en la Filmoteca.

Material del archivo de la Filmoteca -que no tiene depositados únicamente films- sobre la película de Pere Balañà expuesto ayer en una vitrina.

Ayer era el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual y, como tal, la fecha en que la Filmoteca nos tiene acostumbrados a presentarnos unas cuantas primicias sobre los títulos recientemente salidos de su Centro de Restauración. Tras unos momentos de desesperación, porque parecía que no solo esto no iba a ser posible este año, sino que también se tendría que re-programar todo lo ya preparado y presentado para noviembre, una ligera rectificación sobre la consideración de la hora en que se permite llegar a casa volviendo de un espectáculo cultural y un adelantamiento general de los horarios de las sesiones ha permitido mantener tanto en grandes líneas el programa inmediato ya presentado como esta celebración concreta, si bien los asistentes han tenido que optar entre ver la restauración de “El último sábado” o la de unos cuantos cortometrajes muy especiales.
Por razones sentimentales, que explicaré más abajo, escogí ir a ver la película de Pere Balañá, estrenada en su día en 1967.
Esteve Riambau (director de la Filmoteca) y Mariona Bruzzo (responsable de su Centro de restauración) explicaron antes de la proyección el origen e historia de ese día creado por la UNESCO y cómo la Filmoteca intenta celebrarlo, pasando luego Rosa Cardona (Conservadora de la Filmoteca) a centrarse en la historia de restauración digital efectuada y los méritos que presentaba para ello la película, que pasa a integrarse dentro de un catálogo de sesiones con una relación de films destacables que la Filmoteca quiere divulgar urbi et orbi. Si hasta ahora ese trabajo constituía lo que llamaban los “Básicos del cine catalán”, este año han añadido, con el mismo espíritu, lo que llaman “Singulares”, quince largometrajes -entre ellos “El último sábado” y multitud de cortometrajes de todo tipo.
“El último sábado” quedó, en el momento de su estreno, en un terreno difícil. En Madrid los cineastas del Nuevo Cine Español apostaban por unos films que en general podrían situarse bajo la etiqueta de realistas, mientras en Barcelona surgió la llamada “Escuela de Barcelona”, que aplicaba aquella frase tan divulgada de Joaquín Jordá: “Ya que no podemos hacer Víctor Hugo, haremos Mallarmé”. Balañá había estudiado en la Escuela Oficial -empezó en el IIEC- de Cine de Madrid (con Feliu, pero también con Érice o Patino), pero hizo su película -que llevaba rumiando desde hacía mucho tiempo- en Barcelona. Aunque fue denostada por la crítica oficial de la época -buenísima señal- y hubo quien la defendió, lo cierto es que alrededor de la película se formó un cierto vacío, que hizo que Balañà no llegara a filmar ningún largometraje más.
Vista de nuevo ayer, me sabe mal haber notado que en su segunda parte pierde parte de su fuerza inicial, pasando a cubrir lo que parece pudieron ser las exigencias de los promotores discográficos de Karina y Los Sirex, en un intento algo impostado de mostrar un mundo juvenil...que está claro que el propio Balañà no conocía.
Pero con esta salvedad, encuentro que la restauración de la película está más que justificada, tratándose de un documento de valor inapreciable sobre la Barcelona de los años 60. Basta para ello pensar en la panorámica inicial sobre la ciudad, que empieza en una torre del teleférico del puerto y acaba en el humo de las chimeneas de la térmica del Paralelo. O esa escena magistral en la que se sigue el recorrido de los que, partiendo de los nuevos polígonos de viviendas, que aún conviven con las viviendas medio de auto-construcción previas, tienen que bajar por los descampados que había por el final de la Vía Julia, bajo las torres de alta tensión, cruzar un puente sobre las vías del tren y llegar al final de la ruta del tranvía, que deben saturar, rebosando por todos lados, para que los lleve hasta su trabajo.
No sólo eso. Junto a las nuevas viviendas del polígono se ve actuar, por ejemplo, el carro de las basuras, arrastrado aún por un caballo. O se ve una y otra vez cómo los personajes del film recorren las dos Barcelonas, desde la de unas clases trabajadoras que difícilmente van a escapar de su destino -las barriadas señaladas- hasta las de otra clase social (Paseo de Gracia, Mandri, las carreras de Montjuic), o el terreno mixto, pues incluye ambos extremos, de la Editorial Seix Barral, vestida para la ocasión como “Editorial Claris”). Y, por otra parte, junto a una esplendorosa Eleonora Rossi Drago, una buena retahíla de actores, alguno conocido también por otras labores, como Jordi Torras. Todos alrededor del personaje de Julián Mateos, medio Pijoaparte en sus conexiones con la Barcelona burguesa, medio Accatone.

La película es una mina para descubrir paisajes de Barcelona de todo tipo de la mitad de los 60, pero no hay forma de encontrar imágenes por internet. Casi todas las que salen, no sé muy bien por qué, se encuentran “bajo licencia” (Alamy, básicamente). ¿Alguien sabría decir a qué local de futbolines y billares correspondía esta escena. Aunque muy grande y lleno de gente, no me pareció el de la Gran Via, que recuerdo repleto de billares, más espaciados.

Quería poner una foto de Eleonora Rossi Drago, que destaca enormemente, por su clase, en la película, pero no hay forma. Cuelgo ésta de una película italiana, pero en línea.


Aunque se ha hecho ya todo esto muy largo, acabo con la cuestión personal, la ligazón con “El último sábado”. Pere Balañà era ingeniero y, cuando murió, un compañero de promoción y amigo suyo nos pidió a Martí Rom y a mí, como responsables del Cineclub Associació d’Enginyers, hacer alguna cosa para en homenaje suyo. Aceptamos el encargo, que se concretó en la presentación del largometraje en una sesión pública en la sala de la Escuela de Ingenieros, en la Diagonal, y en la edición de un libro, el número 11 de una colección -Techné- que editaba por entonces la Associació d’Enginyers Industrials de Catalunya.
El librito, “Pere Balañà, enginyer i cineasta”, que se editó en marzo de 1997, supuso para nosotros, casi partiendo de cero, una auténtica investigación con -por los secretos que fuimos intuyendo y descubriendo que rodeaban al personaje- elementos policiacos. Entrevistamos a sus amigos y colaboradores y fuimos reconstruyendo sus actividades tanto cinematográficas como en el mundo industrial, que vertimos en un bastante amplio capítulo. Martí Rom, además, escribió sobre la película y, entre otros textos, publicamos también una entrevista inédita con él que había hecho Esteve Riambau pocos meses antes de su muerte y que nos cedió para la ocasión.
Un personaje esencial en el proceso fue el abogado y crítico de cine Arnau Olivar, amigo del cineasta, quien le hizo de albacea testamentario. Gracias a Arnau Olivar pudimos conectar con el heredero de buena parte de los bienes de Pere Balañà y, tras varias conversaciones con él, le convencimos de que lo mejor que podía hacer era depositar todas sus películas, el largo y sus cortometrajes, en la Filmoteca.
No había más copias circulando de “El último sábado”. Recientemente, para un trabajo que hice sobre Barcelona en el cine, quise contar con la extraordinaria escena de que he hablado, y me tuve que contentar con utilizar una copia en VHS de su pase, hace mucho tiempo, por televisión, que estaba realmente muy tronada. Por ese motivo me congratulo enormemente de su restauración y tanto Martí Rom como yo nos orgullecemos íntimamente pensando que un poquito de intervención en la salvaguardia y disponibilidad actual de la película tuvimos.

El librito del que hablo.



 

domingo, 14 de junio de 2020

Le voleur du Tibidabo


En Betevé tienen un programa que se llama “Barcelona... i acció!” por donde pasan películas rodadas en la ciudad. “Le voleur du Tibidabo” (“La vida es magnífica”, Maurice Ronet, 1964, que creo que la vuelven a pasar esta noche) desde luego cumple de sobras sus requisitos, porque a lo largo de su metraje aparecen todos y cada uno de los “atractivos turísticos” barceloneses de por la época.
Ese es el, desde mi punto de vista, el motivo básico para poder ser soportada hoy en día, sobre todo si para hacerlo he debido romper mi asentada decisión de no ver nunca versiones dobladas. Ese y unas cuantas apariciones, incluso bailando y a lo mejor cantando y todo, de Ana Karina, a quien Ronet hace un homenaje en un local que me gustaría -como algún otro- saber cuál era.
A pesar de lo inocuo por completo de la trama- viene a ser una astracanada con aspecto de cine negro- hay alguna escena que no sé muy bien cómo pudo pasar la censura. Por un lado, en una de las escenas iniciales todos los habitantes locales quedamos retratados como auténticos ladrones. Por otro, aparecen repetidamente un conjunto de policías armados que emulan a los Keystone Cops de las primeras comedias americanas. Una falta de respeto para los grises...
Actores españoles encarnan a unos bastante lamentables amigos de borrachera que hacen de bufones de la funcion. Entre ellos está, por cierto, Luis Ciges, pero no sé si compensa. Sí el Tibidabo, el barrio gótico, El Molino (¡Ana Karina figura actuar ahí!), lo que creo era la Via Augusta, el Pueblo Español, las Ramblas y hasta el terrado de la catedral.


sábado, 19 de octubre de 2019

Barcelona se acerca a la imagen de Coal Money

Los camiones de “Coal money” esperando su carga de un mineral de carbón superficial, de baja calidad.
Anoche volví a quedarme abducido por las retransmisiones en directo del espectáculo de puesta de barricadas, quema de contenedores y demás, así como lanzamiento de proyectiles de todo tipo entre encapuchados y policías. Eran cámaras colocadas en la Vía Layetana en una página web de El País que me pasaron (abarcando una calle repleta de furgones policiales, desde la Plaza Urquinaona hasta la Avenida de la Catedral) y las móviles de, en este caso, el canal 24h y La Sexta, en la Plaza Universidad, junto a la desembocadura de Pelayo y Ronda Universidad y en La Ronda de Sant Pere, donde casi se quema un árbol junto a una serie de enormes objetos metálicos. Seguro que debía haber más puntos de la ciudad con enfrentamientos, pero éstos eran los retransmitidos.
El ambiente a la salida de la mina.

Del fuego he logrado abstraerme un tiempo para pasar entonces al carbón, se ve que de mala calidad. He puesto en Filmin “Coal Money” (Wang Bing, 2009), casi un mediometraje, cosa extrañísima en Wang Bing, que sigue el recorrido de unos camioneros esperando la carga en una enorme mina a cielo abierto, en medio de un ambiente de humo, piedras y polvo negro, su viaje nocturno por una carretera infame y las negociaciones y peleas hasta llegar a un precio al que vender el carbón, descargado penosamente a mano por otros desgraciados de un nivel económico todavía más inferior.
Es lo que he podido obtener por la red como imagen creo que de la plaza de Urquinaona sobre las 0,30h, a punto de cesar en ese sitio las hostilidades. Por la televisión, casi media hora después, los fuegos ya apagados, pude ver el impresionante aspecto de toda una alfombra gris de piedras empedrándola, en una imagen que no me saco de la cabeza y que me llevó a la película de Bing.
Al acabar de verla he vuelto a la web, pero ya había finalizado su emisión en directo. He hecho un recorrido por los canales de TV que podían estar aún dando cuenta de la batalla campal nocturna, pero con poco éxito. Betevé y Trece, que la noche anterior sacaron sus cámaras para ofrecer el directo, estaban ocupados esta noche con ficciones, lo mismo que el Canal 33. Por su parte TV3 y 3/24 no salían de reproducir detalles de esas marchas tan numerosas que habían llegado a Barcelona. Únicamente pesqué ya a La Sexta, pero sólo hasta la una de la madrugada, en un momento en que parecía haber una disminución grande de los enfrentamientos en esos entornos.
La descarga de un trailer en la película.
El panorama final, dantesco. La plaza Universidad aparecía alfombrada de piedras del tamaño de un puño, las hogueras que habían servido de barricadas o no sé si de reclamo ya eran una masa informe gris, del que sólo sobresalían algunos hierros medio calcinados.
Uno de los que forman el engranaje comercial de la distribución del carbón, ganándose la vida.
Pasado el tiempo, cerca de casa seguía oyéndose el helicóptero, pero podía imaginarme, sin la ayuda de cámaras, que la cosa no había terminado del todo. Esperemos que por aquí no sé dé esa conversión de lo que había sido en algún momento una ciudad deslumbrante en una especie de mina de carbón al aire libre, humo polvoriento gris -como la plaza Urquinaona tras la batalla- dominándolo todo.

sábado, 25 de mayo de 2019

Los valores colectivos de la Barcelona construida y filmada durante los años sesenta

La tesis que deduje de la tercera y última ponencia de la tarde del jueves en la sesión sobre Barcelona y el cine del MUHBA, la de Antonio Pizza, es de lo más sugerente y, a la postre, quedó más que demostrada con sus ejemplos: por un lado señalaba un par de paralelismos (quizás debiera hablar mejor de maestros y seguidores):

-Entre la arquitectura moderna de postguerra (de los 40 a los 60, centrándose básicamente en los 60) italiana y la barcelonesa
-Entre el cine italiano y el de Barcelona.
Los tarantos
Por otro lado demostraba la evolución de un cine y arquitectura neorrealista, con historias, formas y materiales de inspiración y proximidad popular hacia una entrada en otros más sofisticados, que acabaron integrando hasta el pop.

Obras de Bohigas y Martorell
Quizás tergiverse algo la línea argumental de su charla, pero por ahí quedó lo que de ella sedimentó en mí. Para reseguirla, partió siempre en el caso italiano de la mención genérica de los grandes nombres del cine de postguerra y en arquitectura de los del movimiento moderno, que intentaré hacer -por ahora no hay forma- para que se me fijen de una vez en la memoria.

Ricardo Bofill rodando Cercles
En el caso barcelonés empezó en arquitectura con el primer destello tras la guerra civil del movimiento moderno -el Grupo R-, para fijarse entonces básicamente en un entonces jovencísimo Oriol Bohigas, que se manifestaba hacia una arquitectura popular, proyectando entonces edificios de materiales pobres, casi artesanales (lo que había). El correlato en cine lo encontró en la película “Los tarantos” (Rovira-Beleta, 1963), que se introducía por el mundo de las barracas del Somorrostro y de Montjuic, por los márgenes de la ciudad, cuyo núcleo se distinguía, en todo caso, ahí al fondo.
La casa Fullà, del Studio PER
El mismo Bohigas fue a partir de ahí evolucionando, marcando todo un proceso de re-apropiación de la ciudad, lo que escenificó en cine en la misma “Los tarantos” con esa integración final de Antonio Gades en las Ramblas, el núcleo duro entonces de la ciudad, dando unos pasos de baile. Luego siguió lo que tanto en arquitectura como en cine se llamó la “Escuela de Barcelona” (y llegó a leer los nueve puntos programáticos de la misma escritos en paralelo, cada uno en su campo, por Oriol Bohigas y Joaquín Jordá). Por último, señalando la influencia de Venturi, la llegada desatada del pop la demostró en cine con escenas de “Tuset Street” (Jordi Grau, 1968) y en arquitectura con un Studio PER que viajaba al mundo de Las Vegas y Disney en Estados Unidos y ese Belvedere que, tergiversando las funciones, colocaba el coche arriba, en el punto tradicionalmente dedicado a mirador.
El influyente libro de Venturi y el viaje a Las Vegas y el mundo de Disney del Studio PER
El Belvedere Georgina, de Tusquets
Con Antonio Pizza la Academia dio un paseo triunfal, de lo más rico, por el MUHBA.

viernes, 24 de mayo de 2019

Los bajos fondos de Barcelona

V Taller sobre la representación de la ciudad del MUHBA ayer, segunda parte: Celia Marin tituló su conferencia “Los bajos fondos de Barcelona. Persistencia de la geografía del mal”. Iba a hablar, en definitiva, del Barrio Chino.

Frente a la sobreabundancia de fortísimas secuencias presentadas por Jorge Gorostiza en la suya, Celia Marin presentó en su intervención pocas secuencias, si bien larguísimas. Antes de eso, no obstante, me gustó mucho su introducción al tema, muy bien documentado a base de imágenes de archivo que ilustraban tanto los posturas predominantes ante la pobreza, la delincuencia y la marginación desde el final del siglo XIX a la mitad del s. XX como la localización y características del “área de estudio”.

Las películas de la época de la República fueron “La bandera” (Julien Duvivier, 1935) y “Barrios bajos” (Pedro Puche, 1937), una de las surgidas de la productora de la CNT. Pequeñas referencias a otras películas, ya de postguerra (“La calle sin sol” -Rafael Gil, 1948-, “El fugitivo de Amberes” -Miguel Iglesias, 1955-,...) dejaron claras una serie de características generales sobre la imagen que ofrecía el cine de ese trozo de ciudad tan peculiar: mañanas soleadas en el mercado callejero repleto de gente, persistencia en resaltar las carencias de ese mundillo hasta en los títulos (La calle SIN sol, SIN la sonrisa de Dios, etc).


Barcelona al inicio de las películas

Por partes, pues, si debe darse cuenta de lo que dicen fue el V Taller sobre la representación de la ciudad del MUHBA, que ocupó toda la tarde de ayer. Iba la cosa de Barcelona y el Cine y su primera parte correspondió a Jorge Gorostiza, por otro lado organizador de la jornada.
Jorge Gorostiza, de quien ya expliqué ayer que era la máxima referencia en cuanto a la relación del cine con la arquitectura y la ciudad (literalmente: hágase la prueba y tecléese “cine, arquitectura, ciudad” en un buscador y ya se verá qué sale), tituló su ponencia “Planos de situación: Barcelona en los inicios de las películas”, sorprendiéndonos con una apasionante catarata de imágenes y secuencias con las que empiezan venga films, de lo más variopinto, sobre la ciudad.

Justificó su elección homenajeando a Santos Zunzunegui, quien se ve que en su libro “La mirada cercana” (Paidós, 1996, recientemente reeditado por Shangrila), dijo que en los primeros planos de una película suele estar contenida toda la idea de la película, y ahí estaba “Centauros del desierto” para demostrarlo...
Pero, de hecho, fue incluso más atrás. Haciendo un paralelismo con los proyectos de arquitectura, aseguró que muchas veces en la portada del proyecto (ver la primera foto) ya está resumida la esencia del proyecto, y que otro tanto pasaba con los carteles de las películas, sirviéndonos a continuación una buena ducha de imágenes icónicas de la ciudad que han servido de tal para producciones de última hora. Yo quedé boquiabierto de la de ocasiones en que había aparecido ya la Sagrada Familia (en imágenes imposibles, destruida por una hecatombe nuclear, en entornos de lo más fantasiosos -ver, por ejemplo, la segunda foto-, etc) en los últimos tiempos, cuando ya presentaba bastante más que las cuatro torres originales.

Una vez ya entrando en la materia de su charla, la ducha, de lo más interesante, fue, tras la larguísima panorámica sobre la ciudad de la para mí desconocida “The bobo” (Robert Parrish, 1967), de cortas escenas iniciales, con sus títulos de crédito, buena parte rodadas desde puntos idénticos (¡el teleférico!) de una ingente cantidad de películas rodadas en Barcelona, desde la actualidad hasta los años 50. Como la de la tercera foto, que creo corresponde a “Sin la sonrisa de Dios” (Julio Salvador, 1955).
El resultado de un ímprobo trabajo, que -digo yo- el Museo de Historia de la ciudad debería comprar y exhibir sin fin en su sede...

miércoles, 22 de mayo de 2019

Barcelona i cinema


Pues es ya esta tarde. Dije que sí hace mucho tiempo, algo inconscientemente, a moderar la mesa redonda final de esta jornada, el tiempo ha ido pasando mucho más rápido de lo que creía y ya está aquí. Una vez completado el cartel de la sesión comprobé que el nivel de los ponentes es altísimo, auténticos especialistas -ellos sí- de la materia:
“Rosebud” fue una de las revistas que, muy atento entonces a las novedades, descubrí (¿en la librería del Drugstore del Paseo de Gracia?) y posiblemente -gafe completo- colaboré a hundir al suscribirme. Di -muy rara avis en Barcelona- con su segundo número. Era una revista canaria de cine en la que me fijé fundamentalmente porque contenía un artículo sobre “Lubitsch, arquitecto cinematográfico”, que ahora veo profusamente señalado y anotado. Solicité su número anterior y, siguiendo un hábito para mi regular entonces, tramité mi suscripción, pero ya sólo aparecieron y me llegaron dos volúmenes más. El artículo venía firmado por Jorge Gorostiza, convertido en el que es, seguramente, el mayor especialista en cine y arquitectura. Baste para confirmarlo, quizás, echar una ojeada a su ya monumental blog cinearquitecturaciudad.
Por su parte, Celia Marín y Antonio Pizza, ambos arquitectos, como Gorostiza, dan clases en la ETSAB de Teoría y Historia de la Arquitectura. La primera ha estudiado mucho la imagen del Barrio Chino ofrecida por el cine. El segundo, también muy interesado por la imagen cinematográfica de la ciudad, tiene una nutrida bibliografía sobre la arquitectura del movimiento moderno.
La entrada al que han denominado “taller” de esta tarde en la Plaza Real es gratuita, pero recomiendan reservar plaza en el enlace de la web del Museo, en la pantalla previa a ésta que adjunto.

martes, 26 de marzo de 2019

Barcelona al cinema. On és l'ànima del porc després de la matança

El año pasado di una de las conferencias del curso de la Societat Catalana de Geografia en el IEC. Fue “Algunes visions de la ciutat al cinema”. Y alguna de esas visiones de que hablaba el título debió caer bien, porque me encargaron preparar para este curso una nueva conferencia, como la anterior con fotografías y la proyección de alguna escena, en esta ocasión sobre Barcelona y el cine. Aquí se sigue, como puede verse, la tónica marcada por las grandes productoras hollywoodienses: como no fue del todo mal, me encargaron una especie de secuela. A ver, porque aunque no lo parezca, la cosa es en realidad bastante diferente. Yo me consuelo y me animo pensando que todo el mundo dice que la mejor de la saga de “El padrino” es la segunda.
Hoy ya he recibido la convocatoria con toda la información de la conferencia, que será el próximo jueves 11 de abril. La cuelgo aquí. Como es de entrada libre (hasta completar el aforo  ), se admiten y agradecen curiosos, a ver qué resulta.

jueves, 17 de enero de 2019

L'estat turístic

Sólo por un milagro he podido entrar a la sesión de “L’estat turistic” (Ramon Faura, 2018) y la mesa redonda que sobre el estado del turismo en Barcelona que ha habido hoy en la Filmoteca: Entradas agotadas, lista de espera de treinta personas... Luego he pensado que ha sido un acto que quizás habría encontrado su espacio ideal de haber tenido lugar, por ejemplo, en el Teatro Principal, en medio de las Ramblas.
Era la proyección de un reportaje (que está, más largo y en otro orden, colgado en YouTube) con entrevistas a geógrafos, antropólogos, empresarios, políticos, hoteleros, representantes del mundo de los museos, espectáculos musicales o la restauración, miembros de instituciones públicas, asociaciones de vecinos, etc, clasificadas en unos veinte apartados más o menos evidentes sobre diferentes aspectos que envuelven al fenómeno, y separados por unas imágenes ralentizadas de unas Ramblas, la Boquería, un crucero,...totalmente masificados.
No hay grandes alardes de estilo en él. Quizás sólo esos ralentís de gente acompañadas de una música dinámica -Faura, además de arquitecto, se define como músico- y una pantalla blanca que inicialmente se prolonga mucho y que luego, supongo que metafóricamente, ha irradiado y servido de tono predominante en el plano fijo de los que hablan: el reportaje existe para conocer sus opiniones y declaraciones.

En el coloquio final ha habido un diagnóstico de base, que ha hecho Itziar González (“Mientras las calles se nos llenan, las casas se vacían; a día de hoy viven en los edificios de toda la Rambla únicamente 47 o 48 personas”), la declaración sobre la sorpresa ante el tono general de las declaraciones que ha efectuado José Antonio Donaire (“casi todos caracterizan la llegada del turismo como si se hubiera tratado de un tsunami inesperado y además, de forma inmediata se posicionan, a favor o en contra”) y, sobre todo, una serie de intervenciones que se han centrado en la propia definición de turista.
En este sentido, y aunque a mí, personalmente, me da la impresión de que se yerra el tiro enfocando principalmente al turista, me ha gustado una cierta unanimidad en querer abrir el objetivo de la mirada a ámbitos más amplios. Donaire ha insistido en que no se debe hablar de turistas, sino de población flotante de todo tipo, lo que abarca mucho más, ante lo que la ciudad deberá prepararse. Itziar González ha pergeñado el nombre de transturista, para definir al turista que, politizado, no identificado como turista, ya no entrará, en su sueño, por el tubo que marca para él el sistema, y ha planteado también, como estrategia, esa apertura de objetivo, haciendo entrar en el mismo saco a inmigrantes y gente de todo tipo que no duerme en Barcelona, ahora mismo, bajo techo, para lograr así que se intervenga, ante la magnitud del tema, en busca de soluciones.
Ha estado bien también Ramon Faura en su intervención final, viniendo a decir que se debería dejar de buscar soluciones para temas como el turismo. Que bastaría ir buscando la de hechos concretos: sueldos misérrimos, salud, y todo iría cayendo por su propio peso.

Viendo la mezcolanza de personas que dicen la suya en el reportaje, me he dado cuenta de que, en el fondo, se pueden dividir en dos tipos: los que ven (y actúan sobre) la ciudad como un espacio del que sacar rendimiento y los que intentan paliar los conflictos ocasionados por los primeros, buscando preservarla como un espacio aún vivible. He pensado entonces en Itziar González, acostumbrada a escuchar a todos los agentes en un conflicto y siempre dispuesta a lograr un punto de encuentro entre las voluntades de todos, y elucubrado que, en este caso, era imposible lograr un consenso entre ambos frentes, el que es expresión del sistema económico imperante y el de los que querrían vivir fuera de esa presión.
Me ha gustado, no obstante, lo que ella ha dicho al respecto de cómo se ha actuado y lo que ha resultado del proyecto sobre las Ramblas en el que se vio recientemente involucrada. Abrieron todas las cartas, recabaron información a todos los agentes, incluidos los que estamos pensando. Y aquí viene la explicación final: poniéndolo todo sobre la mesa, exponiendo a la luz hasta a las bacterias, éstas se han dicho a sí mismas que quizás había llegado el momento de irse a actuar en otro lugar, fuera de los focos.

domingo, 17 de junio de 2018

Cine amateur en el Ensanche 1023-1939

En la Casa Elizalde -Centro cultural del distrito del Eixample- se exhibe (hasta el 20 de julio) una pequeña muestra de un proyecto que así, de buenas a primeras, juzgo de esos de gran interés. Se llama "Imaginaris de la ‘ciutat ideal’. Cinema amateur a l’Eixample 1923 — 1939" y su título lo dice todo.

¿Qué imagen de la ciudad ofrecían las películas amateurs de esos años? No puede haber, pienso, un proyecto de investigación que case mejor con el área que, en principio, corresponde a lo que debe analizar y exponer un centro de barrio de estas características. Detrás, imagino, una emocionante búsqueda por entre un material no demasiado conocido que documenta como ninguno una realidad próxima, dando múltiples pistas sobre lo retratado y quien lo retrataba.


sábado, 31 de octubre de 2015

Pasolini a Barcelona


Son Salvador Clotas -las gafas en la mano, en un gesto muy suyo-, Pier Paolo Pasolini -comentando algo que atrae la atención de los otros dos- y José Agustín Goytisolo en los años 60. Están en uno de los límites, el sur, del cementerio de Montjuic. Detrás de José Agustín se distingue una casa de pisos, medianera al aire, y más a la derecha una nave almacén que aún hoy sobreviven. A sus pies se extiende el barrio de barracas de Can Tunis.
Éste es uno de los documentos -en general visualizados en la magnífica exposición sobre "Pasolini Roma" que partiendo del CCCB sigue aún recorriendo espacios por toda Europa- de los que partió Hilari M. Pellicé para realizar su documental "Pasolini a Barcelona", que se estrenará mañana domingo inaugurando el ciclo "Pasoliniana", una propuesta del Projecte Pasolini Barcelona felizmente aceptada y auspiciada por la Filmoteca.
El documental partía de una sorpresa y de la consecuente serie de preguntas ante fotos como esa: ¿De modo que Pasolini estuvo en Barcelona? ¿Y qué hizo por aquí? ¿A quién vio en sus visitas? ¿Por qué cosas se interesó? ¿Quedó reflejado en su obra algo de lo que vio o sintió por aquí?
Intentar responder medianamente alguna de estas preguntas sé que ha supuesto momentos de auténtica novela policiaca. Y la confirmación, por si no estaba claro, de lo débil y caprichosa que se vuelve la memoria. Entre otras cosas.
(No se ha llegado a saber quién hizo la fotografía, que pertenece al archivo de la familia de Asunción Carandell.)