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domingo, 10 de agosto de 2025

Historia de una mujer sola


Betevé pasó en su espacio Barcelona… i Acció! “Historia de una mujer sola” (Jorge Grau, 1969), y desde luego le va como anillo al dedo a un programa que tiene como objetivo proyectar películas rodadas en localizaciones de la ciudad.
Eso se consigue sobradamente, con escenas completas rodadas en el Via Veneto (uno de los tres restaurantes que en la época estaban conceptuados cono de primera línea y que, milagrosamente, aún sigue vivo), la estación de metro de Aragón, el desaparecido y ya entonces exteriormente muy destartalado cine Triunfo o el Drugstore del Paseo de Gracia.
En cuanto a la película, sigue la línea de Grau de plantearse un tema que podría suscitar una polémica moral, como es el del adulterio, escenificándose sucesivamente todas las posibles salidas que piensa tendrá una mujer cuando su amante, un hombre casado, le plantea dejarlo correr.
La mujer la interpreta Serena Vergano, en uno de los papeles de mayor exigencia y posibilidad de lucimiento de su carrera. Mujer moderna, ejemplo de la sofisticación máxima del pret à porter de los años sesenta (se prueba cosas en una boutique regentada por Emma Cohen…), se ve en el dilema de cómo afrontar su vida ante esa inesperada situación.
La estructura de la película va alternando las escenas que dejan ver cada una de las alternativas (que podemos interpretar como desarrolladas únicamente en su cabeza) con los flashbacks que se dan sobre todo en los Sanfermines, donde conoció a la joya que ahora le dice que lo mejor es que lo dejen estar, pasando de unas a otras mediante bruscos raccords surgidos de la contemplación de un objeto, una frase, un sitio, etc.
Todo tiene un carácter fragmentado, como de piezas sueltas, quizás siguiendo la senda del “Dante no es únicamente severo” que Esteva y Jordà hicieron un par de años antes, pero sin llegar en ningún momento al grado de libertad de esta, manteniendo siempre, pese a lo que quiere aparentar su forma, una rígida línea argumental.
Admitiendo lo trabajado de la propuesta, y el tour de force de Serena Vergano, lo cierto es que se acaba haciendo algo pesada, o al menos así se me hizo a mí, que, dejando de lado la angustia vital -el “Ne me quitte pas” suena por todos lados, es verdad que en plan diegético- que intenta transmitir, me dediqué directamente a observar los rincones conocidos de Barcelona que transitaban (la mayoría de Diagonal hacia arriba, y casas con criada sencilla pero impecablemente uniformada) y a intentar divertirme con los toques que se querían pop y cosas así. Y funcionó: En su época, naturalmente, había mentalmente suspendido la película, y ahora, por esto que cuento, la he subido hasta a un aprobado alto.
🙂
Para seguir la moda copiada de Godard, la película está llena de guiños y citas, empezando por ese inicial tropezón que tiene la actriz… con el mismísimo Jorge Grau, que está preparando un rodaje en la calle.
Pero a lo nuestro de las citas y toques de modernidad: ahí están la librería de ese Drugstore mencionado con el libro de Xavier Miserachs bien visible en primer plano; ese sofisticado desodorante masculino “Old Spice”, del que no sé cómo yo llegue a disponer de un bote o, también, en la existencialista secuencia del metro, ella, tras dejar pasar el convoy, provocándose ese efecto visual de las ventanillas acelerándose, que ya tanto hemos visto en cine, ella está sentada en un banco con el anuncio de “Bonnie & Clyde”, que un cartelito dice hacían en el cine Urgel, y mantiene fijada su vista en otro anuncio del andén opuesto, que menciona un “desfile cómico” que retrata irónicamente, además de servir para otro flashback, por todo lo que está pasando.

 

domingo, 19 de marzo de 2023

Confidencias de un director descatalogado


He hecho la fotografía sin quitar la pegatina del precio, que revela estar comprado en una sección de libros en liquidación (en este caso en la sección de ofertas de la librería París-Valencia), porque me hacía gracia su duplicidad con su título.
Jordi Grau se tildaba de descatalogado -como estamos ya muchos de mi basca- cuando en 2014, unos años antes de su fallecimiento, publicaba en Calamar Ediciones este “Confidencias de un director descatalogado”.
Dedicado a repasar su carrera como cineasta, apenas si habla en él de cine, o al menos de lo que yo considero es hablar de cine-, centrándose en comentar lo que él llama “la trastienda” de sus películas.
Está escrito a base de frases larguísimas, pero entre las que no se pierde nunca el hilo. Me ha interesado, sobre todo, todo su principio, porque ayuda a situar sus inicios profesionales y formativos y a ordenar un poco las ideas sobre un mundo que desconozco mucho, como es el de la producción de la llamada “industria del cine”.
Habla en él, desde luego, de sus contactos con Federico Fellini a lo largo de su vida y mucho del Opus, con el que siempre se le había relacionado por su convivencia con el Cine-Club Monterols y su trabajo inicial en una productora afín.
Quizás me ha sorprendido un poco su defensa a ultranza de su papel en determinadas películas que fueron hundiendo su posible ubicación dentro de un determinado cine “de autor”. Está divertido leer las razones que aduce para que Sara Montiel le boicoteara en “Tuset Street” y, dejando sin una línea otras de sus últimas películas, se extiende en la defensa nada menos que de “La trastienda”, donde habla de ese primer desnudo frontal de la Cantudo, pero establece una teoría que sostiene que no se entendió la línea real de la película, que era nada menos que mostrar la hipocresía de una sociedad.

 

miércoles, 29 de mayo de 2019

Una historia de amor

Pues a mí lo que realmente me ha gustado de la sesión ha sido la presencia de las chicas. Las dos actrices protagonistas de la película, joviales, divertidas, explicando cosas de interés y llevándose de calle al auditorio. Ha sido hoy en una sesión de la Filmoteca en homenaje a Jordi Grau, recientemente fallecido. Esteve Riambau ha efectuado la presentación, centrada en la trayectoria de Grau, rememorando el título de su libro de memorias (“Confidencias de un director de cine descatalogado”), y tras la proyección han aparecido las dos protagonistas, Serena Vergano y Teresa Gimpera, guapísimas hermanas en la ficción.
Respecto a la película escogida para la sesión, “Una historia de amor” (1967) decir que, sobre todo en su inicio, se le descubre muy poco de esa filiación a la Escuela de Barcelona que en ocasiones se le ha adjudicado. Una cita doble a Lester (a “The knack” y a “Help”) no es que sea mucho. Llegado un momento de la cinta, la cámara se aproxima a sus actrices y el baile de primeros planos le ofrece otra estética, más moderna. Sobre su idea argumental yo no le veo tanta diferencia con respecto a la de las películas del tan vituperado desde aquí “cine mesetario”. Teresa Gimpera ha desvelado que todo partía, en realidad, de una historia muy personal, que el mismo Jordi Grau había vivido en sus carnes.
Queda, quizás no al mismo nivel que su anterior “Noche de verano” (1962), en la que se veía mucho más el contraste entre la vida en la parte alta de la ciudad y la de su centro, el documento sobre Barcelona a que ha hecho referencia Riambau, aquí centrado sobre todo en un Vallcarca antes de su destrucción, pero también en la aparición del Tele-Exprés, El Corte Inglés y la calle Pelayo en fechas navideñas o la añorada La Luna, café donde aparece, por cierto, un impecable Adolfo Marsillach.

sábado, 25 de mayo de 2019

Los valores colectivos de la Barcelona construida y filmada durante los años sesenta

La tesis que deduje de la tercera y última ponencia de la tarde del jueves en la sesión sobre Barcelona y el cine del MUHBA, la de Antonio Pizza, es de lo más sugerente y, a la postre, quedó más que demostrada con sus ejemplos: por un lado señalaba un par de paralelismos (quizás debiera hablar mejor de maestros y seguidores):

-Entre la arquitectura moderna de postguerra (de los 40 a los 60, centrándose básicamente en los 60) italiana y la barcelonesa
-Entre el cine italiano y el de Barcelona.
Los tarantos
Por otro lado demostraba la evolución de un cine y arquitectura neorrealista, con historias, formas y materiales de inspiración y proximidad popular hacia una entrada en otros más sofisticados, que acabaron integrando hasta el pop.

Obras de Bohigas y Martorell
Quizás tergiverse algo la línea argumental de su charla, pero por ahí quedó lo que de ella sedimentó en mí. Para reseguirla, partió siempre en el caso italiano de la mención genérica de los grandes nombres del cine de postguerra y en arquitectura de los del movimiento moderno, que intentaré hacer -por ahora no hay forma- para que se me fijen de una vez en la memoria.

Ricardo Bofill rodando Cercles
En el caso barcelonés empezó en arquitectura con el primer destello tras la guerra civil del movimiento moderno -el Grupo R-, para fijarse entonces básicamente en un entonces jovencísimo Oriol Bohigas, que se manifestaba hacia una arquitectura popular, proyectando entonces edificios de materiales pobres, casi artesanales (lo que había). El correlato en cine lo encontró en la película “Los tarantos” (Rovira-Beleta, 1963), que se introducía por el mundo de las barracas del Somorrostro y de Montjuic, por los márgenes de la ciudad, cuyo núcleo se distinguía, en todo caso, ahí al fondo.
La casa Fullà, del Studio PER
El mismo Bohigas fue a partir de ahí evolucionando, marcando todo un proceso de re-apropiación de la ciudad, lo que escenificó en cine en la misma “Los tarantos” con esa integración final de Antonio Gades en las Ramblas, el núcleo duro entonces de la ciudad, dando unos pasos de baile. Luego siguió lo que tanto en arquitectura como en cine se llamó la “Escuela de Barcelona” (y llegó a leer los nueve puntos programáticos de la misma escritos en paralelo, cada uno en su campo, por Oriol Bohigas y Joaquín Jordá). Por último, señalando la influencia de Venturi, la llegada desatada del pop la demostró en cine con escenas de “Tuset Street” (Jordi Grau, 1968) y en arquitectura con un Studio PER que viajaba al mundo de Las Vegas y Disney en Estados Unidos y ese Belvedere que, tergiversando las funciones, colocaba el coche arriba, en el punto tradicionalmente dedicado a mirador.
El influyente libro de Venturi y el viaje a Las Vegas y el mundo de Disney del Studio PER
El Belvedere Georgina, de Tusquets
Con Antonio Pizza la Academia dio un paseo triunfal, de lo más rico, por el MUHBA.