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viernes, 21 de abril de 2023

La canción de Pedro Costa


Por los pelos no se me escapa, porque se va de La Virreina, después de haber estado ahí desde octubre, este fin de semana.
Iba aplazando ir a ver “La canción de Pedro Costa”, entre otras cosas, porque temía, al margen de la oscuridad habitual de las películas del realizador portugués, encontrarme con toda una parafernalia de reflexiones escritas de Javier Codesal sobre la filmografía de Pedro Costa, documentada con extractos de su Cuaderno de Casa de Lava y cosas así.
La sorpresa ha sido encontrarse con una instalación al estilo de las de Bill Viola, sin más textos que el de presentación inicial, con sus personajes ejecutando, realmente, la canción de Pedro Costa (“estoy cansada” es casi lo único que he entendido de lo -poco- dicho en uno u otro vídeo-), lo cual ya liga con lo expresado por éste de que ahora, en cine, va a seguir por el camino de la canción.
Y pega por completo con un vídeo-artista como Codesal.


No sé si me equivocaré, pero en esta pieza hasta he creído distinguir un poco del humor de Pedro Costa, que lo tiene y agudo.


 

martes, 14 de febrero de 2023

O sangue de nuevo



Regreso a “O sangue” con la presencia de un Pedro Costa que me ha parecido extraordinario en sus intervenciones. Fue anoche en el Zumzeig, en sesión organizada -creo- por responsables de la distribuidora Atalante, agotadas las localidades -¿quien iba a decirme que me reconfortaría alguna vez eso de ver las salas de cine llenas?-, con una proyección perfecta, deslumbrante, de lo más adecuada para la singular fotografía de esta película.
Hacía tiempo que no asistía después a un coloquio tan intenso y clarificador. La nueva visión de la película despejó las dudas que me quedaron tras la previa, pero es que Costa dejó, además, todo clarísimo.
A la primera pregunta respondió que, aún no tratándose de un film autobiográfico, seguro que dentro de él debería haber algo de lo que trasmite la película. Sin saber de donde le surgió eso del parricidio, explicó que, por ejemplo, antes que él en su familia hubo un hermano mayor, que murió, y eso, que ahí estaba, debió de alguna forma transferirse.
Explicó esta primera película larga suya como producto de su paciente reserva durante diez años que estuvo haciendo ayudantías de muchas películas portuguesas, la mayoría horribles. En ella colaboraron entonces muchos compañeros suyos de estudios cinematográficos y una serie de técnicos con mucha experiencia contratados, necesarios porque se trataba de una película muy compleja desde el punto de vista de su fotografía, pues era muy oscura, con muchos reflejos y luces nocturnas, cosas así.
La definió, con razón, como película deudora del cine (por la cantidad de referencias cinematográficas que contiene), pero también de la novela y, sobre todo de la poesía. Y, riendo, ha concluido que un auténtico plagio, sublimado.
La relación de esta película con las suyas posteriores conformó ayer buena parte de sus reflexiones. Explicó su necesidad de cambiar tras haberla hecho (y recordemos que para hacer la segunda se fue nada menos que hasta Cabo Verde…). Vista desde hoy en día reconoce que le gusta todo ese contenido que tiene de cine hecho intensamente, que hoy ya le resulta imposible. Una frase muy significativa suya: “Para seguir haciendo cine con esta intensidad de poesía, con tanta intimidad revelada de una forma tan escandalosa, uno tendría que estar continuamente enamorado, y eso es imposible”.
Por otro lado -comentó en otro momento- lo autobiográfico se agota inmediatamente, tiene muy poco recorrido, lo que lleva también al cambio.
Contó que una referencia existente en la película, más allá de otras que siempre se nombran (“La noche del cazador”, Tourneur,…) fue la de Flannery O’Connor (de una novela de la cual sacó John Huston su “Wise Blood”). Se ve que tomó de ella literalmente párrafos enteros. Pero es que también nombró a Antonioni cuando, emocionado, citó una frase suya: “Una pared puede ser espectacular”. Confesó que ese era su credo.
¡Vaya día que tuvo ayer Pedro Costa en Barcelona! Por la mañana dio en la ECIB eso que suele llamársele -no sé por qué en inglés- una “Máster Class”. Por la tarde (pero no una hora o dos: de 17 a 20,30h, con Javier Codesal, que asistió también a la sesión nocturna y parece que le va llevando de un lado a otro), la segunda sesión del seminario “Para evitar el suicidio” que ocupará la sala de actos de la Virreina hasta el martes. Por la noche, tras -supongo- cenar algo, el generoso coloquio del Zumzeig. Pues bien: a la una de la madrugada ahí seguía compartiendo, en la barra del Bistró. Fue quizás la emoción y el bienestar lo que me hizo no caer hasta llegar a casa en que me había despedido sin pagar el chupito que me tomé. ¡Vaya vergüenza! A ver qué debieron pensar de mí cuando, al final, les debieron exigir pagar también ese…
Escribo finalmente otra cosa que pudo oírsele decir anoche, cuando se le comentó la gran cantidad de referentes de cine clásico que podían observarse en “O sangue”. Fue que esos referentes seguían siendo hoy en día los suyos para todas sus películas. Que no hay por qué cambiar. Que, desgraciadamente, en cine -no sabe si es también así en otros dominios-, el pasado es más que el presente.
Un cierto tono de nostalgia, es verdad, envolvió la sesión. Sobre todo, entre los espectadores, pensando que el cine que hace Pedro Costa no deja de ser un -raro- caso, hoy excepcional.


 

lunes, 13 de febrero de 2023

Pedro Costa: Para evitar el suicidio

Pedro Costa, escuchando la explicación inicial de Codesal.

Páginas del cuaderno analizado.



Me pude colar ayer en la primera parte de la sesión inicial del seminario sobre Pedro Costa de la Virreina, que lleva por título nada menos que “Para evitar el suicidio”.
Javier Codesal (comisario de la exposición, que sigue ahí hasta el día de Sant Jordi) y Pedro Costa iban a hablar en esta primera parte sobre un cuaderno (editado en Portugal) sobre “Casa de Lava”, que el primero situaba como sustrato nodal, que explica muchas cosas del cine del segundo.
Pedro Costa explicó primero sobre su gestación: Para obtener subvenciones, entonces y ahora, se debe presentar el clásico guión escrito. Así lo tuvo que hacer también para su segunda película, para la que se montó una producción bastante sólida (equipo de 50 personas, desplazadas a un lugar -la isla de Fogo, en Cabo Verde- sin la más mínima infraestructura cinematográfica), pero ya una vez en la isla, estuvo recopilando imágenes y sonidos, intentando reflejar las sensaciones que iba teniendo.
Eso y toda una colección de imágenes de referencias artísticas y cinematográficas, noticias recortadas de periódicos, etc., formaron el cuaderno en cuestión, con toda la pinta de trabajo de una escolar (¡qué trabajo más femenino! -exclamó el mismo Costa al verlo reproducir por pantalla), elaborado a base de collages y confrontaciones muy estudiados.
Costa (y los que hemos visto alguna que otra cosa similar) piensa que un cuaderno tan visual como ese sería mucho más adecuado que el guión tradicional para que los que deben juzgar un proyecto para otorgarle o no subvenciones, puedan hacerse una idea bastante aproximada de lo que podrá dar de sí la película de realizarse. Él, en todo caso, nos confesó que, a la hora de hacer la película, hizo mucho más caso a ese cuaderno que al guión previo entregado.
“Fue ese guión alternativo, que hice influido por el de Bertolucci Brecht para “Kuhle Wampe” -continuó- el que nos ayudó a perdernos, como se perdía la enfermera protagonista por la isla, intentando descifrar una tierra, dotar a todo de un sentido. Exactamente como yo”.
Tras esta introducción se pudieron ver por pantalla todas las páginas del cuaderno, mientras oíamos parte de las impresiones sonoras que captó por la isla, incluida la música de canción criolla que aparece en el film.
Y luego, Codesal, que se ha analizado el cuaderno (y toda la obra de Pedro Costa) al detalle, estuvo luchsndo con sus ficheros y venga a sacar relaciones entre uno y otra, empezando a nombrar lo que señaló aparecía constantemente por el seminario: entre otros, los fantasmas. Pero lo cierto es que, apreciando lo mucho que desvelaba sobre los temas del cineasta, me da la impresión que la gente se sintió algo frustrada de tener ahí a Pedro Costa, sí, pero únicamente verlo mirando la pantalla o, de tanto en tanto, asentir con la cabeza a una pregunta de Codesal. Pero bueno: hay sesiones hasta el viernes, con lo que los afortunados que pudieron inscribirse en el seminario tienen tiempo para resarcirse y recibir cientos de lecciones del mismo Pedro Costa.





 

jueves, 19 de enero de 2023

O sangue


Es interesante ver “O sangue” (el primer largometraje de Pedro Costa, 1989; ayer en la Filmoteca, mientras él guiaba un recorrido por y comentaba la exposición de fotos de Manoel de Oliveira, un cineasta del que llegó a confesar inicialmente que no le interesaba nada…) porque es anterior a todo lo suyo, diferente de todo lo que, en ficción, le siguió.
Más interesante aún: la película se inicia con un sonido sobre una pantalla en negro. Luego, aparece una escena muy estilizada, muy estudiada su planificación: una bofetada.
Viendo ayer este inicio de su película y de su filmografía, me pareció toda una declaración de intenciones: la banda sonora como elemento básico de definición, el blanco y negro en vez del color. Retrocedí unos años, pensando en el primer largometraje de José Luis Guerin, “Los motivos de Berta”(1983), que exhibía esas dos mismas preocupaciones.
Luego la película tiene planos de una belleza deslumbrante, como todos los que cuentan con la presencia de Inés Medeiros corriendo por la carretera o yendo junto al río con Pedro Hestnes, pero también las del baile nocturno que cruza la pareja, o escenas con gente en balcones de unos apartamentos modernos. Una belleza, ésta, de la que me da la impresión que Pedro Costa intentará huir en sus films posteriores… hasta que ese personaje tan extraordinario de “Vitalina Varela” (2019), quizás a su pesar, la recupere.
Saliendo, me ha reconfortado ver que no era el único que había quedado algo despistado sobre el alcance narrativo de la película, pues todo eran preguntas que uno u otro espectador hacía a sus acompañantes sobre determinados puntos de la historia que no le habían quedado claros.
Esos detalles al margen, yo diría que esa sangre del título no tiene que tomarse como tal fluido, producto de violencia, que en la película se oculta, como he oído alguien decía, sino en el sentido de filiación, de ADN que se trasmite de generación en generación.
Entendiendo el argumento de la película o no, la estética de varios films clásicos me ha parecido que se colaba por varias escenas, desde la cahierista “Los contrabandistas de Moonfleet” hasta el descenso de los niños por el río de “La noche del cazador”, con ciertos elementos de Jacques Tourneur, lo que puede ser cierto, porque por algún lado leí de esa relación de los films protagonizados por Ventura con “Yo anduve con un zoombie”.



 

martes, 13 de octubre de 2020

Vitalina Varela

Vitalina.

Vitalina y una de las notas de color.

Si quedan empresarios de salas de cine comercial y alguno de ellos hubiera estado anoche en la Filmoteca, se habría quedado perplejo: Sala Chomón llena, una vez restadas las butacas eliminadas por las restricciones del coronavirus. Una barbaridad de gente, que nunca habrían sospechado. “Vitalina Varela” (Pedro Costa, 2019, Pardo de oro en Locarno, premio al mejor film en el festival de Gijón) se va a estrenar en unos días, distribuida por Númax, que juega en otra liga, en salas de cine que también juegan en otra liga. A ver.
Pedro Costa, tras la sesión fotográfica informal en el vestíbulo (ver las últimas fotos, rompiendo el orden cronológico) y otra más formal en la antesala, en un plató efectuado expresamente para ello, siempre con Óscar Fernández Orengo tras la cámara, presentó la película únicamente señalando (luego ofreció un generoso y a la vez denso, muy clarificador coloquio, en el que expresó su voluntad de tratar a sus actores -nunca profesionales- como a estrellas de los estudios hollywoodenses) que tanto para él como para Vitalina éste ha sido un “film terapéutico, con todo el poder revificador del cine”.

Pedro Costa junto a Esteve Riambau durante el clarificador coloquio final, en el que quedó muy clara su forma de trabajo en el film.

Con ese ánimo de encontrar elementos revitalizadores empezamos pues la audición y visión de la pelicula, cuya primera imagen presenta la tapia de un cementerio y en seguida, pasando a su vera, una extraña procesión, en la que la mayoría de sus componentes gastan muletas... La acción tiene lugar de noche, como casi todas las del film, que suceden en un barrio depauperado, y sobre todo en el interior de las viviendas de esa barriada, en las que la miseria obliga a vivir a unos inmigrantes que fueron hasta ahí buscando una prosperidad que no llega.
Dejando de lado el luminoso y además luego muy hermoso final, uno puede llegar a preguntarse entonces dónde está el carácter reconfortante del film. Pero hay respuesta para eso.
Vitalina llega de Cabo Verde en un avión, del que desciende las escalerillas con los pies descalzos y goteando por sus piernas sangre (que no debe ser sangre, porque nadie más lo ha visto como yo) como la que ha acompañado la muerte de su marido, (falsa) sangre que a mí me ha rimado además con el rojo intenso de los cubos de las fregonas de las limpiadoras que acuden a recibirla al aeropuerto. Lo que sigue después tras estas escenas iniciales no es más que el lento proceso de duelo de Vitalina, que ha llegado tarde, tres días, a la muerte de su marido.
El carácter reconfortante del film, como ha confirmado después Pedro Costa, viene de ese penoso proceso de duelo culminado, pero mi errónea apreciación me ha servido para apreciar también sus huellas -o mejor su aviso- en un hasta ahora inusitado (o al menos yo no había reparado en él) uso del color que, sobre todo en toda su primera mitad, ilumina de forma notable los diferentes encuadres del film (ver un ejemplo en ese fondo de la segunda imagen).

Óscar Fernández Orengo ya había hecho una sesión a Pedro Costa, pero al llegar a la Filmoteca se le veía practicando con su cámara. La luz del vestíbulo no era adecuada para trabajar sin flash y no las tenía todas consigo con el flash de la cámara que llevaba.

 Óscar Fernández Orengo, puede decirse que el fotógrafo oficioso de la Filmoteca, retratando a Ramiro Ledo (creo) -de Númax-, Pedro Costa y Esteve Riambau.

Aquí uno de los paparazzi que han echado mano de su cámara y han aprovechado el momento en el que Pedro Costa ha retirado un momento su mascarilla.

Comprobando una y otra vez, nervioso, el flash de su cámara.


 

sábado, 23 de marzo de 2019

Kubrick en casa

El formato es algo cicatero, porque una hora no da para mucho, pero, además de que luego le han añadido diez minutos, se ha de admitir que finalmente ha ofrecido buena parte de lo que podía dar de sí. Ha sido la conversación entre Jordi Costa, comisario de la exposición que sobre Kubrick hay ahora en el CCCB, y Vicente Molina Moix, el escritor, aquí presente como autor de un librito de los nuevos Cuadernos Anagrama que lleva por título “Kubrick en casa”. Todo ello, en el marco de una de las actividades del Kosmópolis del CCCB.
La primera pregunta que Jordi Costa le ha hecho a Mr. Molina -como le llamaba Kubrick- ha supuesto una respuesta que se ha extendido media hora, pero que ha explicado ya lo principal. Iba sobre cómo llegó a hacer el libro que ahora se presenta, aunque antes ha situado también en Barcelona buena parte de su también reciente novela “El joven sin alma. Novela romántica” (Anagrama), en la que unos jovencísimos “novísimos”, como él, traban conocimiento a través de su amor por el cine. Por eso un título finalmente desechado para la misma fue “Cinefilia”.

El librito sobre Kubrick lleva en su título eso de “en casa” porque intenta un retrato personal del director, al que conoció precisamente en su casa, en donde estuvo unos ocho días -“Take your time, Mr. Molina”- para los primeros trabajos de la traducción de “El resplandor”. Ya es bien sabido que Kubrick, “puntilloso de la perfección”, según Molina Foix, logró de la Warner que le permitieran organizar y supervisar a él mismo el doblaje de sus películas. Para dirigir los doblajes españoles escogió a directores como Carlos Saura, no acabó de conseguirlo de Víctor Érice, Mario Camus,... Y Carlos Saura, concretamente, fue el que presentó a Molina Foix como traductor.
Para asentar la fama de Kubrick como perfeccionista hasta la exasperación, ha recordado que para un único plano, sin diálogos, en el que Tom Cruise sólo debía cerrar una puerta, llegó a hacer la friolera de 123 tomas...

En la conversación ha explicado cosas curiosas sobre la personalidad y manías de Kubrick. Ha señalado que la familia obtuvo el correspondiente permiso para que fuera enterrado junto a su casa. Parece coherente con una persona de la que se sabe que intentaba no viajar nunca, razón por la cual se llegó a construir en el vecindario el decorado para representar una población de Viet-Nam. El mismo Vicente Molina Foix, además de ver la tumba de Kubrick en su segunda visita a la casa, tuvo la oportunidad de encontrarse aún con el laberinto de invierno, ya algo desmochado, de “El resplandor”.

lunes, 11 de febrero de 2019

Stanley Kubrick en el CCCB

Una primera foto de Kubrick publicada en la revista “Look”.
Tenía miedo de que la exposición sobre Stanley Kubrick, que ya lleva en el CCCB desde octubre y está planificado que se cierre el 31 de marzo, fuera una de esas típicas itinerantes espectáculo, que va vendiéndose al mejor postor por aquí y por allá.
Es cierto que la muestra, bastante extensa, hecha con reconocibles medios, ha viajado por todo el mundo y que va cosechando éxito tras éxito de visitantes. Hace un par de semanas, por ejemplo, yendo una tarde de domingo a ver una película en el Xcèntric, quedé absolutamente sorprendido por la cola que pacientemente, esperaba ocupando todo el patio, la rampa descendiente y buena parte del hall del CCCB. No era un público habitual del Centro y no iban al Xcèntric. Es verdad que los domingos por la tarde el CCCB es de entrada gratuita, pero no deja de ser un éxito inusitado para una sala de exposiciones de la ciudad. Quizás sólo el Caixaforum consigue cosas de éstas.

Eso me acrecentó mi suposición sobre que la exposición podía ser de esas que no desentonarían en un parque de atracciones. Pero por suerte no es así. Sí que contiene alguna que otra maqueta -por lo demás muy atractiva- sobre todo del “2001. Una odisea del espacio” y algún que otro disfraz, pero no deja de ser un recorrido muy bien trazado y documentado por todas las películas de Stanley Kubrick, con un prólogo inicial muy interesante sobre su inicio de reportero gráfico para la revista “Look”.

Igual corresponden a sus dos comisarios alemanes, pero me ha parecido reconocer la mano del adaptador español de la exposición, Jordi Costa, en muchas de las cartelas introductorias de cada sección.

lunes, 20 de febrero de 2017

La Filmoteca: cinco años en el Raval

De izquierda a derecha, el Maestro Joan Pineda, Robert Guédiguian, El conseller Santi Vila, Carlos Saura, Esteve Riambau y (¿? Alguien me ayudará a completar el pie de foto...)
La aglomeración de los días sonados.
Recibiendo a los espectadores, en la sala, el quinteto del Conservatori de Música del Liceu.
No me sé estar por las fiestas, de no ser de ir con alguien de confianza con quien comentar la jugada y poder intercambiar comentarios ácidos a gusto. Pero ha de decirse que la del aniversario de la Filmoteca en el Raval ha estado muy bien organizada.
Ha sido en la sala Chomón -la grande- y luego ha continuado -con dispendio de bebida- en la plaza interior del edificio, por lo que nada que objetar.
Antes de entrar, ambiente de día grande, con acumulación de gente, y de tanto en cuando algún rostro de los que van quedando por aquí de esos de toda la vida de relación con el cine, y de alguna visita sonada, como la de Carlos Saura o Robert Guédiguian, que mañana serán protagonistas.
Alex Gorina y Jaume Figueras, en presentación "informal".
Mariona Bruzzo, hablando de las magníficas recuperaciones del departamento que dirige.
Octavi Martí dando paso a los sorprendentes noticiarios de 1937-43.
En la sala, ambientada inicialmente por un quinteto del Conservatorio de Música del Liceu, un poco de todo: A lo largo del acto presentación informal, "mediática", de Alex Gorina y un divertido Jaume Figueras (aunque lo más divertido ha sido producto del fallo -aún no sé si involuntario- del primero, al presentar al conseller de Cultura, Santi Vila, que ha hecho también su speach). Y más tarde los tres máximos representantes de la Filmoteca presentando el discurso oficial y una serie de proyecciones.
Primero Esteve Riambau, que tras los agradecimientos y el repaso somero de estos cinco años ha leído en público su carta a los reyes, que he visto centrada en petición de recursos para preservar lo que se tiene, porque "es inútil favorecer nuevas realizaciones si luego no hay recursos para mantenerlas y exhibirlas" -aprox-.
Luego Mariona Bruzzo, para presentar, con el acompañamiento de Joan Pineda al piano, una selección de piezas de cine mudo restauradas por la Filmoteca, alguna de ellas de visión auténticamente placentera. Personalmente me han entusiasmado una "Vista de Londres" de los Lumière, de 1896, con sus autobuses -de carga animal- de dos pisos y todo; "Tocas y tocados" de la Pathé de 1924; un espectacular documento de la muy despoblada falda de Collcerola y pase de obreros, todos con alpargatas y gorras, en la inauguración de la sala de Manufacturas de películas Cabot; o unas escenas documentales con un color precioso de gente por las calles -delante de espectaculares puertas de madera- de Tombouctú... Vamos: que tenemos maravillas inéditas por ver y rever durante tiempo.
Esteve Riambau ha vuelto a coger el micrófono para presentar una pieza encontrada en la Cinemateca Francesa, coincidiendo con sus investigaciones sobre Laya Films, que dijo el otro día que están próximas a ver la luz. La pieza en cuestión es nada menos que una de Ramón Biadiu, gemela a la que conocemos que hizo sobre "Els tapers de la costa". Se trata de la versión francesa de "Ollaires de Breda", realizada también en 1937, y sigue todo el proceso de fabricación de las cazuelas y ollas de barro de la población de la falda del Montseny, desde la extracción de la arcilla hasta la exhibición en las tiendas del pueblo, pasando por el trabajo en el torno. Mira por dónde, a partir de ahora del cine documental catalán pasará a ser visible un nuevo documental que, por mérito propio, se sitúa sin duda entre los de más valor de la década de los treinta.
He hecho plantarse a Óscar Fernández Orengo delante de la foto que hizo a Gonzalo García Pelayo.
En subiendo la escalera. Ahora, con las impresionantes fotos, la subida se hará más llevadera, aunque pueden producirse atascos...
La foto de Paco Poch con Marín Karmitz.
Víctor Érice con su dedicatoria, quizás un pelo demasiado solemne...
Óscar Fernández Orengo delante de su foto de Pedro Costa.
Eugene Green, felicísimo de estar en la Filmoteca.
Por su parte, Octavi Martí ha sido el que ha presentado una selección preparada por Ferran Aymerich de noticiarios de circulación a-legal, entre 1935 y 1942, previa a la prohibición dictada para la expansión del No-DO. Ahí ya me he acabado de derretir, porque la muestra, escogida entre 100 rollos que suponen, según O. Martí, más de veinte horas de proyección, presenta imágenes impagables. Enumero unas cuantas: Franco sentado como una soltera de fiesta mayor de pueblo esperando a que la saquen a bailar, pero presenciando en realidad una demostración de las armas antiaéreas compradas por la República, sobre el año 1935. Un marajá en traje ceremonial, del que el locutor (el que narraba las películas de Jaimito: ahora no sé si Arribas Castro), nada políticamente correcto, dice que le hace parecer un requesón. Impresionantes imágenes aéreas de la siderurgia de Sagunto y el puerto de la ciudad de Valencia, destrozados por los bombardeos de la legión italiana, seguidas de imágenes también aéreas sobre El centro de Valencia, con la gente que "empieza a congregarse en sus calles para recibir a las tropas nacionales". El cambio de nombre del "Congreso de los Diputados", denigrado por el narrador. El encuentro del Duce con el Furher en la frontera italiana en 1940, tras la llegada de ambos en sus trenes respectivos. La llegada de elementos de culto (casullas, principalmente) donados en 1940 por la iglesia alemana a la pauperada iglesia española. Venecia se prepara para posibles ataques aéreos, protegiendo la fachada del Duomo. Imágenes espeluznantes de raids aéreos alemanes, desde los propios aviones, sobre el suelo de Gran Bretaña, también en 1940. La visita de Serraño Suñer a Hitler. La marcha en tren, el 13/7/1941, de los miembros de la División Azul. La puesta en marcha de trolebuses en Barcelona y otras ciudades. En casi todas, masiva la presencia de militares, brazos en alto, gente de iglesia... Esas cosas. La sesión ha acabado con escenas de la recuperación por parte de Berriatúa del color del "Érase una vez", el proyecto de film de animación que Alexandre Cirici Pellicer y José Escobar emprendieron en 1950.
Las "autoridades" subiendo la escalera.
Foto del fotógrafo para la posteridad.
Y el sarao en la plaza interior.
Rosa Vergés dando conversación a Robert Guédiguian.
Esto de la cosa social es lo que se me da peor, pero ya puestos: venía a ser, creo, como un gazpacho.

Pero, por si fuera poco, antes del bebercio correspondiente, en la penosa escalera de salida a la superficie desde las salas la sorpresa de la inauguración de las magníficas fotografías (acompañadas de sus autógrafos) de los ilustres visitantes de las sesiones de la Filmoteca. Todas fotos cuadradas, para sacarse el sombrero, de Óscar Fernández Orengo, a las que se deberá volver con detenimiento...
JG Guerra, el cogote de Lluís Miñarro y Toledano, el de "El séptimo vicio" de Radio 3. — con JG Guerra,Eddie Saeta y Javier Tolentino.

Ya desatado, he aprovechado descaradamente la pose de Eulalia Ramón con Jaume Figueras para Óscar Fernández Orengo para, nervioso, pescarla yo también.