Jesús Franco no gana para desengaños en “El extraño viaje” desde la muerte de sus padres. Invoca al tiempo pasado continuamente: “¡Con lo buenas que estaban las peras del huerto de papá!” ¿Cuáles podrían ser esas riquísimas peras del huerto de papá, a conservar en la memoria? Aquí –Cine- se intenta recopilar y dejar visibles las impresiones a vuelapluma, en general sin documentación ni análisis previos, de la reciente visión de alguna película que me haya causado buenas vibraciones.
martes, 14 de abril de 2026
Sesión Anahit Simonian
miércoles, 1 de diciembre de 2021
Las ramas del árbol
miércoles, 10 de noviembre de 2021
El mundo de Apu
sábado, 5 de junio de 2021
El cobarde
jueves, 13 de mayo de 2021
Charulata
miércoles, 25 de marzo de 2020
Nicholas Ray en Shangrila
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| El libro de Shangrila del que se nos ofrece hoy descarga gratuita. |
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| El libro previo sobre Ray de la Filmoteca Española. |
miércoles, 15 de enero de 2020
El sari de Durga
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| Durga lleva una escuálida vaca con su hermano. |
Hoy aparece en "La Charca Literaria" otra confesión de esas mías de casi casi haber llorado viendo una escena de una película. Se trata de "Pater Panchali" (1955), la inicial de la estupenda trilogía de Ray, y si la escena en cuestión emociona, lo hace porque el retrato de Durga, esa niña inicialmente medio asilvestrada que roba fruta para su abuela y que luego cuida de su hermano pequeño, ha ido macerando el momento.
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| Salisfecho, le hace ver a su mujer el sari que ha comprado para Durga. |
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| Al ver la tela es cuando la madre de Durga se pone, inconsolable, a gritar. |
El sari de Durga
Durga es en Pather Panchali (Satyajit Ray, 1955) una niña saltarina, bastante asilvestrada, que vive en la casi chabola de su familia, en terreno propiedad de unos parientes. Estos, a su vez, viven en un gran caserón vecino, rodeado de cantidad de árboles frutales, de los que, para desesperación de su tía, roba periódicamente frutos. No son para ella, sino para entregárselos, a escondidas de su madre, a su abuela, con la que mantiene una gran, silenciosa, complicidad.
En casa de Durga vive, aparte de ella y su abuela, su madre. Aparece ocasionalmente su padre, un hombre despreocupado e iluso, que cree que podrá vivir algún día de sus poesías, pero que mientras tanto pasa largas temporadas lejos de casa, intentando ganar un dinero con el que pagar sus deudas.
La escena que quiero comentar tiene lugar hacia el final de la película. Destaca, en medio de un film con interpretaciones muy naturalistas, casi de documental, como una escena con la que la relaciono de «La Maison des bois» (Maurice Pialat, 1971). En esta última, una madre recibe la confirmación de la muerte de un hijo suyo durante la Primera Guerra Mundial. En la de Ray, la madre ya sabe que su hija está muerta, lo que la ha dejado postrada en un estado catatónico, pero la visión de un objeto le restriega de nuevo esa realidad en la cara. Ambas, incapaces de resistir lo que ese hecho representa, estallan en gritos y sollozos inconsolables.
Llega el padre a su casa. Ha avanzado un tiempo su regreso porque, después de pasar muchas penalidades, las cosas parecen habérsele enderezado. Con el dinero que ha conseguido reunir compra regalos para sus hijos y llega con la emoción de ofrecérselos. Al dar con la casa, le sorprende su lamentable estado de semidestrucción. Sin embargo, ahí está su mujer, quien, sin responder a la pregunta de dónde están sus hijos, le saca silenciosa y mecánicamente una jarra de agua y un bol para que se refresque, después de tan largo viaje. Él, felicísimo, no para de hablar, explicando lo bien que le ha ido todo y lo bien que le irá a la familia entera en el futuro.
En ese momento saca de entre su equipaje unas telas dobladas y se las enseña a su mujer, diciendo que se trata de un sari que ha comprado para Durga. Es entonces cuando su mujer ve la ropa destinada a su hija y parece enloquecer.
Se comprenderá que guarde en mi memoria la mirada fija de la madre de Durga a esa tela como de cuadro amplio, tan bien doblada. Y después de haber visto crecer a la chica, que se hace querer un montón, es fácil entender que la escena me afecte enormemente.
sábado, 26 de octubre de 2019
Pather Panchali
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| Apu |
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| Apu con su hermana Durna. Él está a punto de ver por primera vez un tren. |
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| Abuela y nieta, cómplices |
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| Pablo Sncho, presentando la película |
viernes, 5 de octubre de 2018
Utamaru y sus cinco mujeres
A mí me valen por toda “Utamaru y sus cinco mujeres” (Kenji Mizoguchi, 1946, vista ayer en la Filmoteca) ese final que seguramente fue la idea motor de toda la película y dos escenas muy similares. En ambas una mujer -como siempre en Mizoguchi una cortesana- desesperada, ha comprendido que ha perdido en la contienda amorosa a su amado, pues éste ha preferido a otra, y se retira, hundida, silenciosa. La cámara la sigue en ambos casos -el segundo junto a un curso de agua- mediante un travelling lateral, que profundiza la idea de su retirada hacia la miseria anímica, la nada.



























