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lunes, 9 de febrero de 2026

El rey de los cowboys


Aunque no sea ni de lejos el mejor de los Buster Keaton (que suelen encontrarse cuando ofrece su enorme empeño, en combate desigual, para hacerse con el amor de su chica), ante un cierto estado de desánimo que hoy me oprimía volver a ver ahora “El Rey de los cowboys” (1925; recién colgada, restaurada, en Filmin) era realmente lo que necesitaba.
Buster Keaton es el rey del gag, producto que ofrecía hasta a Samuel Beckett para intentar salvar su “Film”, pues le decía que nadie iba a reírse con una película con esos mimbres. Pero ésta tiene además un hilo argumental que me recuerda recientes clases sobre Historia de Estados Unidos a las que he asistido.
Forzado por el hambre a vender todas sus pertenencias en un comercio de su Indiana natal, se desplaza en tren hasta Nueva York y ahí, fortuitamente, da con una estatua de Horace Greeley con su famosa frase: “Go west, young man”. Le hace caso y se monta en otro tren hacia Santa Fé, emulando a tantos que emprendieron la famosa ruta colonizadora hacia el Oeste Norteamericano.
Se enrola como cowboy en un rancho y ahí entabla amistad con una vaca. Suficiente para con eso poder contemplar buena parte de su repertorio: Así, mira el horizonte con la palma de su mano de visera o idea una escalerilla de mano para subir cómodamente al caballo. Por aquel entonces ya había hecho sus grandes películas, y todo el mundo sabía que no había quien hiciera variar el serio semblante de Cara de Palo, cosa que aprovecha para elaborar una escena en la que un malhechor le obliga a sonreír.
Después aún tiene tiempo de conducir él sólo en tren y atravesando la ciudad de Los Ángeles todo el ganado, lo que apareja otra serie de gags, con participación hasta de los Cops y bomberos de la ciudad.
Decididamente, es verdad eso de que Buster Keaton es uno de los mejores remedios contra toda infección sentimental.





 

martes, 2 de enero de 2024

O tasqueiro


Ahora que Aki Kaurismaki está en boca de todos, en Mubi puede verse su cortometraje “O tasqueiro” (2012), que ofrece además la oportunidad de curiosear un poco (algo no muy frecuente en el director) una ciudad muy especial, como es Guimarães, porque está rodado ahí, producida para el año en que fue nombrada Ciudad Europea de la Cultura.
A mí el poder de observación y la incansable fuerza de voluntad de este tabernero me hacen pensar en Buster Keaton y los personajes de sus grandes películas de los años 20.


 

jueves, 25 de abril de 2019

The great Buster

“Buster contra la infección sentimental”, se llamaba un librito de los originales Cuadernos Anagrama, editado por Jos Oliver y José Luis Guarner, sobre el gran Buster Keaton. Ese título ya explica mucho, constituyendo para mí una de las mejores aproximaciones a la definición del personaje.
Si en 2018 un cineasta de renombre y al menos un enorme título en su haber como Peter Bogdanovich presenta un documental como “The great Buster”, uno debe hacerse de tripas corazón e ir a verla en cuanto sepa que se exhibe, y esa circunstancia se dio ayer en la Filmoteca. “Dirá algo nuevo”, piensas.
Pues no: No sólo la película viene a ser la enésima repetición de lo ya visto o leído sobre la obra de Buster Keaton, sino que la supuesta forma autoral de Bogdanovich brilla por su ausencia, dejando el largo documental en una cansina repetición, muy televisiva, de frases sueltas altisonantes, de los más variopintos personajes (van apareciendo toda una retahíla de personalidades del cine, expresando con gran sentimiento su asombro acerca de lo que lograba hacer BK) intercaladas, rompiendo el efecto, con minúsculos cortes de sus películas, enlazadas por la voz de un narrador.
Tarantino, uno de ls muchos que salen sin decir nada de interés sobre el personaje. Eso sí: con mucho énfasis y sentimiento.
Has de esperar a que hayas llegado a lo que creías era el final del film, porque ya se había acabado el poco preciso recorrido cronológico por la vida y carrera de Keaton, para que casi desaparezcan los pesados y televisivos bustos parlantes y aparezcan cortes más largos de las películas, pero entonces se reducen a sus grandes largometrajes de los años 20, que ya hemos tenido ocasión de ver varias veces, perdiéndose pues la ocasión de ver en condiciones algo parecido de sus películas menos proyectadas.
Por suerte, muy, pero que muy fugazmente, se ha podido ver la tranquilidad con la que BK, a la sazón novio en una ceremonia recibida por el paisanaje arrojando a la pareja botas y todo lo que tienen a mano, observa un par de botas en relativo buen estado y, ni corto ni perezoso, se las guarda debajo del brazo. Es un serio -como todos los suyos- gag de “A week”, uno de sus extraordinarios films iniciales de dos bobinas. O cómo clava el asiento de su coche a la casa que acaba de construir para arrastrarla con su coche y sale disparado adelante el coche, quedando él y su asiento pegado a la casa inmóvil, otro gag característico marca de la casa. De hecho, de una poco vista película cercana a 1937 vemos cómo se clava unas botas al suelo y justo entonces le saca una chica a bailar, con lo que debe contorsionarse ahí fijado.
En una de las raras películas de los años 30.
Ahí, en el análisis o simplemente la muestra de estas escenas, quizás haciendo una cierta clasificación, podía haber estado la base de esta película que, cuando saca alguna, como la archiconocida de la fachada de la casa que cae sobre su personaje, que aflora milagrosamente por el hueco de una ventana, resulta que lo hace básicamente para que anodinos realizadores actuales nos hagan ver cómo lo imitaron ellos en sus films, o para saber la gran influencia que tuvo Keaton en las escenas de Spiderman, privado de rostro expresivo por su disfraz. En fin: consolémonos pensando en que por lo menos hemos podido ver, gracias a la sesión, alguno de los jocosos anuncios de Buster Keaton, ya mayor.
En la tele, al final de su vida.
En cuanto al repaso que el documental hace a su vida familiar, con sus dos fallidos matrimonios, alcoholismo y recuperación gracias a su tercera y definitiva mujer, digamos simplemente que, desgraciadamente, Bogdanovich y quienes aparecen relatando los hechos no habían leído el librito del que hablo al principio o, cuando menos, no habían sopesado el significado de su título. Una lástima.

miércoles, 22 de enero de 2014

El gag en Keaton

Hoy he asistido a una conferencia dedicada a Buster Keaton. Pero, al margen de la gozosa contemplación de alguna secuencia de sus películas, he salido con una cierta frustración.
¿Por qué acudir a las ‘idées reçues’ en la panorámica sobre su vida y obra, en vez de acudir al terreno fértil (y muy productivo para futuros cineastas) de analizar y poner en evidencia, por ejemplo, sus diferentes pero recurrentes formas de construcción del gag?
Ahora mismo me vienen a la cabeza esas imágenes equívocas para el espectador, con un doble fondo escondido, que se descubre para hacer estallar la carcajada; o el gag inesperado surgido tras haber dado amplias expectativas de un gag que no se produce; o las múltiples ocasiones en que su personaje debe luchar ante el exceso de lo que reclamaba: venciendo él solo a todo un ejército enemigo cuando se le exigía el valor público del alistamiento (“El maquinista de la General”), esquivando la marea de mujeres casamenteras cuando buscaba una novia para casarse en 24 horas (“Seven chances” -la de la foto-), etc.


miércoles, 8 de mayo de 2013

La MGM se come a Keaton

"Spite Marriage" (1929).
He visto el segundo episodio de “Buster Keaton: A Hard Act to Follow” (Kevin Brownlow, 1987), que es donde realmente te atrapa. De la comedia se pasa al drama más profundo. Desde los éxitos más impresionantes de sus obras maestras de los años 20, que lo han convertido en multimillonario, Keaton cae a un agujero, separado de su familia, hundido en el alcoholismo, enterrado en la depresión. Eso coincide con la introducción del sonoro en el cine, pero Brownlow explica que esa no es la causa de sus fracasos. Keaton participa en films con diálogos, tiene voz, baila en números musicales con acierto. No es eso. La causa principal es que le han quitado su independencia creadora, y ahora debe seguir escrupulosamente lo estipulado en los guiones que la Metro le encomienda. En el episodio aparece Claude Autant-Lara, que dirigía las versiones francesas de estas películas. Explica que vio que habían cosas en el guión que no funcionaban. Se lo comenta a Keaton, y ambos, contentísimos, acuerdan hacer unos cambios. Pero la productora llama al orden a Autant-Lara: Hay que seguir escrupulosamente el guión. “¿Qué vamos a hacer? –le contesta Keaton cuando el director francés se lo explica- Obedecer, claro…”. Llegado un momento, para intentar levantar el bache económico que pasan a suponer sus películas, le colocan de pareja, casi de segundón, de Jimmy Durante. Siguen los fracasos. De las enormes casas de que disfrutó pasa a vivir en un autocar, que se convierte en su casa móvil. Una enfermera se casa con él. Él, alcohólico perdido, dijo que no se enteró. A los 37 años lo echan del estudio.
"Free and Easy" (1930). A Keaton le ponen un penoso maquillaje de clown.
La versión española de "Free and Easy" fue "Estrellados" (1930)
En "Parlor, Bedroom and Bath" (1931) a Keaton le dejaron, excepcionalmente, efectuar uno de sus gags con trenes (fotograma de la derecha).
"Passionate Plumber" (1932), ya con Jimmy Durante.
"Wath! No Beer?" (1932). Keaton repite el gag de la caída de piedras de "Seven Chances", pero esta vez con barriles en vez de rocas. Paralelamente, Keaton está en plena caída en la alcoholemia, pero no de cerveza.
"Wath! No Beer?" (1932), en pareja que no resulta con Jimmy Durante.

viernes, 12 de abril de 2013

Carteles de films de Buster Keaton


Carteles - 19 a 23
De la "Enciclopedia Ilustrada de las Estrellas" (notorius Ediciones, 2012), varios de Buster Keaton, que están muy bien (los carteles y las películas).

miércoles, 31 de octubre de 2012

The railrodder


 Postals - 168


Sam Tata - "Buster Keaton, Montreal, 1964"

El otro día, trabajando para un nuevo seminario de cine, volví a ver trozos de "The railrodder" (1965), el mediometraje que Keaton hizo para el National Film Board canadiense, de donde sale esta postal.

En él Buster Keaton recorre de costa a costa, en el artilugio de la foto, sobre vías, el Canada, lo que le da pie a hacer recordar sus películas más famosas: Se viste con su típico chaleco y gorro, otea el horizonte con la palma de la mano como visera y utiliza todos los elementos a su alcance para lograr su fin. 

Paralelamente, consigue introducir sus sugerencias de gags en los 25 minutos de metraje, justo lo que, para su desesperación, no consiguió en el "Film" de Samuel Beckett, de la misma época. No sabía cómo hacerle ver a Beckett que nadie se iba a reír si dejaba su película como estaba...