martes, 7 de diciembre de 2021

Julien Duvivier habla en 1959


Julien Duvivier, que está recibiendo ahora un descubrimiento elogio crítico del que se le desprendió por completo debido a los dardos lanzados contra su cine por los ‘enfants terribles’ de la Nouvelle Vague, protagoniza el dossier de diciembre de la revista Positif. Lo dedican a su mejor período: la etapa que va del mudo al sonoro.
En el dossier destaca una entrevista aparecida en Cinémonde en septiembre de 1959, una época en la que Truffaut y compañía lo habían convertido en diana de sus diatribas. Es divertido ver como todo en ella, preguntas y respuestas, intentan responder a esos ataques. Varios ejemplos:
-Cuando le preguntan que qué opina del título de primer artesano del cine francés que parecen otorgarle responde, muy cabalmente, que (traduzco a mi aire) “creo que esa virtuosidad técnica es la recompensa de un espíritu innovador, puesto que para adquirirla he debido inventar leyes que no existían cuando debuté en esta carrera”.
Artesano llamaban los de los primeros Cahiers du Cinéma a los realizadores que no llegaban al estadio de “autores”. Por eso mismo Duvivier dice entonces que “independientemente de los que hayan podido ser mis colaboradores, me considero responsable de los films que he firmado”.
Aunque la “autoría” reclamada por los de Cahiers se refería a otra cosa, saca también un denominador común de los films que considera sus mejores: “cuentan historias de amistad y solidaridad, están tintados de pesimismo e ilustran un cierto número de temas que me conciernen mucho, como la maldad de la multitud, la vanidad del esfuerzo, la crueldad del destino y la imposibilidad de escapar de éste”.
Sobre esa “cualidad” que se señalaba en esa época a los films de la NV, la improvisación, osa decir que “pese a que está claro que existe una cierta improvisación en el momento del rodaje, necesaria para adaptarse al decorado, la luz, la personalidad del actor o descubrimientos de última hora, considero que la improvisación por la improvisación es deshonesta, puesto que cuesta muy cara y un director no tiene derecho a olvidarse del coste de su film. Cuando llego al lugar de rodaje, sé lo que quiero. No creo que sea un defecto, sino más bien una cualidad”.
Y en esta línea sigue.
Para los que han descubierto este periodo inicial de Julien Duvivier, sobre todo gracias a su magnífica “Au bonheur des dames”, dejo aquí su respuesta a la pregunta que le hacen sobre los films que realizó entre 1920 y 1930 a los que aún otorga importancia:
“Me acuerdo de un “Poil de Carotte” (1925) y también de un ‘suspense’ llamado “Le reflet de Claude Mercoeur” (1923), así como de una versión muda de “Au bonheur des dames”.


 

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