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viernes, 6 de febrero de 2026

Historias del buen valle


Primero sobre la película. Como ya se trataba de revolver a ver, iba con la idea de en esta ocasión observar cómo se desarrollaban en ella ciertos detalles específicos, intentando confirmar lo que me rondaba por la cabeza. Pero imposible: fue ayer (preestreno en el cine Balmes) empezar a ver “Historias del buen valle” (José Luis Guerin, 2025) y dejarse llevar por ella y sus mecanismos de captación del espectador. La perfecta proyección ayudó un montón en este sentido, dejándote clavado a la pantalla, de magnífica definición y colorido.
Me he quedado recreándome, inicialmente, en esa transición desde el prólogo (la película en subformato y blanco y negro rodada por el barrio) hasta el cuerpo de la película, acompañando la aparición del título. Como la tengo reciente, me ha recordado a esa escena del Kubrick del “2001”, llevando de Júpiter a más allá de las Estrellas, mediante un caudal de partículas de colores, que aquí intuimos son las luces de los automóviles que pasan por la noche por las autopistas.
Lo que ha quedado del casting en la película ya nos hace ver a varios de los personajes que se desarrollarán más adelante. Me ha gustado mucho apreciar, en esas escenas y las que las siguen, lo bien peinados y arreglados que suelen aparecer sobre todo niños y chicas para aparecer ante la cámara. No parece ser ese el caso de la mujer portuguesa, que antes de las delicadas escenas por los prados con su nieta, canta y baila cubierta con una camiseta sudada que se le pega al cuerpo pero, sí te fijas bien, también ella se ha colgado del cuello un collar y colocado en su cabeza una corona de flores.
Abandonadas mis intenciones de análisis, me ha vuelto a pasar eso de que ciertos planos de la película me han recordado a otras películas previas, de toda condición, del mismo Guerin. La exploración de las ruinas de una casa que ahora es casi sólo alguna pared y pavimento, agujereado por árboles, apela de manera directa a esa exploración inicial de la casa abandonada de “Inisfree” en la que aún se llega a escuchar las voces de los que la poblaban. ¿Cómo no pensar en la conversación entre el obrero en la obra y la chica en el tendedero de su casa de enfrente, en un nivel ligeramente superior, de “En construcción” al ver al hombre mayor hablando, mirando desde el suelo hacia arriba a la mujer en su balcón detrás de su tendedero? La existencia de un vidrio por el medio entre la cámara y algún personaje provoca unos reflejos que dejan ver a su vez a otros personajes y simultáneamente revela el pudor de la cámara para inmiscuirse directamente en una conversación, exactamente como pasaba, por ejemplo, en “La academia de las musas”. Esos paseantes cargados con los árboles que quieren trasplantar, circulando por la loma de una colina, me llevan no sólo -como he leído- a la cadena similar de personajes simbólicos de “El séptimo sello” tomados en contrapicado, sino a las primeras emulaciones de ésta y otras películas que en sus primeros tiempos, cargado con su cámara de Súper 8, intentaba ya entonces hacer. Pero me gustaría que quedase claro que no se trata de ninguna falta de recursos, sino de existencia de un mundo propio… a través del que explica mundos diversos.
Una de las cosas en las que me habría querido fijar son las transiciones entre planos. Hay una bellísima: una foto del monaguillo está encadenada con la foto en bañador de la que será su mujer. Otra era las miradas / cambios de plano atendiendo a esas miradas.
Pero hay muchas cosas que observar con detalle y quedar admirado. Hay unos cuantos planos en que crees estar en pleno campo y el plano siguiente, con la cámara más alejada, otro punto de vista o simplemente dejando pasar un poco de tiempo te permite ver que ese idílico escenario está en realidad pegado a un bloque de pisos, una fábrica o una vía de tren. Otros planos relevantes son los de los nuevos bloques residenciales de pisos. De una primera impresión de estar observando a un grupo escogido, de un piso determinado, pasamos a detectar que, procedentes de todos los rincones más alejados entre sí del mundo, todos los personajes que hemos ido viendo guardan relación entre sí en tanto en cuanto que vecinos de al lado, arriba, abajo o enfrente.
Y ya sólo comentar una cosa muy sencilla pero cargada de sentido y bien hermosa: La dedicatoria de la película que hemos visto a cuatro amigos del mundo del cine recientemente desaparecidos, de origines diferentes, efectuada a cada una en su idioma, surge cuando por el agua del Rec circula una pequeña corona de flores.
Luego el coloquio, al que se prestó su director. Le iba a interrogar Violeta Kovacsis, pero el público apenas le dejó hacer la pregunta inaugural y luego ya se encargó de no dejar de felicitar y preguntar a Guerin durante un buen rato.
Un Guerin, ya se sabe por ocasiones anteriores, que convenció a la sala entera primero con la película y luego con sus siempre amables y muy razonadas explicaciones, dejando ver de forma clara todo el proceso de elaboración seguido y lo concienzudo de sus reflexiones teóricas dando forma al material rodado.
Anoté alguno de sus comentarios: que ahora copio por aquí:
-Un primero caracterizando a Vallbona como barrio totalmente ignorado de Barcelona: Hizo notar que la señal de bienvenida a la ciudad no aparece hasta el puente de Sarajevo, cuando hace ya tiempo que se ha entrado en el barrio olvidado de la película.
-A un espectador que le agradecía que siguiera haciendo cine y de este nivel, le respondió agradeciéndole, a su vez, que siguiera él viéndolo. Porque cada vez es más difícil hacer que la gente vaya a ver cine, remató.
Se alzó la voz de quien incitó su “En construcción”, Jordi Balló -entre el público- para piropearle por una película que, comentó, le dejaba admirado. Detalló que había apreciado en ella una profundidad de campo que no es habitual en sus películas previas. En un extremo o por el fondo de cada plano -comentó- hay un personaje que evoluciona, ajeno a lo del personaje o grupo central. Guerin le respondió que eso de cargar tanto el plano era para dar peso a unos planos digitales que, si no es de esa manera, pueden resultar muy chatos o banales. Por eso mismo siempre hace moverse una planta debido al viento por delante, un animal o persona cruza por un lado, o por el fondo pasa un tren.
Balló dijo también otra cosa interesante: que siempre el cine que ha hecho Guerin ha servido de inspiración y modelo para otros cineastas. La cineasta india Payal Kapadia, por ejemplo, se ve que en una entrevista había agradecido al cine de Guerin la libertad que le había trasmitido haciéndole ver que se podía circular perfectamente entre documental y ficción. Y él, Balló, tras ver la película, se frotaba las manos pensando en lo que empezarían a hacer otros cineastas a partir de su visión de ésta.
Me ha gustado, también respondiendo a un espectador, cómo decía haber hecho desaparecer paulatinamente su propia persona (al inicio en forma de voz, en el casting, luego como presencia detrás de la cámara a quien se dirige algún personaje del barrio) hasta que el protagonismo pertenece ya totalmente a los habitantes del barrio, sin atisbo del director de la película por ningún lado.
Un último comentario que anoté, dentro de la proliferación de temas surgidos (el coloquio, al que se quedó casi toda la platea, resultó en esta ocasión muy rico: he tenido ocasión de ver la gira que le ha preparado la distribuidora a Guerin para promocionar el film y, de tan mareante y agobiante, con tantos entrevistadores en un mismo día, se me hace difícil pensar que pueda seguir, pasados unos veinte días que dura, tan fresco y convincente, dotando de sentido a todo lo que diga) fue ese objetivo de la película de que el Vallbona retratado pueda actuar realmente como caja de resonancia y explicar a su vez muchas cosas más generales, que afectan mucho más allá de ese pequeño enclave. Y acudió al símil que -dijo- le gusta hacer: como una hoja que, en su pequeñez, permite prefigurar cómo será el árbol entero.
Y para acabar lo que me ha dicho un amigo, Xavier Juncosa, él también cineasta, con el que estuve en el cine viendo la película: Guerin sigue siendo el rey.

Guerin y Kovacsis


Francesc, quien lo ve todo en forma de western, en el precioso plano de la película a lo Friedrich.


Personajes entrañables…

La nieta atenta a lo que le explica su abuela. También hay unas cuantas secuencias con niños denotando su expresividad increíbles, muy divertidas

Alba Lombardía y Guerin, tiempo después de proyectada la película. Ella había quedado hoy a las 8 de la mañana para asistir a la instalación de la carpa que iba a colocarse en Vallbona, para proyectar la película, antes de que se estrene, a los habitantes del barrio.
 

viernes, 21 de noviembre de 2025

Historias del buen valle

El Sr. Francesc, como un apache, pero también como Friedrich, contemplando desde una loma de Vallbona la lejana Barcelona.

La Alternativa - 7
Quería José Luis Guerin hacer un pase previo a la sesión de ayer en la Filmoteca de su “Historias del buen valle” (2025), para dedicarlo especialmente a los vecinos del extremo barrio barcelonés protagonista de la película, Vallbona y que se vieran los que habían salido en ella, acudiendo con sus vecinos y amigos, pero la falta a última hora de un permiso de la carpa en la que quería colocar la pantalla y alojarlos mandó al garete la sesión.
No pudo ser lo de la carpa en Vallbona pero, a cambio, una buena representación del barrio -actores de la película o no- había ayer en la Sala Chomón, encantados de la vida o, como mínimo, de lo que vieron en la pantalla.
Ya se han escrito muchas cosas sobre “Historias del buen valle”, por lo que quizás lo mejor que puedo hacer ahora aquí es intentar recoger como buenamente pueda las explicaciones que el mismo Guerin dio ayer sobre ella. Si Antoine de Baecque decía que Claude Chabrol era el mejor crítico de sus películas, el que más y mejor sabía conceptuarlas, ahora podría añadir el nombre de JLG (el nuestro, no el suizo/francés) para formar un pequeño club con, de miembros, directores con esas características.
Antes de que hablara largo y tendido respondiendo las preguntas del público, ofreciendo una buena docena de pistas para que los que escriben de esto puedan hacerlas suyas y escribirlas por sus papeles como propias, acogió con satisfacción lo que Cristina Riera, codirectora de L’Alternativa, le dijo como primera impresión tras la visión de la película, esto es, que era una maravilla ver cómo se va durante el metraje apartando él -el director de cine que hace su película- para ir dejando paso a los protagonistas que van haciéndose dueños absolutos de ella. Eso era algo que le había preocupado y respiraba al comprobar que había conseguido.
Enlazó entonces explicando la génesis del film: un encargo para una exposición del MACBA sobre barrios periféricos desfavorecidos de Barcelona lo llevó a Vallbona, donde detectó una serie de signos que le hicieron revivir la España de su infancia: espacios asilvestrados, caminos sin asfaltar, un río que ligaba con lecturas como la de “El Jarama”,… Para filmar eso pensó en la cámara que utilizó en sus primeros balbuceos cinematográficos, de Súper 8, y cargado con ella rodó esa primera visión de lo que encontraba en el barrio, lo que aparece en blanco y negro y, en ocasiones, con las perforaciones del 9,5 mm que también conoció en su infancia.
Explicó entonces una de las constantes de sus películas, como es el intenso proceso de documentación previo y, singularmente, ese no rodar nada sin haber visto antes todo lo rodado previamente por otros en el escenario escogido. Dijo ayer que por la sala estaban Ferran Alberich y Rosa Cardona, de la Filmoteca (es verdad: en el vestíbulo, previamente, irrumpí para hacerles una foto a los dos departiendo con Guerin en presencia de Pablo La Parra, pero como como Alberich y Guerin salieron bastante mal, no la pongo por aquí), a los que estuvo persiguiendo para que le buscasen todo el material de archivo fílmico existente, pero que resultó que, excepción hecha de unas secuencias de una ficción de Marc Recha rodadas en el barrio, no hay absolutamente nada. Al no tener nada de archivo que pudiera utilizar, se dio cuenta que debía filmar el presente como si fuera para crear un archivo.
Tras esos esbozos iniciales en blanco y negro, que acaban con unas hojas agitándose, la advertencia o introducción escrita definiendo la Vallbona objetivo del film, un giro al color que se produce a partir de unas luces que acaban definiéndose como los faros de la multitud de coches que transitan las autopistas que cruzan el barrio y la visión misma, al fondo, de la Barcelona mas central, para dar con rótulo del título, en la película vemos una concertada coreografía (obra, como todo, de un laborioso montaje) de niñas yendo a la escuela, para aterrizar en un cartel anunciando la etapa siguiente del film que comentó ayer Guerin, esto es, el casting.
Del casting comentó que había montado una pieza independiente, que recogía muchísimo más que lo reflejado en la película, para la que se tuvo que simplificar un montón. Y que le gustaría que esa pieza pudiera servir de memoria del barrio, porque en ella están todas las entrevistas hechas a la gente que se presentó a la llamada del cartel, expresando los más su nostalgia por la Vallbona que conocieron, de la que cuentan su infrahistoria. Una cosa que les oyó decir varias veces fue, precisamente, que había llegado tarde, que la historia del barrio ya había pasado (refiriéndose a que ya habían llegado a buen término casi todas las reivindicaciones por las que arduamente tuvieron que trabajar).
Esas entrevistas le sirvieron para escoger los personajes más representativos, y desarrollar con ellos visualmente las historias que previamente le habían contado. La reducción del tiempo relativo de las entrevistas en el global de la película puede comportar el peligro -acabó de explicar- de que el espectador no sea tan consciente de toda la evolución que quiere ir mostrando -y de hecho muestra- la película sobre el barrio. Y aquí hizo notar que los títulos de crédito no hablaban de eso que podía sentirse como arrogante de “una película de…”, quedándose en “Work in progress: JLG” (aunque, para evitar por completo toda arrogancia o cursilería, digo yo con cierta maldad, también podría haberlo escrito en castellano, mediante ese “en construcción”, que él mismo acuñó ayer, y que asignó tanto a la película como al barrio).
Simplificó esas entrevistas de la primera parte -también explicó en algún momento- en la que hablaban sobre todo los habitantes históricos del barrio, los que tienen conciencia de barrio, porque correspondían a una película que inicialmente veía que se le iba a cuatro horas. A esos habitantes, siguiendo la evolución de la historia, les siguen en el film los nuevos llegados, ya a la ciudad dormitorio construida, pero su gran descubrimiento fue encontrar que aportaban otras memorias, las de sus lugares de origen.
Un encuentro fundamental -comentó- fue el del Sr. Francesc, quien fue el que le incitó a hacer un western, el western de Vallbona. De western hay, además de una música a la armónica en un funeral, esa idea de las amenazas que acechan al territorio, por ejemplo. En un momento dado, como le dijo un espectador que pasaba en “En construcción” con “Tierra de Faraones”, se oía el sonido de un televisor en el que se pasaba un western, pero aquí, para ser fiel a la memoria de Francesc y no hacer simplemente un guiño para cinéfilos, se trata de un montaje como si fuera un western típico, pero que no obedece en realidad a ninguna película específica.
Otras cosas que he anotado o recuerdo explicó ayer:
-Su preocupación por no dar una visión victimista del barrio, sino sobre su singularidad, mostrar que existen formas de vida propias de la periferia, que no pueden darse en el centro de la ciudad. Y aprovechó para decir que él también se sentía bien como cineasta de la periferia.
-Que se filmó todo sin guión, buscando y sirviéndose de las aportaciones de los filmados, que debieran figurar todos como co-guionistas.
-Que ve emocionado que la minúscula Vallbona es una aldea global, caja de resonancia -con sus 12 lenguas registradas en la película- de todo el Mundo y sus preocupaciones actuales.
-Que había el peligro de idealizar un barrio que, en el fondo, tiene muchísimos problemas. Que intentó siempre mantener un cierto equilibrio sobre eso.
-Que en la película aparecen, cruzando el barrio y chirriando sobre sus vías, la friolera de 42 trenes.
-Que tuvo inicialmente problemas sobre cómo encuadrar Vallbona, hasta que, cuando conoció los imaginarios de cada uno de sus habitantes, ya vio facilitada extraordinariamente la tarea.
Y hasta aquí lo que recuerdo del coloquio. Por mi parte añadiría que he visto como admirable, sobre todo, las transiciones entre (más allá de su fragmentación para reducir pero seguir siendo precisos) planos (que expresan, por ejemplo, la identidad de acciones, la yuxtaposición entre figuras y sus deseos, o las razones y sinrazones de vecindad) y entre secuencias (cómo va apagando una escena para ir dando paso a otra).
Y que:
-es emocionante ver cómo hay ecos de casi todas sus películas anteriores en el film (podría enumerar bastantes).
-de igual forma, satisface encontrarse con sus constantes para dar vida a cada plano que rueda.
Pero, como se enfada, diciendo que eso es decirle que ha llegado al límite de sus recursos, aunque veo clarísimo que no es verdad, pues no lo haré, y en su lugar explicaré, como visión personal, que no creo haber leído por ningún lado, únicamente una cosilla:
Guerin fue siempre un admirador, sin cortapisas, de Eric Rohmer. Como tal, fue de los pocos que entendió perfectamente su anhelo de hacer lo que resultó ser su último film, “Romance de Astres y Celandón”, que tuvo que hacer rompiendo alguna de las estrictas reglas que se auto imponía (como la de rodar únicamente en los precisos sitios de la acción) y con un esfuerzo personal importante (dirigió escenas desde una silla de ruedas).
En una película como “La academia de las musas” me dio que, por momentos, quiso buscar y representar esa Arcadia que también imaginó Rohmer (éste intentando ser fiel al texto que adaptaba).
Me da la impresión de que en Vallbona José Luis Guerin ha encontrado, por fin, su buscada Arcadia. O algo bastante parecido. Pero espero que, para nuestro placer, siga dando con muchas otras Arcadias.

La abuela adiestra a su nieta sobre flores y muertos.

La increíble pareja que conduce muchas fases de la película.

No habiendo obtenido una butaca por mi posición habitual, la foto del coloquio me salió una porquería, pero la cuelgo para dejar ver (o al menos intuir) que, ya acabada la proyección, la sala continuaba repleta de público. Sólo queda esperar, como dijo también Guerin, que quede algún espectador para cuando se estrene al principio de febrero.

 

viernes, 26 de septiembre de 2025

Historias del buen valle


Merece leerse de principio a fin. Crónica de Carlos F. Heredero para Caimán:

https://www.caimanediciones.es/historias-del-buen-valle-jose-luis-guerin-san-sebastian-2025-seccion-oficial/?fbclid=IwY2xjawNEcB5leHRuA2FlbQIxMQABHu6-k9rPA9qId0tcdb77WXTzsntAa99c109E237cSvvDjKvf1rI_vGsl9SxZ_aem_ntgIMSxZHt7T1QdmwKwllQ