lunes, 25 de agosto de 2014

L'homme qui amait les femmes


El amante del amor. Tan tontamente, tergiversando la esencia de la pasión que revela el título original, llamaron por aquí a “L’homme qui amait les femmes” (François Truffaut, 1977). En esta fotografía, también del suplemento del nº 249 -27/6/2000- de Les Inrrockuptibles, se ve a Charles Denner rodeado de las actrices que encarnaban al universo femenino que puebla el film, todas con unos feos zapatos con medios tacones típicos de la época de rodaje pero que, como señala él en la película, convierten a sus piernas en dos potentes pilares.
Aunque no acabo de distinguir en ella a Leslie Caron, que hizo el papel de su madre, posiblemente la desencadenante de todo.

domingo, 24 de agosto de 2014

La peau douce



Quien haya visto “La peau douce” (François Truffaut, 1964) recordará que la mujer de Pierre Lachenay se da cuenta de su infidelidad por unas fotos que olvidó en el bolsillo de su americana. Son estas fotos, que luego le lanza a la cara en un bistró… Como dice el texto, en el film apenas si se vislumbra alguna pero, como debe ser para que todo funcione, se prepararon cuidadosamente todas antes de que les tocara medio aparecer.
Cosas de este calibre, que encuentro que tienen un valor documental muy por encima de su posible apreciación cinéfila (me avanzo a las críticas de los que no soportan a Truffaut) aparecen en el preciado suplemento “François Truffaut. Papiers volés” de Les Inrockuptibles 249, del 27-6-2000.

jueves, 21 de agosto de 2014

El Empire de Caernafon


Con este aspecto y este nombre tan ostentoso, estoy convencido de que este edificio con el que me topé justo al lado de un “Pay & Display Car Park” de Caernafon (Gales), había sido una sala de cine. ¿Se habría salvado alguna de ellas si, en vez de todos estos nombres que, clara impostura, querían hablar de su carácter poderoso, aristocrático o paradisíaco (Kursaal, Coliseum, Windsor, Astoria, Excelsior, Edén,…), hubieran llevado otros nombres más modestos, acordes con lo que ofrecían?

miércoles, 20 de agosto de 2014

Marcha triunfal


No recordaba los detalles de “Marcha Triunfal” (Marco Bellocchio, 1976), estrenada entre nosotros nada menos que en un vergonzante “cine S” de la época. Quizás únicamente que su director, tras sus apasionados y percutientes primeros films iniciales (“I pugni in tasca”, “La Cina é vicina”,…) había presentado en esta ocasión otra película de las suyas contra uno de los puntales de la sociedad que quería derribar (ya no en este caso la represora familia, sino el ejército, como también haría en otras contra la religión), pero que lo había hecho buscando voluntariamente ruido y escándalo, entrando en pleno cine comercial del momento, con actores populares (Michele Placido, Franco Nero, Miou Miou), y un lenguaje cinematográfico del tiempo, totalmente aséptico, olvidando el suyo previo, autoral e independiente.
Hoy me tenía que ir, pero me he quedado un buen rato, viéndola casi entera doblada al castellano (¿por qué razón Ctk presentará ahora la mayoría de películas dobladas, sin V.O. y subtítulos?). Iba mirando sus escenas iniciales y notaba que me iba trasmitiendo un malhumor enorme. Era el malhumor que he recordado me entraba durante el servicio militar, recibiendo y observando todas esas órdenes estúpidas, toda esa gente ociosa embruteciéndose, todos esos refinados torturas y chantajes que dispensaban unos oficiales que disfrutaban, porque creían que se engrandecían, mostrando su miserable poder sobre los pobres reclutas que sólo querían salir de esa prisión para ver a gente normal durante el fin de semana. Todo ese ambiente, sumado al todavía más decepcionante de unos veteranos que se muestran con los novatos aún más crueles que los que les han bloqueado previamente sus vidas, demostrando que la corrompida enseñanza se trasmite perfectamente, está retratado de forma muy realista en la película.
Luego la cosa deriva bastante, al centrarse en un caso (bueno: dos) patológico(s), si bien tiene entonces la compensación de ser cuando se puede apreciar la descomunal belleza de una Miou-Miou haciendo de una víctima más de todo ese sistema que, según confesión propia, aún no había cumplido los 30 años.

martes, 19 de agosto de 2014

¡Arre Pudovkin!


Chumy Chúmez supo captar con generosa ironía la incidencia cultural de los cine-clubs sobre la población. Para el álbum de publicaciones ligadas con los cine-clubs de Julio Lamaña.

Dossiers Federación Española de Cine-clubs


En un álbum como éste ideado por Julio Lamaña no podría faltar un dossier de los de la antigua Federación Española de Cine-clubs. Corresponde a una de las películas de países del Este que importó para distribuirlos entre los cine-clubs 
federados. Aunque si quien se dedicaba a ello lo hubiera analizado con algo de dedicación y sin un escorado posicionamiento político habría visto que se podía hacer poca broma consistente sobre ello (también estaba en el mismo caso, por ejemplo, “Los amores de una rubita”, de Milos Forman), lo cierto es que la proliferación de estas películas del Este por las sesiones de cine-clubs y por las nuevas “salas de Arte y Ensayo” fue materia de continuo escarnio en los medios de comunicación de entonces (con amplia repercusión en el “espectador común”), escarnio que se amplió desde las sesiones a la caracterización jocosa de los progres que se sometían a la visión de aquello que mentes ignorantes, sin haberlas visto, consideraban tostones inaguantables.

Primaba en estos dossier el carácter informativo sobre el crítico: Ficha, filmografía de su realizador, una entrevista sobre el film y una biografía. Todo ello firmado por los ínclitos José Luis Hernández Marcos y José Luis Martínez Montalbán, muy cuestionados poco después al menos desde la que fue Vocalía Catalana de la Federación.

lunes, 18 de agosto de 2014

L'Illa del tresor

Sé que había gente que no lo tragaba. Es verdad que en ocasiones extremaba el lado poético hasta caer en cierta ridiculez. Pero debo confesar que era seguidor de “L’Illa del Tresor”, el programa de la televisión catalana dirigido por Joan Barril y Joan Ollé, en sus diferentes series aparecidas, con ese nombre o el de “El Tresor de l’Illa”, en los años 90 y la primera década de los 2000.
Era un cajón de sastre en el que en unos 25 minutos cabía un poco de todo: poemas visuales, juegos de palabras, actuaciones musicales clásicas en avanzadilla de lo que permitiría años más tarde el Youtube, secuencias escogidas de películas y pequeñas presentaciones de personajes. Ahora, mirando –muchas veces infructuosamente- de rescatar de la destrucción de las viejas cintas VHS programas o trozos de programa grabados en su día (dedicados a gente como Paco Ibáñez, Rubianes, Oscar Tusquets, Javier Cercas, Victor Alba, Labordeta, Jordi Sabatés, Lluis Pasqual,… y aderezados con pequeñas grabaciones de actuaciones de Jane Birkin, Georges Brassens, Barbara, Leonard Cohen, Louis Amstrong…) me he quedado enganchado en muchas de ellas. Van pasando sin grandes sobresaltos, hasta que en un momento dado salta la chispa. Era todo un repertorio de la gente del mundo de la “cultura y espectáculos” que amuebla mi cabeza.
Veo que casi todos los programas ya no están visibles por la red. De entre los dos que he encontrado enteros (tampoco es que se vean muchos incompletos) cuelgo éste dedicado a Toti Soler, que se somete a la entrevista, pero también interpreta alguna pieza con su guitarra. Es de la última hornada, ya sin apenas grabaciones históricas de los grandes de la canción y música popular, quizás por cuestiones de derechos.
From the TV studio, Toti Soler plays several songs on his guitar. Also shown are the guitars that appear in the paintings from the MNAC exhibition, “Cubism and its Surroundings”.
EUSCREEN.EU

domingo, 17 de agosto de 2014

Análisis freudiano de Brian De Palma


Homenajes, o copias de Hitchcock, se decía que eran las películas más interesantes de Brian de Palma. Laurent Vachaud, en Les Inrokuptibles 173, de noviembre 1998, cuando se estrenó "Ojos de serpiente", propuso otra lectura, a partir de ahondar en traumas de su infancia. Todos sus films eran, aseguraba, un trasunto de sus terrores más íntimos. Resumo mucho. Vamos por los traumas:
- Hijo de un cirujano ortopédico y de una madre depresiva que le escogió como confidente. Quiere ayudarla a descubrir la infidelidad de su padre, para lo que ingenia un sistema de grabación de sus conferencias telefónicas y, otro día, le acaba pescando infraganti en el hospital con su enfermera, lo que permite a su madre obtener el divorcio y una separación...que tampoco resolverá los problemas de Brian.
- Su hermano mayor Bruce era el querido de la familia, explica Vachaud. Un fenómeno que destacó en las universidades científicas. Brian, al contrario, era el hijo no deseado, aparecido por error. Un accidente. Viéndose no querido, para llamar la atención, se puso a trabajar para superar a su idolatrado hermano en su mismo campo. Se hizo un conocedor enorme de la cibernética. Pero Bruce seguía siendo el favorito.
Partiendo de estos dos hechos, Vachaud efectúa una disección y asignación precisa de las tramas de todos sus films, hasta "Ojos de septiembre", a uno u otro trauma.
Todo el montaje de "Blow Out" es fácil de colocar. La figura del doble a emular está en la raíz de "Sisters". El intento de superar a su hermano en su terreno sería similar al intento posterior de Brian de hacer lo propio con Hitchcock en el suyo en muchas de sus películas. Los complots de familia se repiten en varios de sus films ("Obsesión", "Carrie", "Misión imposible",...) Y no digamos el tema del niño que se venga. Hasta los trozos de cuerpo desmembrados o seccionados vendrían de que su padre le llevaba a ver cómo operaba. La visión casi cenital de los estudiantes de medicina en la sala de anatomía estaría pues también en la base, dice Vachaud redondeando su teoría, de los múltiples planos sobre cadáveres de sus películas.
¿Alguien se atreve a seguir la relación hasta sus últimos films? En cualquier caso, siempre está bien ver que películas que nos llegan como grandes maquinarias comerciales pueden, en algunos casos, afrontar algún otro tipo de acercamiento más allá de la calculada maquinaria vibratoria de 90 minutos que suelen únicamente ser.
La foto de Brian de Palma que cuelgo está ampliamente reproducida por la red, pero no he llegado a saber quién la hizo.

sábado, 16 de agosto de 2014

Cine como el de Jean-Claude Brisseau


Este largo fin de semana del 15 de agosto hemos mirado la cartelera en un par de ocasiones, pero no nos han atraído las propuestas de films aún no vistos, y no hemos ido al cine. En vez de estrenar películas que ya se sabe antes de empezar a verlas cómo van a evolucionar y acabar, ¿por qué ningún empresario estrena, por ejemplo, las películas de este señor? Resultarán apasionantes o totalmente aborrecibles, según de qué fusta sea el espectador, pero lo que está claro es que cuestionarán, zarandearán, quizás hasta harán vibrar, más de una parte de su cuerpo.
Me gusta esta foto (de Philippe Garcia para Les Inrockuptibles del 6/2/2013), que yo he mutilado por ambos lados. En ella se ve a Jean-Claude Brisseau, ya muy fondón, en su casa (y sitio de rodaje de su último film). Me recuerda a un venido a menos hijodalgo, enfadado con lo duras que se le están poniendo las cosas, pero aún con ese punto de curiosidad para seguir mirando por la ventana, a ver qué divisa por ahí.

jueves, 14 de agosto de 2014

La vida por delante


Hay que subsanar rápidamente un déficit que he notado que existe hasta en gente muy metida en esto del cine. Aún hay quien no ha visto “La vida por delante” (Fernando Fernán Gómez, 1958). Me he dado cuenta esta tarde, cuando he querido ofrecer seguridad y confianza en mi futura actuación, y no he pensado en nada más concluyente que imitar al abogado que representa el mismo Fernando Fernán Gómez en el film (“Ya yo, yo ya…”): nadie sabía a qué hacía referencia.
Para poner en antecedentes: Fernando Fernán Gómez ha acabado, tras grandes penalidades, la carrera de Derecho, y ha logrado una pasantía en un despacho de abogados. Las cosas le empiezan a ir bien, y ha regalado a su mujer, Analía Gadé, un Biscuter. Ésta tiene un accidente con el coche, y él acude raudo a la comisaría, emocionado, porque ese va a ser su primer pleito. La escena es muy conocida, pero como hay gente que no la ha visto o no la recuerda, ahí va:

Un milagro en Calanda


Hay milagros que, a la que algún parroquiano rasque un poco, deben ser difíciles de hacerse considerar como tales. No sé cuales le atribuirán a Juan Pablo II, por ejemplo, o a Antoni Gaudí, pero seguro que los que sean o no se verán como milagros de esos de gran magnitud o serán difíciles de atribuir a sus teóricos autores.
Los padres de Buñuel (se cuenta en “A propósito de Luis Buñuel”, de Rioyo y López Linares) se casaron en la Capilla de los Milagros de la Iglesia del Pilar de Calanda. Pues bien: Ese sí fue un milagro que todo el mundo puede reconocer como milagro mayúsculo. A un pobre hombre le han tenido que amputar la pierna por un accidente que sufrió con su carro y por la noche, su madre, al entrar a su habitación, siente un olor muy especial y ve, asombrada, que le ha vuelto a crecer la pierna, como a una lagartija le crece la cola cortada, pero con mayor celeridad y todo.
P.D: Buscando (infructuosamente, hasta que me he cansado) la autoría del cuadro que cuelgo (no encontré el más naif y divertido que reproducía el accidente con el carro, y que aparecía en el documental), he constatado la cantidad de páginas pseudo-religiosas que pueblan la red: ¡Madre del Amor Hermoso!

Postals 231: La viuda alegre

Postals – 231
“La viuda alegre” (The Merry Widow, 1924-25)
(XXVIII edicione “Il Cinema Ritrovato”, Bologna 2014)
Este esplendor, este falso lujo de chamarilero, creo yo que define la mar de bien a ese curioso y en el fondo entrañable espécimen que fue Eric von Stroheim. Cuenta Jean Renoir que lo contrató para que en “La gran ilusión” encarnase al oficial alemán, pensando –como así fue, finalmente- que quién mejor para el papel que alguien que había crecido en Alemania. En una escena tenía que hablar en alemán, y se dieron cuenta de que quien siempre se hizo pasar por noble germánico ni siquiera reconocía la más mínima palabra de ese idioma.


miércoles, 13 de agosto de 2014

Fear thy not


Es Sophie Sherman. Me picó la curiosidad al ver que Bernard Jacquot consideraba su “Fear thy not” (2010) uno de los films que más le había interesado últimamente. Se trata éste de un pequeño film de poco más de dos minutos (abajo enlace) realizado con un móvil. Próximo y algo inquietante sí que se hace la filmación de esta chica mientras va cantando que no tiene miedo, “porque estás conmigo”…

Tristana


¡Qué gozada ver ahora de nuevo “Tristana” (1970), disfrutando de todos sus detalles! Y qué daría por tener hoy un Luis Buñuel que fuera presentando de año en año sus nuevas películas…
¡Cómo he disfrutado con el sorprendente encuentro de los dos ya ancianos hermanos en el parque, en el que el insulto más liviano que se han cruzado ha sido el de “majadero”! O con el chocolate deshecho tomado a media tarde con toda una colección de curas en su casa, ofrecido por quien había prometido no dejar entrar nunca a un sacerdote: el siempre divertido librepensador, con sus explosivos consejos sobre el trabajo y sus expresiones tremendistas, también recibe unas cuantas crueles puyas en el film. Lo mismo con la carga de la Guardia Civil a caballo, directamente sacada de un cuadro de Ramón Casas. O con el recuerdo del protagonista de “Niebla” (Unamuno), que al salir de su casa se pregunta si ir a derecha o izquierda, aquí rememorado por una Tristana joven que se pasa el film escogiendo entre las columnas aparentemente iguales de un claustro, entre dos garbanzos o entre ir por una u otra calle y que, ante el primer beso recibido no sabe hacer otra cosa que, sorprendida, reírse tontamente a carcajadas.
No son únicamente cosas de la novela de Galdós, que quien la ha leído la suele juzgar como bastante modesta. Una secuencia resuelta a base de golpe maestro de puesta en escena nos lo asegura: Vemos cómo Don Lope entra con su joven protegida, Tristana, en su dormitorio. La cámara recorre un pasillo exterior, hasta detenerse para observar desde una puerta lateral el lecho matrimonial, donde estaba tendido el perro, que recibe una cariñosa reprimenda de Don Lope, mientras vemos como Tristana empieza a desnudarse. Como espectadores nos disponemos a observar desde ese punto de vista un tanto camuflado la escena cuando Don Lope saca al perro por nuestra puerta, y nos la cierra en las narices. Hemos sido tratados como el mismísimo can.

Verdun. Visions d'histoire


Arranca “Verdun. Visions d’histoire” (Leon Poirier, 1928: escogí, dentro del ciclo de la Filmoteca dedicada a la guerra del 14, los 151 minutos de la de hoy por encima de los 166 minutos del “J’acuse” de Abel Gance de mañana) con una dedicatoria (“A todos los mártires de la más espantosa de las pasiones humanas: la guerra”) y con la casi onírica visión de la entrada de los soldados muertos, en tropel, al cementerio, por lo que creía que iba a ir de mensaje pacifista exaltado. Y sí que acaba el film con la exaltación de la paz, pero es de la paz de los vencedores…
A mi entender, y pese a lo que se lee por ahí, no alcanza en absoluto el nivel de las grandes obras del periodo. Ideológicamente es de una exaltación patriótica francesa que, diez años después de la contienda, casi justifica que los alemanes iniciaran otra guerra poco después. Cinematográficamente, y pese a contar con, en alguna escena, actores de la categoría de Artaud, no ofrece escenas memorables. Quizás destacaría unas cuantas sobreimpresiones (el soldado está muriendo, y aparece la figuración fantasmal de una mujer como última visión; otros soldados mueren, y se produce un desdoblamiento, volviendo sus fantasmas a sus respectivas casas familiares), las animaciones mediante las cuales se va siguiendo los avatares de la larga batalla de Verdún y poca cosa más.
Hay un soldado alemán, que hace de ordenanza de un aristocrático oficial, que se salva de la quema blasfematoria. Es el que desde el principio ha visto que sus enemigos, con su arrojo y pasión, son los que merecen ganar la guerra, como desde luego hacen.
Y me ha gustado una escena en particular, que desgraciadamente no es la que marca el tono moral del resto de la sesión: Tanto el mando francés como el mando alemán envían una orden a sus tropas para que indiquen inmediatamente cuál es la posición exacta de sus enemigos. Cada patrulla enviada a lo imposible por su lado, entremezclando sus caminos, en medio de un paisaje lleno de cráteres lunares producidos por los obuses, o si se quiere de queso de Gruyere (Emmental, vaya), avanza a trompicones, sus componentes se embarran que da gusto, caen prisioneros y se pierden una y otra vez dentro de todo ese caos sin sentido.

domingo, 10 de agosto de 2014

Una esvástica sobre el Bidasoa


Hay descubrimientos sorprendentes, que te hacen replantear todo lo que, supuestamente, conoces sobre un tema. Uno de ellos, desde luego, es el que efectuó en el año 2000 la historiadora Teresa Sandoval en los archivos berlineses: una desconocida película documental nazi, realizada en plena guerra mundial, “Im lande des basken” (Herbert Brieger, 1944), que valora la pureza de raza y los atractivos del pueblo vasco. ¿Por qué, en esa fecha, una película como esa, sobre el pueblo al que habían bombardeado con la contundencia que muestra la destrucción de Guernica? ¿Es que habían llegado a ser después posibles las relaciones entre nazis alemanes y nacionalistas vascos?
Hoy, en una repleta sala Laya de la Filmoteca, se ha pasado “Una esvástica sobre el Bidasoa” (Alfonso Andrés y Javier Barajas, 2013), que va desgranando muy clara y dinámicamente todo el proceso general (ocupación alemana de Francia, hasta el puesto fronterizo de Irún, y los recuerdos de los entonces niños vascos sobre su relación con las tropas nazis) y particular (mínima biografía del realizador, investigada y expuesta por su propio hijo) que llevan a la época de rodaje del film (supuestamente previo a ese 1944 tan tardío al que está adscrito). Una época en la que llegó a surgir alguna teoría sobre la reunificación bajo la sombrilla del Reicht alemán, ofreciéndoles cierta autonomía, de todas las etnias “puras” europeas.
Dos periodos diferentes, con un año, 1942, como bisagra entre ambos. Por un lado, la imparable ascensión del Reicht alemán, y unas tropas ocupantes que más bien parecían felices residentes en una zona balnearia. Es por 1941 cuando un representante del gobierno vasco del PNV en el exilio llega a entablar conversaciones con el gobierno alemán con, como uno de los objetivos posibles, la intención de poder cerrar una alianza con el amo futuro del mundo. En 1942 la situación da un vuelco y ya se aprecia que los alemanes tienen perdida la guerra. La zona deja de ser un idílico balneario. Hay la primera deportación masiva de judíos, y las prohibiciones dejan claro a la población que se trata de una ocupación. Con el desembarco de Normandía, la desbandada…
Deja en buen sitio el film a los hijos de los protagonistas del bando del eje: El hijo del cónsul italiano en Bayona dice que su padre era un buen hombre, que amaba a la tierra vasca y siempre iba con una cámara, ganándose con su simpatía a los locales. El hijo de Brieger despliega todo un proceso de exculpación, entre ciertas dudas, de su padre. Ya se sabe: el papelón de los hijos. Lo que no sé es por qué, tras el final, los realizadores tienen que poner un letrerito y unas imágenes diciendo que, después del rodaje, el hijo de Brieger fue por primera vez a ver el campo de Mathausen, como dando a entender que había comprendido que debía expiar los pecados paternos.

Dulces horas


Hoy, intentando recuperar alguna antigua grabación VHS, visión de "Dulces horas" (Carlos Saura, 1982), que arranca con Antonio Saura, Iñaki Aierra, Assumpta Serra,... Todo un álbum de recuerdos quizás más impactante que el que se ojea en los títulos de crédito, al son de la canción de Imperio Argentina.
Un film que pasa revista a todas las formas que se te pueden ocurrir de introducir un flash-back, incluyendo esa tan preciada en la época por Saura, que la debió sacar de "Fresas salvajes": El personaje adulto, con su aspecto actual, entra en el recuerdo de una situación de muchos años antes...
También ahora, caer en los guiños personales de los que sus películas estaban llenas: El bombardeo vivido por el niño protagonista, de la misma forma que Saura niño sufrió un bombardeo en Barcelona, del que salió también otra escena para "La prima Angélica"; Iñaki Ayerra, otro ejemplo, pasea por Madrid, con la cabeza en otro tiempo, y contempla desde el otro lado de la calle la fachada de una casa que le dice mucho de esos recuerdos. Me parece que es, precisamente, el edificio donde tenía entonces su piso Saura, en María de Molina…
En la imagen de un fotograba del film, Iñaki Aierra acaba de sentir, en la Plaza Santa Ana, una aparición.

lunes, 4 de agosto de 2014

Actores en títulos de crédito finales


Haciendo zapping por la tele hoy he dado con el final de “La noche americana”, y me he quedado a ver esos títulos de crédito tan juguetones en los que va saliendo alguna escena característica de cada personaje del film, y un letrero informa de quien era el actor que lo encarnaba.
Era un procedimiento muy práctico para gente despistada como yo, que tenía ahí la posibilidad de unir el rostro que te caía bien con un nombre… que ya todo el mundo había retenido. Pero hace tiempo que apenas se usa. Creo que Almodóvar lo hizo en alguna película suya, o si no a éstas les pega bastante tener una cosa de ese tipo.
Yo creo que no se utiliza, y ahí lanzo una teoría pedestre, porque era de esos elementos que estaban diciendo a gritos: “Lo que acabas de ver era una película”. Y me temo que de todos esos elementos que te alejan de “la realidad”–como el famoso pero ya muerto y enterrado “The End”-, dejando claro que has disfrutado de una ficción, se huye como de la peste.

jueves, 31 de julio de 2014

The servant



Casi sólo aparecen dos escenarios en "The servant" (Joseph Losey, 1963, con guión de Harold Pinter): La espléndida casa urbana georgiana del retoño de familia aristocrática interpretado por James Fox y la mansión con amplios jardines de sus padres. Pero hay una escena muy interesante por el medio de la cinta que tiene lugar en un restaurante, y de la que no guardaba ni el más ínfimo recuerdo (una de las ventajas de tener una memoria tan lamentable: se vuelve a ver todo como nuevo). La cámara va paseándose por su reducido espacio para situarse ante las mesas de los comensales o, cuando no, aún centrada en la pareja protagonista (que inicia una discusión precisamente sobre el sirviente), deja oír las conversaciones -de una ruindad notoria- de los otros comensales. Todo son parejas. Novios o matrimonio joven, una señora con la que debe ser su hija, un obispo con un cura. Es una corta escena, pero en ella se efectúa un demoledor barrido por una clase social que está próxima al derrumbe.
La progresiva revolución que el criado (Dick Bogarde) planea para con su señor (anunciada con proliferación de espejos y reflejos, así como otros hallazgos de puesta en escena en el film, que sigue lo que es un completo proceso de inversión), le dará la puntilla.

miércoles, 30 de julio de 2014

Mbini. Cazadores de imágenes en la Guinea colonial


Lo peor de los tres capítulos originales de la serie sobre Guinea rodada por Manuel Hernández Sanjuán entre 1944 y 1946 que incorpora el DVD de “Mbini. Cazadores de imágenes en la Guinea colonial” (Pere Ortin y Vic Pereiró, Altair 2007) es que causan el mismo efecto que los NO-DO o las películas franquistas. Inicialmente te atraen irremisiblemente, porque piensas –y es cierto- que verás cosas inusitadas. Llegado un momento, y después de haberte carcajeado con el impresentable lenguaje del locutor, te cansas de seguir oyendo ese lenguaje pseudopoético, a la vez altanero y servil. Finalmente te invade la tristeza y malestar profundos de una época asquerosa, y procuras alejarte.
Así pasa con “Balele” (la más inocua: una larga filmación sobre una fiesta fang, con los cortes de censura impuestos para que no se vieran excesivamente los pechos de las danzantes), “Una cruz en la selva” (el supuesto seguimiento de los trabajos de los misioneros, “combatiendo por los valores eternos del espíritu frente al materialismo de nuestro tiempo”, yendo de un lado a otro para bautizar, hacer misas,… eso sí: siempre con dos o tres porteadores que les llevan todas sus herramientas) y “Bajo la lámpara del bosque", una mirada supuestamente jocosa, para provocar envidias, sobre los alicientes de la vida colonial (póker, piscina, cócteles tropicales) de esos españoles que están ahí “para enaltecer el nombre de la patria”, un trabajo para el que se requiere “temple de raza”. ¡Puaf!
Me había refugiado en las películas originales para ver lo que había captado esa “cámara que sólo registra la realidad”, porque, lamentablemente, las reelaboraciones actuales no me han gustado lo más mínimo: “Cazadores de África” contiene fotos magníficas, pero tratadas para que ofrezcan una impresión de 3D, como de dioramas, o bien hasta coloreadas. Además, para más INRI, toda ella, de una forma de lo más acrítico (al contrario de lo que parecía buscar el libro) sólo sigue una corregida y montada entrevista con Hernández Sanjuán, pero en la que, en vez de ofrecer la voz real del anciano, hacen que sea un locutor actuando como anciano el que haga su recitado mientras lo que dice se va ilustrando con fotos o trozos de los films. Por su parte, “Le mal d’Afrique” ilustra el contenido de una carta sobre Guinea de Hdez. Sanjuán a un amigo de la Península, leída por otro locutor que respeta todo el carca lenguaje poético que rondaba por aquí esos años.
Puestos así, mi recomendación es que, si alguien se acerca al libro, mire y remire las fotografías originales, en sus copias nuevas. Hay alguna magnífica, y no llevan incorporados ni guión ni banda sonora.

Mbini. Cazadores de imágenes en la Guinea Colonial

Es una de las imágenes del equipo de Manuel Hernández Sanjuán en los años 40, durante la filmación de tortugas en las playas guineanas. Corresponde a “Mbini. Cazadores de imágenes en la Guinea Colonial” (Pere Ortín y Vic Pereiró. Altair 2006), el trabajo que tras el descubrimiento en la Filmoteca de las latas de 31 documentales, prácticamente desconocidos, rodados en la Guinea Ecuatorial Española, ofrece una larga entrevista con su realizador, varios de esos films y organiza las fotografías para documentar unas prácticas coloniales españolas muy pocas veces mostradas.
Lo vi por la biblioteca, y no pude resistirme a traerlo a casa, para ojearlo con más calma.