Es “Madrid, ext.” (Juan Cavestany, 2025; en Filmin) por momentos como un muestrario de colecciones de elementos de la ciudad. Detecta en sus recorridos por la ciudad un tema y lo explota, hasta que se le cruza otro y hace lo mismo. Y así van pasando figuras de animales, antiguos cines, letreros como los que persiguió Patino cuando preparaba “Canciones para después de una guerra”, kioscos, bares, grúas, redes en andamios, lavabos públicos, huellas del asedio de Madrid, tiendas tradicionales de todo tipo, etc.
No hay diálogos, con lo que la gente posa para la cámara con la boca callada, aunque de tanto en tanto alguno se presenta y reflexiona en off, interrumpiendo la rítmica música, que también sabe de introducir silencios cuando toca. Solo en una ocasión, me parece, vemos a uno diciendo lo que oímos, rompiendo la regla.
Todo se va presentando por imágenes especiales pescadas en el callejeo encuadradas y registradas por una cámara fija durante sólo unos segundos, saltando enseguida a la siguiente, que reafirma su tema… o de alguna forma lo sentencia, como esa planta de pasta de papel reciclado que aparece tras haber visto varios kioscos. De hecho, todos los planos trabajan en montaje por asociación, contraste o destino deducido.
Algo hay, en este recorrido por sitios singulares que aún se descubren en la gran ciudad, de juguetes rotos
Me pensaba que me iba a cansar al poco tiempo y no ha sido así: he seguido esta Sinfonía de un Madrid que se resiste a desaparecer y aún ofrece juego hasta el final, con atención e interés, celebrando sus aciertos.








No hay comentarios:
Publicar un comentario