sábado, 5 de septiembre de 2026

À vendre


Como me sorprendió muy favorablemente la primera película de Laetitia Masson, me he pasado ahora su segundo largometraje, “À vendre” (1998), que he visto ha colgado TV5Monde en su plataforma. No me ha sorprendido tanto como su primera, pero decididamente, si pegó un bajón el interés de su cine, debió ser más tarde.
Se inicia con unas sincopadas imágenes que en ese momento entendí como la identificación de las discotecas con lo que Horacio Capel calificaba como las danzas rítmicas tribales previas al apareamiento. Sigue con otros extraños planos, sin información previa, que, en todo caso, te intrigan y hacen estar atento a ver si pescas por dónde va la cosa.
Y llegan entonces los títulos de crédito. El detective (Sergio Castellito), amigo del novio abandonado ante el altar (un Jean François Stevenin mucho más sereno que en todos sus otros papeles), se dirige en su coche por una desierta carretera para intentar rastrear el paradero de la novia y hacerla regresar. Los nombres de los actores van aproximándose y ampliándose en la pantalla, como si fueran coches que llegan en sentido contrario. Casi todos son actores que ya entonces lo eran o después se hicieron muy populares: los dos mencionados, (sobre todo) Sandrine Kiberlain y, en papeles más reducidos, Chiara Mastroianni, Aurore Clèment, Rochdy Zem,…).
Tras el cierto desconcierto inicial, no obstante, la estructura se aclara: la rige los planes, informes resultado de sus investigaciones e impresiones dictados a su magnetofón de bolsillo por el detective privado, quien, como veremos y suele ocurrir, tiene un pasado sentimental a descubrir. Por el medio, pequeños flashback nos muestran las acciones de la buscada, paulatinamente constatadas por el investigador.
Parece un policiaco, pero Castellito hace unas preguntas que, atacando a lo más íntimo de sus encuestados, no tienen nada de policiaco y, posiblemente, no hacen inicialmente sino informarse un mundo rural como prisión insoportable y el mismo encuestado no otra cosa que verse reflejado en diferentes espejos. Y uno de esos es la peculiarísima personalidad de la perseguida.
Es, en el fondo, una road movie cuyo trayecto se sabe resultará circular.






 

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