miércoles, 9 de septiembre de 2026

Vida en escena (Max Ophuls)


Sergio Sánchez, que seguramente empieza a conocerme y sabe que soy de exaltación rápida que acaba enfriándose un poco, me emplazaba a explicar aquí si las memorias de Max Ophuls, “Vida en escena” (CultBooks, 2024), seguían causándome, una vez acabada su lectura, la misma admiración que señalaba cuando llevaba leída sólo su mitad.
¿Qué decir? Que sí, que se las recomiendo fervientemente. En ellas, y más concretamente en su segunda mitad, desgrana toda su filmografía efectuada en Europa, explicando de cada una alguna anécdota de su elaboración, que nos sirve para conocer su sentido de la vida, su generosidad para con la gente que fue conociendo en su carrera o con los que trabajó y, sobre todo, su engarce con la tormentosa Alemania y Europa del momento, acelerando de forma insensata hacia su autodestrucción.
Contiene un postfacio escrito por su mujer tras su muerte, en la que ésta explica (sin la gracia, a mi parecer, con la que lo hacía Ophuls) que las escribió a su llegada a Estados Unidos, cuando tuvo un parón, viendo que le era difícil continuar dirigiendo películas como deseaba, y citando luego mínimamente el resto de su vida y, por tanto, de su producción.
O sea: que si, Sergio. Que te gustarán, que se leen en un periquete, como si fuera una golosina o, ya que se trata de quien se trata, de un amable y divertido rondó bailable. Él mismo cuenta que siempre se instalaba en una casa pensando que iba ya a ser para toda la vida, pero luego las circunstancias le llevaban a vivir en otro lado, y así sucesivamente. Esa “ronde” fue inicialmente voluntaria y esencial para ir subiendo en éxitos, renombre y popularidad. Luego, sin embargo, fueron otras circunstancias las que llevaron a un judío como él de un lado para otro.
Ese clima de ascenso de la barbarie, cuyo hocico vuelve ahora a asomar con fuerza, está muy elegantemente, como le corresponde, explicado.


 

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