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miércoles, 25 de marzo de 2026

El amor que permanece



Festival D’A - 5
Un enorme caserón al que le arrebatan y dejan sin techo, sin protección; una espada que cae del cielo para clavarse; el monstruo del lago amenazante; una antigua mina marina que acaba estallando. Desde su mismo inicio vemos en “El amor que permanece” (Hlynur Pálmason, 2025) que empiezan a darse procesos de deterioro y colapso, equivalentes a los que afrontan los padres de la familia islandesa protagonista de la película, en continuo reencuentro tras temporadas de separación.
Una cena familiar en la que distinguimos a los tres niños (los dos gemelos y su hermana mayor) e incluso al perro -Panda- protagonistas de “Juana de Arco”. A ellos se suman el padre (de un equipo de pesca de arrastre, con ausencias prolongadas de casa y retornos, y la madre, artista sin gran éxito que experimenta la huella del óxido. Pero “El amor que permanece” no es el negativo, el contraplano de la anterior, sino que la viene a englobar, conteniendo muchas de sus escenas. Por eso ya me parece bien el orden de visión adoptado en el D’A.
Con algún raccord (de un niño acariciando los suaves pollitos recién nacidos pasamos a un plano que nos muestra unas piezas de pollo hechas a la plancha) y secuencias (la justicia divina que acude contra el repugnante galerista) malévolas, la película presenta paisajes tan impresionantes como sólo
Islandia puede facilitar.
Parece que a la película, de vez en cuando, le cuesta avanzar, pero no veo por qué deba ser de otra forma: supongo que la cosa tratada, en la realidad, debe ir por ahí.
Yo, después de verla, sigo confiando en Pálmason, que ha ofrecido por el momento las dos piezas que más me han interesado de las que por el momento he visto.








 

lunes, 23 de marzo de 2026

Juana de Arco



Festival D’A - 4
Presentación de un paisaje costero islandés con, como música, el Claro de Luna de Debussy. Dos niños de similar edad empiezan un concienzudo trabajo, cavando en ese sitio. Pronto distinguiremos que se trata de los hijos del director Hlynur Pálmason, que en el magnífico cortometraje “Nest” (2022), algo más crecidos, construían a lo largo del tiempo una cabaña, proceso que nos permitía ver reflejado en ellos el paso del tiempo.
Así se inicia “Juana de Arco”, una película de 2025 del director islandés vista anoche en el festival, con muy parecidas premisas. Una continuidad, pues, casi absoluta.
Como en la anterior, en ocasiones aparece también la hermana mayor de ambos, Ida, y en off permanecen los padres de todos ellos, de los que vamos obteniendo ciertas informaciones.
Quizás los paisajes son en ésta más espectaculares, alternando escenas con la naturaleza enfurecida (nieve cayendo a lo bestia, hielo invadiéndolo todo) con otras, que sorprenden por el contraste, de gran placidez. La aparición de esa reclamada por uno de los niños Primavera, en este sentido, se hace notar.
Desde luego el de los niños, que se irá poco a poco configurando, es un auténtico proyecto a largo plazo. Las estaciones, como en el corto previo, se van sucediendo, y van notándose sus efectos en ellos.
Conviene seguramente precisar que todo queda registrado desde un mismo sitio, dando lugar a un único encuadre. Eso te lleva a preguntarte cuánto hay de automatismo de grabación de imágenes y sonidos, con su posterior laborioso proceso de selección y montaje, y cuánto de dirección de actores. La cosa tiene su relevancia, sobre todo, en lo que hace referencia a los divertidos y aparentemente espontáneos diálogos que se les oye a los niños sobre sus padres… Tratándose de una sucesión de escenas con el mismo plano fijo, es el variado clima y la evolución del proyecto de los críos el que ofrece dinamismo. Un proyecto que, según cómo, parece virar de Juana de Arco a San Sebastián.
Esta tarde se pasará el largometraje del mismo año de Pálmason, que todo apunta a ser ese contracampo del que sólo hemos oído campanas. A ver qué dará de sí. Por el momento, el nombre de este islandés es como para seguir teniéndolo en cuenta en esto del cine. Él por ahí, sin alejarse mucho de su rincón del mundo.





 

viernes, 18 de agosto de 2023

Godland


Vista por fin “Godland” (Hlynur Pálmason, 2022), inmerso en sus colosales y desiertos paisajes, atendiendo a dónde nos iba a arrastrar la trastocada mente de su protagonista. Fue ayer, en el Verdi, dándonos de narices a la salida con el contraste de la brutal aglomeración de las fiestas de Gràcia. De la locura del joven sacerdote, que cree estar en comunicación con Dios, por esas inmensas tierras en formación (no doy con ello, pero apuesto a que el título original del film está más cerca de esto que de ese “Tierra de Dios” adjudicado) de Islandia, a esa no menos insana concentración, más de cuerpos que de espíritus, que se repite anualmente por estas fechas, cada vez coqueteando más con el colapso final, en el barrio barcelonés.
En seguida reparas en el formato cuadrado de la proyección sobre la pantalla, con sus esquinas redondeadas, como rememorando las viejas fotografías de álbum. Es éste uno de los pocos puntos de materialización de la vocación “fotográfica” que la película airea desde sus letreros iniciales, más allá del hecho de que el curita protagonista cargue con todo el equipo para hacer y revelar fotos y se pase un buen tiempo en ello.
Había que mostrar la dificultad de llegar al destino apuntado en la isla, y a fe que la película lo hace, ocupando tres cuartas partes de su metraje para lograrlo. El que todo eso se demuestre como evitable no es más que uno más, bastante definitivo, de los apuntes para hacer entender la locura de la que hablaba.
Superada toda esa laboriosa prueba, la película parece querer cambiar drásticamente a comedia de costumbres, llegando hasta a evocar, de alguna forma, el hermoso baile de “My darling Clementine” (también en una iglesia de madera en construcción), como en su inicio la sombra de la austeridad de “Los comulgantes” parece pasearse por ahí algún momento.
Son en esos ratos “de otra película”, mucho más alegre, cuando se traba conocimiento de esa encantadora y pecosa niña rubia, que se convierte en el ángel de la función.
Todo el drama, eso sí, como se oye en la banda sonora, mantenido siempre en un ambiente “terriblemente hermoso”.





 

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Nest


¿Algo especial?
Sí: los 22 minutos de “Nest” (Hlynur Pálmason, 2022; en Mubi).
Una cámara fija, en la Islandia natal de Pálmason, en cuyo campo de visión, centrado, delante de un fiordo, hay una especie de mástil. Cortes con elipsis, que van dejando ver la evolución sufrida por el mástil… y de los que actúan con él, que parecen hijos del realizador.
En una de las escenas entre los cortes sucede algo que te deja intranquilo y el suspense dura hasta el final del cortometraje.
Hay humor. Hay drama. Aún hay recorrido para hacer películas singulares.