lunes, 20 de septiembre de 2021

¿Dónde poner la cámara?


Es una fotografía que hice en Mantova, pero sólo la pongo como recurso, al no haber encontrado fotos con los dos sin la presencia adicional de Buñuel.
Según Jean-Claude Carrière, Louis Malle “decía de Truffaut que ‘no tenía el sentido del cuadro’, contrariamente a Godard, maestro en la materia”.
Eso sólo, dando pie a señalar aquellos cineastas cuyos planos se ve siempre que tienen encuadres estudiados y eficaces (esto último es esencial, porque si no…) diferenciándolos de otros cineastas que parece que compongan el cuadro al tuntún, ya nos llevaría a curiosas listas y discusiones, pero me gustaría anotar también aquí el juego que dice Carrière haber hecho también con Godard, pero muy frecuentemente con Malle:
“(…) Nos gustaba ir juntos a exposiciones, museos, planteándonos a menudo el mismo género de preguntas delante de un cuadro: ‘¿Dónde está la cámara? ¿Con qué objetivo?’ “.
Quien no haya pensado nunca, en esas circunstancias, en este género de cosas, que tire la primera piedra.


 

domingo, 19 de septiembre de 2021

20 million miles to Earth

Americanos y lugareños ante el pueblo siciliano.

El científico y su nieta descubren que ha nacido la criatura. Es entonces cuando se ve que el pobre es ya francamente feo de cara, aunque no se vea en la foto.

La rueda de prensa de los militares norteamericanos en Roma.

Ya de pequeñito, recién nacido casi, es -lástima que no haya dado con ningún primer plano para demostrarlo- es muy feo. A la que crece un poco, además, se descubre como muy malcarado. Claro que el pobre tiene sus razones, como trataré de demostrar.
Vamos: que yo también me he dispensado y disfrutado de lo lindo con “20 million miles to Earth” (“El monstruo de otro planeta”, Nathan Juran, 1957).
Un señor cohete cae en una bahía siciliana ante unos pescadores. Es de la US Navy. A partir de ahí, como lo de Palomares sustituyendo proyectil atómico por cohete tripulado, procedente de Venus. La delegación americana -al principio francamente exigua- quiere rescatar con vida al venusiano que acaba de nacer y la autoridad siciliana, como todos los lugareños con un notable don de lenguas, quiere eliminarlo porque lo ve un peligro para sus conciudadanos.
Del servilismo inicial (prestándose los sicilianos a operar de buceadores con unos calzoncillos espectaculares, épicos), se ha pasado a un cierto enfrentamiento dialéctico, aunque los medios de unos (un par de pistolas y pies, para que os quiero los del lugar) y otros (dos helicópteros, jeeps, una red con la que suministrar corrientes eléctricas la Navy) son más que desequilibrados.
Llegado un momento hasta los norteamericanos se ponen las pilas, se olvidan del avance científico y, ya en Roma, se ponen a luchar de lo lindo con los italianos contra el monstruo.
Pero monstruo se le llama en el título español. En el fondo, es un pobre individuo que han robado a su madre en estado fetal en otro planeta. Sus primeras fechorías llegan movidas por el hambre. Deja vivir a una tierna ovejita, un primer crimen contra el animal que lo ataca se intuye por las sombras proyectadas y por los gritos, y si está a punto de matar a un campesino es también únicamente en defensa propia. El pobre va sólo en pos de alimento para crecer, pues lo hace de forma acelerada. Se pirra por el azufre, que toma como una auténtica golosina.
Capturado de nuevo, lo tratan soberanamente mal. Basta ver las argollas y cadenas con las que le inmovilizan, como puede verse en una foto, regular, que adjunto. Está, presto a escaparse, en el Zoo de Roma, en una segunda parte espectacular, guiada por la maestría de Ray Harryhausen en los efectos especiales.
Pongo tambien entre las fotos una de una señora gritando en una ventana, aunque esté machacada con el logo de una buscadora de réditos por las imágenes, para que se vea que, pese al tema, la película logra un grado de realismo, como para creérselo, encomiable. Se utilizan carros de combate reales, aunque por su cañón salga el fruto de un lanzallamas, los edificios son los de la Roma histórica y el bicho se pasea por el Foro y, no podía ser de otra forma, el Coliseo.
Se carga alguna ruina romana pero, al fin y al cabo, ya estaba bastante arruinada.
Ni que decir tiene que en la película se respetan todas las convenciones del género, si bien reducidas a la mínima expresión, por falta de tiempo, que se dedica mayormente a exhibir las hazañas de la criatura y él terrores que causa.
Un par de ejemplos de convenciones del género: El héroe norteamericano se fija en medio de la tensión en la nieta del zoólogo, que tiene un amago de ponerse unos shorts blancos como los de la de “El monstruo de la laguna negra” y luego, modestamente, ya con el oficial bastante camelado, va al trabajo y conserva en el cuello, bajo la bata, un reluciente collar de perlas. Y que me aspen si entiendo como casa esa frase ahí pero, al final de todo, un personaje suelta una máxima lapidaria pensando en la humanidad.
Un auténtico disfrute, vaya.


De esta guisa mantienen a la pobre criatura.

Su escapada por el zoo.

El pánico de la población.




 

sábado, 18 de septiembre de 2021

El foso



Un poco a la chita callando, sin avisar demasiado, se ha pasado por La 2 “El foso” (2012), de uno de los realizadores de por estos andurriales de los que conviene no perder la pista, Ricardo Íscar. Ésta, como consta en su cabecera, fue un trabajo que hizo para el Máster de Documental Creativo de la Universidad Pompeu Fabra, en donde es profesor.
“El foso” es a la vez un documental sobre los componentes de la orquesta del Teatro del Liceo de Barcelona, de los que seguimos alguna historia personal hasta en sus países de origen, entre ensayo y ensayo, como del mismo Liceo en su plenitud.
La impresión que da, desde su principio, es de buena mano. En los ensayos iniciales, por ejemplo, logra un eficaz suspense buscando intermitentemente qué hace una chica de la orquesta que aparentemente está quieta o no hace -como vemos- sino leer “Madame Bovary”.
Gustará a gente interesada en la música y en las entrañas de la preparación para su ejecución de sus obras, para curiosos que quieran conocer los espacios del Liceo por dentro y para, en definitiva, quien quiera conocer, bien presentadas por sus protagonistas, varias historias personales.
Y si alguien quiere saber qué hacen en la película esos caballos de la llanura de Mongolia, con los que se abre la película, deberá esperar hasta ver casi su final.
Por ahora aún puede verse en RTVE a la carta, en este enlace:





 

Pasaporte para Pimlico


La ola de calor se hace notar tanto en el barrio londinense de Pimlico, que hasta al caballo de la cuba de agua para regar la calle le han puesto un sombrero de paja.
He vuelto a ver la comedia de la Ealing “Pasaporte para Pimlico” (Henry Cornelius, 1949), en esta ocasión fijándome en cuestiones laterales:
-A qué bando dialéctico del Procés podría haber favorecido aportar la película como antecedente a tener en cuenta. Al margen de que ya se vio qué bando ganó la batalla mediática, por incomparecencia del otro debido a cortedad de miras, la verdad es que no he llegado a conclusiones firmes al respecto. Ambos bandos, de hecho, podrían acercar al ascua su sardina.
-Sentido de humor surrealista. Un ejemplo estaría en ver al bobby reconociéndose, asombrado, como “extranjero”.
-Huellas de la reciente guerra. Siendo 1949 el año de producción de la película, se hacen tremendamente presentes. De forma material directa (ese solar procedente del derrumbe de todo un bloque de casas debido a una bomba alemana), consecuencias de su penosa recuperación (las cartillas de racionamiento tan presentes) o por costumbres adquiridas y plenamente asumidas (la política de crisis en los noticieros, el inmediato despliegue del voluntariado de defensa civil).


 

viernes, 17 de septiembre de 2021

End of summer




¿Qué deben estar pensando toda esa ingente masa de pingüinos colocados ahí, de pie, en una playa junto al mar o en las rocas junto a una caudalosa corriente, seguramente de heladas aguas?
Jóhann Jóhansson los capta con su cámara de S8, en blanco y negro, en un celuloide que deja ver en su proyección lo que parece suciedad, arañados y punciones, quizás sólo para poder pasar como cine primitivo, en su “End of summer” (2014, 28 min; en Mubi).
En el final del verano de esas superficies de Georgia del Sur, casi aguas antárticas, vemos a los pingüinos, concentrados a miles, mirando al horizonte, casi paralizados, solo alguno con lentos movimientos, acentuados por la banda sonora (también de Johansson, que fue conocido más como músico). Alguno se desplaza y reproduce con sus aletas un gesto que dirías humano, de impotencia, como pidiendo explicaciones.
Me lo vuelvo a preguntar: ¿qué pensarán esos pingüinos, ahí acumulados, en esos gélidos confines? Una pregunta que me ha llevado a pensar en imágenes de jeroglíficos egipcios, personajes de cuadros de André Delvaux o a los instalados pingüinos representados en las tapas de los discos de la Penguin Café Orchestra




 

Un verano inolvidable



Otro realizador de los antiguos países del Este al que siempre dejaban bien los Cahiers du Cinéma era al rumano Lucian Pintilie.
De hecho, este “Un verano inolvidable” (1994), que se puede ver gratuitamente en Mk2curiosity (enlace abajo) hasta media tarde del 23 de septiembre, es una coproducción rumano-francesa.
Si se superan las imágenes con la cabalgada de los títulos de crédito iniciales y y alguna escena más del prostíbulo y salón de baile, y si se consigue llegar al destino del capitán y su familia en el punto avanzado de la frontera, que constituye el grueso de la película, la cosa está hecha. Yo al manos no he salido nada decepcionado, al contrario.
Ya ahí, el fuerte carácter pintado a la mujer del capitán, Marie-Thérèse von Debretsy (Kristin Scott Thomas) y el ambiente del puesto destacado en la frontera, que supongo sacado de la novela adaptada (dando a pensar en ocasiones en El desierto de los Tártaros, de Dino Buzzati), aquí con sus líos balcánicos de fronteras entre rumanos, búlgaros y contrabandistas, en el corrupto ambiente jerárquico de la milicia, te va atrapando, y vas captando toda la profundidad que ese principio bufo ocultaba.





 

jueves, 16 de septiembre de 2021

Struggle in the valley


Sí. Los títulos de crédito confirman que se trata de un tal Omar El Cherif, al que aquí conocimos después, cuando ya no era tan jovencito, como Omar Sharif.
Siempre me he preguntado de dónde venía la adoración que sentía por Youssef Chahine una revista como Cahiers du Cinema, cuando por el tipo de su cine más debiera ser aupado por Positif. El caso es que la revista hacía un alarde informativo extraordinario cada vez que aparecía una nueva película suya: reportaje, entrevista, fotografías, críticas...
No sé si estaré equivocado, pero creo que aquí no se le estrenó algo suyo hasta el final de su carrera. Recuerdo entonces alguna película llena de colores, con una tesis política -muy simple, por otra parte- a cuestas. Nunca la maravilla anunciada.
El caso es que hoy Mubi ha colgado uno de sus primeros films, “Struggle in the valley” (también conocida como “The blazing sun”, Shiraa Fil-Wadi”,1954), contando en sus primeros papeles con este Omar El Cherif en plan guaperas cuyo personaje, con su empeño e inteligencia, ha llevado la prosperidad agrícola a su pueblo, y Feten Hamama, una actriz egipcia que veo se casó con Sharif precisamente en ese 1954.
Ya en las escenas iniciales, con los cultivos regados por agua del Nilo, las chalupas,… se aprecia que su factura, con unas imágenes potentes, magníficos encuadres, enlaces entre ellos y eficaces movimientos de cámara (cosa que se alarga hasta el final) es impecable. Sumado a lo anterior, unos cuantos apuntes folclóricos (la celebración de una boda), en lo que es por otra parte toda una gran producción, nos confirma que, en este sentido, Chahine bien podía considerarse como el gran cineasta egipcio, de la misma manera que, por ejemplo, Sayjavit Ray era sin duda el gran nombre del Cinéma hindú.
Sin embargo, queda por analizar el contenido de la película. Siempre se consideró a Chahine un cineasta progresista, combativo, y ésta película en concreto podría ser vista como una denuncia del poder caciquil y la falta de entrañas de los poderosos en su afán capitalista.
Pero el mensaje (con unos supuestos de moral familiar un tanto dudosa) y sobre todo la forma de representar la trama por casi todos los demás actores, me haría tildar a la producción dentro de eso que antes se decía “de país subdesarrollado”. Para conocer lo malvados que resultan el Pachá y su sobrino en el fin, baste decir que, cuando tienen urdido un maquiavélico plan, hasta se ríen a carcajadas de placer…



 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Skanor-Falsterbo


Otra película sueca visible en Netflix, pero no se trata de ese segmento de producción que pasó a reseñarse en todas las historias del cine internacional, sino de ese otro que figuraba en las listas de éxitos comerciales del mercado local.
“Skanor-Falsterbo” (Emil A. Lingheim, 1939) está protagonizada por aquel actor corpulento y se ve que extremadamente popular en el país, también curtido en el Music Hall, Edvard Persson, que debo avisar también canta -como lo hacen otras voces- unas pocas canciones, sin que se subtitulen sus letras.
Quizás lo que como película más me ha gustado ha sido la original presentación inicial de actores y otros técnicos, sin nombres escritos, avanzándose en muchos años a Godard y añadiéndole unas cuantas bromas.
La trama es sólo el soporte de una serie de escenas que trasmiten un humor blanquísimo, en general con gags visuales (el protagonista, haciendo de guardia urbano, cediendo el paso a unos gansos) y verbales, así como situaciones bastante malas, cosa que siempre se acaba arreglando con la amplia sonrisa -cuando no risa, de los que lo han sufrido, en la pantalla, directamente. Un humor blanquísimo, todo hay que decirlo, que me ha recordado por momentos al que evocaba mi madre, cosecha de una postguerra sin ninguna mordiente en este campo.
Pero sostengo que películas como ésta, con ciertos componentes anarquistas y todo, pueden ayudar mucho a explicarte una sociedad y su tiempo.
Y, además, en un par de ocasiones se oye como un coro de amigos o familia vitorea a alguien con el típico y muy peculiarmente dicho en sueco…
¡Hip, hip, hurra! (El segundo y tercer hurra suena como ra).


 

The lady refuses


Noche de niebla espesa por Picadilly Circus. Una pareja de bobbies patrulla, cubiertos con sus capas, mientras suena, lejano, el Big Ben. Una mujer de aspecto dudoso se tropieza con ellos y rehuye el encontronazo, pero no puede evitar que la sigan.
Un magnífico, prometedor inicio para “The lady refuses” (George Archainbaud, 1931), que estúpidamente, debido a notas críticas bastante desanimantes, no he visto hasta ahora, cuando le queda poco tiempo (hasta el jueves 16 a las 17h) visible en Mk2curiosity (enlace al final).
A continuación un corte nos sitúa en un acogedor, lujoso interior. Lo vamos apreciando por pequeños, ajustados, elegantes detalles: los planos medios de la preparación de una mesa y de bebidas de alcurnia por parte de un mayordomo, consciente de la responsabilidad que le infiere su función. El señor de la casa, que ahora aparece, está claro, espera una visita, a quien quiere agasajar. Aún no hemos visto la espectacular, cálida biblioteca, donde se producirá la conversación del señor de la casa y su visita, que no es otro que su hijo, quien dice que no puede quedarse. Pero la cena preparada no se desaprovecha, sino que será, insospechadamente, con otra persona…
Es la película, pese a que buena parte de su metraje pasa por una comedia (con sus bufones y todo, aquí representados por Dubbs, el mayordomo, y Millie, la criada de la casa que supone el segundo escenario del film), un melodrama de aúpa, casi de manual, por el que flotan cuestiones como el amor paterno-filial, las malas compañías, la reputación, la confianza,… Yo, la verdad, me he divertido y lo he pasado también muy bien en esta parte, en la que, en algún momento, parece que estés viendo a actores actuales haciendo de actores en una película de aquel entonces, en las situaciones y con los gestos y diálogos que se esperan de una de aquel entonces.


 

martes, 14 de septiembre de 2021

Ce fleuve qui nous charrie


“Ce fleuve qui nous charrie” (Raymond Vouillamoz, 1981; TV5Monde) es, por encima de todo, un recital a cuerpo entero de Jean Luc Bideau. ¿Quien no se acuerda de él, ese actor que destacaba allá donde lo colocaran, que conocimos gracias a las películas de Tanner (La salamandra, Charles vif ou mort, Jonás que cumplirá los 25 en el año 2000), de Goretta (La invitación), de Delvaux (Belle), hasta de algún Chabrol (Inspector Lavardin) y papeles menores con Sautet (Un corazón en invierno) o Tavernier (La hija de D’Artagnan)?
Simón, nuestro hombre -y la película con él- participa en una carrera popular de fondo suiza, la Morat-Friburgo. Casi todos sus planos siguen la prueba, viéndole a él y a toda una masa de gente deslomada corriendo y luciendo un equipo -camiseta, calzones, zapatillas- de esos tan horribles, si no más debido a la poca uniformidad de la época, como los que ahora se colocan encima los que hacen estas cosas.
De tanto en tanto, no obstante, Simon, que anda perdido en medio de la masa de corredores, recuerda algo y surge un flashback, minúsculo o más extenso. En estos flashback vamos sabiendo de su pasado: la muerte de su padre, hombre de mucha reputación, que ha escorado su vida; sus borracheras; la trompeta que tocaba y con la que encandiló a su mujer; sus entrenamientos con unos cuantos amigos.
Los sonidos de la carrera saltan a los de los flashback y al revés y, en un momento dado, hasta las imágenes de una se cruzan con las del recuerdo, llevando casi al delirio.
No me ha parecido ninguna broma este río que nos arrastra. Con aire de película ligera para la televisión suiza, más que desconocida, la coloco desde ya cerca de “La soledad del corredor de fondo”. También va de carreras y de un desafuero individual, con un Bideau casi siempre bebido o destrozado físicamente, al punto del desfallecimiento. Dando, ya lo he dicho, un recital a cuerpo entero.


 

lunes, 13 de septiembre de 2021

El flautista de Hamelin


A mí no me ha gustado, aunque hay que reconocer que algún vestuario resulta llamativo y el cuento tiene un final bien especial. Tratándose de un film poco conocido de Jacques Demy, seguramente convenga, no obstante, anunciar que en Movistar pasan su “El flautista de Hamelin” (1972), con, entre otras colaboraciones curiosas, música y actuación de Donovan. Quizás eso ya justifique la puesta en marcha de la cadena a la que, arriesgadamente, le llaman “Clásicos”.
La he visto como una producción televisiva de esas con presupuesto, pero de estar por casa, ambientada en una llena de decorados y atrezzo, pequeña pero atestada, localidad de Hamelin.
Supongo que a Jacques Demy se la debió ofrecer un productor que sabía que acababa de hacer “Piel de asno”, otro cuento con vestuario imaginativo.




 

domingo, 12 de septiembre de 2021

Goupi Mains Rouges


Creía que la famosa “Goupi Mains Rouges”, como la estupenda posterior “Casque d’Or” era cine negro, cuando es en realidad un drama rural de aúpa. Claro que, en realidad, tiene una trama policiaca y Mains Rouges, solo fijándose un poco en los detalles, descubre uno tras otro a los autores de los crímenes con una facilidad que ni Maigret.
En TV5Monde anunciaron ayer la proyección de la película de Jacques Becker, por lo que la programé para por fin poder ver una película histórica que se me resistía. La cosa es que, vista esta tarde, pese a que la referencian como si fuera la versión de Becker de 1943 (en plena ocupación), lo que se ofrece bajo ese caparazón informativo erróneo es la versión que hizo Claude Goretta en 1994. Y que igualmente te deja pegado al monitor.
Pero que sigo sin haber visto el “Goupi Mains Rouges” original, fijo. Supongo que nada le quitará ese sórdido, ruin y claustrofóbico mundo rural que se aprecia aún en la versión de Goretta.


 

sábado, 11 de septiembre de 2021

El suelo bajo mis pies


Cuando veo una obra de teatro o película española con escenas sobre el mundo del trabajo, normalmente no me las creo. Noto enseguida la impostura. Unos actores, que no tienen ni idea de qué va eso, salvo por lo que han visto en alguna otra película u obra de teatro, representan los problemas, angustias, circunstancias de ese mundo y lo que le rodea, poniéndole mucho esfuerzo y énfasis. Nunca logran convencerme.

Nada de eso me pasa con Lola Wegenstein (Valerie Pachner), sus compañeros de la consultoría, sus reuniones con clientes, sus comidas y desplazamientos... en la película austriaca “El suelo bajo mis pies” (Marie Kreutzer, 2019; en Movistar). Creo lo que veo y entiendo lo que le pasa a ella en su interior con ese trabajo tan estresante y ya puestos, con su (muy escasa y conflictiva) vida familiar.

(Ahora que vuelvo a ver la fotografía que he colgado, me doy cuenta que presenta una imagen del espejo totalmente imposible...)

 

viernes, 10 de septiembre de 2021

La metamorfosis de los pájaros






Que se estrene una película como “La metamorfosis de los pájaros” (Catarina Vasconcelos, 2020; en el Zumzeig) es un milagro de tal entidad, que debiéramos estar lanzando cantos de agradecimiento a todos los vientos.
La cineasta muestra su voluntad de dar a conocer que está hablando de su propia familia, pues lo dice en el vídeo de presentación que se pasa al empezar la sesión. Pero uno podría considerarla, sin más, como una ficción que sabe hablar de las tres generaciones de una familia cualquiera (aunque especialmente consciente de lo esencial), con esa intensidad visual, poética y literaria que da la impresión que solo un cierto cine portugués, y últimamente solo femenino, sabe condtruir.
Cartas entre unos y otros o un narrador en off en la banda sonora, acompañada también, esporádicamente, de canciones y otras músicas. Unas imágenes de una cineasta que recorre con su cámara amplios paisajes y recogidos interiores, donde es proclive a presentar unos cuantos elaborados bodegones. Y todo de instantes caseros, recuerdos íntimos, posiblemente, que van dando la pauta y marcando el paso del tiempo.
En un cierto momento, Catarina, la misma responsable del film, personaje fundamental en el mismo, hace con un arbolito la acción contraria a aquella con la que se obsesionaba el personaje del “Sacrificio” de Tarkovski, al son de la Chacona para sólo violín de Bach. Querría, digo yo, volver a dar vida, tema que ronda por toda la película.
Es ésta una película que también puede ser considerado como un homenaje a ese hermoso idioma que es oído hablado el portugués o, claro está, a la madre, con sus pájaros y la Primavera.








Como un cuadro de Luis Marsans

 

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Los talleres de Carrière


La lectura del índice de este “Ateliers” (Jean-Claude Carriére, Odile Jacob, 2019) me dio ayer la impresión, mirándolo en la librería en la que lo encontré, de que se trataba de una especie de memorias cinematográficas del guionista fallecido este año.
Leído ya uno de sus capítulos, pero además viendo el amplio abanico de temas que Carrière desarrolla en él, veo que lo podré utilizar con facilidad cuando no se me ocurra de que podría versar la entrada que me disponga a hacer por aquí.


 

domingo, 5 de septiembre de 2021

Idilio


Vi la oferta para degustar este cortometraje y no me he resistido a la mezcla de relato de Guy de Maupassant con el ambiente mexicano.
Son 22 minutos en una estación rural de trenes viendo pasar y esperando la llegada de un tren, que se resuelve con lo que ahora llamarían un “win-win”.
Es “Idilio”, de Jaime Humberto Hermosillo (1978j. Aquí su enlace:


 

Edgar Morin: journal d’une vie


Cuelgo rápido la entrada, justo tras acabar de verlo, por si aún da tiempo de verlo a quien esté interesado. Hoy acaba la exhibición de “Edgar Morin, journal d’une vie” (Jean-Michel Djian, 2021) en Arte TV.
Se trata de un reportaje -más que un documental- que ensambla muy correctamente una entrevista reciente de este centenario pensador con otras suyas a través de los tiempos, combinándolas con unos pocos documentos básicos sobre los libros y temas que ha tratado a lo largo de su vida y declaraciones de grandes intelectuales que sostuvieron sus ideas o incluso entraron en polémica con ellas, obteniéndose un a mi juicio muy completo, ordenado y atractivo retrato de este pensador universal.
Un concepto que queda claro quiere ofrecer él mismo y el programa que lo retrata es el de que uno no debería especializarse para entender algo, que se deben abordar los estudios según todas sus facetas y hay que luchar contra una visión tecnológica que, como sesgada, obtiene soluciones que resultan amputadas.
En lo que respecta a su parcela cine, por la que vivió una gran pasión, mi primera sorpresa reside en que no había oído nunca lo que he oído de que Rossellini titulase así su película sobre la Alemania de la inmediata postguerra por su conocimiento del libro que Morin escribió al respecto, “L’an zéro de l’Allemagne”.
Y muy interesante recordar el impacto que en su día produjo el film que hizo con Jean Rouch, “Chronique d’un été” (1961). En el programa resalta la fascinación que le producía ese momento en el que el cineasta intervenía como un provocador con su cámara, interrogando a la gente, consciente por completo de que “no se trataba de una situación real, sino una situación creada artificialmente”. Por mucho que la película quedara insertada en el “Cinéma-verité”.