viernes, 22 de octubre de 2021

Komissar



Unas pocas escenas iniciales bastan para dar a entender el poderío de las imágenes de “Komissar” (Aleksandr Askoldov, 1967), un film basado en una obra nada menos que de Vasili Grossman.
Unas tropas del ejército rojo se acercan a una ciudad de Ukrania durante la guerra civil rusa. Un soldado jovencísimo se adelanta, solitario, a lomos de su caballo, entrando en la ciudad. Lentamente va pasando por las calles adoquinadas, su escopeta a mano, hasta que llega a la plaza y comprueba que la ciudad está despejada de enemigos.
No sé si la plataforma Mubi ha cambiado de programadores, pero la verdad es que últimamente no se luce demasiado con las películas que va diariamente presentando. Por eso, antes de que en el anunciado par de días la saquen de su catálogo, le he echado ese vistazo aunque no me decía nada el nombre de su director. Me he quedado prendado, comprobando que la película es todo un monumento, que deja ridículas todas las que van intentando introducir día a día.
La trama presenta a una comisaría del ejército rojo, una fuerte matrona que no se arredra ante nada, que cuando reconoce su embarazo, va a vivir para dar allí a luz a la casa de una familia numerosa, judía.
Por todos lados del film se encuentran hallazgos visuales y sonoros. Más adelante, un encuadre contrasta la fragilidad de unos niños desnudos con la brutalidad de una pieza de artillería que pasa por delante de su casa con el correspondiente estrépito. Una secuencia en la que tiene lugar un parto da pie, en la mente de la parturienta, a su recuerdo de acciones bélicas previas por un desierto, que surgen y se distorsionan por la fiebre y la sed que realmente siente. Luego una estampida de caballos ofrece otras impresionantes imágenes, que remiten al cine de los maestros soviéticos de los años treinta.
Leo que la película, que centra parte de su atención en esa familia y por extensión en la comunidad judía, no sentó nada bien a los directivos de la sociedad productora soviética, fue retirada sin poderse ver durante veinte años y Aleksandr Askoldov, que entregaba con ella su primera obra, pasó al ostracismo, sin poder realizar nunca nada más.





 

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