viernes, 27 de noviembre de 2020

Nova Lituania





He ido a asegurar datos. Lituania fue un país independiente durante el periodo de entreguerras, pero un conflicto armado con Polonia terminó con parte de su territorio, incluida la capital, Vilna, en poder polaco. En los años 30, el país se ve presionado por sus enormes vecinos. Por un lado, Polonia y la Alemania nazi, que va acumulando paulatinamente cartas (lo último, en 1938, los Sudetes), engrosando su baraja. Por otro, La U.R.S.S.
La trama de “Nova Lituania” (Karolis Laupinis, 2019, actualmente en Mubi) tiene lugar en estas época y circunstancias. Un geógrafo, profesor de la Universidad, tiene una propuesta, que ha ido rumiando en los últimos años, para salir de esa encrucijada.
Sobria, bien ambientada, con fotografía en blanco y negro, te llegas a creer en el país báltico, en el periodo ese tan amenazante, viendo cerrarse poco a poco las salidas, tomando carta de naturaleza la propuesta del geógrafo Feliksas Gruodis como única vía posible.


 

Les baisers de secours


¿Puede pensarse en mayor implicación en un film? Cuatro miembros de la misma familia actuando, y haciendo sus propios papeles en él. "Les baisers de secours” (Philippe Garrel, 1989) parece, en este sentido, una película necesaria, de urgencia.
Un director de cine, Mathieu (Philippe Garrel), escribe un guión autobiográfico, pero decide que el papel de su mujer, Jeanne (Brigitte Sy, mujer de Garrel en la época y madre de Louis), lo interprete otra actriz, Minouchette (Anémone). Eso crea una fuerte crisis en la pareja y Matthieu solo puede seguir los consejos de su padre (¡Maurice Garrel!) sobre servirse del hijo en común de seis años, Lo (¡Louis Garrel!), para salvar la situación.
Inicialmente cine dentro del cine, con Mathieu que quiere separar su papel de director del de persona, como quiere obligar a hacer a Jeanne entre su personaje y ella, enseguida pasa a esos recorridos íntimos a los que acostumbra Philippe Garrel, aquí de una intimidad que, conociendo mínimamente su biografía, traspasa rápidamente la pantalla.
Hay en el film muchos paisajes, de fuera y urbanos de Paris, aunque el drama se desarrolla en interiores. En interiores de casas y habitaciones de hotel, pero también en el interior de cada persona/actor.
La crisis estallada, unos paseos de la pareja, ambos cabizbajos, su hijo corriendo en triciclo delante (ver la imagen) recuerdan soberanamente los de los personajes de los films de Antonioni y, curiosamente, escenas después, Mathieu, al oír a Jeanne recitar en italiano en el compartimento del tren un pasaje del Fígaro, exclama divertido: “¡Es como un film de Antonioni!”.
Dos notas anecdóticas finales:
1/ Veo, con placer y buen efecto para la identificación, que Mathieu conduce el mismo coche que tenía yo por esas edades, un 2CV
2/ La música del film, que aparece solo en unas pocas ocasiones, es del músico de jazz Barnet Wilen. Creo que ya he averiguado, pues, de dónde le viene a José Luis Guerin el querer poner en alguna de sus películas alguna nota suelta de un saxo, siendo él no especialmente amante del jazz.


 

jueves, 26 de noviembre de 2020

La luna se levanta

 



Chishu Ryu y sus tres hijas, en ceremonia celebrando el segundo aniversario del fallecimiento del marido de la mayor.

En “Primavera tardía” (1949), uno de los films de Ozu que hablan de la alegría del padre por haber encontrado un buen futuro a sus hijas y, a la vez, la soledad que con ello se le deriva, Chishu Ryu, ya sólo en su “jardín abandonado por los pájaros”, pela lentamente con un cuchillo, muy pensativo, una manzana, en uno de los planos más bellos de la filmografía del director japonés.
En “La luna se levanta” (1955), la actriz de -entre otros- Ozu, Kinuyo Tanaka hace aparecer a Chishu Ryu en ese mismo proceso y hay también una escena de una monda de manzana como en aquella, sí bien es otro personaje el que actúa y se prepara para comérsela.
Ayer, en la Filmoteca, en esta ocasión en la sala grande, en la que han colocado un adhesivo rojo butaca si, butaca no, correspondientes al 50% de aforo permitido, pudimos asistir a la proyección de su film posiblemente más amable, casi una comedia romántica, que deja bien claro, sin embargo, el dominio del paso del tiempo.
Una vez más asistimos a la típica trama de aficiones casamenteras tan apreciada por los japoneses de los años 50, esta vez con un tono francamente festivo y hasta muy divertido. Quizás todo resulte más moderno que en Ozu, pues las casamenteras parecen tener más poder de decisión y el punto de vista que parece primar es la de la hermana más jovencita, pero aún así, como en otras películas de Tanaka, se detecta el peso del pasado (el marido de la hermana mayor fallecido, la guerra que ha ocasionado una postguerra en la que el paro está ultrapresente,...) y, muy sutilmente, ese paso del tiempo que se va colando como auténtico protagonista.
A la luna llena del título, por cierto, se la ve aparecer y levantarse en el cielo en dos o quizás tres ocasiones, dando pie a un par de paseos a su luz que insuflan, según visto, un gran poder poético.

La menor. Muy juguetona, pero ya con 21 años.

No quiero aparentar la clarividencia que no tengo. Me metí un lío morrocotudo, pues me costó un montón saber que eran tres hermanas, y no una madre y sus dos hijas, o, por ejemplo, que estos dos no eran hermanos entre sí.

La hermana mediana y la pequeña.

Y el padre con la mayor.



miércoles, 25 de noviembre de 2020

El tiempo perdido


María Álvarez, la de “Las cinéphilas” presenta en el Festival de Gijón una película en cierto modo similar a esa, “El tiempo perdido” (2020, en Filmin hasta el viernes 27 a las 20h). Si allí eran viejas e impenitentes aficionadas al cine, aquí la cosa va de literatura.
Una serie de amigos de ambos sexos, casi todos algo justillos por causa de la edad, se reúnen desde hace diecisiete años en un café de Buenos Aires para leer “À la recherche du temps perdu”.
Como sea que leí hace poco ese primer tomo del que vuelven a compartir lecturas, me ha sentado como paladear un alimento satisfactorio. Con sabor porteño, porque es traducción -que también me ha parecido muy buena- de ahí.


 

martes, 24 de noviembre de 2020

Carta de amor






Reikichi Mayumi alcanza a su amada Michiko en una estación de tren. Han pasado muchos años sin verse. Se miran y reconocen. Consiguen apartarse de la multitud. La cámara los observa en el andén, a una media distancia. Por un momento una franja negra -quizás una sombra del pasado- tapa la cara de ella para, después ya sí, quedar enfrentados los dos, muy excitados, bien encuadrados por lo que debe ser una ventanilla del tren. Hay un racord entonces hacia ellos de niños y empieza un flashback.
Ayer la Filmoteca reemprendía sus programas y pasaba por fin, tras varias penosas readaptaciones a las normas anti-coronavirus de sus horarios, la primera película de Kinuyo Tanaka, “Carta de amor” (1953), con guión de otro gran realizador, Keisuke Kinoshita. Brillaba el aviso de “agotadas las localidades” en las taquillas, y es que, aunque es verdad que era la sala pequeña y estaba limitada su capacidad al 50%, dígase lo que se diga no hay como ver buen cine en pantalla grande, pese a que en este caso la copia de la cinemateca de Tokio dejaba bastante que desear.
Es impresionante la primera mitad de este film de esta mujer que pasó a la dirección después de intervenir como actriz en películas de todos los grandes maestros japoneses. Hay pocos films urbanos así, que retratan un Tokio rebosante de actividad, con el enorme tráfico de sus modernas avenidas y sus callejones diurnos comerciales y de juerga nocturna en plena ebullición...
En medio del ajetreo de la gran ciudad, vemos a Reikichi preocupado, buscando el rostro de su secreta amada, intentando contentar a su dinámico hermano pequeño disponiéndose a aportar dinero, trabajando en una ocupación con futuro, en un país con la reciente guerra como eterno trasfondo.
Luego la película adopta, frente al dinamismo y hasta buen humor de toda esa primera parte, un tono de melodrama muy hundido en la culpa por la prostitución, pero aún así contiene escenas magníficas, como el encuentro del hermano con Michiko bajo la lluvia o la escena cumbre en el parque entre los dos principales protagonistas, en medio de una niebla empeñada en separarlos. Y, ademas, en otra escena urbana aparece, en un papel de extra sin diálogo, nada menos que Chishu Ryu.


 

Voices in the wind




El terrible terremoto y tsunami del Japón fue en 2011. En “Voices in the wind” -lo siento: parece haberse hecho norma de repente que todos los títulos se deben nombrar en inglés- (2020), Nobuhiro Suwa nos hace seguir el recorrido de sur a norte del país de Haru, una chica de 17 años que perdió a su familia entonces.
Haru, que vivía con su tía en Hiroshima (75 años después del bombardeo) no quería ni oír hablar de ir a visitar el sitio en el que antes vivía, donde una ola gigante le arrebató a su familia, pero acaba emprendiendo un largo viaje en solitario, que constituye casi toda la película.
Pasados nueve años Nobuhiro Suwa ha debido sentir la necesidad de efectuar el duelo de lo sucedido, saber cómo está ahora todo lo que murió violentamente entonces, y él y su otro guionista hacen verlo por sus ojos -y mostrárnoslo a nosotros- al tiempo que hacen coincidir a Haru en su recorrido con diferente gente que estuvo conectada directamente con la tragedia, para poder tener una visión más amplia.
No me gusta nada su final (el que da nombre a la película, que en realidad es algo así como “Teléfono al viento”), porque es totalmente redundante con lo ya visto en las dos horas previas, sin aportar nada nuevo. Yo lo habría dejado cuando ella revela -y es una revelación importante, oculto hasta entonces- su nombre completo -Primavera radiante-, pero eso son minucias que no restan demasiado al intento.
Sesión, pues, de acercamiento al duelo, al tiempo que una provechosa mirada al Japón actual, en el festival de Gijón, visible en Filmin hasta el jueves 26 a las 19h.


 

domingo, 22 de noviembre de 2020

Stray


Andaba yo un poco desanimado, poniéndome una u otra de las películas que pasan ahora los festivales en plataformas y disintiendo al poco rato, por disgustarme lo que estaba viendo o por creer que era un poco más de lo mismo y no tenía ganas de verlo otra vez.
Antes de abandonar por completo, he probado la que me había quitado de la cabeza, pasando de ella, al principio de todo. Se trata de “Stray” (Elizabeth Lo, 2020, en Filmin hasta media tarde del martes 24, dentro de la programación del Festival de Gijón) y es simplemente el seguimiento de unos cuantos perros callejeros de Estambul, una ciudad que, según explica un cartel al inicio del film, debido a la reacción popular de sus habitantes ante las cruentas matanzas de perros callejeros que hubo históricamente, debe ser la única del mundo cuyo ayuntamiento tiene prohibido sacrificarlos o, aunque sea, siquiera encerrarlos.
Así pues, ya nos vemos haciendo el seguimiento, a altura de cámara perruna, de perros callejeros -y especialmente una perra bastante joven, protagonista absoluta de la función- por Estambul. Frecuentamos con ella casas abandonadas, descampados, pero también el centro de la ciudad, incluidos el puente de Gálata o la Avenida Istiklâl, en pleno centro de la ciudad moderna. Entre jornadas caninas, un cartel nos presenta alguna frase de Diógenes u otros pensadores clásicos, que enmarca y clarifica la siguiente escena.
De pasada, nos hemos ido enterado de que en la capital turca hay una serie de mujeres que no se resisten al papel al que el gobierno actual quiere limitarlas o de que en la ciudad viven cantidad de inmigrantes huidos de la violencia en sus países de origen y unos cuantos jóvenes también inmigrados (como los sirios que se encariñan con el cachorro Kartal) que llevan una vida, entre juguetona y salvaje, que no difiere grandemente de la de los perros callejeros objeto de nuestra observación.
El trailer:


 

sábado, 21 de noviembre de 2020

Oeconomia


La oferta monetaria crece a base del crecimiento económico. Pero es que el crecimiento económico crece con la oferta monetaria.
El jugador clave en el sistema económico actual es el deudor.
Las deudas de hoy son las ganancias del futuro. Pero es que las ganancias de hoy son las deudas del futuro.
Poniendo de relieve este tipo de paradojas, auténticos círculos viciosos sin escapatoria, “Oeconomia” (Carmen Losmann, 2020, en L’Alternativa, visible en Filmin hasta mañana domingo) no deja de ser sino un grito para buscar alternativas al sistema económico actual.
Por otra parte, puesto que se hizo justo antes de la pandemia, quizás sea también el pronóstico de la hecatombe que, dada la paralización que ha supuesto ésta, nos espera.


 

viernes, 20 de noviembre de 2020

Fauna





Como Nicolás Pereda dice en su presentación de su film “Fauna” (2020) en L’Alternativa que se trata de una película sobre la violencia en el norte de México, te pasas buena parte de ella con una gran tensión, esperando ver por donde estalla pero, de hecho, no haces sino ver escenas muy divertidas, que denotan además un gran sentido de la observación e interpretación actoral.
Así, vemos y nos regocijamos con el choque, el encontronazo que tiene el actor con la familia de su amiga cuando se desplazan hasta su pueblo.
Hay un giro insospechado en la película y es entonces cuando recordé que, en realidad, no dijo que se trataba de una película sobre la violencia, sino sobre la representación de la violencia.
Una singular propuesta de un realizador mexicano, a seguir, de quien había visto previamente una sola, también especial, de sus películas.


 

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Once upon a youth





Quizás se trate únicamente de una forma -muy hábil- de presentar las especiales fotografías, poco preocupadas por su foco, llenas de contrastes y motivos descentrados, mucho grano, de una extraña, informal belleza, hechas por su amigo Marko Čaklović, muerto muy joven.
Aunque lo más probable es que esta “Once upon a youth” (Ivan Ramljak, 2020, en Filmin/Festival de cine documental de Bilbao) no sea sino un nuevo “encargo del cazador”, como el que se encontró Joaquín Jordá a través de la hija de su antiguo amigo Jacinto Esteva, que le llevó a hacer su película de 1990.
No sé si ésta ha sido mi primera visión de una película croata. He sentido curiosidad y me he embarcado en ella, sin, en esta ocasión, cansarme de la propuesta. Los relatos del propio realizador, algún otro amigo y varias amantes del entonces joven DJ, fotógrafo y secreto drogadicto Markus se van enlazando sobre las proyecciones, una tras otra, de sus fotografías más o menos relacionadas, mientras que, ocasionalmente, una grabación casera también de época (los años 90) nos deja ir apreciando el avance de la técnica en ese campo que acababa de surgir.


 

La garra escarlata



Quizás sea lo mejor de “La garra escarlata” (1944, visible en Filmin): El cartero, otro parroquiano y el tabernero, muertos de miedo (primera foto), intentan tranquilizar al párroco cuando él y todos los del lugar oyen de nuevo tañer insospechadamente las campanas de la iglesia. La vez anterior un hecho trágico sucedió con ese aviso. Un arranque de cine de miedo impecable.
Poco después, Sherlock Holmes, que se muestra escéptico como solo él puede hacerlo, asiste junto al Dr. Watson a un encuentro científico, en el que ponente defiende la existencia de hechos sobrenaturales.
Llegados a este punto, habiendo guardado las esencias de lo mejor de la serie de William Neill de los años 40, en la que un engreído Basil Rathbone hizo del detective y Nigel Bruce de su aquí tontaina pero divertido ayudante, si no se dispone de tiempo yo aconsejaría hasta abandonar la partida. Por no haber, no hay ni deducciones de esas tan buenas de Sherlock Holmes. Se ve, sin más, sin el disfrute de ese inicio. Bueno: quizás esté también esa evocación laudatoria al Canadá lanzada en plena contienda mundial.
Este episodio de la serie tiene, no obstante, el aliciente de ser el que causó el pavor del niño Víctor Érice, inspirando muchos años después su hermosa evocación de “La morte rouge”.


 

martes, 17 de noviembre de 2020

Narciso em férias


En Filmin, del Festival de Huelva, visible hasta el día 20 “Narciso em férias” (Ricardo Callis, Renato Terra, 2020). Caetano Veloso habla en el documental de cuando, en 1968, en plena dictadura, él con 26 años, le fueron a buscar a su casa y lo mantuvieron preso largo tiempo.
Un escenario desnudo, sin apenas más atrezzo que algún que otro que ocasionalmente le aportan, ayuda a la concentración y mantenimiento de una emoción que va in crescendo.


 

lunes, 16 de noviembre de 2020

Resistenza naturale

El inmenso caserón, en una colina de la Toscana cercana a Siena.

La felicidad de vivir.

Una pareja de viticultores jóvenes entre sus viñas. Obsérvese que las viñas coexisten con una intrincada mezcla de unas quince especies diferentes de hierbas.

No recuerdo si “Montovino”, una película anterior (2004) de Jonathan Nossiter que versaba sobre un tema similar (allí los críticos vinícolas que apostaban y casi conducían hacia una total estandarización del vino) tenía como esta “Resistenza naturale” (2014, sobre unos cuantos agricultores vinícolas italianos, que se resisten a ella), una cámara en mano tan ligera y libre como ésta, dejando claro su absoluta libertad, como si de un aficionado haciendo un reportaje familiar se tratase.
La estructura del documental es sumamente sencilla: Nossiter se introduce en varias familias de productores de vino independientes italianos, de la zona de Génova, de la Emilia y de la de la Toscana, dando la impresión de que hasta se hace amigo de ellos, y les va filmando mientras le explican por separado y en reuniones conjuntas sus razones frente a la explotación “industrial”, que son muchas e impactan. De tanto en tanto, para ilustrar lo que les oye decir, aunque sea metafóricamente, interroga también al director de la Cineteca de Bolonia e inserta alguna secuencia de películas de gente como Soldati, Pasolini, Chaplin, Rossellini o Monicelli.
Varios de ellos, en su empeño de respetar lo que les da la tierra que cultivan, a la que no añaden ningún insecticida ni fertilizante, aún tratándose de los agricultores más tradicionales de sus lugares, han debido renunciar a la denominación de origen, que exige una estandarización que no están dispuestos a aceptar.
He aprendido viéndola, además, un montón.
Entiendo ahora que se burlen de que les declaren su vino blanco, con un acusado color óxido debido a un verano seco y muy caluroso, “no conforme”: no presenta el color pajizo con reflejos verdosos que exige la norma y que -se burla otro cultivador- es el mismo que le exigen para su vino blanco a seiscientos kilómetros de ahí. Ellos no hacen más que no tergiversar lo que dice la tierra y el tiempo de cultivo.
Sé apreciar también ahora, pese a la imagen de productividad y potencia que ofrecen, que las grandes extensiones de monocultivo -aunque sean de viñas- indican que estás viendo una tierra devastada, falta de la variedad de cultivos que da la riqueza al suelo y la belleza inaudita de ciertas zonas resistentes de la Toscana.
Eso se aprecia, sé ahora, mucho más en las enormes superficies de cereal. Una espiga de trigo “natural” penetraba la tierra -dice uno de los personajes de la película- profundamente, estableciendo toda una red filiforme muy amplia. La proximidad de la roca le otorgaba una enorme riqueza mineral al pan que de ella se obtenía, mientras que ahora, en los cultivos actuales, que apenas si se introducen más allá de una muy reducida capa superficial, la pierden irremisiblemente. De ahí, quizás, todo ese batallón de alergias ahora tan extendidas entre la población. El mismo personaje señala, en otro momento, la directa proporción que existe entre la extensión de diversos tipos de cáncer y la intensidad agrícola de la zona.
Se ven en el film unos paisajes de una increíble belleza. Paisajes todos ocasionados por la mano del hombre. Desde unos enormes caserones delante de los cuales, en una mesa de madera, comen y hablan para la cámara nuestros personajes, todo ello regado con sus vinos (causándonos una envidia tremenda) hasta ese tapiz vegetal, ese variado patchwork del que hablaba, pasando por ese castillo de los Spinola, los banqueros genoveses de la Europa del siglo XVI, hoy casi abandonado, dando a entender el poco valor que se da a la historia.
Con tanta presión existente en ver por Filmin, en un tiempo muy limitado, unas películas de festivales de mucho nombre que luego van y resultan bastante anodinas además de como cortadas por un mismo patrón, esta sencilla película, que he visto estaba también en Filmin entre la oferta del Most, un festival mucho más modesto sobre cine relacionado con el vino, me ha supuesto lo mismo que beber una refrescante jarra de agua fría en medio de la canícula.

Y sin oler a ningún producto añadido.

Otro viticultor, éste de una zona interior próxima a Génova -“se siente el mar detrás de estas colinas, señala”-, compara la tierra de unas viñas vecinas a las suyas (compacta, muerta) con las propias (de un color mucho más vivo, aireadas, llenas de vida orgánica).

La heredera de otras tierras, que dice quiere pasar después a sus sobrinas. Ha ido aprendiendo el oficio.

Reunión de cultivadores para una comida ante la cámara.



 

domingo, 15 de noviembre de 2020

City Hall

 Un buen amigo me avisó de que hoy -y parece que sólo hoy- había la oportunidad de ver en Filmin (Gracias al Festival de cine documental de Bilbao) el último documental de Frederick Wiseman, “City Hall”, en el que cartografía el ayuntamiento de Boston, observando el día a día de muchos de sus servicios.


Como dura sus buenas cuatro horas y media, sólo podía hipotecar el televisor después de comer. No negaré que alguna de las peroratas de sus protagonistas han tenido que convivir con un ligero, pero real, sopor de sobremesa, pero diré que la apuesta ha vencido de carrerilla y una vez visto en su integridad, valoro que ha sido un domingo de confinamiento bien aprovechado.


Me he quedado como un tonto viendo boquiabierto cómo unos obreros esparcían una cola por la calzada y sobre ella una arena roja o como una trituradora se tragaba voraz y convertía en serrín el tronco y las ramas de un árbol enfermo retirado de una acera. Hay varias escenas de este tono “menor”, como otra en la perrera municipal, pero lo que más aparece a lo largo de todo el metraje son reuniones y conversaciones de trabajo, y  mucho del mismo “de comunicación”, empezando por los discursos del propio alcalde, el demócrata Marty Walsh, con un marcado tono personalista o hasta ásperas sesiones informativas por barrios.


La idea transmitida va, sobre todo, en el sentido de señalar el trabajo contra la desigualdad laboral de las minorías, el empeño por lograr un cierto equilibrio entre las diferentes comunidades, cosas así.


Entre escena y escena, unas vistas de diferentes aspectos de Boston te permiten airearte paseando por la ciudad, realmente una de las más especiales de los Estados Unidos.


Quizás sea que el procedimiento de Wiseman resulta de lo más apropiado para alguien como yo, que muestra curiosidad por cosas de lo más diverso. El caso es que sumo esta “City Hall” al ya rebosante carro de su obra vista, y constato que a sus noventa años sigue despertando mi interés. En una entrevista reciente, explicaba que había acabado el talonaje del film el 12 de marzo y que en mayo debía haber empezado el rodaje del próximo, impidiéndoselo la pandemia. Y se mostraba nervioso por no retrasarlo más. A ver si es verdad y nos da a conocer pronto una nueva institución. A saber cuál...









jueves, 12 de noviembre de 2020

Banquete Coutinho


Para mí la gran relevancia de “Banquete Coutinho” (Josefa Veloso, 2019, en MUBI) seguramente consista en darme a conocer la existencia de los documentales de Eduardo Coutinho, un brasileño que a lo largo de su filmografía, por lo que parece, extrae de sus entrevistados, gente humilde en su mayor parte, revelaciones esenciales.


Aquí es él el entrevistado. Va comentando las razones para hacer sus películas y también extrae de sí mismo unas cuantas confesiones que hacen por sí solas merecer el viaje. 


Josefina Veloso nos lo presenta empezando por recalcar el paso de una nube sobre un ángel de un cementerio captado en uno de sus films evocando al ángel de la historia de Walter Benjamin y acaba diciendo una frase que oyó decir -“con énfasis”, recalca- a Lacan: “Si existiera la inmortalidad ¿cómo resistiríamos vivir”.


 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

La comedia de la vida


Ese señor ha salido al balcón, seguramente atraído por el escándalo de sus vecinos de enfrente. Uno se ha puesto a tocar el trombón y su vecino de abajo se ha puesto a dar golpes al techo para que parase, sin conseguir más que descolgar su lámpara y provocar una lluvia de cascotes.
-¿Qué estás haciendo? -oímos que una voz femenina le dice al del balcón.
-Nada -contesta, sin casi girarse, él.
-¿Estás pensando en algo?
-Por supuesto...
-¿En qué?
-Ahora que me lo has preguntado ya no me acuerdo.
-¡Nadie piensa en mí! -se lamenta, muy lastimera, ella.
Es una de las escenas de “La comedia de la vida” (2007), que empieza muy a lo Jacques Tati y termina muy en el mundo de su realizador, Roy Andersson.
Está en Filmin y, no sé cómo, no la había visto aún, hasta esta tarde. Me ha parecido otra joya de las suyas.


 

martes, 10 de noviembre de 2020

Kessel un lion




Conducido por el ritmo de la voz de un narrador, Kessel, un lion” (Marie Brunet-Debaines, 2019), pasado hace unos días por TV5Monde, me ha hecho recapacitar y pensar que, salvo quizás algún “Libro amigo” de la época, no haya leído ninguno de los escritos por Joseph Kessel, pero hay que ver la de películas que he visto basadas en sus obras.
Aviador, periodista, aventurero, viajero, vividor, miembro de la resistencia, académico, escritor que se nutre de todo lo anterior y de lo que vivieron otros que conoció cuando desarrollaba esas vidas, parece irle la mar de bien el sobrenombre ese de “un león”. Un león que rugió de lo lindo y al que se le ve pasar veloz, visto y no visto, en múltiples entrevistas, reportajes de los rodajes de las películas que se hicieron sobre sus obras, escenas de las mismas y trozos de documentales que sitúan sus periodos pasados por los grandes espacios de todo el planeta.