miércoles, 20 de diciembre de 2017

La gran familia


Llevo un buen rato calculando en esta jornada de reflexión y las listas que me gustaría que ganaran no suman lo suficiente.
Para evitar caer mareado de tanto número o -lo que es peor- desesperado, si alguien quiere distraerse un momentillo lo puede hacer yendo a leer el artículo que sobre el empalagoso tema de la Navidad escribí para "La Charca Literaria", que aparece hoy.
Cayetano Gea lo ha anunciado con una frase que me gusta: "habla de navidad y del cine lacrimógeno nacional que jugaba con las cartas marcadas". Y le ha puesto, además, esta foto.

viernes, 15 de diciembre de 2017

La femme douce


Después de mucho tiempo, he vuelto a ver "La femme douce" (Robert Bresson, 1969). La escena choque inicial, la que inevitablemente se recuerda, por su fuerza, pero también por la dulzura de ese chal danzando suavemente por el aire, abre paso -tras un "¿Tu te acuerdas?" y la correspondiente respuesta ("Oui!")- al primero de los flashback que van punteando toda la estructura del film, en un continuo ida y vuelta hasta cerrar el relato completo.
Historia de una relación imposible entre un hombre calculador, que lo planifica todo, y una Dominique Sanda, descubierta para la ocasión y para el cine por Bresson, que deja fluir de otra forma bien diferente la vida. Bresson se basó en un relato de Dostoyevski, con el que continuó en su película siguiente, la también difícil de ver "Cuatro noches de un soñador" (1971).
Reproduciendo unas escenas del "Benjamín" de Deville (que la pareja va a ver a un cine donde se inicia una posible relación promiscua de ella), con escenas de coches en atascos que podrían estar en una película de Tati, la película va mostrando un París fragmentado pero muy centrado y plausible: Lipp, La Hune, Les Deus Magots,etc, mientras que, de forma casi matemática, Bresson va repitiendo ciertos encuadres de lugares con los que, gracias a que los ha cartografiado previamente, nos permite situar y seguir el relato.
En un momento de la narración fuente del recortado pero a la vez continuo flashback, él dictamina un positivo "Nuestra desigualdad nos placía" que la imagen nos pone en duda: Mientras ella escucha música o lee un libro, él se esfuerza por sacar un crucigrama. Previamente Bresson se ha cuidado también de mostrar por separado a la pareja, o distanciados por algún tipo de obstáculo físico, que reproducen otros obstáculos de otro tipo que existen y que sólo se querrían aniquilar cuando ya nada es posible.
Maravilla ver cómo Bresson acaba, bruscamente, la película. Lo hace con una imagen y un sonido repetitivo, insidioso, de una tuerca que va siendo atornillada de forma continua. Una imagen y un sonido que seguro el narrador revivirá continuamente en su cabeza y con el que los espectadores nos podemos ir también a casa.
Viendo hoy de nuevo "Une femme douce" te das cuenta de la singularidad del estilo, las formas de Bresson, la de imitadores que ha tenido y los pocos que salen, como él, airosos en el embate.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Hitchcock por Irvin Penn


Un retrato que Irving Penn hizo a Alfred Hitchcock, con mis más amistosos recuerdos para Alejandro Sales. Aunque no sé qué hizo Penn, que aquí Hitch no se te parece ni por asomo.


 

lunes, 11 de diciembre de 2017

Mr. Kaplan


"Mr. Kaplan" (Álvaro Brechner, 2014, película vista durante la siesta del domingo, grabada del Sundance Channel) es un viejo judío de origen alemán, muy parecido físicamente al Oscar Tusquets también viejo, que vive en el Uruguay. Se ha dejado la barba para no afeitarse y ve que cada día va a peor, alcanzando un malhumor que da la impresión de congénito.
El médico no quiere renovarle el carnet de conducir y, para que pueda seguir yendo de un lado a otro, su familia le pone en contacto con un desastrado ex-policía, que le hace a partir de entonces de chófer. La película, que no dejaba poner subtítulos para pescar muchas expresiones jocosas que se te escapan, pasa entonces a contar la historia de su seguimiento de un supuesto nazi, con alguna escena y todo estilo western. Pero no hay que engañarse: Su tema profundo es, decididamente, otro.

Café Lumière



Por una causa u otra, la única película del ciclo Hsiao Hsien de la Filmoteca que he ido a ver es "Café Lumière" (2004).
Uno de los cafés frecuentados. Tras la ventana, la multitud desplazándose.
Un letrero inicial explica que se trata de un homenaje a Ozu, celebrando su centenario. Es verdad que hay muchos, muchos trenes, desde fuera y desde dentro, e incluso registrando su sonido, o que toda la familia va a limpiar una tumba al cementerio. Es verdad también que por el principio aparece un plano, en el interior de la casa japonesa de los padres, calcado a los de Ozu, con la cámara situada cerca del suelo, en la posición que a él era habitual. También que vuela por ahí un cierto tema de diferencias generacionales, con una madre preocupada por su hija y un padre que, nervioso por la situación de ella, no abre la boca.

Pero la suma de todo eso no da, a mi entender, como para un Ozu, por muy actualizado que se quiera, al tiempo que, rodada en Japón, la película también queda muy lejos de los films chinos de lenguaje clásico que le dieron a conocer. Sí que me han parecido los mimbres, en cambio, de una película de la post Nouvelle Vague, con esa protagonista frecuentando cafés y en continuo desplazamiento. O del hoy en día tan en voga Sang Soo.
El plano Ozu. Un personaje se sentará junto a esa mesa baja.

domingo, 10 de diciembre de 2017

La gran familia y el chantaje moral, esta vez navideño

No he vuelto a ver La gran familia. Mi masoquismo no alcanza tan altas cimas. Sin embargo sí que he curioseado un poco, para recordar alguna cosilla, las escenas que de la película almacena el YouTube. Y he dado, además de con la falsedad que la caracterizaba de principio a fin, con el recuerdo positivo: el plantel de actores característicos de la época que la inundan. Por ahí aparecen, al margen del impagable José Isbert, gente como José Luis López Vázquez antes de su endiosamiento, Laly Soldevilla, Julia Gutiérrez Caba, María Isbert, Agustín González o Xan das Bolas. Vamos: casi todos. Pero en realidad, salvo el de la voz aspirada, totalmente afónica, de Pepe Isbert, el recuerdo de la película va por otros derroteros.


Primero el recuerdo de la búsqueda de películas para poder ir todos al cine un domingo y, no digamos, durante unas vacaciones escolares. Veo a mi padre con La Vanguardia depositada en la tabla de su secreter, el periódico abierto por la página de la cartelera, él señalando con bolígrafo los posibles cines. Si la escena caía en verano, era imprescindible que vinieran anunciados con la rúbrica de «refrigerado», casi siempre con la más específica aclaración de «Refrigeración Carrier». Si era otra época del año, bastaba con que se indicara que eran «aptos». Con La gran familia (1962) y su secuela La familia y uno más (1965) no cabe duda de que encontraron un buen filón.


Un segundo recuerdo abarca a casi todas las películas «aptas» con fama de comedias de la época. Sí que tenían sus momentos cómicos (en ésta los buenos de verdad se centraban sobre todo en las quejas del abuelo – José Isbert- con su característica voz). Pero para poder disfrutarlos habías de pagarlos a conciencia. Estoy hablando de la inevitable presencia del chantaje moral. Esa tasa la tenías que pagar hasta en las películas de Cantinflas. Mira que se disfrutaba con sus rapidísimos y enrevesados monólogos, en los que justificaba la existencia en su cara de una minúscula bocina (diminutivo de bozo) o en los que hacía juegos de palabras entre estar contigo y en el cuarto contiguo. Ahí te reías de lo lindo, pero eso no te quitaba que no te dejara ir sin soltarte, ya hacía el final, una también larga y lacrimógena diatriba sobre la bondad y otras zarandajas. Pues bien: por ahí entra en juego la escena de La gran familia que me mueve a recordarla por aquí.


En la película aparece un paisaje urbano —las casas de pisos donde se aloja toda la familia cuando van de vacaciones a la playa— que siempre intento vislumbrar desde el coche cuando paso, yendo por la autopista, cerca del acueducto romano de Tarragona. Pero fue otro paisaje urbano el que se me fijó mentalmente por pimera vez y también para siempre: La Plaza Mayor de Madrid. Estamos en las fechas previas a Navidad. Más precisamente, en el día de Nochebuena. El abuelo va con unos cuantos nietos a ver las paradas de venta de piezas del Belén, que se han instalado provisionalmente ahí. Se despista y el más pequeñajo, Chencho, desaparece. Aunque pregunta por él repetidamente a una señora de un puesto que tiene bastante mala leche, el niño no aparece por ningún lado. Es entonces cuando la maquinaria recalcitrante, provocadora de más de un sarpullido, entra en juego. Un hermano del desaparecido de unos diez años de edad, sobreactuando de lo lindo, deja de pedirle juguetes al rey de Galerías Preciados, protegidas las colas por amables grises, para rogarle que le diga a Dios que aparezca su hermanito. El bondadoso rey (el George Rigaud de «El día de San Valentín», siempre un recurso para este tipo de papeles, además de para anunciar camisas) dice haber visto a Dios en sus ojos, el crío desaparecido aparece y el niño que sobreactúa lanza al cielo un cohete desde una ventana de su casa (que, curiosamente, da a la Plaza Mayor) con un mensaje: «¡Gracias, Dios!»


No eran lágrimas —las que pugnaban por no salir de los ojos— de emoción, sino de rabia e indignación.

sábado, 9 de diciembre de 2017

La Fabian


Se trata de un programa de televisión (de TV5 Monde) hecho más bien con poco rigor, muy, pero que muy mejorable. Pero viéndolo te das cuenta de la fuerza que ha tenido la presencia de Françoise Fabian en el cine de culto que has ido viendo. Nada más arrancar un cierto desengaño (¿Pero ésta es ella? -te preguntas-). En seguida, mediante trozos de sus papeles en cine y teatro, viéndola de cerca cómo te habla de ellos, te respondes afirmativamente, sin duda alguna.

Se llama "La Fabian", va siguiendo anodinamente sus diferentes papeles y algo más (el para mí descubrimiento de que estuvo casada con Jacques Becker, acompañándolo los últimos cuatro años de su vida, por ejemplo) y en los títulos de crédito finales aparece que está "escrito y realizado por Dominique Besnehard", que por internet he sabido que fue un antiguo agente actoral).



jueves, 7 de diciembre de 2017

The square


Los trailers tienen a veces una influencia letal sobre las ganas de ver una película. Muchos actúan por saturación (¿Para qué voy a ir al cine, si ya he visto la película de pe a pa?). En otras ocasiones por simplificación. Es lo que pasaba, por ejemplo, con "The square" (Rubén Östlund, 2017), cuyo trailer sólo ofrecía una escena en la que una especie de hombre primitivo se subía por las mesas de un banquete, importunando y atemorizando a todos. A Teresa se le atragantó esa visión, que extrapoló a todo el film, y no hubo forma de que quisiera ver lo demás, aún con la promesa de que eso no era significativo y diciéndole que nos la había recomendado gente de confianza.
Hoy me he acercado (sin Teresa, que sigue en sus trece) a repescarla en el Meliès. Al volver a casa ella me ha preguntado que si me había gustado y le he dicho que sí, que tiene cosas muy buenas, pero, en el fondo, internamente he agradecido que no me preguntara también si tenía que ir ella, porque le iba a gustar forzosamente.
Seguro que le habrían gustado esos dardos enormemente divertidos, muy bien lanzados, nada groseramente, sobre ciertas tonterías que envuelven el mundo del arte contemporáneo y del marketing, por ejemplo. Pero no sé si habría aguantado la tensión del banquete y de toda esa media hora de más que se prolonga la película, quizás por no saber cómo darle una conclusión satisfactoria, después de haber echado a volar tantas expectativas. La apuesta era muy fuerte, y el riesgo de caer en un final demasiado descaradamente moralizante o en dejar muchos hilos tendidos está ahí.
Me quedo, eso sí, con las escenas que corresponden a la imagen que cuelgo (viendo la obra expuesta uno ya se hace cargo del tipo de jocosas peripecias que pueden darse por ahí), un inicio de paseo nocturno por palacios que recuerda al de "La grande Bellezza" (Sorrentino) o con la mesa redonda con espectador aquejado de síndrome de Tourette que pone en juego las reacciones obligadas políticamente correctas de los demás. También, por qué no, con una dramática toma cenital de la caja de escalera que hasta recuerda a la de "M, el vampiro de Dusseldorf" (Lang). Reniego en cambio de otras cosas y, entre ellas, desde luego de otra escena con escaleras fatalmente filmada (de la forma agitada, digamos, de una película de terror reciente).
Östund dejó ver que podía hacer un cine interesante haciendo ver las tensiones que pueden estallar con la respuesta a un alud (su anterior "Fuerza mayor" -"Turist"-). Toda una muy amplia primera parte de ésta, mientras te va sorprendiendo agradablemente, haciéndote hasta soltar alguna carcajada, habla de que se debería seguir pensando en él en el futuro. Salvo que, vista en fotos que se prodigan por la red la reacción que tuvo en la ceremonia de entrega de premios en Cannes, pase a considerarse a sí mismo un genio y quiera en próximas películas sorprenderte en cada escena, haciéndose entonces insoportable. Esperemos que no pase esto último.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Le concours

Una de las pruebas/conversaciones individuales, con un candidato.
Como un Frederick Wiseman, pero firmado por Claire Simon. La institución analizada es la Femis, la escuela de cine francesa, y más concretamente su proceso anual de selección de alumnos. Estoy hablando de "Le concours" (2016), que pasa estos días por TV5Monde.
El aula del examen inicial, repleta de aspirantes.
Primero accedemos a un examen multitudinario en un aula enorme, abarrotada. Tras esa primera criba, a otras muchas pruebas individuales para los que la superaron, eliminando candidatos hasta llegar a cubrir únicamente el cupo de las diferentes especialidades (dirección, guión, producción, distribución, exhibición). Entre prueba y prueba, unas cuantas escenas de exteriores, de pausa, que también se ven en los films de Wiseman, en los que se atiende a la llegada de los convocados, a alguna alumna esperando que le avisen de que ha llegado su turno, a empleados respondiendo por teléfono si se ha aprobado o no o a la secretaria colgando en un vidrio o en una pared los resultados para que directamente los vean los aspirantes, de quienes podemos observar alguna reacción.
Una candidata espera su turno.
Vemos entonces una sucesión de interrogatorios a candidatos por parte de un pequeño tribunal informal compuesto por gentes del oficio, para luego quedarnos en el aula y presenciar las discusiones de los miembros del profesorado sobre lo que han visto y oído. Aparecen ahí las dudas de rechazar a alguien tan solo porque "nos cae mal", las identificaciones, los rechazos viscerales y cierto "cientificismo" que intenta abrir las puertas de la institución a nueva savia, original, para que no todo el cine que se haga en el futuro esté tallado por el mismo patrón. En la etapa previa de conversación con los candidatos, en ocasiones se aprecian las puestas en escena pensadas por el aspirante a alumno... y por los responsables del film.
En general, no obstante, el dispositivo establecido presenta todo el proceso como lo suficientemente fresco como para ser tomado como extracto de "la realidad" retratada. Así pasa en el caso de una chica aspirante a la que le preguntan qué películas le han marcado en su vida y se ve incapaz de recordar ni una sola, con la unánime desesperación posterior de los examinantes. En varias ocasiones te preguntas cómo examinantes y examinados han permitido que aparezcan sus preguntas, respuestas y discusiones en la película, porque mucha cosa íntima, a veces de las de no sentirse muy orgulloso, ha quedado desvelada.
Todo se sigue con atención, el proceso resulta sumamente interesante, al tiempo que llegas a sentir la crueldad de la ligereza con la que en ocasiones se juega con el futuro de gente a la que parece irle la vida en ello.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Carles Santos


Pues que ha muerto Carles Santos y me sabe muy mal. Una línea de actuación la suya que, partiendo del piano clásico (estudió en el Conservatori del Liceo), tuvo todo un recorrido por la música contemporánea primero, por todo el mundo de la vanguardia después. Con su etapa conceptual, en el “Grup de Treball”, volviendo luego con fuerza al piano y, de allí, a diferentes formas de relación entre el teatro y la música. Pero lo más importante es que era un tipo simpático, inteligente, reñido siempre con todo lo que considerase un tostón.
En el cine de Portabella Carles Santos era mucho más que el responsable de la música. Portabella hablaba de él diciendo que lo era de todo lo que vehiculaba el sonido, pero también era uno de sus bastiones en sus guiones y en todo tipo de ideas.
Tiene una filmografía propia, que debería repescarse, porque muestra bastante de su mundo al tiempo que contiene siempre alguna idea genial, que muchas veces deriva en la carcajada del espectador atento.
Unos cuantos hitos inolvidables:
- Al principio de la década de los 80, cuando volvió al piano, su bajada por las Ramblas tocando un piano de cola con una bailarina de lo más sensual en lucha amorosa con él. Algo parecido se reprodujo (hay una grabación por internet) en 2009, bajo los auspicios del Arts Santa Mónica dirigido por Vicent Altaió.
- En “La Fábrica”, un fugaz local de la calle Perill, en Gracia, tocando “Bujaraloz by night” mientras Cesc Gelabert lo acompaña bailando endiabladamente.
- Pasar por los Monegros y escuchar a todo volumen el “Bujaraloz by night”
- En la Plaça de la Cucurulla, una performance de años de actividad y creación a tope. És es uno de los músicos que, colocados en los balcones de las casas que dan a ese cruce, tocan sus respectivos instrumentos.
- Un piano dejado caer desde el aire al mar.
- Él desgañitándose, cantando su “Tocaticotocatá” con la profundidad de un cantante de canto jondo.
- Ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, en el Estadio Olímpico. Viste a su “cobla” con traje que habría agradado a Dalí, coronado con una barretina. Ensordecen al auditorio. Parece que en vez de tenoras, toquen los legionarios romanos anunciando la llegada de César.
- Una paella casera en su piso de Vinaroz, con calamares pescados la víspera con su “Sargantaneta”.
Son todo recuerdos antiguos, porque no había visto muchos de sus espectáculos y, cuando iba, no me atrevía a pasar a molestarlo. Pero creo que llegamos a congeniar, simplemente hablando normalmente, sin imposturas, cómplices en lo de valorar las cosas buenas de la vida.


 

domingo, 3 de diciembre de 2017

Stella

Stella, un auténtico hallazgo de casting infantil.
Anda disponible por Filmin "Stella", una película de Sylvie Verheyde de 2008 de la que no había oído hablar, pero que por un malentendido sobre su realizadora me dio buenas vibraciones y vi con satisfacción anoche.
Tras una presentación de una estética horrible (una niña vestida de rosa reluciente bailando) que está a punto de hacerte dar por finalizada su visión, la cosa cambia abruptamente, para bien, por completo. Sigue entonces, conducido por la voz en of de la niña, viendo nosotros todo a partir de su interiorizado punto de vista, su apasionante curso escolar como nueva alumna en el Lycée La Fontaine. Un colegio nuevo para ella y además de niñas de una diferente clase social, pues Stella, la protagonista, es hija de los propietarios y gerentes de un animado bar de barrio, muy frecuentado por gente decididamente bajos fondos.
Con su padre (Benjamín Biolay) y sus amigotes, en una tumba en el bar familiar.
Stella se confiesa consciente de su ignorancia en muchas materias, como demuestran sus horribles resultados escolares, pero no duda en mentir sobre su conocimiento, por ejemplo, de un escritor, porque -según dice- es mejor mentir que decir tres veces seguidas que no se conoce ni esto ni aquello ni lo de más allá.
Hay un momento de inflexión en la película, muy bien resuelto con la secuencia de la visita a una librería en la que compra su primer libro. Una escena que Sylvie Verheyde filma como si se tratase de un pequeño robo en vez de una compra formal. A partir de ahí, empieza a leer a Balzac, a la Duras, y a admirar a ciertos cantantes, de los que una nueva amiga le deja discos, aunque ve que esas lecturas y audiciones, que le van muy bien personalmente, no le ayudan en sus notas en la escuela. Pero algo va cambiando en ella y de niña independiente dejada ir por su familia (entre las timbas y fiestas medio patibularias en el bar de su familia, por las que deambula normalmente Stella, distinguimos que el que hace de padre, por cierto, es el cantante Benjamín Biolay) pasa a adolescente con su marcada personalidad, su primera fiesta con música lenta italiana, su primer enamoramiento y otros líos propios de la edad.
Con otro parroquiano del bar paterno. Ella trata y traba amistad con todos, enfrentándose solitaria hasta con los peligros que comporta alguno de ellos.
Está ambientada -me digo- en la época en la que su realizadora (que firma también el guión) debía tener una edad aproximada a la de la niña. Personal y peculiar film de formación, pues. Que no deja mal sabor de boca.
Una primera salida, negativa.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Cineclub Vic: origens

Uno de los miembros de una de las primeras juntas del CC. , en la película.
Empieza como un western. Cinco hombres sin piedad avanzan hacia la cámara por un pasillo, empapelado con carteles diversos. Llegan al saloon (a la sazón el comedor del Casino de Vic) donde les espera una mesa redonda preparada para la comida. Una vez sentados, un camarero va llevando paulatinamente el servicio a cada uno de ellos, ocasionando que expliquen por turno su historia.

Pablo Sancho y Tariq Porter (anterior y actual presidente de la Federación Catalana de Cineclubs)
Los cinco hombres sin piedad son los miembros sobrevivientes de las primeras juntas del Cineclub Vic, que ya ha celebrado sesenta años de programación, y sus declaraciones constituyen también posteriormente el eje que sigue, desde los años 50/60 a la transición, "Cineclub Vic, origens" (Miquel Pérez, Quim Crusellas, 2016), el documental que acompañaba hoy en la Filmoteca a la entrega de los Premios José María Nunes, los premios de la Federació Catalana de Cineclubs.
El montador de "La propera pell".
Me ha gustado ver el documental, que, como han dicho en su presentación sus autores, recupera una historia que puede asignarse también a otros muchos cine-clubs. En medio de reportajes filmados o fotografías tomadas en un Vic de la época, así como de secuencias de películas muy bien escogidas que dan el tono requerido, los cinco ex-directivos nos van explicando sus inicios bajo el paraguas del obispado, su arranque con dos sesiones previas proyectando nada menos que "Rashomon" (Kurosawa) y "El pistolero" (King), la comsecución del Premi Sant Jordi de 1965 al mejor cineclub, los concursos de cine amateur de los que saldría gente como Baca/Garriga y Eugeni Anglada, su peregrinación por los diferentes locales de la población, una programación -por lo visto en el film- de campanillas, etc.
Paco Poch, explicando una de sus cosas.
Pero lo que anima la función es, sobre todo, el cambio registrado con las "inquietudes", ya no sólo artísticas, que invadieron a la parroquia durante la transición. Los socios, tras pugna intestina de alto voltaje, decidieron divorciarse (film alegórico en las imágenes) del obispado, y apuntarse a seguir la actividad, pero ya en plan "civil", entrando en todas las batallas. Llega la muerte de Franco, con imágenes del Nodo, a la que les han puesto finalmente de banda sonora una cancioncilla de la época, "La fiesta", de Karina, para dar paso al cartel de "Continuará". Todos hemos salido contentos, con la impresión de haber vivido, al menos en algún porcentaje, todo eso.
Una de los jurados de los premios, Jordina Medalla, presentando a Eduard Escudero, de A Comtracorriente, la distribuidora que facilita el premio al cine-club ganador. Como todos los anteriores, ha valorado el trabajo de los cineclubs para que el cine llegue a los rincones más perdidos.

Parte (había más en el otro extremo) de la junta del Cineclub Manresa. Lo que está claro es que sus sesiones siempre deben tener mucho público.
Miquel Pérez y Quim Crusellas, autores de "Cineclub Vic, origens)

jueves, 30 de noviembre de 2017

Marin Karmitz, bande à part


- La suya es una productora que tiene como siglas sus iniciales - le dice una periodista.
- Pero también son las iniciales de un buen coche (un Jaguar) y de una metralleta - contesta él, con un cierto brillo retador en sus ojos.

Amigos, familia, él mismo, intentan reflejar en "Marin Karmitz, bande à part" (Félix von Boehn, 2017), que ayer pasaron en TV5Monde, la personalidad del productor, distribuidor y exhibidor francés de origen rumano de referencia en cada uno de esos campos.
Como resultado del documental, se va configurando la idea de una persona algo paranoica, obsesiva con la muerte y con el cuidado a tener sobre la traza que uno va dejando atrás.
Éste es el tipo de programas de TV que me gustan.
(En la fotografía, Marin Karmitz ciertamente tocado por la emoción de encontrarse junto a la escuela a la que fue de pequeño, recién llegado a Francia)

Manuela Morgaine en la Filmoteca


Hace unos años recibí en casa un DVD singular. Había participado en un crowdfunding y la compensación era gozar de un disco con el extraño, pero fascinante resultado de la apuesta; una mezcla de film d'art, documental y pieza de diario, con estruendosos rayos, realizado por Manuela Morgaine. Ahora Manuela Morgaine viene a Barcelona, a la Filmoteca, para pasar sus dos últimas piezas ("Another world. Ceux qui arrivent par la mer" y "Je m'apelle. Je demande la lune") y hablar con Marina Vinyes de "La vida de las historias. El testimonio filmado", en base a esos dos films y su temática. Ambos tienen por protagonistas, por lo que veo, a inmigrantes o refugiados y al menos el primero, en palabras de Manuela, lo hizo buscando una forma que encerrara esa tragedia.
Será el martes 12 de diciembre, en la sala Laya de la Filmoteca. Yo no podré estar ahí ese día, pero seguro que el tema, o las subyugantes imágenes de Manuela Morgaine, pueden atraer a más de uno.

Sameblod


Es verdad que para que una película gane un premio Lux del Parlamento Europeo parece necesario que deba tratarse de un film de lo que buscaba hace mucho tiempo el Festival de Valladolid, los "valores humanos". Es verdad también que de las tres películas finalistas de este año, que se pasan estos días por la Filmoteca, al menos la primera (sobre el SIDA) y esta "Sameblod" (Amanda Kernell), que se pasó anoche, pueden incluirse sin problemas bajo esa etiqueta.

Ahora, dicho ya esto, también yo diría que "Sameblod", que es, si no me equivoco, la coproducción sueco-noruega-danesa que se ha llevado el premio, se ve con vivo interés en buena parte de su metraje. O yo la vi así, vaya.

Elle Marja es una vieja enfadada y terca que acude arrastrada al funeral de su hermana, una mujer inmersa en la comunidad de la etnia Sami. Pero ella dice no entender su idioma, aborrece sus canciones, detesta que la puedan confundir con una de ellos. Todo eso merece de un buen flash-back que nos explique cómo ha llegado a esa situación, y esa vuelta atrás aclaratoria es la que ocupa casi toda la película.

En ese flash-back vemos como Elle Marja es enviada con su hermana del campamento de Samis en el que cuida de un rebaño de renos a un estricto internado para los de su grupo. Allí se verá rechazada por los suecos, pasará una denigrante revisión médica para medir sus trazos raciales y será casi literalmente marcada como hacen ellos con el ganado. El argumento es bastante previsible, y ciertas cosas se notan acentuadas hasta el extremo, porque es lo que toca en estos tiempos, de la misma forma que no acabamos viendo del todo factible la existencia de esa madre indígena que más parece una modelo nórdica. Pero debo reconocer que no es que me haya identificado con esa protagonista algo desgraciada físicamente en comparación con esas beldades suecas que en ocasiones la rodean, pero si que me he dejado vencer por la tensión creada por la chica con sus ganas, su enorme voluntad, de avanzar a toda costa en su proceso de asimilación integral, dejando atrás su mundo, que ve que le es un lastre para sus ambiciones.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Cultura Film: Filmar el trabajo


Recuerdo haber ido también al CCCB a la presentación de un número temático anterior de Cultura Film, la revista filmada que llevan JG Guerra y Olga Ponoko, en esa ocasión dedicado a "Filmar un espacio interior". Hoy le tocaba el turno al dedicado a "Filmar el trabajo". Sí: Tienen una habilidad especial para escoger temas.

Diez piezas cortas han compuesto el programa de hoy. Bárbara Mateos ha extraído un magnífico fragmento de su largo "Ad ventum", mostrando a una cuadrilla de una región portuguesa subiéndose por los alcornoques y extrayéndoles su corteza de corcho, luego comiendo en corro y mostrando globalmente una forma de producción antigua, que milagrosamente sobrevive. Omar Blanco relativiza en su "Brocken Clock" el tiempo de trabajo, comparándolo con los ritmos del universo. Miguel Blasco ha aportado la pieza más divertida con su "Trabaja en cosas que no le reportan mucho dinero y, sin embargo...", una especie de diario personal que de forma ligera pero tocando fondo sólido puede ir ampliando por los diferentes temas que le planteen los de Cultura Film. Tito Montero, en su "El esplendor", habla del trabajo a partir de su ausencia, filmando las ruinas de una fábrica de loza que daba trabajo a 140 obreros asturianos. Gloria Vilches ("El farero de Salvora") se refugia en un trabajo de leyenda. Su tío, Julio Vilches, se jubilaba este año y dejaba el faro -hoy automatizado-. Coge el pasado verano una cámara de S8 (lo que da a la película una textura especial) y se dirige a la isla del faro, a hacer tomas y entrevistar a su tío, que repasa los más de 20 años que ha pasado ahí. Enric Miró da cuenta en "L'echo des jours" de que eso de los días laborables es como el día de la marmota. JCGuerra presenta un buen método, fruto de la experiencia, para el rápido fregado de toda la vajilla en su pieza, que lleva el irónico título de "Alta cocina". Y así.
A mano alzada, el respetable ha preferido el tema de "Filmar el olor" al de "Filmar el sonido" para el siguiente número temático de la revista filmada. A ver qué da de sí.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Dix jours dans la guerre d'Espagne

En el centro, subido en la plataforma, Joseph Kessel.
Lleno de contradicciones, el documental "Dix jours dans la guerre d'Espagne" (Patrick Jeudy, 2016), que anoche pasó La 2 es, con todo, interesante. Por diversas causas.
Jeudy es un realizador que veo ha hecho documentales tanto sobre temas políticos como sociales, pasando por alguno sobre Marilyn. Vamos: un poco de todo. Aquí coge los diez reportajes que Joseph Kessel publicó bajo el nombre de "La guerre est à coté" en noviembre de 1938 en Match y France Soir a partir de su visita el mes anterior a España, junto al fotógrafo (de modas) Jean Moral, en los que da cuenta de sus impresiones. Pero no lee extractos de esos artículos, sino que únicamente los comenta, mientras que un dinámico montaje de filmaciones de época y unas cuantas de las fotos de Moral los ilustran. Una parte de las filmaciones se han visto bastante, pero otra parte no, aunque TVE se ha sumado a la grosería de otros canales y cortó tras su pase bruscamente los títulos de crédito en su inicio, con lo que me he quedado sin saber de qué archivos habían salido.
Todo es un poco extraño, cómo debieron ser extraños -más literarios que informativos, buscando el efecto- los artículos de Kessel en su día. Parte para España bastante tardíamente, en octubre de 1938, cuando casi todo el conflicto con los nacionales e interno en el bando republicano ya se ha decantado. Salvo un primer recorrido en autobús desde la frontera hasta Barcelona, se aprecia que Kessel debió venir, supongo que por su fama adquirida, con un buen presupuesto. Tras unos días en Barcelona va en barco a Valencia y, desde ahí, por carretera a Madrid. Recorre las calles de la capital, acude a sus teatros y cafés, se da cuenta de la penuria de la gente, que refleja en sus artículos, pero la guerra no es más que un constante fuera de campo, hasta que el último día bombardean la ciudad. Con sangre de primera mano ya vista y explicada (las bombas han alcanzado un comedor y causan víctimas. Al día siguiente repara, además de la sangre, en los restos de sardina aún en los platos), parte hacia Alicante, desde donde finalmente puede coger un vuelo de regreso a Francia.

viernes, 24 de noviembre de 2017

La silla de Fernando


Esta noche, en La 2, colocan en una habitación una silla para que se siente ahí Fernando Fernán Gómez y se ponga a hablar de su vida, de su trabajo y de su forma de ver las cosas. Un lujo inaudito, y una velada estupenda para quien quiera y sepa escuchar.
"La silla de Fernando" (David Trueba y Luis Alegre, 2006) está programada, según leo, para las 22,10 h. Pero mejor asegurarse un poco antes, no vaya a ser que se adelante su proyección. No es cuestión de perderse algún trozo en que hable, por ejemplo, con sus inolvidables tono y voz a los que nos acostumbró, de cuando empezó a hacer de actor o de cualquier cosa.


 

jueves, 23 de noviembre de 2017

Call Northside 777

¿Un relato periodístico sobre una investigación periodística sobre un crimen del Chicago de la época? Trepidante. Aquí:
Pere Montaner
3 h
HOY VA DE CINE Y REALIDAD
Marga Iriarte nos cuenta muy bien una película en La Charca Literaria. http://lacharcaliteraria.com/inocencia-rescatada/