jueves, 5 de marzo de 2026

La horquilla

1 - Excursionistas y peregrinos hacia el balneario. Ellas dos se avanzan y conversan.

El profesor, perturbado por el algarabío.

El profesor, en la poza, repartiendo doctrina ante sus aduladores escuchas.

Teniendo en la Filmoteca, en Barcelona, una retrospectiva muy completa del cine de Hiroshi Shimizu, ¿que hago yo perdiéndomela por todos los motivos posibles? Suerte que la retrospectiva debe estar organizada por la Japon Fondation, con lo que debe extenderse a varias ciudades españolas. En todo caso, ayer pude ver “La horquilla” (“Kanzashi”, 1941) en la Filmoteca de Valencia, en una copia infame, pero que aún así me confirmó que las películas de Shimizu son un tesoro a intentar por todos los medios no eludirlas, ahora que se nos ofrece la oportunidad de disfrutar de ellas.
La primera secuencia de “Kanzashi”, pese al estado de la copia, que impedía una buena visión y entorpecía su audición, ya fascina: Por el ancho camino de un bosque avanzan lo que parecen unos peregrinos, con estandartes y música, vistiendo trajes tradicionales. Delante suyo, un par de mujeres empiezan una conversación (primera imagen). Quizás todos ellos sólo sean, como los tres o cuatro que se colocan al margen del camino para verlos pasar, grupos de excursionistas que van al balneario que será el escenario de toda la película.
El plano siguiente es una panorámica hacia la izquierda siguiendo la entrada de un grupo grande de chicas en ese balneario. Para descansar del trayecto, precisan de la presencia de todos los masajistas del lugar, que vemos dirigirse hacia donde van a atenderlas, no sin dejar de observar que, sorprendentemente, todos ellos son ciegos.
Corte entonces a un plano fijo, en el que aparece un profesor leyendo en su habitación, molesto por el algarabío que ocasionan las chicas (tercera imagen). Ha habido un muy buen raccord sonoro del entorno colectivo -la recepción del balneario del plano anterior- al privado de éste otro plano…
No sigo detallando los siguientes planos de la película, entre otros motivos porque no los recordaría. Sólo hacer notar que nos introducen en los elementos cómicos y costumbristas que van a presidir buena parte de la función: el profesor cascarrabias y agradecido cuando le muestran respeto; una pareja joven con él tan inseguro que le pregunta a cada paso la opinión que ha de dar a su mujer, lo que lo avergüenza ante el temido profesor; dos niños que lo ven todo como un juego; un nada silencioso concurso de ronquidos (en un par de las imágenes colgadas intento reflejar la idea) ; la misma vida del balneario, con por ejemplo esos dormitorios colectivos, cada nutrido grupo sobre un único tatami….
Pero la película también hace ver una escena con una situación extremadamente comprometida entre un chico (que parece ser que está interpretado por Chishu Ryu, el gran actor de tantos Ozu, pero que de tan joven no he reconocido) que en una poza del balneario se ha pinchado el pie con una horquilla, lesionándose, y la chica que accidentalmente dejó caer la horquilla (interpretada por Kinuyo Tanaka, actriz también de Ozu y otros grandes directores japoneses -especialmente Mizoguchi-, incluida ella misma, ahora muy revalorizada gracias a películas como su “Pechos eternos”), que vuelve al balneario para disculparse. Esa escena, confrontándolos a los dos desconocidos solos en una habitación, mostrándonos el embarazo que los domina a ambos, la vi como una de las mejores descripciones del carácter japonés que el cine ha dado. Ella se retira, completamente avergonzada, de la habitación, alcanzando el vecino pasillo. La cámara la sigue hasta encuadrarla allí, ya ella sola, asustada. Corte.
Y la película, claro, es principalmente una historia de acercamiento y desarrollo del amor, envuelta en un cierto halo de inquietud por circunstancias pasadas de ella que no acabé de intensificar (vamos a achacarlo al mal estado de la cinta proyectada…) y otro de nostalgia, representada por esa bellísima secuencia final, en la que advertí por vez primera la presencia de una música no diegética que redondea la impresión, con ella paseando por los mismos escenarios que compartió con él (ultima imagen que he colgado)

El joven matrimonio -obsérvese la retrasada posición de la mujer respecto al marido- preparando el complot.

Presentación entre sí de los accidéntales victima y verduga.

Los dos, dejados solos inmisericordiosament

Los dos hermanos animando la recuperación del herido.

Encuentro en el entorno del apartado balneario.

Ante la imposibilidad de dormir, concurso de ronquidos…

… entre profesor y abuelo.

La constitución de la comunidad de residentes en el balneario.

Acercándonos a la escena final.

Ella, rememorando sus espacios de memoria, que decía Moragas.


 

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