Festival D’A - 9
Soy un fervoroso partidario de buena parte del cine de Ignacio Agüero, y “Cartas a mis padres muertos” (2025) pasa a sumarse a su lista de films que lo confirman.
No cualquiera puede ponerse a hacer el tipo de cine suyo que me emociona y gusta, muy similar en su estructura a los (buenos) diarios filmados. Se necesita ser un buen narrador, tener una buena capacidad para mirar las cosas, saber plasmarlo en sus tomas y, además, tener su voz y forma de decir. Y, por encima de todo, buenas historias que trasmitir.
Él, como otros muchos, también usa su entorno más inmediato (familia, amigos, territorios) para urdir sus historias. Eso está bien, pero es que además la historia reciente de su Chile natal y en el que vive tuvo ese trágico hecho crucial que perforó y partió su recorrido. El golpe militar y la represión que le siguió se cuela por todas las rendijas de la sociedad chilena.
Su familia tiene, como indica el titulo de su película ahora presentada, un papel básico en ella, como lo también lo tiene -ya la tuvo en otra magnífica película previa- su casa familiar, junto al monte Provincia (también protagonista de otra buena película previa). Agüero se recrea en su exhuberante jardín, lleno de flores, siguiendo los recorridos de sus gatos, guardando silencio o mientras explica algo; encuentra parecidos a todas las nubes que cruzan el cielo; hace un paregírico del cine de los 70; introduce y comenta los films profesionales que el mismo rodó y los films familiares que rodaba su padre; se cuela en la fábrica metalúrgica que dirigía éste y se pone a entrevistar a un dirigente sindicalista de esa misma fábrica represaliado durante la dictadura de Pinochet.
Los desaparecidos de la dictadura, como es de rigor, tienen un papel importante y emocionalmente potente, aquí con la apoyatura de imágenes que ya utilizó en otra de sus películas. Y, como siempre, te transmite mensajes que luego te van a ir rondando por la cabeza, como esa respuesta del sindicalista a la pregunta de “¿A dónde han ido a parar todos esos obreros?”: “Los obreros están ahora en China”.
Te va envolviendo en un clima que te subyuga y, cuando, después de explicar los crímenes que se le atribuye haber cometido a Pinochet para apartar del medio a todos aquellos que pudieran hacerle sombra (como se dice de su por él admirado Franco…), callando y diciendo con pausa te explica la potente acción del nieto del general Prats, que te hace salir del cine con el espíritu un nivel más arriba de lo habitual…






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