No sé por qué, no he frecuentado demasiado la filmografía de Jafar Panahi, de la que habré visto únicamente tres o cuatro películas, empezando su visión muy tardíamente, por una atípica que hizo estando en algo así como arresto domiciliario, “This is not a film” (2011).
Ahora he visto en Filmin “Los osos no existen” (2022) y, como me pasa en general con las otras suyas vistas, me quedo admirado por cómo sabe mantener el suspense y la atención con una trama que intuyes desde el primer momento, pero no vas descubriendo de verdad sino paso a paso.
Tiene una primera parte resplandeciente, con ese personaje (el mismo Panahi, director de cine) que va a un pueblo de Irán fronterizo, sin mostrar los verdaderos motivos de su estancia, lo que intriga y hace entrar en sospechas a todos los habitantes del lugar, mientras que a nosotros mismos solo se nos da a conocer que, a distancia y a escondidas, está dirigiendo un rodaje en Turquía, al otro lado de la frontera, una ficción que tiene fuertes puntos de contacto con la historia que paralelamente se da (atendiendo a dos tipos de historia) en el pueblo iraní.
Toda esta primera parte me ha traído a la memoria las sensaciones que me aportó la visión de la hermosa “A través de los Olivos” (Abbas Kiarostami, 1994), gracias a ese luminoso retrato de la ceremonia del lavado de pies de los novios en el río o ciertos detalles de la vida en la misma casa en la que se aloja Panahi y su vecindad.
Pero, pasado ya quizás un tercio de du metraje, el trasfondo político de la película, que ya se había podido intuir, salta al primer plano, la tensión consecuente va aumentando y sigue ahí hasta el último minuto de la cinta.
Habrá que ir completando sin falta la visión de todas sus películas.






No hay comentarios:
Publicar un comentario