Ni en la esfera del trabajo (primero enfermero, siempre violinista o enredado con cosas de música) ni en la sentimental (una mujer con la que ha tenido un hijo, aunque todos dudan de su paternidad, y otra con la que se casa), ni en la de la amistad (con relaciones llenas de enfrentamientos) puede decirse que el protagonista de “The outsider”, una de las primeras películas (1981) de Bela Tarr, tenga una vida bien encaminada.
De hecho, lo único que tienen continuidad en su vida y en la película (visible en Filmin), llegando siempre a buen término, son las piezas musicales, la mayoría interpretadas por él y/o otros en directo, de principio a fin.
Tarr, precisamente, acaba la función, por acabarla de alguna forma, en un local de banquetes, pasando la atención desde su encuentro con su pareja a unos invitados protocolarios del mundo comunista en el que se desenvuelve el país que, como no podía ser de otra forma, acaban interpretando una pieza musical mientras desfilan los títulos de crédito.






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