Fue, según propia confesión, el regalo que Juncosa efectuó a Pere Portabella en el día en que cumplía 99 años. Ayer, en el aula magna de la Facultad de Geografía e Historia, se presentaba “Temps en penombra. Pere Portabella recorda a Manuel Sacristán” (Xavier Juncosa, 2026).
Sería la película más reciente de Xavier Juncosa, la que haría su número -poca broma- 117, si bien él mismo diferencia claramente entre películas y entrevistas, y ésta es, en realidad, una entrevista, montaje de diferentes tomas de una entrevista con Portabella efectuada por el mismo Xavier Juncosa y Salvador Lopez Arnal, en plano fijo, sobre Sacristán, con una longitud similar a la de un largometraje. La ha rescatado en la actualidad del material que acumuló en 2005 para la producción de la que quizás sea su magna obra en el campo del documental, la “Integral Sacristán” (2006), cerca de 13 horas de apasionante puesta al día del estado del arte sobre el mundo intelectual cultural de por aquí del momento, que se expresa en sus ocho documentales agrupados en un espléndido pack en relación con el filósofo marxista.
Con alguna repetición, lógica en una entrevista de estas características que busca explorar diversas áreas para obtener la máxima información sobre el personaje investigado, el montaje presentado, como se ha dicho en el coloquio, contiene una inapreciable información sobre ambos personajes, Portabella y Sacristán.
Portabella empieza la entrevista, tras alabar la capacidad intelectual de Sacristán, señalando las circunstancias de su primer encuentro con él. Acabado su periodo en Madrid como productor de tres películas fundamentales del cine español (“Los golfos”, “El cochecito” y “Viridiana”, recuerda haber preparado conjuntamente aspectos de la Caputxinada de 1966, el encierro en el que se creó el Sindicato Democrático de Estudiantes. Pero quizás recuerda con más intensidad el paseo que ambos dieron por la Diagonal, por el área de la iglesia de Pompeya, hablando de cuestiones artísticas (una conversación -dice Portabella-, centrada en la música de Mozart y la música barroca, que no podía mantener con ningún otro personaje político que no fuera ese), mientras la policía les cruzaba una y otra vez en una y otra dirección para perseguir a unos estudiantes que por ahí se manifestaban (como se ve, una de las anécdotas sumamente visuales que Pere Portabella gusta explicar).
También cuenta una famosa anécdota que habla de la integridad moral del personaje, como es su presentación, con una muda de reserva, en la Comisaría de Vía Laietana, para confesar ser el autor del artículo por el que habían acusado y recluido a Gabriel Ferraté y exculparlo totalmente. El retrato lo completa hablando del magnífico tiempo compartido por ambos, conversando sobre todo, en una celda donde fueron internados.
Otras reflexiones de Portabella que me parecen muy interesantes se refieren a la sensación de abismo que vislumbró la izquierda europea -y con ella profundamente Sacristán- tras la sucesión de hechos mundiales luctuosos de 1968, entendiendo que esa revolución que podía cambiar el mundo lo tenía difícil para tener éxito próximamente, u otra de buen calado, indicando que los partidos de izquierda habían ido desplazando y apartando a los intelectuales de la dirección de sus organizaciones, y ese comportamiento ha tenido, sin lugar a dudas, mucha relevancia.
La cita se produjo temporalmente en un punto de intersección entre el año Sacristán -que ha cubierto sus actividades hace poco- y la Acció Portabella que se extenderá hasta que el homenajeado cumpla sus primeros 100 años. Esta yuxtaposición se podía apreciar en el aula, donde coincidían profesores de Universidad y seguidores del filósofo (entre ellos un amigo virtual que se me corporizó al final) y otros directores y gente con gran relación con el mundo del cine, algunos no vistos en mucho tiempo.
Tras unas pocas intervenciones, el coloquio se cerró lanzando una botella al mar, para ver si alguien sabe dar razón de una película que en los años cuarenta realizó Manuel Sacristán (de la que Pere Portabella no tenía noticias, pero que Xavier Juncosa había podido saber que se rodó en Sant Feliu de Codinas y era la historia de un sombrero). Salvador López Arnal, para completar esta faceta cinematográfica del filósofo tan absolutamente desconocida, informó que Sacristán también se había presentado al premio de guiones de 1969 y le concedieran un accésit por el suyo. Si alguien puede aportar más información, o llega a saber donde se encuentra la película o el guión premiado, ya sabe….
En la entrevista, Pere Portabella tenía colocado un micrófono de corbata y si alguna respuesta suya no acababa de entenderse del todo era por su costumbre de no acabar del todo las frases de las respuestas que no correspondían a las cosas que quería dejar claras y recalcar, sustituyendo frase por algún expresivo gesto de estar en el ajo de lo que se quiere transmitir, haciendo sobrantes las palabras. A quien no se le entienden en absoluto sus preguntas es a López Arnal, porque no tenía ningún micrófono cerca. En cambio, detrás de la cámara y por lo tanto cerca del micrófono de esta, a quien sí se entienden sus preguntas es a Xavier Juncosa, que revelan, por una parte, su complicidad con Pere Portabella -con quien le ligaba su frecuentado Moyà-, pero, sobre todo, su insaciable curiosidad intelectual, que es la que nos permite gozar de su extensa obra en cine -como ésta- y escrita.
Obsérvese la fotografía proyectada como fondo de pantalla. Proporcionada por Jordi Vidal, quien está revisando para la Filmoteca todo el legado del archivo Portabella, proporciona una insólita imagen, con los dos protagonistas de la sesión en el mismo encuadre. Es en el encierro de Montserrat. Sobre la tarima, Pere Portabella. A la derecha, levantado, Manuel Sacristán. A los pies de Portabella se distingue también el rostro de Gabriel Ferrater.



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