lunes, 28 de julio de 2014

Un toque de violencia


Requerido por su ascensión a los cielos promovida en estas mismas páginas por Miguel Martín, he acudido hoy raudo a ver “Un toque de violencia” (“A touch of sin”, Jia Zhang Ke, 2013), y la verdad es que inicialmente me he preguntado las razones por las que me enviaba a ver una especie de spaghetti western, que luego seguía con una fácil fábula sobre la corrupción política, si bien punteada con escenas ya clásicas de Zhang Ke (un enorme viaducto en construcción, un dique de embarque con publicidad en medio de las aguas de una garganta inundada, unos altísimos edificios de pisos, amenazantes, entre brumas). Pero poco a poco estas historias levemente entrelazadas entre sí van drenando, convenciendo, llegando a hacerte salir apesadumbrado del cine, porque explican, de forma aproximada pero convincente, nada menos que de dónde venimos y a dónde vamos.
Venimos, se deduce, de un país embrutecido por la miseria, y vamos, a pasos acelerados, a otro igualmente embrutecido, pero por la corrupción, el juego, la televisión, el consumo.
En las escenas del interior profundo de la China el realizador pinta con brocha gorda unas caricaturas de cargos del partido y nuevos ricos, todos ellos actores de unas privatizaciones sin escrúpulos. El protagonista, que va a desatar algo más que el “toque” de violencia que promete el título (un título, a mi entender, que banaliza el film, mientras que el “sin” –pecado- utilizado originalmente resultaba más sugerente), después de cruzar delante de una imagen de la virgen que desvela el busto de Mao, da paso después a otro personaje que se ha acostumbrado a vivir en esa ley de la jungla, en la que el más fuerte impone su ley.
Vienen luego las historias que se centran en zonas en las que la moderna China ya ha irrumpido con fuerza. Primero la de un adulterio que no prospera, colocando a los adúlteros en sitios inhóspitos, y acabando también, después de la recolocación de ella en su sitio de partida, en otro baño de sangre. Luego, para cerrar ya el film, seguimos las peripecias de un joven yendo de trabajo en trabajo, todos ya correspondientes a un mundo de lo más actual. Durante un tiempo, el chico recae en el edificio de la foto, el de esas galerías llenas de ropa tendida que bordean los cubículos donde duerme la clase trabajadora de las modernas industrias. El bloque, para mayor sarcasmo, se llama “Oasis de prosperidad”.
Las cuatro historias vienen protagonizadas por cuatro personas, una en cada una de ellas, que no resisten el trance, un trance que no parece, por otra parte, ofrecer salidas más airosas que las que ellos emprenden. No en vano en su deambular se cruzan con pandillas de inmigrantes muertos de hambre o de reses que, significativamente, llevan al sacrificio. Pero sus historias son extrapolables y podrían derivar por otras muchas igualmente penosas, también sin escapatoria. Las atractivas, joviales y dinámicas guardias rojas que aparecen no son -¡ay!- sino prostitutas en su número de exhibición para que los clientes escojan.

martes, 22 de julio de 2014

Johnny Guitar desde Monteiro


Del muro de Doriano Fasoli. Rememorando Johnny Guitar desde Monteiro.

https://www.youtube.com/watch?v=WoQF6eEakgU
 

Moi, Pierre Rivière, ayant égorgé ma mère, ma soeur et mon frère...



Una imagen de este seco árbol, sin esos personajes, abre “Moi, Pierre Rivière, ayant égorgé ma mère, ma soeur et mon frère...” (René Allió, 1976), que se cierra con esta otra extraña imagen del mismo árbol, ya con esos dos personajes flanqueándolo. Si sólo se tratase de eso, ya habría para encuadrarla con un tipo de cine actual, en ningún caso con el que se realizaba por los años 70.

Buscando un DVD que necesitaba para un trabajo, pero que no he encontrado, he dado con éste, comprado hace un año –era una ganga-, y en espera desde entonces. Contraviniendo todo lo apropiado, me he puesto a verlo, para empezar a arreglar todo el caos que tengo en ese apartado de “asuntos pendientes”, que es imposible hacer disminuir, causante de tanto desencuentro. Aunque lo he visto en malas condiciones, medio durmiéndome, en francés de campesino normando a palo seco, con unos subtítulos en inglés que más bien despistaban, estoy satisfecho por conocer ya de primera mano un film famoso por los nombres que se concentraron en él (el René Allió realizador de la simpática “La vieja dama indigna” o de la mucho más cercana a ésta “Les Camisards”; Michel Foucault como base literaria; la plana mayor del “Cahiers du Cinéma” de por entonces –Pascal Bonitzer, Serge Toubiana- por el guión), que me daba cierto miedo ver, por su tema. 

Como siempre suele pasar, el film no se parece en nada al que imaginaba. La cruda barbarie sanguinaria que creía lo iba a inundar, por lo que anunciaba el título y argumento, no es tal, o en todo caso se concentra en otros campos: unas autoridades ajenas al devenir de una comunidad campesina, pero que establecen reglas y sentencias; la ignorancia, presión y dureza que envolvía y caía sobre la sociedad campesina del principio del s. XIX; cosas así.

El otro día J.L. Márquez solicitaba películas efectuadas sobre el pálpito de la escritura de cartas, o diarios. Ésta es, sin duda, pariente de ese tipo de films. No es una correspondencia en su completo sentido, pero sí obedece todo su metraje a la voz interior del desgraciado protagonista, escribiendo en unas largas confesiones las razones que le habían conducido a su crimen, y relatando cómo lo había llevado a cabo. Todo ello puesto en contraste con los diferentes informes y encuestas de las diferentes autoridades políticas, judiciales y científicas que aparecen atraídas obligada o voluntariamente por el caso.

miércoles, 9 de julio de 2014

Pasolini vx Illich


El día antes de la inauguración de La Casa de la Paraula. Con un estupendo olor a madera recién cepillada, y un deslumbrante espacio del que no desvelo demasiado, para mantener la sorpresa de la inauguración: salita de estar, largo y amplio pasillo que incorpora una cafetería y sala de exposición (que se estrena con cuadros de Jean-Marc Hild) y precede al grueso de las estanterías de libros y al pequeño auditorio. Ahí hoy Alfons Garrigós y Silvia Grünig han puesto en diálogo a Pier Paolo Pasolini con Ivan Illich, en el último acto de la temporada del grupo Projecte Pasolini Barcelona.
Stefano Puddu, que ha ejercido algo más que de moderador, ha hablado de dos gigantes que salían de los senderos rodados, y que se anticiparon a lo que ahora ya de forma generalizada vemos. Se ha hablado de decrecimiento, de cuestionar a un "desarrollo" que es "como un soplo que aparta a la gente de su espacio vital, que cambia la forma de vivir", de la mutación antropológica, que ha modificado hasta las caras de la gente. También de la institucionalización, que roba a las personas su capacidad de actuación, y de un palabro -la contraproductividad- que hace que, a partir de determinando nivel, las novedades del desarrollo causen el efecto contrario al esperado. Ya se sabe: venga carreteras y automóviles, por ejemplo, que llevan a la paradoja de unos tiempos en recorridos diarios mucho más largos.
Desde la mesa nos han dibujado a un Illich interesado en cuándo nacieron las palabras / conceptos que nos invaden, ya que el lenguaje no es en absoluto inocente. En ese punto nos hemos dicho que, de volver en este momento, ambos se morían ipso facto, con sólo escuchar un poco lo que se suelta continua e impunemente por aquí.
Con todo esto, y abriéndose al público, la mesa se ha ido haciendo redonda y hasta de muy buen rollo. Quizás demasiado, y todo el mundo se ha ido contagiando del tono de voz de Silvia Grünig, que había bajado continuamente la cabeza en auto reflexiones, hacia dentro, que en ocasiones se hacían difícilmente audibles por el final de la sala (nos hemos dicho que, por mucho que molestase a Illich, no habría ido mal un micrófono para ella). Y como Illich se ve que lanzaba la aseveración de que lo único que podía enderezar la cosa -cualquier cosa- era la amistad, ha sobrevolado un cierto tono místico por la sala, envalentonada y decidida a leer venga cosas de uno y otro de los pensadores confrontados. Esperemos que eso no frene los proyectos del grupo para celebrar ese año Pasolini que están planificando (aunque parece que ésta era una de las palabras que no gustaban a Illich) para el periodo noviembre 2014 - noviembre 2015. Uno de esos actos podría ser una segunda parte del acto de hoy, que no ha estado nada mal, y que merece más discusión y derivadas.
En la foto, Stefano Puddu, Silvia Grünig y Alfons Garrigós con ese increíble fondo de olivo digno de jardín japonés.


 

Los rojos y los blancos


Sobre el papel era el pase de una película más del ciclo de la Filmoteca sobre la primera guerra mundial, presentando un episodio no muy conocido de la guerra entre rusos blancos y bolcheviques, éstos últimos ayudados por un batallón de voluntarios húngaros. Pero la sesión de esta noche de “Los rojos y los blancos” (1967) albergaba en realidad una de las más bellas películas de Miklós Jancsó, con una cámara en continuo movimiento que no para de registrar cargas y avances de caballería gracias a largos travelling desde un coche o helicóptero, ejecuciones sumarias, idas y venidas –avances y retrocesos- de rusos blancos y rojos en persecución mutua, y amplios paisajes a orillas del Volga y algún afluente, sin olvidar desde un heroico –e inútil- martirio grupal coreando la Internacional hasta una delicada secuencia con banda de música interpretando el “Señorita, deme un beso…”, que deriva en un baile entre los abedules con toques de Botticelli.
No obstante, la belleza innegable del film, como me decía un colega, no viene acompañada en esta ocasión de una fuerza explicativa, de una base teórica, a su nivel. Sales convencido, eso sí, de que se trató de una larga y desordenada contienda en la que se cometieron sanguinarios desaguisados por ambos lados (en plan aristocrático por uno de ellos, con masacres similares a elegantes cacerías, pero también con ejecuciones ejemplarizantes que a la vez dejan clara la diferencia de clase entre blancos y mongoles; evitándose in extremis las muertes o en off cuando son provocadas por el otro bando). Pero no queda clara mucha cosa más. Lo que aquí son dos fugaces apariciones del campesinado alcanzará en películas posteriores de Jancsó, quizás dolido por eso, rango de protagonismo.

lunes, 7 de julio de 2014

À propos de Nice

Postals – 228
“A propos de Nice” (Jean Vigo, 1930)
Obsequio de la Federació Catalana de Cineclubs, un fotograma de una de las magníficas escenas de la Promenade des Anglais, el entonces paseo burgués por excelencia de Niza.



jueves, 3 de julio de 2014

Conte de llops


Preparo los ciclos esos de "Ombres mestres. Les lliçons dels grans del cinema" (no traducible el juego, pero más o menos "(S)o(m)bras maestras. Las lecciones de los grandes del cine" con Pau Pérez Uslé, quien ahora me da, en parte contento, en parte decepcionado con ciertas cosas, el fruto de varios años de trabajo: su cortometraje "Conte de llops" ("Cuento de lobos").
Es, a escala, pero en cualquier caso realmente, una superproducción. Quizás una causa perdida, como el doble cuento que, como el título del cartel, refleja la película. Se embarcó a hacer el único corto en película cinematográfica, en 35 mm, de toda la última hornada, con complejos movimientos de cámara, noches, lluvias, nieve, ruinas, orquestas y hasta animales, y entre ellos lobos.
Narra una (se debe repetir: doble, una doble que en cierto modo amplío ahora, y espero que no se ofenda, a triple) historia. La de unos soldados -y da un poco igual que se trate de los de la guerra civil española- que están ya en las últimas de su aventura, más pendientes del mundo que perdieron y al que quisieran volver que en el fantasmal en el que en verdad se encuentran. La de, por otra parte, unos exploradores surgidos en la ficción del "Colmillo blanco" de Jack London, emparentados por el realizador con un hilo muy íntimo con los anteriores. Y, añado yo, la de un ingeniero que, sacando el tiempo y el dinero de donde ha podido, se ha embarcado a hacer esta historia de perdedores que evoca en su tono a la épica, a la narración clásica. Una historia que Peckinpah habría rodado, pero que no sé si habría tenido la paciencia necesaria para seguirla y dejarla como está, lejos de un explosivo y escandaloso baño de sangre final. Pau acaba la historia donde y como tiene que acabar, pero lo suyo ha sido ir planteándolo, como algo ineludible, pacientemente.
Ahora el corto inicia su ronda por festivales de todo el mundo. A ver si alguien se fija en él, y le presta la atención que merece.

miércoles, 2 de julio de 2014

El hombre con la cámara



Esta tarde a las 19h en el Centre Cívic Urgell, con entrada gratuita –aunque parece que se llena-, se podrá ver cómo una chica se despierta y lava al mismo tiempo que lo hace su ciudad. Sus ojos parpadean, dejando pasar u ocultando la luz, como estas persianas, o la misma cámara.
Aunque se trata más bien de un acto musical, en el que Anna Francesch y Max Villavecchia cantan y tocan el piano sobre el fondo de la proyección, en este caso, de “El hombre con la cámara” (Dziga Vertov, 1929), Rafel Miret suele hacer para estas sesiones una pequeña introducción cinematográfica sobre el film. Hoy no podía, y me pidió si yo podía hacerlo en su lugar, así que situaré un poco, hasta donde llegue, la cosa.
El enlace a la actividad:
(Los fotogramas que cuelgo los he sacado del librito “Dziga Vertov. L’home a la camera”, de Fréderique Devaux, 1990, uno de la magnífica colección Long Métrage, de las Éditions Yellow Now)

martes, 1 de julio de 2014

Volker Schlöndorf en la Filmoteca


Es Volker Schlöndorff hoy, en la Filmoteca, disponiéndose a presentar tres capítulos de sus conversaciones con Billy Wilder. La foto está esquinada y él lejos porque, habiendo tenido la enésima confusión con el nombre de la sala, creía que se hacía en la grande, y he estado haciendo tontamente tiempo antes de entrar...
La entrevista, que Schlöndorff hizo en paralelo con Hellmuth Karasek, y que también dio lugar al libro de este último que editó Grijalbo, se pasó en su día por la TV, y es, para un servidor, conjuntamente con la que montó Antonio Drove con Douglas Sirk (ahora invisible...), una auténtica lección de cine, que no debería dejar de verse en una escuela que se precie de enseñar a futuros realizadores.
En ella, Wilder, en su oficina de Los Ángeles, repasa diversos aspectos y detalles de sus películas, reflexiona sobre las necesarias cualidades de un director desde el punto de vista de un guionista ("lo importante es que sepa leer"), defiende que un guionista no debe entrar nunca, en su guión, en el papel de realizador ("sólo debe anotar si la escena es de noche o de día") y, con la ayuda de una varilla de esas que acaban en una manita, rascándose de tanto en tanto con ella la espalda, deja caer unas cuantas apreciaciones cargadas de verdad, que rozan la alta filosofía ("una mujer extremadamente guapa siempre roza el límite de la fealdad") o buena sociología ("la gente -el espectador, vaya- no quiere verdades que le hagan daño").
También hace unos retratos muy fiables de Marilyn Monroe o de Cary Cooper, de quién desvela, por cierto, su infalible técnica para el ligue.
Schlöndorff, hay que decirlo, no destacará precisamente como realizador por esta cinta, y habrá que esperar a sus otras películas de la retrospectiva que arranca ahora la Filmoteca para alabarlo en lo que vale, pero hay que agradecerle que deje a Wilder explicarse convincentemente, y que, para completar el retrato, reproduzca íntegramente el discurso que leyó en el funeral de su compañero guionista durante 25 años, I.A.L Diamond. Un discurso que honra a quién lo recibió póstumamente y a quién lo escribió, y también una lección, quizás, de ética y de saber hacer.
La sesión de hoy acababa con la mejor lección de todas. Una lección que iría bien que cundiese en tanto realizador que, groseramente, presenta todo hasta el último detalle, sin ningún pudor... y con nula eficacia. Hablando del intento de suicidio del personaje de Shirley Mc Lane en "El apartamento", Wilder sienta cátedra: siempre de espaldas a la cámara las escenas de emoción dolorosa. Off stage. Fuera de campo.

domingo, 29 de junio de 2014

Viva la libertad


Dirigiéndose en un mitin abarrotado de gente, Enrico –que es Giovanni- Oliveri, apunta hacia un anónimo asistente y señalándole, le asegura que es a él a quien habla. Y se confiesa:
“Nuestra causa va mal. La oscuridad aumenta. Las fuerzas disminuyen. Ahora, después de haber trabajado durante tanto tiempo nos hallamos en una situación peor que al comienzo. Sin embargo, el enemigo sigue ahí, más fuerte que nunca. Sus fuerzas parecen acrecentadas y presenta un aspecto invencible. No se puede negar que hemos cometido errores. Nuestro número se reduce. Nuestras palabras de orden se encuentran en desorden. El enemigo distorsiona muchas de nuestras palabras hasta hacerlas irreconocibles. Aquello que dijimos, ahora parece falso: ¿Mucho o poco, con qué contamos ya? ¿Somos lo que ha quedado, marginados de la corriente de la vida? ¿Marcharemos hacia atrás, sin nadie que nos comprenda y sin comprender a los demás? ¿No hemos tenido suerte? Tú preguntas estas cosas. No esperes ninguna respuesta salvo la tuya.”
Es una de las dianas de “Viva la libertad” (Roberto Andó, 2023) que, antes de que la quitasen de la cartelera, por fin he visto hoy.
(El verso de Bertolt Brecht lo he sacado de la “Colección Antológica de Poesía Social”)

viernes, 27 de junio de 2014

El sastre de Óscar Pérez


Pasando hacia el Coolaso i Gil ayer,imposible no hacer una foto a "El sastre", el de la película de Óscar Pérez. Aunque no me atreví a hacérsela directamente. Miraba muy penetrantemente...

viernes, 20 de junio de 2014

L'exhibició cinematogràfica en un Mon digital


Está mañana, sesión interesante en la Filmoteca, organizada por el "Servei de Desenvolupament Empresarial", sobre "L'exhibició cinematogràfica en un Mon digital".
Primero las conferencias de ponentes internacionales que han pasado una semana por aquí hablando de estos temas. Luego, discusión entre distribuidores y exhibidores, con un enemigo común en la piratería y en la avaricia recaudatoria -y en ocasiones tontería, porque con cosas como el brutal incremento del IVA se ha demostrado contraproducente- de los gobiernos, que han dejado ver lo heavies que deben ser las discusiones sectoriales. Por último, el foco en una base educativa para buscar al público del futuro.
Yo he ido, a parte de por curiosidad malsana frente a todo lo anterior, para oír la mesa de la foto, centrada en la exhibición alternativa (festivales, cine-clubs, cinematecas,..). Ya hablaremos, pero quizás el resumen sería que toda esta red, como ha dicho Esteve Riambau, no se vea como alternativa (o con ellos o conmigo), sino como complementaria. A ver.

 

martes, 17 de junio de 2014

Jaime de Armñán y Julieta Serrano en la Filmoteca


Riendo, como si se tratase de una broma, o como si no fuera consciente de que una buena proporción del auditorio, a partir de ese momento, ha arrugado el entrecejo y no le ha querido oír más, Jaime de Armiñán ha empezado su intervención hoy en la mesa redonda de la Filmoteca protestando por los parlamentos anteriores, que, ha comentado, podrían haber sido en una lengua que todos entendemos, como el castellano.
A parte de afear un poco esa falta de educación para con el homenajeado del día (junto a Julieta Serrano), como quien no quiere la cosa Armiñán ha dejado claro el bajo nivel de quien ha hecho su presentación, Isona Passola, actual directora de la Academia de Cine catalana: "No quiero que me pongan plumas que no tengo. Estupenda profesión, que sí tuvo mi padre, pero yo no era periodista como has dicho. Sí en cambio que he hecho centenares de guiones para televisión, y he amado el teatro, cosa que no has mencionado. Si me hubieras preguntado, te lo hubiera explicado". La excusa de la Passola ha dejado a la academia catalana -"eso es lo que me han escrito en este papel"- a la altura del betún. Porque, de hecho, a parte de decir lo contenta que estaba de presentar a Jaime de Armiñán, y de poner a "Mi querida señorita" como una película muy combativa contra el franquismo, sólo ha leído los nombres de sus películas...
Pero también palo para Judith Collell, a la sazón en el papel de vicepresidenta de la Academia Española, quién presentando a Julieta Serrano sólo ha sabido decir una y otra vez que estaba muy contenta, porque la había conocido en los años 80 y desde entonces habían coincidido en varias películas y eran muy amigas y era tan guay. Todo, como se ve, de gran interés para el auditorio. La Serrano es más discreta que Armiñán y, al margen de demostrar que realmente sí son amigas, no le ha afeado que no haya dicho ni por asomo que, al margen de al cine, se ha dedicado en cuerpo y alma, (y con estupendos resultados, añadiré yo) al teatro.
Después de todo esto, Armiñán ha explicado cosas más o menos conocidas, pero muy divertidas, sobre "Mi querida señorita" y López Vázquez, completadas a viva voz por Mónica Randall, que también corría por la platea, pero no las escribo, porque esto sería bastante más largo que lo que ya es.
Esteve Riambau, como si hubiera previsto algo de todo ese rifirrafe inicial, tenía preparada una lectura de la introducción de las memorias de Jaime de Armiñán, que ha supuesto el colofón perfecto, en armonía. En ella, con una prosa destacable, Armiñán pasaba revista a la variedad de dulces de cada una de las zonas de toda la geografía española que contempla el niño autor, ensimismado ante el banquete al que le invitaba un escaparate de pastelería. De repente, un impacto hace añicos el cristal. Adiós banquete. La lectura de ese texto ha sonado, realmente, conciliador. Marcando a donde no hay que llegar de ninguna forma.
En la imagen, Esteve Riambau, Jaime de Armiñán y Julieta Serrano posan para los fotógrafos de prensa... y algún infiltrado, justo antes de bajar a la sala de proyección.

Julieta Serrano en la Filmoteca


Casi me sentí identificado con el chico de la foto en cuanto la descubrí: Tuve esas gafas, pelo parecido y estaba enamorado de la chica que le mira atenta, quizás algo desconfiadamente: nada menos que la actriz Julieta Serrano. Pero no: Era Alfonso Ungría, el realizador de “El hombre oculto” (1970), la película que me la dio a conocer… y a apreciar.
Hoy a las 20h, en una sesión abierta gratuitamente a todo el que quiera ir, la Filmoteca no pasa esta película, sino la que la hizo famosa para el cine, “Mi querida señorita” (1971). Allá, recibiendo el homenaje, estarán Julieta Serrano y Jaime de Armiñán. Ella quizás más conocida por sus interpretaciones teatrales, él lo fue todo en un tiempo como realizador de magníficas series para la TV. Merecen, digo yo, que se les arrope un poco…

sábado, 14 de junio de 2014

Las dos caras de enero

Hacía mucho que no iba al cine (a una sala normal de cine, quiero decir). Quizás por esto la experiencia con “Las dos caras de enero” (Hossein Amini, 2014) me ha sabido como a rito antiguo. No es que la sala, como sorprendentemente le ha pasado a la señora de atrás, me haya resultado “muy mona”, pero sí que he entrado en la red tendida por el film, un film que yo diría que, hace no tanto, sería de esos que aguantarían mucho en cartel en un cine céntrico.
Tiene todos los ingredientes para ello. Se viaja (Atenas, Creta, Istanbul -incluso la bajada por el cementerio hacia la mezquita de Eyüp Sultan-), se repasan mitos clásicos (el fatal olvido de Teseo para con su padre como base argumental), se juega a los autobuses y sitios públicos con los protagonistas acosados por la policía típicos de Hitchcock,… Y, por qué no reconocerlo, presenta una trama cíclica –Patricia Highsmith voló alto en esta desconocida novela, que aún no sé por qué se llama así-, con padres a los que, en el fondo, les sabe mal decepcionar a sus hijos. Una trama de fondo que llega a hacer salir del cine –si te dejas- hasta un poco tocado emocionalmente.
Y, para reencontrarte con el rito antiguo del todo, puedes fijarte en esos detalles tontos en los que siempre te fijabas en las películas, haciéndote ver que no eran sino eso, sólo películas: Las maletas se nota a la legua que en el rodaje, para que los actores no sufran demasiado, estaban completamente vacías; para dar ambiente de época (1962) a un paraje urbano de Creta, algún sabio americano colocó, como atrezzo, una más que improbable Velosolex; en un café de la isla, para desayunar ofrecen al americano (en lo que parece, indudablemente, un chiste privado) nada menos que un Donut.


viernes, 13 de junio de 2014

Sér Joan Fuster

Ha estado muy bien hoy Octavi Martí en su presentación en la Filmoteca de "Sér Joan Fuster" (Llorenç Soler, 2008). Ha empezando, viendo ese desolador vacío entre las butacas de los espectadores que muestra la fotografía, diciendo que, en el fondo, había una cierta razón de ser para programar un documental sobre el escritor de Sueca el día en que empezaba el Mundial de Fútbol. Porque, pese a su notoria inteligencia, tenía muchas veces grandes fallos en su análisis sobre la realidad concreta. Para Joan Fuster, continuaba después, la Cultura popular era Raimon, cuando la realidad señalaba hacia Nino Bravo.
Llorenç Soler elaboró un muy interesante documental para la Universidad de Valencia, con entrevistas a una treintena de personalidades, siguiendo la biografía intelectual de Joan Fuster. Un documental que habla tan bien o incluso mejor que el "Del roig al blau"(2005, pasado en la sesión anterior) sobre la profunda debacle sobrevenida en el país valenciano en la transición.
Joan Fuster, en afortunada frase de Octavi Martí, que ha tenido su noche antológica, y convendría que se imprimiera su intervención, era una persona que en Valencia producía urticaria. Va perfecto está película para no olvidarlo.


miércoles, 11 de junio de 2014

Las maquetas de tren en el cine

Hay entre los ingenieros asociados un grupo que siente una pasión casi enfermiza por las maquetas de trenes. No soy uno de ellos, pero hoy tenía ahí una cita ineludible, porque Jordi Font-Agustí les hacía una sesión sobre los films que han utilizado maquetas de trenes como elemento significativo en lo que explica la película.
Está empezando a recopilar material, lo que explica que no hubiera reparado en la escena que siempre cerraba aquella atractiva serie de "Los Vengadores", por lo que sí alguien sabe de alguna, le hará un favor pasándole el dato.
Las secuencias que ha pasado no eran, en general, el acabose. En todo caso ahí estaba la escena de seducción sobre la maqueta de tren y mucho más que culmina "Europa" ( Lars von Trier) y aquel divertido accidente entre las locomotoras de tres niños grandes en "Murmullos en la ciudad" ("People will talk", J. L. Mankiewicz ). Pero me ha gustado especialmente el cómo ha dividido las utilizaciones habituales de las maquetas en el mundo del cine: elemento para definir un personaje, correlato del mundo real,...


martes, 27 de mayo de 2014

Era el mes de mayo


Sólo había visto de Marlen Khutsiev la –extraordinaria- escena inicial de “Tengo veinte años” (1964), que me dejó boquiabierto, y sin saber que era suya hasta que me lo han dicho entrando hoy a ver en la Filmoteca “Era el mes de mayo” (1970), la única que he podido pescar de su ciclo. Aunque me han comentado que no es su mejor película, o quizás por ello, me he quedado con enormes ganas de ver todas las demás.
Arranca con unas imágenes de las tropas rusas acabando con la última resistencia de Berlín, y termina con otras imágenes “documentales”, de época ya “actual” combinada con otras imágenes/toque de atención, que redondean lo que el film quiere explicar, y explica muy bien. En medio de esos dos momentos, se pueden distinguir a su vez dos partes muy diferenciadas. Ya han pasado cuatro meses de la guerra y un joven teniente y cuatro soldados esperan destino en una granja alemana. Allí duermen todo lo que no han podido dormir antes, comen y beben bien, contemplan y hasta bailan con la mujer del dueño de la granja. El protagonista, el teniente, se pone cada mañana a oír un disco, que significativamente es el “J’attendrai”. Realmente, tienen todo el tiempo que quieren para reflexionar, y los espectadores con ellos, sobre qué será de su vida en el futuro. Pero una noche un amargo descubrimiento cambia súbitamente toda su perspectiva, y se dan cuenta que han ayudado a acabar con algo inhumano, que debiera ser irrepetible.
Si tuviera que quedarme con una escena, escogería el largo trayecto del teniente en su motocicleta, acudiendo raudo y feliz (acaba de beber una buena cantidad de vino) a la llamada de unos camaradas. La cámara le coge sonriente en contrapicado desde la rueda delantera, o lo ve evolucionar por caminos limitados por árboles, cuyas ramas la cámara de tanto en tanto también deja ver pasar, recordando escenas parecidas de Dreyer o Lang, y ofreciendo un momento de plenitud difícilmente superable.
Habrá que esperar a una segunda oportunidad de ver los films de Marlen Khurtsiev, sin que esa vez nada impida acudir…