sábado, 13 de agosto de 2016

Las palabras de Max



Pues va a resultar que, muy lejos de sus "Ocho apellidos...", el Emilio Martínez Lázaro que me gusta es el primero, ese "Las palabras de Max" (1878) que he vuelto a ver hoy por TV. Claro que ya en su momento se decía que era, más que nada, un producto Querejeta". Es, ciertamente, una producción Querejeta, que cuenta con sus imprescindibles Teo Escamilla en la dirección de fotografía y Luis de Pablo como responsable de su música. Pero es que, además, Elías Querejeta consta como su guionista junto al director.
Arranca con Max, su protagonista, por la cincuentena larga, efectuando una serie de llamadas telefónicas frustradas desde su casa, con la misma ansiedad que parece estar buscando algo durante todo el metraje. Tiene un reencuentro con un amigo, se lía con una chica mucho más joven (Myriam de Maetzu) y tiene los periódicos encuentros que le permiten la custodia compartida con su hija de trece años, que encarna precisamente Gracia, la hija de Querejeta. Con todos va rememorando, confuso, su situación, valorándola y explicando(se) los hechos que le han llevado a ella.


En un momento, estando en el despacho en el que parece trabajar de abogado laboralista (como en la vida real el sociólogo Ignacio Fernández de Castro, quien le encarna en el film), se asoma a la ventana y ve las enormes flechas que cruzaban la fachada del edificio del Movimiento en la calle Alcalá de Madrid. Un gesto para asociar sus tribulaciones con las de una época muy precisa.
En otro momento, un detalle cinematográfico que me ha parecido muy bien encontrado. Bajan él y otra persona en un ascensor desde un piso elevado. La cámara va siguiendo el descenso recogiendo el salto de la luz del número de un piso al inmediatamente inferior. Ellos, pero con ellos el espectador, no pueden sino imaginar en ese preciso momento la vertiginosa caída libre que debió sufrir el día anterior el suicida sobre el que ha ido a interesarse.
Con Myriam de Maetzu, una presencia que se me quedó muy grabada, en la pantalla, en algún momento me he visto a mí mismo en esa época, viendo la película, buscando no se sabe muy bien qué, de forma similar a su personaje.

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