domingo, 16 de abril de 2023

Cuatro noches con Anna


Un Jerzy Skolimowski que al menos yo no conocía está disponible hasta final de mes en Arte Tv: “Cuatro noches con Anna” (2008).
Cámara en casi continuo desplazamiento por raíles (o al menos dando esa impresión) siguiendo a Okrasa. Un hacha nueva, reluciente. Banda sonora en suave, muy amortiguado redoble de tambores y descubrimos la posible evidencia -terrible- sobre la naturaleza del asunto en el que penetramos, pero el redoble sigue como musiquilla de fondo.
Sin apenas diálogos, tenemos tiempo para observar al ajetreado protagonista, que a su vez observa a su vecina, en un film que se suma a la lista de canónicos films de voyeurs.
Lo que dio pistas de ser una tremebunda y violenta película, se convierte en una historia con plena apariencia de cuento de hadas.




 

jueves, 13 de abril de 2023

Cahiers -Quintana- vs Positif -Riambau-


Un poco como la pareja de “Les sieges de l’Alcázar” (Luc Moullet, 1989), que fue precisamente evocada, a la izquierda Àngel Quintana, cahierista confeso, a la derecha Esteve Riambau, devoto del Positif, pero departiendo sin problema, con experiencias similares.
Fue ayer, en la biblioteca de la Filmoteca, con motivo de la presentación de “Sempre tindré Paris” (Àngel Quintana, L’Avenç, 2023), un libro, según su autor, más de reflexión -cosa que se le suele dar muy bien- que de memorias -cosa que averiguaremos pronto qué tal se le da-.
Ya veremos qué depara su lectura, pero por lo que explicó ayer Quintana en esta etapa de su “Never ending tour” -no perdió la ocasión para recordarnos que es un forofo de Dylan-, el texto es deudor de dos lecturas suyas recientes: la de la escritura del yo de Annie Ernaux, siempre más pendiente de los pequeños hechos de la vida cotidiana que de los grandes acontecimientos, y la novela de aprendizaje a lo Balzac: como el Lucien de Rubempré de “Las ilusiones perdidas”, él sería en el libro el provinciano que se dirige a Paris, para ver de vivir en la Corte.
Habrá que proceder a la lectura pescando las referencias literarias (Rayuela, Benjamin, Perec) y literarias (“Un americano en Paris”, “Ninotchka”) que nos comentó estructuran la escritura y la cruzan -esas y otras ayer no comentadas- por todos lados.
Según su cálculo 90% con hechos verídicos más o menos novelados, 10% dando cuerda a la fantasía, lo cierto es que la base de “Sempre tindré Paris” es la privilegiada mili que hizo en la capital francesa, acompañado de su amigo el también periodista Miquel Riera, cuando, en 1984, la fortuna le ofreció una de las bolas del bombo que estaban marcadas con el bonito calificativo de “excedente de cupo”.
Al final del libro, tras los agradecimientos, siete páginas registran los “materiales referenciados”. En ellos aparecen títulos de libros (presididos, es verdad, por varios de Balzac), películas (de “À nos amours” a “Zéro de conduite”), canciones (de “À une pasante” -Léo Ferré- a “The passenger”, de Iggy Pop), obras de teatro (del “1789” de Arianne Mnouchkine al “Tannhäuser” de Wagner dirigido por Istvan Szabo) y pinturas (como el “Bal du Moulin de la Galette” o varias de Balthus).
Dicho sea esto último para abrir boca, aumentando el apetito de un manjar que promete.



 

El médico de Budapest



Pues me he sorprendido viendo hasta el final “El médico de Budapest” (István Szabo, 2020, Sundance Channel). Por lo menos me ha parecido mucho más interesante que las películas que protagonizaba a principios de los 80 Klaus María Brandauer que se estrenaron por aquí, alguna del mismo Szabo.
Brandauer sigue igual de insoportable, pero ahora puedes achacar su nerviosismo a un efecto de los años que se le han echado encima, la ansiedad asociada a la vejez, con lo que la película sale ganando.


 

miércoles, 12 de abril de 2023

Sempre tindré Paris


París ha ejercido de escuela de tanta gente… Josep Palau i Fabre, cuando obtuvo el rechazo frontal de la burguesía catalana, tuvo la suerte de una beca en la capital francesa que le salvó la vida, y allí se quedó ya como exiliado. Joan de Sagarra, que solía narrar sus andanzas infantiles por la ciudad, hizo de ella su residencia en su juventud y de la Cinematheque uno de sus sitios más frecuentados. Y la lista de entre gente con intereses artísticos con esa muesca en su biografía se puede hacer larga.
Àngel Quintana, singular crítico de cine y actualmente decano de la Facultad de Letras de Girona, debe ser el benjamín de los que tuvieron ese baño iniciático en París, sesiones y más sesiones en la Cinematheque incluidas. Seguro que, entre otras cosas que explorarán esa entelequia -o no: discutiamo, discutiamo!- del cine moderno, hablará de ello en la conversación que sostendrá en la Filmoteca mañana jueves, a las 19,15h, con Esteve Riambau.
Lo digo porque ha llamado al libro que viene a presentar “Sempre tindré Paris”, y le ha puesto en la portada una foto suya de por esas fechas.
Así que París. París y Torroella. Claro que la catedral del chiringuito la tiene en un rincón del antiguo puerto de L’Escala, mirando al Cargol.




 

martes, 11 de abril de 2023

One of our aircraft is missing


Según parece la primera película firmada a dúo por Michael Powell y Eric Pressburger, “One of our aircraft is missing” (1942) es también ejemplo de su buen hacer.
Basada en una historia escrita por el mismo Pressburger, forma parte de sus producciones efectuadas durante la guerra. Aquí no hay sino desprecio por los soldados alemanes como invasores, pero no se denigra a su población civil, recordada con añoranza por uno de los protagonistas, que había visitado su país años antes. Se subraya el heroísmo de los militares británicos, pero los elogios, atemperados por el humor de la flema inglesa, se compartien también con los vertidos a los holandeses, convertidors para la ocasión casi todos ellos en resistentes.
Como suelen hacer, un avance misterioso se ofrece al público para acuciar su curiosidad: un avión parece volar sin tripulación. Pero su historia -avisan- se inicia dieciséis horas antes, y así vemos a la tripulación del bombardero británico preparándose para un raid aéreo sobre Stuttgart, con el objetivo de destruir la fábrica de la Mercedes Benz.
Ya en el avión, del que vemos el poco espacio que dejan los cables y demás material para los humanos, unas tomas aéreas, que debían ser espectaculares en esa época, narran con detalle el paso del canal (el ruido del motor no oculta el encogimiento de corazón que debe suponer dejar de ver su país, quizás para siempre), el cruce de la línea costera holandesa (el ruido atronador marcando la tensión creciente), las señales geográficas (línea de ferrocarril, río) seguidas para la orientación de la nave…
Porque se trataba de un DVD, porque si hubiera sido una cinta de 35mm lo que proyectaron ayer, diría que se habían saltado la penúltima bovina: la proyección duró unos treinta minutos menos que anunciado en las bases de datos y en la pantalla de la taquilla de la misma Filmoteca. Unas acciones del rescate final de los pilotos no acababan de entenderse, pero no importa demasiado: puedes fácilmente atribuirlo a la habilidad narrativa de las elipsis del dúo de geniales realizadores.


 

lunes, 10 de abril de 2023

El moviment perpetu


He pescado por el Canal 33 (¡tanto que había faenado por ahí y tan pocas bancos de peces que lo circulan ahora!) “El moviment perpetu”, un documental sobre la historia de la danza contemporánea catalana que no sabía que Isaki Lacuesta había realizado en 2013.
Empezando por los “esbarts” y acabando por el vídeo danza, tiene por uno de sus conductores a Cesc Gelabert, a quien Martí Rom y yo dedicamos una monografía (libro y vídeo) de esas del Cineclub Associació d’Enginyers el 1990. El vídeo, realizado por Martí Rom, tuvo incluso un premio en un festival de vídeo-danza de los que se desarrollaban en ese momento en el que la danza contemporánea parecía copar todos los locales de espectáculos.


 

El artista anónimo


Que no se malinterprete: “El artista anónimo” (“Maestro desconocido” sería una traducción más certera; Klaus Härö, 2018), pese a su pase ahora por Sundance TV -¿o quizás eso es la demostración?-, es una película de factura de lo más convencional, con una música ambiente tópica y omnipresente y una evolución argumental de lo más previsible.
Y, sin embargo, qué agradable ver una historia con un personaje creíble, algo tan fácil pero poco habitual como ambientada en el centro (antes de su degradación) de una capital europea (aquí Helsinki), con muchas escenas en una galería de pintura, otras en unos archivos de la materia o en una casa de subastas, o mostrando el ajetreo del paseo con un tranvía que no es de atrezo. Casi hasta se le perdonan sus trillados chisporroteos sentimentales.




 

viernes, 7 de abril de 2023

Corsage


Hay bastante polémica, y yo suelo ser de los detractores, con las actualizaciones de obras, con las tergiversaciones en películas supuestamente históricas. Pero en cambio me gusta un montón el descaro de Marie Kreutzer en su “Corsage” (2022), colocando todo el muestrario de anacronismos posibles en su visita a la emperatriz Elisabeth de Austria.

Un acierto de casting mayúsculo (hubo, a mi entender, también algún error) hizo que el personaje, lleno de pensamientos y hechos modernos, estuviera interpretado por Vicky Krieps. Un mal menor, que el encorsetamiento del que hablaba el título original se sustituyera por el pacato “La princesa rebelde”, digno de los distribuidores de nuestra postguerra.

A la salida, he visto que Miquel Izard, antiguo profesor de Historia de America en unas clases abarrotadas y llenas de humo (y no me conoce, pero me dio una matrícula de honor), se acercaba a la taquilla de la Filmoteca y les decía: “Si esto es de lo mejor del año pasado (se proyectó ayer en un ciclo con las películas escogidas por la crítica como mejores del 2022), cómo serán las peores!”

No estoy de acuerdo con él y, al contrario, entiendo su selección. En la Filmoteca también lo deben ver así, porque excepcionalmente  han programado tres sesiones con ella: a final de mes habrán otras dos. 

La ville des silences



Para Le Milieu (Club espagnol d'amis du polar):

Si el objetivo de este grupo es dar a conocer alguna película del género que haya pasado desapercibida, quizás no esté mal censar por aquí una rareza, “La ville des silences” (Jean Marboeuf, 1979), que han pasado por TV5Monde.
En ella Jean Pierre Cassel es un más que improbable detective llamado para investigar unos extraños anónimos que asustan a los miembros del consejo de administración de la caciquil empresa dueña por completo de la localidad de Creuzeville.
El detective, que se desplaza en Velosolex, y actúa en un principio sin ton ni son y luego apasionadamente, se encuentra al llegar que han asesinado al patrón de la compañía.
Mundo provinciano, dudosas operaciones inmobiliarias, barreras acomodaticias de la población, asesinatos paulatinos… Todo ello servido a base de un montaje sincopado, que realmente evita la acomodación y dando por resultado un film laberíntico, bastante confuso, con un mensaje político pese a su apariencia de comedia desenfadada.


 

jueves, 6 de abril de 2023

La batalla del Río de la Plata

El capitán del Graf Spee y el de un mercante británico hundido, departiendo.

El capitán británico, curioseando el buque estrella alemán.

El comodoro de la flotilla de cruceros británicos, hundiendo una estrategia para atrapar al Graf Spee.

“La batalla del Río de la Plata” (1956) es la típica película de batallas navales de la II Guerra Mundial, pero rodada por Michael Powell y Émeric Pressburger. No es que se escape demasiado del relato triunfalista sobre la heroicidad del vencedor, pero alguna cosa de ellos tiene.
A mí me ha interesado, primero, por otros motivos. Me parece que no llegó a estrenarse nunca en España y se perdió entonces un seguro espectador, como sin duda habría sido mi padre, entusiasta y gran conocedor de las batallitas navales (vistas desde lejos) con protagonismo británico. Sabía recitar toda su flota, y discernir todas las siglas que empleaban.
El episodio evocado por el film, la caza del acorazado alemán “Graf Spee”, que había hundido cantidad de barcos desde el inicio de la guerra, por parte de tres cruceros británicos, con el sorprendente final de la nave, me lo había explicado alguna que otra vez, y hasta creo recordar que ilustrado por dibujos del Ilustrated London News.
Toda la presentación inicial de la situación es impecable y muy espectacular la precisión visual -dadá la época de la película- de operaciones como el aprovisionamiento (con hombres y combustible) desde el barco nodriza al Graf Spee.
A Powell y Pressburger les podemos atribuir, supongo, ciertos colores del film y todo ese dibujo que hay en él del respeto por la casi perdida caballerosidad entre enemigos (aquí siguiendo el código del mar), algo que también vertebraba, por ejemplo, su “Coronel Blimp”.
Cuando la cosa se pone un poco pesada con la batalla, las pérdidas de vidas y materiales ocasionadas y todo eso, la acción se traslada inesperadamente a Montevideo, donde, además de los embajadores europeos de las naciones en liza, aparece la ciudad festejando su neutralidad y entreteniéndose con el espectáculo del acorazado alemán en su puerto. Por ahí surge hasta Christopher Lee ofreciendo una versión de chulo latino muy curiosa.
Una visión aérea de los terrados de la embajada británica y las calles de la ciudad de Montevideo, por cierto, me recordaron, aunque aquí se trata de un plano fijo y no de los casi tropicales movimientos de cámara del referente, a “Soy Cuba” (1963), de Kalatanazov. Aquí no hay el choque entre lo soviético y el tropicalismo, pero la confrontación del espíritu latino con la supuesta flema británica también tiene su cosa.
La vi anoche en la Filmoteca, donde la vuelven a pasar esta tarde.


El embajador británico en Montevideo, asomándose al balcón.
 

Boxing Gym




Conversación técnica entre cerebros de chorlitos.

Me he saltado con dos películas de Frederick Wiseman de las ahora colgadas en Filmin el orden cronológico que quería respetar entre las que me faltaban por ver, porque eran ya de las larguísimas (espero tiempo más propicio, como unas vacaciones de Semana Santa, verano o algo así), y he llegado a “Boxing Gym” (2010), pese a que trata un tema que no me interesaba lo más mínimo. Pero por algo es Wiseman, un documentalista que sabe estimularte la curiosidad ante lo que sea con tal de ser él quien explore y te presente lo detectado.
En este caso no se trata de una gran institución oficial la que acogió a Wiseman con su equipo por una larga temporada, pero sí supongo que se tratará de toda una institución en su mundo, el Richard Lord’s Boxing Gym de Austin (Texas).
Primera conclusión: que las mujeres han logrado introducirse y alcanzar una buena cuota de presencia en un ambiente que parecía estarles vedado. Claro que no sé si esa conquista les será de provecho, pero ahí está. Y no sólo se da la sorpresa de verse mujeres en el gimnasio de Richard Lord, ubicado en una escondida y anodina nave industrial de la ciudad texana. Por el documental también vemos un anciano practicando, y diversos niños, hasta un bebé. De modo que puede ser considerada una afición familiar…
Recogiendo muchos menos diálogos que otros de sus documentales (pesca al vuelo, eso sí, uno sobre una matanza de esas allá casi habitual en la escuela de ingeniería local), con apenas una escena “de oficina”, en la que el patrón plantea los requerimientos del gimnasio a un nuevo candidato, he presenciado en cambio un montón de ejercicios de brazos, de piernas, de cuerpo entero y, sólo al final, de boxeo en un ring.
Ya tengo, creo, bastantes nociones teóricas sobre la materia. Ahora sólo me hace falta ponerlas en práctica.





Parece que el gimnasio se trasladó…
 

martes, 4 de abril de 2023

Un fin de semana en París



No es una película típica de Mubi, pero es en esa plataforma donde ahora se puede ver, si bien con el inconveniente de ir sólo subtitulada en inglés (o alemán) para acompañar su versión original.
“Le week-end” (“Un fin de semana en París”, Roger Michell, 2013) cuenta básicamente con dos buenos actores británicos (Jim Broadbent y Lindsay Duncan) encarnando a un matrimonio ya de edad que se ofrece eso que se supone son las delicias -a cualquier precio- de París y un par de evocaciones al baile de Anna Karina, Claude Brasseur y Samy Frey (aquí Jeff Goldblum) en “Bande à part”.




 

Happiness





He dado con una serie que, cuando menos, aporta un aire curioso. Empieza como una comedia protagonizada por sofisticados y modernos habitantes de Teherán, sigue como una juvenil road movie que atraviesa todo Irán, con parada en Shiraz y acaba junto al mar.
Una forma de ver un Irán bastante diferente al esperado.
Es “Happiness” (Pouria Tavakar, 2021). Son quince episodios de cinco minutos cada uno y puede verse en la cadena Arte TV (versión francesa) en farsi subtitulado en francés. Por si alguien siente curiosidad.


 

lunes, 3 de abril de 2023

Los dos últimos Bellocchios


Tengo para mí las dos últimas peliculas de Marco Bellocchio, “Marx può aspettare” (2021) y “Esterno notte” (2022), como dos de los momentos de cine mas agraciados de los últimos tiempos. Por eso suelo leer todo lo que veo que habla de ellas, y más si se trata de declaraciones de su autor.
Cahiers du Cinéma dedica en su número de marzo un artículo y le hace una entrevista a Bellocchio sobre “Esterno notte”, esta última extendida en el correspondiente número de “Positif”, que incluye también un magnífico texto interpretativo del film escrito por Yannick Lemarié, otro sobre “Marx può…” de Jean-Dominique Nuttens y, por último, otra entrevista específica con Bellocchio.
El texto de Lemarié dice una serie de cosas que me han resultado sumamente de interés a la hora de reflexionar sobre la película. Entre las cuales, tras situar el tema del film en la turbulenta historia de esos años del plomo, con los que la ha querido inscribir Bellocchio, las siguientes:
-Que Bellocchio nos cuenta en la película “la vulnerabilidad de una nación que lucha para preservar una unidad socavada por la guerra del 39-45. (…) Ni los jefes parlamentarios, ni los militares, ni el Papa, ni los militantes revolucionarios están preparados para trabajar conjuntamente. Y la segmentación misma de la serie acentúa esta impresión de fragmentación, casi de desintegración”.
-Que se puede analizar en cada personaje que ha perdido su fe en lo suyo.
-Que, frente a este “campo de ruinas espiritual, sólo sobrevive la figura del sacrificado (…), quien acepta todos los riesgos por el bien de la República. Se convierte en esa víctima expiatoria cuya sangre salvará a todo el país, ese nuevo y temporal Cristo cuya ejecución restablecerá la concordia nacional. Además de por la evocación de ‘Cristo se paró en Éboli’ (Francesco Rosi, 1979), los indicios de tal asimilación se multiplican: la atención que Moro presta a los niños y al pueblo; su manera de hablar, digna de un prelado; su debilidad en el momento de enfrentarse a la muerte; su forma de regresar entre los vivos, incluso su cólera final”.
Y acaba recordando el libro que leía la brigadista en “Buongiorno, notte”: “Sacra famiglia”, comentando que “en esa breve obra, Engels y Marx defendían el amor como una manifestación de la naturaleza humana y una forma de tomar en cuenta las realidades sociales”. Justo lo que sostiene todo el pensamiento de Moro.
Por su parte, Nuttens, en su artículo explica que “casi simultáneamente a la realización de ‘Esterno notte’, cuya finura de análisis y sensibilidad tanto impresionan, Bellocchio asume un riesgo posiblemente aún mayor abriendo su puerta para desvelar a todos, sin narcisismo, buscando la verdad, lo que ha construido al cineasta, al hombre en el que se ha convertido, a la obra que ha creado. ‘Marx può aspettare’ toca el corazón de lo que ha explorado toda su vida: la relación entre lo íntimo y lo político en amplio sentido, la alianza del documento, de la objetividad y de la exploración de las fuerzas oscuras que atraviesan cada individuo. Es bello, es perturbador, es universal”.
Corre un chorro de satisfacción por las venas de uno cuando ve escritas, bien hilvanadas, buena parte de las reflexiones que han asaltado torpemente tu cabeza.


 

sábado, 1 de abril de 2023

Walk-up




El otro día me recordaron el nombre de Hong Sang-soo como claro heredero de Éric Rohmer pero, fijándome un poco, no creo estar demasiado de acuerdo. Es cierto que en las películas de ambos los personajes hablan que se las pelan, poniendo en evidencia sus pensamientos y anhelos o, por lo menos, su carácter, pero los temas que tratan uno y otro, aunque en alguna ocasión aparezca en Sang-soo también el azar en forma de encuentros fortuitos, me parecen muy diferentes.
Por otro lado, la planificación de ambos difiere enormemente. Rohmer prefería, es verdad, que fueran sus personajes los que dinamizaran con sus movimientos la acción, frente a que fuera la cámara la que la marcara. Hong, por su parte, suele mantener la cámara fija, pero en planos muy sostenidos, ante unos personajes hablando que no suelen entrar y salir de ese encuadre, cosa que sucede a menudo en Rohmer, porque en él son esos movimientos y disposiciones de personajes en cuadro, apareciendo o posicionándose juntos o separados, parcelando la imagen cuantas veces sea necesario con la cámara (por ejemplo, en una conversación), fundamental en su forma de hacer.
Me fui fijando en todo esto ayer viendo, otra vez con gran satisfacción, “Walk-up” (Hong Sang-soo, 2022; Festival D’A), que sigue la pauta de sus películas anteriores, con un poco más de duración (97 minutos)
En la película aparece también un premiado cineasta que causa admiración, encuentros que suponen la bebida de notables cantidades de alcohol (si bien aquí es vino del caro, dejándose el soju para momentos solitarios) que implican irse algo de la lengua. También está ésta estructurada a base de unos cortes temporales bastante sorprendentes, que obligan al espectador a, tras unas cuantas dudas, darse cuenta de que ha pasado el tiempo en otra inesperada elipsis. Y, por último, también surge la referencia al “extranjero” (por el mundo occidental) como admirado modelo cultural y de vida.
Detrás de la apariencia de un ser de personalidad arrolladora se descubre también que anidan los temores, casi infantiles, más profundos. Quizás lo que sea nuevo es ese explicito reconocimiento de la ignorancia absoluta sobre la generación de los hijos.
Como recurso utilizado en otras de sus películas, en una escena vivimos dos posibilidades evolutivas, ambas sólo en la mente del protagonista. E, incluso, la en un primer momento desconcertante secuencia final la veo personalmente formando parte de ese constante dar opciones, en su cine, para considerar las historias que vivimos como espectadores ya como reales, ya como imaginarias.