Acabo de dejar temporalmente “Au travail avec Eustache” (Luc Béraud; Actes Sud, 2017) sólo iniciado, pese a que lo que leía me era de sumo de interés, porque he tenido que ponerme a leer otro libro que debo devolver, pero me ha dado tiempo -además de confirmar detalles sobre el modo en que Jean Eustache abordaba películas tan personales suyas como “Mes petites amoreuses” y “La maman et la putain”- para ver problemas que han de abordar los ayudantes de dirección, como era el caso de Béraud entonces.
Una es la obtención de permisos para rodar en determinados lugares que, huelga decirlo, al menos Eustache siempre planteaba como irrenunciables, “porque allí es donde tiene lugar la escena”..
Es el caso de “Le train bleu”, el histórico restaurante de la Gare de Lyon, que dará pie a una de las secuencias más emocionantes de “La maman et la putain”, tanto por confirmar la filiación de Jean Eustache con Murnau y su “Sunrise” como por facilitar muy buenas claves para la interpretación del global del largometraje que, presentado en el festival de Cannes de 1973, catapultó a la fama al director.
Traduzco el hilarante relato de Béraud sobre el particular:
“No conocía ese restaurante (…). Después de una rápida investigación me entero que es el más elegante de la Estación de Lyon. Voy y descubro ese sitio tan extraordinario, tesoro de estuco, rococó y pinturas murales. El restaurante es inmenso, con un techo altísimo, está en un piso sobre la estación. Por lo tanto ruidoso, costoso de iluminar y que necesita una figuración importante. El género de sitio del que huye un localizador de decorados. Pido hablar con el director y le hago el discurso que me había preparado: primer film, equipo minúsculo, rodaje rápido, sin dinero. El hombre, muy educado pero ligeramente arrogante, me dice que él no conoce a ese señor Eustache, pretendidamente fiel cliente de su restaurante, pero me ruega decirle que Orson Welles, John Huston y George Cukor quisieron rodar ahí y se les denegó la autorización. ‘Entonces, vea Ud, su señor Eustache con su película en blanco y negro…’
Cuando volvió a decir el resultado de su trabajo a Jean Eustache, “su cólera subió de golpe y el veredicto cayó, definitivo:
-Bien. ¡Entonces paramos del todo el film!”

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