No estoy muy fino, y me daba mucho palo bajar ayer hasta la Filmoteca para ver en la sesión de las 18 h una película de nada menos que 180 minutos, acompañada de un cortometraje de otros 10.
Pero me debía absolutamente a “Reprise” (Hervé Le Roux, 1996), muy difícil de ver, en la que reparé en el momento de su estreno en Francia cuando el Cahiers du Cinéma le hizo una cobertura importante. “Numax presenta”, la película de Joaquín Jordà, ya tenia entonces unos cuantos años sobre sus hombros.
Aunque me da la impresión que gran parte de los espectadores de “Numax presenta” la seguían viendo como el relato de la epopeya triunfante de unos obreros que habían ocupado y hecho funcionar una fábrica, Jordá ya no creía en ese momento en ese tipo de cuentos de hadas, y filmándola estaba interesado, sobre todo, en esa chica que al final del film, en la fiesta de despedida del encierro con baile incluido, decía convencida a la cámara que a ella no la volvían a atrapar, y que ya no intentaría de nuevo trabajar en nada parecido.
Algo similar debió sentir Hervé Le Roux al ver la imagen de esa chica del corto “La reprise du travail aux usines Wonder” (Jacques Willemont, 1968) que se resistía a cesar en la huelgo de ya trece días que habían emprendido durante el mayo francés, en contra de la opinión de los delegados de los sindicatos, pues había experimentado que ese trabajo era una tortura.
Le Roux decía haberse preguntado qué habría sido de esa chica (por su parte, Jordá, para responderse a esa misma pregunta hizo “Veinte años no es nada”) y la investigación de ese extremo conduce toda la película.
Pero pronto veremos que ese no es sino un subterfugio para, de una forma firme y constante, ir preguntando a los diferentes protagonistas del lugar y momento, obteniendo así como resultado un retrato impresionante de las condiciones de la clase obrera, la evolución de la misma y la casi absoluta desaparición si no del trabajo sí de la conciencia de clase. Pero no únicamente eso, sino también de las líneas enfrentadas de actuación de los diferentes activistas de la época (comunistas, maoístas). Es curioso ver que, salvo algún caso de obrera que aún conserva dentro todas las ideas que le inocularon de cría, muchos exhiben una mirada con enorme conciencia de los casi treinta años transcurridos, viendo con hasta tolerancia y buen humor las exageraciones de su postura de entonces.
El recorrido, pese a un frío pelón que se me fue metiendo en el cuerpo, intentando yo vencerlo poniéndome primero una bufanda, luego guantes y finalmente mi abrigo como manta de cobertura, se me desveló apasionante. Sobraba, en cualquier caso, haber pasado en la sesiòn los diez minutos previos de la grabación de Willemont, lo que al menos podía haber reducido la duración total en ese tiempo: Porque sus imágenes aparecen y se repiten en la película un montón de veces, pues Le Roux se las pasa a todos los entrevistados, esperando ver su reacción al, despues de tanto tiempo, verlas.
Al final de la sesión conté los supervivientes que habíamos llegado hasta los títulos de crédito finales: seis.







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