domingo, 24 de octubre de 2021

A man and a camera

Una obra de Cisquella.

La sombra inicial del realizador. Luego aparece también algún reflejo suyo… en el cristal de la puerta de algún vecino.

Me había dejado muy buen sabor de boca “Stranger In paradise” (Guido Hendrikx, 2016), que me pareció un interesante y a la vez autocrítico film sobre la opinión general sobre la inmigración, con lo que, sin pensármelo dos veces, he acudido al aún más curioso, posiblemente también autoparódico y, en cualquier caso, nuevo film suyo, indagador sobre la sociedad en que estamos insertos, “A man and a camera” (2021; en Filmin).
La cámara filma inicialmente un conglomerado asfáltico, estilo obra materia hiperrealista de Josep Cisqueloa, con unas manchas que a mí, de tan acostumbrado a verlas en pantallas, me han parecido de abundante sangre, vete a saber en qué crimen producidas.
Pero, por una vez, la cosa no va de eso. La cámara emprende movimiento, va registrando todo tipo de pavimentos y luego se pone a hacer otro tanto con todo lo que ve en la vecindad.
Pronto el que filma no debe contentarse con eso y empieza a llamar, silencioso, grabando las reacciones, a las puertas de las casas. Se suele encontrar con gente divertida, intrigada y finalmente enfadada ante su mutismo y falta de explicación sobre su actuación.
Alguno le invita a entrar en su casa, aún con el cámara sin abrir la boca, y tenemos pues la oportunidad de entrar en sus reinos privados.
La reflexión es libre. Puede ir desde un apunte de la intromisión de las cámaras en nuestra sociedad, y la reacción de ésta ante esa intromisión, hasta simplemente una forma de enfrentarnos a nuestro propio reflejo, de invitarnos a conocernos mejor.
Los interiores de las casas que aparecen, todos bastante parecidos, hablan, ciertamente, de un modelo muy extendido por el mundo rural holandés. Todo lo otro que se deduce sobre la gente que ahí habita, mucho más extensible.


Ponerse a recoger todo lo que ve por el entorno.

Y llamar a las puertas.

Manteniéndose callado, sólo grabando, cuando abren.


 

sábado, 23 de octubre de 2021

Curso de cine oriental

La pieza de arcilla del Museo Nacionsl de Irán, con su dibujo precursor.

Gabriel Veyre

El primer Godzilla.

Ozu neorralista.

En Vic lleva ya 18 años un festival bastante especial, el “Nit de Cinéma Oriental”. Su director es Quim Crusellas, quien a la vez es el presidente de uno de los cineclubs catalanes más veteranos y activos, el Cineclub Vic.
Pues bien. La Federació Catalana de Cineclubs ha organizado un curso online de Cine Oriental a cargo de Quim Crusellas y empezó el jueves.
En su primer día, Crusellas prefirió dar una visión de lo amplio del tema suscitado y fue navegando por cuestiones muy diversas.
La cuestión histórica quedó muy bien anclada con imágenes de una arcilla guardada en el Museo Nacional de Teherán, que viene a ser un predecesor (unos miles de años antes) del zootropo, con los dibujos de una cabrita en movimiento, como puede verse al hacer girar la pieza, y con las andanzas de Gabriel Veyre, uno de los camarógrafos enviados por el mundo por los hermanos Lumière, o con la mención al primer Ozu, predecesor del Neorrealismo.
Pero pronto vimos que el barrido iba a ser de lo más global, porque no olvidó mencionar la serie de Godzilla o esas infumables óperas revolucionarias filmadas que no llegaban a nuestras latitudes pero que centraron, todas con los mismos mimbres (un cuidado exquisito y medios en su producción, una aborrecible trama moralizante tendente a mostrar el heroísmo y precisión del gobierno chino y la clase trabajadora) el cine de la República Popular China durante mucho tiempo, ahora aún seguida la cosa por el de Corea del Norte.
Tampoco pudimos escapar de una secuencia con relamida canción del cine de Bollywood y sus estratagemas para vencer la férrea censura sexual, ni unas cuantas tortas aceleradas del original kung-fú, para luego recabar la atención de su heredero cultural, estéticamente impecable (“Hero”, de Yimou).
Por no faltar hubo hasta una entrevista en directo con Marc Bernabé, traductor de mangas y anime, quien reveló ciertas dificultades de traducción del japonés, pues se ve que en ese idioma utilizan muy frecuentemente las onomatopeyas. En este sentido, resultó muy divertido conocer el origen de unas expresiones que el personaje de la serie televisiva Shin Chan, muy popular en Cataluña, utilizaba constantemente y se popularizaron fuera de la pantalla.
Quedan aún dos jueves más del curso. Según comentó, el próximo jueves (y me duele, porque deberé abandonarlo a mitad) se centrará en los grandes autores. Supongo que contactando con la Federación aún se podría inscribir quien estuviera interesado.


“Hero” (Yimou)

Dos populares actores hindús dándoles al cante expresivo.

La joven guardia roja debe estar bailando por la gloria de su máximo dirigente.

Marc Bernabé en un cameo.

 

viernes, 22 de octubre de 2021

Daratt estación seca


“Daratt, estación seca” (Mahamat Saleh Haroun, 2006; en TV5Monde) habla de la escisión que una antigua guerra civil causa en las personas de un país.
Con sus escasos diálogos, su habilidad para escoger sus encuadres y colores, me ha resultado, en realidad, un soberbio documental sobre el Chad de su época de rodaje.





 

Komissar



Unas pocas escenas iniciales bastan para dar a entender el poderío de las imágenes de “Komissar” (Aleksandr Askoldov, 1967), un film basado en una obra nada menos que de Vasili Grossman.
Unas tropas del ejército rojo se acercan a una ciudad de Ukrania durante la guerra civil rusa. Un soldado jovencísimo se adelanta, solitario, a lomos de su caballo, entrando en la ciudad. Lentamente va pasando por las calles adoquinadas, su escopeta a mano, hasta que llega a la plaza y comprueba que la ciudad está despejada de enemigos.
No sé si la plataforma Mubi ha cambiado de programadores, pero la verdad es que últimamente no se luce demasiado con las películas que va diariamente presentando. Por eso, antes de que en el anunciado par de días la saquen de su catálogo, le he echado ese vistazo aunque no me decía nada el nombre de su director. Me he quedado prendado, comprobando que la película es todo un monumento, que deja ridículas todas las que van intentando introducir día a día.
La trama presenta a una comisaría del ejército rojo, una fuerte matrona que no se arredra ante nada, que cuando reconoce su embarazo, va a vivir para dar allí a luz a la casa de una familia numerosa, judía.
Por todos lados del film se encuentran hallazgos visuales y sonoros. Más adelante, un encuadre contrasta la fragilidad de unos niños desnudos con la brutalidad de una pieza de artillería que pasa por delante de su casa con el correspondiente estrépito. Una secuencia en la que tiene lugar un parto da pie, en la mente de la parturienta, a su recuerdo de acciones bélicas previas por un desierto, que surgen y se distorsionan por la fiebre y la sed que realmente siente. Luego una estampida de caballos ofrece otras impresionantes imágenes, que remiten al cine de los maestros soviéticos de los años treinta.
Leo que la película, que centra parte de su atención en esa familia y por extensión en la comunidad judía, no sentó nada bien a los directivos de la sociedad productora soviética, fue retirada sin poderse ver durante veinte años y Aleksandr Askoldov, que entregaba con ella su primera obra, pasó al ostracismo, sin poder realizar nunca nada más.





 

martes, 19 de octubre de 2021

Lucky Chan-sil


Quien va a ayudar a Lee Chan-sil en su primer proyecto tras la muerte del famoso director a quien había hecho de productora, le retira su apoyo. Para justificarlo le dice alegremente que, teniendo un estilo tal propio el Director Ji, ha llegado a la conclusión de que su papel en sus películas había sido irrevelante y que él habría hecho lo mismo con otro productor.
Tiene su qué esté diálogo de “Lucky Chan-sil” (Kim Cho-hee, 2019), que hoy ha estrenado Mubi, porque su directora había adquirido un cierto nombre, precisamente, haciendo de productora para Hong Sang-soo…
Habría que saber si la separacion de caminos entre Sang-soo y Cho-hee ha sido circunstancial o definitiva, amistosa o tirándose los trastos a la cabeza, pero debe ser lo primero. Al menos a ella le ha salido una amable comedia de superación, en la que narra el duro camino de la protagonista para abrirse un mínimo camino, después de haber dedicado en cuerpo y alma su vida a los proyectos de ese director.
Y se le aparece Tony Leung en camiseta imperio o coincide con uno en que están viviendo una escena de Ozu.





 

lunes, 18 de octubre de 2021

Sous le soleil de Pialat

Sandrine Bonnaire explicando el giro de su decisión, cuando había dicho que no quería rodar con Depardieu.

¡Te has convertido en una actriz! - le dice profundamente decepcionado Maurice Pialat a Sandrine Bonnaire en el set de “Sous le soleil de Satan”.
Aparece, junto alguna que otra joya más de este estilo, en el programa “Sous le soleil de Pialat" (William Karel, 2021), que felizmente me han avisado podía verse en el ARTE en francés (abajo de todo el enlace), bien es verdad que a palo seco, sin subtítulos, por lo que se pierden (al menos a mi me pasa), pequeños detalles.
He dicho que contiene varias joyas. Ahí están unas cuantas escenas de sus películas, o la famosa entrega de la Palma de Oro en Cannes, en la que Pialat respondió al público que le silbaba cuando subía al escenario para recibir el premio de manos de Yves Montand aquello de (más o menos) “Ya sé que no os gusto, pero sabed que vosotros tampoco me gustáis”.
Pero las verdaderas joyas, a mi entender, son las pequeñas entrevistas a actores de sus películas que, en su momento, se sintieron maltratados y hasta torturados por un Pialat que iba siempre al límite, buscando que desapareciera el aspecto profesional, para que -según comenta acertadamente Serge Toubiana- sus actores no interpretaran, sino que fueran.
Por ahí pasan, sincerándose, Isabelle Huppert, Natàlia Baye, la misma Sandrine Bonnaire (confesando que Pialat podía ser tanto terrible como mostrar una ternura increíble) o Sophie Marceau, que fue la star que hizo el papel que no pudo hacer Sandrine Bonnaire en “Loulou” y que denunciaba lo terrible de tener que luchar no con un Pialat, sino con dos (el otro era Gerard Depardieu).
También aparecen estallidos de genio de Pialat en diferentes rodajes, uno de ellos con la respuesta, ya desquiciado, de Guy Marchand. O la sorpresa del casting de Sandrine Bonnaire para “À nous amours”.
Pero, decididamente, el trozo del documental que más impresión me ha causado no lo explico aquí para hacerlo en un futuro “Casi lloré al ver esta escena en el cine”. Tiene como protagonista a Gerard Depardieu, que previamente ha narrado muy bien el impulso que llevó a Pialat a rodar su último film, “Le garçu”, cuando el realizador estaba a la vez feliz por haber tenido un hijo del que podía ser su abuelo, pero enormemente triste porque pensaba que no lo podría ver cuando tuviera 20 años.
Invito a acudir al siguiente enlace aunque sólo sea para ver eso en concreto (hay que acudir, en ese caso, al final de todo y que aparezca un Gerard Depardieu pasando un mal trago):

Depardieu en una broma del rodaje de “Sous le soleil de Satán”. Sí entendí bien, rodado en un documental que hizo William Karel.

Serge Toubiana, que acompañó a Maurice Pialat en sus últimos años, cuando ya estaba muy enfermo, explica en el programa varias cosas de primera mano.

El momento que señalo.





domingo, 17 de octubre de 2021

Bostofrío




Como en “A toca do lobo”, en “Bostofrío” (Paulo Carneiro, 2018, igualmente en Filmin) el realizador también quiere investigar sobre su abuelo y éste es el tema de su documental. Sólo que el abuelo de Carneiro no era un escritor, sino un hombre de campo que nunca llegó a reconocer a su padre.
Como para marcar la diferencia, ya en la primera escena una vecina, reacia, envía a la mierda a quien le va a preguntar, aunque luego cambia de opinión y empieza a largar sobre el personaje, un bicho ciertamente arisco y nada ejemplar.
Paulo Carneiro va a la aldea portuguesa, cercana a Galicia y nos va descubriendo desde el primer momento un soberbio paisaje invernal muy solitario, un mundo rural duro, bastante intocado y volcado al trabajo para poder sobrevivir. Un mundo que, posiblemente, más allá de ese hombre que tuvo varios hijos y se desentendió de ellos, se convierte en el auténtico protagonista de la función.





 

Cartas de guerra

No aparece en la película. Es una fotografía relativamente reciente de Antonio Lobo Antunes en su casa de a Lisboa, efectuada por Manuel Llórente.

El oficial médico jugando a ajedrez con el comandante, que considera la guerra un terrible error.

Su mujer.en Lisboa. En la banda sonora va leyendo las cartas que recibe de él.

Todo el mundo, toda la temible experiencia africana de Antonio Lobo Antunes, que le marcó de por vida, está presente en “Cartas de guerra” (Ivo Ferreira, 2016; en Filmin).
El intercambio de correspondencia entre el oficial médico Antonio en Angola y su mujer, embarazada, en la metrópoli, lleva toda la película, al tiempo que vas viendo y sintiendo las miserias, el sinsentido de una guerra que arrastró a Portugal y a todos sus habitantes en edad militar durante largos años.


Los bellísimos paisajes de un país en guerra.


 

sábado, 16 de octubre de 2021

A toca do lobo

Tomaz de Figueiredo y su hija pequeña (la madre de la realizadora), paseando cogidos de la mano.

Gracias a la contratación de una serie de films portugueses en Filmin podemos ahora conocer “A toca do lobo” (2015) y a una nueva realizadora de ese país que ya lleva haciendo cine desde finales del siglo pasado, Catarina Mourão.
Al menos en esta película practica esa estructura que ahora ya nos es bastante conocida: nos explica que ciertos elementos se le han aparecido de forma encadenada impulsándole a investigar su historia familiar. Construye y monta sus escenas de tal forma que nos da la impresión de ir avanzando en la investigación al mismo ritmo que ella. Básicamente interrogando a su madre, viendo fotografías familiares, documentos oficiales,… vamos sabiendo de líos de herencias, circunstancias personales de esas que se suelen cubrir con algún que otro velo, como era de metódica la temible PIDE y los usos y costumbres que regían en el Portugal de Salazar.
Todo eso la uniría a un paquete de films, más o menos poéticos, de recuperación de la memoria, pero es que además éste tiene de particular que el abuelo de la realizadora y pieza clave de la función es Tomaz de Figueiredo, un famoso escritor del país vecino, del que, de primera mano, salen así a la luz pública historias de esas que restaban bajo el manto del secreto.


El álbum de fotos familiar, elaborado por la madre.

La realizadora preguntando a su madre ante la cámara.

Un archivo de la PIDE sobre un familiar. En el film se explica que, cuando se hicieron públicos los archivos de la policía política de la dictadura, el expediente de este personaje, tío de la realizadora, constaba de 17 archivadores.

 

viernes, 15 de octubre de 2021

Inspector Bellamy


Es extraordinario el efecto que causa, alejado de lo de todo lo que puede verse hoy en día. Por una cosilla que tengo entre manos veo “Inspector Bellamy” (2009), que no es que fuera uno de los Chabrol que más me impresionara y por otra parte apenas recordaba.
Pues bien: aún ahí, en una película marcada además por el protagonismo de un ya entonces enorme -en todos los sentidos- Depardieu, aparecen unas cuantas escenas con cosas de puesta en escena que te dejan boquiabierto.
Una primera introductoria, que de hecho envuelve toda la película, sobrevuela, al son de una canción, la tumba de aquel que decía que quería ser enterrado en el cementerio de Sète, porque estaba a cuatro pasos de su casa: Georges Brassens.
En seguida aparece otra muy significativa, que selecciono mentalmente. El famoso Bellamy, ya retirado y de vacaciones en Nimes, se dice:
-Tiens, tiens!- mirando intrigado por la ventana (e intrigándonos a los espectadores) a alguien que merodea por su jardín y, a continuación, pasamos a seguir una de esas comidas que sabemos marcaron buena parte de la carrera de Chabrol. En la mesa, Depardieu con su mujer y el dentista de ésta.
Tirando ya hacia por el final, Bellamy está paseando con su mujer. Casi se cae en un agujero, pero no lo hace, según dice el mismo, gracias a la suerte, su enorme suerte, de tenerla a ella a su lado, y pasa a abrazarla como si le fuera la vida en ello. Mira por dónde, damos ahí con un impulso muy Nouvelle Vague, que bien podría ser de Truffaut.
Para que el recuerdo a Truffaut coja más substancia, por el final vemos a Bellamy subiendo una escalera (pareciera que Chabrol, sádico subido, hubiera disfrutado haciendo subir continuamente escaleras a un para nada ágil Depardieu/Bellamy…), mirando y valorando en voz alta las piernas de una chica de la trama, tal como hacia el personaje de Charles Denner en “L’homme qui amait les femmes” o concordando con la única visión que tenía desde su subterráneo el de Tritignant en “Vivement dimanche”.
Seguirán más Chabrol, porque debería ver los máximos posible.