viernes, 2 de septiembre de 2016

Rabin, el último día


En el comité de investigación la pareja de jóvenes intenta inútilmente dejar sentado que, más allá del autor material del crimen, a punta de pistola, y de los fallos de seguridad, la responsabilidad del asesinato debiera caer sobre quienes lo han incitado y creado el clima para ello.

El caos reinando en el momento del asesinato, dando pie a pensar si no vendría dado por una conspiración. En la película, una inquietante música, junto a inusuales planos como éste (¿de una cámara real del momento, no del set de la película, recogiendo la escena?).

De tanto en tanto se recuerda: Israel es la única democracia real de la zona. En la acusación final de la película, hecha para llevar a la reflexión a los habitantes del país, curiosamente se refuerza esa idea justo mientras se la cuestiona: Se trata de una brutal acusación, directa, al Likud y a Netanyahu, actual primer ministro israelí, que difícilmente podría lanzarse y mostrarse en un film impunemente de no tratarse el país de una democracia.

Estoy hablando de "Rabin, el último día" (Amos Gitai, 2015, visible en Filmin), una larga, larguísima película (153 min) que, erróneamente, conceptúan como documental. En ella asistimos a la recreación de los detalles del asesinato de Isaac Rabin el 4 de noviembre de 1995, tras un discurso suyo en una plaza de Tel Aviv para apoyar el tratado de paz de Oslo, por el que se iba a la separación en dos estados -uno para los palestinos- de Israel. También aparecen recreados en la película ciertos hechos previos (la ocupación de un terreno por unos ultras para efectuar un nuevo asentamiento, consejos de rabinos en los que se lanza la idea de parar los pies como sea a Rabin,...) o directamente reflejadas otras de las grabaciones preexistentes (manifestación del Likud, con su líder incitando a llamar asesino a Rabin, noticias televisivas). Son recreados después también otros momentos posteriores (sobre todo, los trabajos de un comité de investigación creado con el encargo de discernir si hubo fallos de seguridad que facilitaron el atentado: un comité que corta toda posibilidad de hablar de las causas de fondo que han llevado al asesinato). Por último, recoge el film declaraciones específicas como las muy serenas de la viuda de Rabin, o las de un prólogo magnífico, en el que, sobre un fondo negro, una periodista interroga teatralmente a un sobrio Simón Peres sobre el tema. Ella le clava sus ojos, le lanza las preguntas precisas, y todo alcanza un grado de intensidad que luego nunca será tan alto.
La ficción: la camilla con el cuerpo de Rabin yendo a la sala de operaciones.

Porque, como dice Miguel Martín Maestro en su nota de "Nos hacemos un cine", que acabo de releer ahora, la película es valiente, pero no llega a dar del todo con la forma cinematográfica adecuada para vehicular su mensaje. Una cierta losa se me ha colocado encima cuando llevaba vista alrededor de una hora de película. Por suerte, no obstante, me he ido a partir de entonces concentrando más en el film y lo que cuenta, terminado convenciéndome. No hay tantos toques de atención como éste. En su parte final me ha recordado al aldabonazo que soltaron los nuevos cineastas germanos en 1978 en el también monumental (pero compruebo ahora que mucho más concentrado y corto) "Alemania en Otoño".
La psicóloga, mostrando una de las estrategias que surgieron, acusa a Isaac Rabin de persona esquizofrénica, que confunde sus ideas con la realidad, siendo una irresponsabilidad dejarlo en el poder. Un grito va insuflándose a la comunidad: "¡váyase, señor Rabin!"

Es bueno que el cine no abdique de este papel de dar avisos de este tipo para remover conciencias e intentar rechazar una línea de actuación nefasta. Aunque en este caso, desgraciadamente, y como también señala MMM, la situación actual, tras la multiplicación exponencial de los asentamientos, cualquier solución pacífica como la planteada está mucho más lejana que cuando, en el momento de los hechos, parecía que el tratado de Oslo podía ofrecer un cierto resultado.
Manifestación del Likud contra el tratado de paz de Rabin, que implicaba la cesión a los palestinos de parte del terreno paulatinamente ocupado con asentamientos judíos.

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