martes, 6 de enero de 2026

Barbicania


Me ha vuelto a pasar con el documental de anoche, con lo que puedo decir que ver los documentales de arquitectura de Illa Bêka y Louise Lemoine depara siempre las mejores experiencias que pueden obtenerse ante una pantalla.
“Barbicania” (2014; en la plataforma Caixaforum+, dentro del Festival D’Art), como sus otras películas que he visto, retrata una obra arquitectónica (en este caso el complejo centro de arte y viviendas de hormigón de Londres, que recorren de arriba a abajo, entrando en todos los sitios en que les han abierto sus puertas), pero siempre utilizando curiosos subterfugios, que hacen que superen, en mucho, su estatus de documentales de arquitectura.
Pongamos el sketch del auditorio (que volverá a salir más adelante, cuando lleguen ahí siguiendo los zapatos rojos de una señora…). Ruedan detalles del trabajo de un afinador de piano en el escenario de ese acogedor y monumental espacio. Pues bien: cuando giran para captarlo desde otro ángulo, aparecen al fondo las butacas del anfiteatro, por las que se ve pasar a una chica que propulsa un cepillo por sus pasillos. Este tipo de cosas es continuo.
No sólo hay y aparecen en el documental espacios públicos como ese. Entran en unas cuantas viviendas de diferente clase. En alguna asistimos a una visita, digamos, convencional, pero la mayoría de las veces lo que parece recabar la atención de la pareja de documentalistas son los ocupantes de las viviendas en cuestión y sus extravagancias. Está claro que a través de ellos, de refilón, vemos y entendemos mucho sobre lo que es y representa el Barbican, y lo que éste dice así mismo sobre los británicos. Y también sacamos la conclusión de que la mayoría de los habitantes, trabajadores y usuarios del Barbican están como una chota.
En la plataforma pueden verse asimismo otros dos documentales de Bêka y Lemoine, también magníficos.









 

domingo, 4 de enero de 2026

Música en la oscuridad


Resulta que ya habia visto (y admirado) la tercera pelicula que colgó Filmin el viernes del Ingmar Bergman inicial, “Hacia la felicidad” (1950), pero a cambio también tiene por ahí “Música en la oscuridad” (1948).
Adaptación diría que directa de una novela, con Mai Zetterling haciendo el papel de protagonista femenina y Gunnar Bjornstrand un papelito bien peculiar, relata el difícil camino de un chico que de resultas de un accidente en la mili se ha quedado ciego para hacerse un puesto en la vida, con la música como único conocimiento vendible.
Contada linealmente, con sus momentos que logran emocionar y siguiéndose todo muy bien, no me parece ver, sin embargo, a Ingmar Bergman detrás de la cámara, de no ser en el momento pícaro en que retrata a la que luego sería la también directora de cierto nombre Zetterling quedándose desnuda para lavarse de buena mañana, ante el gran escándalo de su madre, la sirvienta de la familia.
Leído después de verla lo que dijo Bergman sobre la película en “Imágenes” (Tusquets Editores), confirma mi impresión. El productor, diciéndole que ya tocaba hacer una película que tuviera un poco de éxito, obtuvo la promesa del realizador de mantener sus demonios ocultos y le dio a leer la novela. Bergman confiesa que se atragantó con ella, pero una visita a su autora (que “resultó una persona encantadora”) le hizo rendirse:
“Después se rodó la película, durante el otoño de 1947. Mi único recuerdo del rodaje es que me lo pasé pensando exclusivamente en eliminar los trozos aburridos y ser entretenido. No tuve otras pretensiones”.

 

Prisión


La primera impresión que causa “Prisión” (Ingmar Bergman, 1949) es de modernidad: cine dentro del cine, discusión sobre la obra proyectada, títulos de crédito dichos, como mucho después Godard o el intento de film moderno de Truffaut, a viva voz. Hasta me pregunto si el largo travelling por la calleja de Gamla Stan no se habrá hecho utilizando una silla de ruedas.
Obra de tesis que se niega a sí misma, “Prisión” contiene, además, humor de ese sueco del que huir; una fotografía en blanco y negro, muy oscura, con grandes contrastes; alguna escena de sueños sórdidos y gélidos; una gran amargura.
Será por ella misma o por tener yo la cabeza por otros lados, lo cierto es que sólo he entrado esporádicamente en su trama, para volver a perderme, hasta confundiendo sus actores y todo, en muchos de sus altibajos anímicos.
Habrá que dejar que Bergman crezca un poco más, para que no quiera meter tanta leña en el fuego que lo llegue a ahogar.





 

Autrefois aujourd’hui y Un peu de rêve sur le faubourg


Tras estar un día sin publicar nada por aquí, en señal de luto por los escasos resquicios de -por una parte- dignidad y -por otra- esperanza que nos quedaban en una sociedad mundial regida, además de por el más elemental sentido humanitario (que no el de los negocios), por el respeto al derecho internacional, lo hago ahora.
Y lo hago para valorar lo que va quedando como refugio, en este caso una magnífica sesión de la Filmoteca, acompañamiento en directo al piano, con películas cortas de Germaine Dulac relacionadas con la música. Sobre todo dos piezas, de 7 y 11 minutos, que no figuran ni en su filmografía de Filmaffinity ni en la de IMDB: “Autrefois aujourd’hui” y “Un peu de rêve sur le faubourg”, ambas de 1930.
En la primera (de la que no he podido obtener ninguna imagen) me ha dado la impresión que Dulac tomaba el relevo, pero en cine, de los grandes fotógrafos franceses, con el reflejo de los bailes populares junto al Sena, una continuidad desde cien años antes hasta el momento de su rodaje.
En la segunda, la música del gramófono que saca un vecino al patio eleva los pensamientos de la gente del barrio -y especialmente su vecina- hasta sus más altas ilusiones. Porque ya lo decía Brassens:
À Paris, dans chaque faubourg
Le soleil de chaque journée
Fait en quelques destinées
Éclore un rêve d'amour
Parmi la foule, un amour se pose
Sur une âme de 20 ans
Pour elle, tout se métamorphose
Tout est couleur de printemps
A ver si con cosas como ver y vivir estos dos extraordinarios cortos, así como sentir esta canción, cambian los planes del universo para con este trozo del mundo.

 

sábado, 3 de enero de 2026

Crisis




Poca broma. Filmin ha colgado ahora tres de las primeras películas de Ingmar Bergman, que no se pasaron en la amplísima retrospectiva que le dedicó la Filmoteca hace unos pocos años o, al menos, que yo no vi entonces. No es ninguna de las tres de las que se destacan como principales de su filmografía, pero a ver quién se resiste a verlas, empezando por su primer largometraje, “Crisis” (1946).
Ésta empieza como una película del entonces contemporáneo neorrealismo Italiano: el narrador -en off- sitúa y habla del escenario en que se desarrollará la acción, de alguno de sus protagonistas y de la situación en que se encuentran, cuya evolución constituirá la historia. Según dice, no es un drama. En todo caso un drama costumbrista, quizás hasta una comedia.
Todos sabemos, y si no aquí está esta película para demostrarlo, que Ingmar Bergman tenía una idea muy sui-géneris de lo que era una comedia…
Aquí, sí, vemos cierto pitorreo acerca de las fuerzas vivas y costumbres de los lugareños o de la legada del swing venciendo por panadera al viejuno vals, todo ello en el marco de una historia en la que, en su inicio, el tesoro que todos los personajes disputan es una jovencita -Nelly- de 18 años.
Pero entonces veremos que el paso por un túnel ensombrece a la chica y a sus expectativas, y a partir de entonces nos encontraremos de lleno en uno de esos entramados que preparaba Bergman en la que cada personaje, ligado con otros por lazos de parentesco, deseo o amor, muestran, con todas las consecuencias, lo más profundo de sus entrañas. Todos, hasta uno que acaba su recorrido, significativamente, frente a un luminoso teatro.
¡Qué emoción tener de nuevo en casa a Bergman! ¡Y con películas para mí aún desconocidas!
Tras ver anoche “Crisis” y escribir lo anterior, he ido a leer qué decía Ingmar Bergman de ella en su “Imágenes” (Tusquets editores). Como pensaba, habla (largo y tendido, y eso no entraba en mi previsión) de los continuos desastres que le supuso el rodaje y estreno de una película que creía tener -como debut muy deseado- tan y tan bien preparada.
No hay que hacerle ningún caso. Comparémosla con cualquier primera película actual, por favor. Yo, viéndola, le pronosticaría al joven Bergman un muy brillante futuro.








 

jueves, 1 de enero de 2026

Following


De Christopher Nolan se estrenó aquí “Memento” (2000) mucho antes que su primer largometraje, “Following” (1998), que vi anoche en Filmin.
“Memento” le dio un nombre increíble, lo que le dejó llegar a sus últimas y afamadas películas, seguramente mucho menores de lo que sus expectativas y presupuestos siempre prometen.
Esta miniatura de “Following”, con la impresión de haberse hecho entre cuatro amigos, comporta un aspirante a escritor al que le gusta averiguar sobre las personas a las que se cruza en la calle, un maestro que le hace dar un paso más en el proceso y entrar en las casas ajenas para descubrir intimidades, una rubia liada con un mafioso,…
Nolan, para enrevesar un poco más la cosa, en vez de seguir la progresión del arrojo y consiguiente peligro, baraja un poco más las cartas y enseña las secuencias que muestran la historia alteradas en su orden cronológico. Con eso añade preguntas a hacerse el espectador del tipo ¿cómo ha llegado a eso que he visto antes?
A mí me ha parecido más sólida que el mismo “Memento” en su día.



 

martes, 30 de diciembre de 2025

El Círculo





 

Father mother sister brother



También corresponde que se estrene y se vea en navidades “Father mother sister brother” (Jim Jarmusch, 2025; ayer en Cinemes Girona), que resulta, además, uno de los títulos de la temporada.
Película de ritmo apaciguado, acentuado por los espacios de tránsito entre los tres episodios que la forman, sobre tres encuentros familiares, después de tiempo sin verse -como muchas veces en las reuniones de estas fiestas- en el interior de Estados Unidos, Dublín y París, que guardan todos entre sí, a modo de juego, coincidencias de situación, diálogos, vestuario, atrezo y acciones.
Envidias, desconfianzas, curiosidad maligna, silencios embarazosos, conversaciones huecas, sin realmente decirse nada -como muchas veces en las reuniones de estas fiestas-.
En el tercer y último episodio (quizás el que baja un poco el alto tono del conjunto, posiblemente por no contar con actores grandes mitos de la pantalla como sucede en los otros dos, excepción hecha del cameo de Françoise Lebrun), se redondea la tesis de la película, y averiguamos, por si no nos hubiéramos dado cuenta, de que Jim Jarmusch ya forma parte de la generación de los padres.


 

domingo, 28 de diciembre de 2025

Crónica de un ser vivo


Tenía por ver una película de Kurosawa, (“Crónica de un ser vivo”, 1955; en Filmin) que, una vez vista, no acaba de convencerme del todo, pero a la vez me hace confirmar lo grande que llegaba a ser como director.
Títulos de crédito sobre un Tokio modernísimo…que deja ver de tanto en tanto alguna transeúnte aún vestida con kimono (de contrastes entre una generación y forma de pensar antigua, otra adaptada a las ansias de sus vencedores en la guerra y una tercera compuesta de jóvenes en general despreocupados y dispuestos a vivir una vida sin ataduras va también la película). Tras ellos, la cámara, dejando pasar un tranvía, se fija en una ventana, en la que un dentista, el Dr. Harada, se prepara para ejercer su oficio. La película está llena de planos tan bien resueltos (bellos y funcionales) como éste o como el que cierra el film (tercera foto).
El Dr. Harada (Toshiro Mifune) es además miembro de un jurado de paz al que se le presenta el complejo caso de un industrial denunciado por sus hijos que lo quieren incapacitar, porque quiere cesar su trabajo y llevárselos a todos al Brasil para salvarlos de un posible desastre nuclear que le atormenta.
En una escena posterior, el anciano oye como pasan, uno tras otro, con su estrépito, varios reactores norteamericanos. Se oye entonces un ruido tremendo y corre a refugiarse. Empieza a diluviar y comprendemos que era sólo un trueno.
Posiblemente la fábula tendente a hacer ver la necesidad de despertar y reaccionar ante la locura de una carrera hacia una confrontación nuclear entre las potencias se conduzca por caminos demasiado extremos, llevados por momento a la caricatura, pero en ese viaje caben un retrato de la sociedad japonesa nada despreciable y unas cuantas lecciones de puesta en escena admirables.



La familia al completo, distanciada, esperando entrar en el jurado de paz.


Con un hijo ilegítimo -tiene varios- y el hijo de éste.

Intento de conciliación.
 

viernes, 26 de diciembre de 2025

Miralles


Filmin ha colgado “Miralles” (Maria Mauti, 2025), once variaciones, con pocas palabras y música de Anahit Simonian, para captar la personalidad y arquitectura de Enric Miralles.
Quiero, después de verla, pasarme un día por Hostalets de Balanyà y otro pasearme en Barcelona por el barrio de La Clota, aunque la casa que construyó ahí a su primo tiene su máximo interés en su interior, y eso está difícil.

Cementerio de Igualada. Éste lucernario debe ser uno de los reflejos de Le Corbusier de los que habla inicialmente el documental.

La fachada de la casa que hizo para su Primo en el barrio de La Clota. Aunque, por lo que vi, lo bueno está en su interior, vaciado, con un lucernario y con todos sus muros estanterías de libros.

El extraño centro dibujado para Hostalets de Balenyà.

El Parlamento de Escocía, en Edimburgo.

Ídem.

En su casa con Benedetta Tagliabue.
 

jueves, 25 de diciembre de 2025

Recuerdo de una noche


La Charca Literaria ya no está por aquí y por tanto ya no propone a sus colaboradores escribir durante un cierto periodo del año -éste- sobre cualquier cosa que suene a Navidad. Lo hacía buscando miradas gamberras sobre todo lo que la rodea, aunque siempre recogía unas cuantas que terminaban apuntalando el edificio clásico que la sustenta.
En este sentido, le habría ido de perlas que alguien se refiriera a “Recuerdo de una noche” (1940), la película que, escrita por Preston Sturges y dirigida por Mitchell Leisen, pasa Movistar por ese nuevo canal que llama “Clásicos”, porque su trama obedece al argumento ese de volver a casa por Navidad, y la casa está en la América rural profunda, a donde va el fiscal (el siempre con cara de pillo o bobo Fred Murray) con su acusada (la alegre descarriada ladrona Bárbara Stanwick, aquí magnífica) en principio para llevar a cabo una buena acción navideña.
Va desde la abierta comedia acelerada americana (con mayordomo negro gracioso y desayuno campestre con vaca incluido) al drama sentimental, que quizás intenta vencer las rigideces morales, pero con el difícil juego de respetar al mismo tiempo las reservas conservadoras esenciales.
La película es un buen Mitchell Leisen, uno de los más sólidos directores del cine norteamericano de los años 30 y 40, aunque Andrew Sarris lo deje colocado en la muy pobre posición de los directores “discretos y agradables” o que los que fueran guionistas suyos como Billy Wilder o el mismo Preston Sturges no vertieran muy buenas palabras sobre él como director. En la mejor época de la revista “Archivos de la Filmoteca”, tuvieron que ser, en un magnífico dossier sobre él, críticos como José Luis Guarner, Carlos Losilla o Miguel Marías quienes salieran en su defensa, refutando estos ataques y evidenciando matices poco observados de su obra. Los dos primeros consideraban en ese dossier a esta “Recuerdo de una noche” una de sus obras maestras, mientras que el mismo Leisen, en unas declaraciones ahí recogidas, también la conceptuaba como una de sus películas de las que se sentía más orgulloso.