jueves, 15 de febrero de 2024

La piel quemada


Cosas de las que hablamos ayer en la sesión del Cineclub del Cercle, que proyectó una copia restaurada por la Filmoteca de “La piel quemada” (Josep María Forn, 1966), que la institución ha colocado en la FilmXarxa, una feliz entente con la red de cineclubs de la Federació Catalana de Cineclubs. Atención: escrito larguísimo, a no tener en cuenta…
1/ Desde el punto de vista de su estructura y hallazgos cinematográficos, en una película que tiene como principal defecto su deficiente banda sonora, producto de una época en la que el sonido directo no estaba desarrollado como actualmente y el obligado doblaje llevaba a un plano sonoro paralelo, más próximo, al de la pantalla, que te distanciaba irremediablemente de la “realidad” que bien podía estar presentando esa pantalla.
-Lo más evidente es su composición en escenas paralelas. Por un lado una larga y penosa “road movie”, la que lleva a la mujer, con sus dos hijos, y hermano de José desde Guadix hasta Lloret de Mar, en una Costa Brava ya en proceso de explosión. Por otro, las que siguen la situación de José como inmigrante en Lloret de Mar, trabajando en la construcción, de juerga, ligando con locales y turistas, preparando la llegada de su familia. Y todo trufado de flashbacks de uno u otra que hablan de su situación de origen y las causas que les han llevado a la inmigración.
-Las transiciones, ya sea entre planos de una misma escena (a mí me gusta especialmente la existente en los mismos títulos de crédito iniciales: vamos viendo turistas de uno u otro sexo tomando el sol en la playa de Lloret de Mar, y, de repente, vemos que el siguiente torso que aparece ya no es de un turista, sino el de José, trabajando con su hormigonera: la piel quemada del título no será la de los turistas al sol, al menos únicamente, sino la de los obreros desplazados a trabajar hasta en verano, como antes lo hacían en su país de origen con la recogida de la aceituna), entre las secuencias en paralelo o entre éstas y un flashback. Un ejemplo de estas últimas podría ser la evocación del Guadix natal al que llevan las notas que José saca de su guitarra… hasta que toda la nostalgia es borrada de cuajo por la aparición de los contratistas y, más tarde, volviendo a Lloret, por el aviso de pago de la jornada.
-El gag de la medio imitación de la crucifixión que los niños han visto en el cura del tren, que habla por sí sola de una religión impuesta y totalmente mecanizada.
-Pero quizás la aportación más sutil es ese recorrido larguísimo, agotador, de José cargando los elementos de unas camas que quiere instalar en su futura casa (segunda foto). En su recorrido pasa por calles llenas de tiendas de souvenirs y de terrazas de bares, marcando un gran contraste. Se detiene, agotado, y reanuda penosamente su camino. Como señaló por aquí Miquel Bofill, Forn ha tenido la habilidad de simbolizarnos en estas escenas, seguramente, el auténtico via crucis de José, cargando camas en vez de cruz, ante la pasividad de la gente, como dicen los textos sagrados que hacían en Jerusalén, mirando a Jesús llevar penosamente la cruz como un espectáculo.
2/ Documento excepcional de una época. La película está llena de evocaciones de todo tipo de cosas que, para bien -la mayor parte de las veces- o para mal, han pasado a la historia.
-Una primera sería la que evoca la primera foto. Los obreros contemplan admirados a unas turistas y, previamente, les han lanzado una serie de piropos. Unos piropos que hoy en día ya no oímos lanzar a los magrebíes que hacen ahora las obras de la ciudad.
-Una educación que funcionaba todo el rato a fuerza de torta va, torta viene.
-Las penosas condiciones de vida, por muy idílicas que fueran recordadas por los protagonistas, como demuestra bien la cantidad de trogloditas que vivían en las cuevas de Guadix. Unas cuevas que unos asistentes a la sesión confirmaron que ahora siguen ahí, pero dedicadas a otros usos: se han convertido en pequeños establecimientos hoteleros “boutique”.
-Unos métodos de construcción muy alejados, sobre todo en lo que a seguridad se refiere, de los de ahora. En cambio, los obreros de la construcción siguen siendo del origen más chungo: hay ciertos trabajos que sólo desarrollan los menos favorecidos. Entonces los inmigrantes de Portugal y del sur de España. Ahora los marroquíes y subsaharianos.
-Esa utilización, en ciertos diálogos, del catalán, un hecho bien insólito en el cine de entonces.
-El autobús de esos que colocaban las maletas del pasaje en su baca y el tren de vapor o eléctrico del momento. No lo es realmente, pero quiere representar al famoso “Sevillano” (al que en Sevilla llamaban “el Catalán”), que hacía el recorrido hasta Barcelona en sus buenas 24 o 27 horas…
-La moral retro, que le obliga a ella a casarse “de penalti”, porque no se pude permitir esa falta de tener un hijo fuera del matrimonio, pero en cambio no pasa nada con la falta de instrucción que la deja, como se muestra sutilmente en la escena de la boda, analfabeta.
-La representación de la “modernidad” de la gran ciudad mostrada en la escala del tren en Valencia, con sus edificios, tráfico, comercios y demás, pero también con sus tranvías, camiones, triciclos y coches que hoy vemos de lo más tronados.
3/ Planteamiento, desde todos los puntos de vista, de las diferentes posturas ante la emigración e inmigración. El andaluz que defiende que su patria está en donde le dan de comer, el catalán que paga a los obreros de la construcción, que los detesta como una invasión, etc.
4/ Tema censura. Pese a todo (a Forn le prohibieron por completo un proyecto suyo previo sobre la guerra civil), intentos mínimos de decir cosas. Un viajero en el tren señala: “Estuve en el Quinto Batallón y luego con Líster, pero donde peor lo pasé fue en los campos de concentración de Francia”. Pocos captarían a qué se refería, porque entonces estas cosas eran tabú, pero ahí están.
Preparando la sesión encontré unas amargas declaraciones de Forn de la época de preparación de esta película, que aparecieron en el “Nuestro Cine” 74, y en las que nos hablaba de su trayecto inicial como cineasta que no fue ni del Nuevo Cine Español (salidos de la Escuela Oficial de Cine de Madrid) ni de la sofisticada (y con aún menos espectadores) Escuela de Barcelona, sino salido de la vía habitual para el grueso de los directores de entonces, el meritoriaje y luego, ya llegado a director, haciendo todo lo que se le ofreciera, intentando ser comercial: “Fui esto que se llama un ‘profesional’ (hizo muchas peliculas alimenticias, tanto producidas por él como por Iquino). Si Iquino, por ejemplo, me pedía una película, la hacía aunque me molestase desde el principio al fin, porque necesitaba seguir dentro del cine. Alguna vez intenté realizar un proyecto más ambicioso, pero el fracaso económico me obligó a continuar en la línea de “profesional’. Todo esto me llevó a la reconsideración de mi actitud. Una profesionalización a este nivel no me interesaba porque acabaría convirtiéndome en lo que ya soy. En un director comercial al servicio de las empresas, malviviendo, en un oficio en el que yo había empezado por vocación. De modo que hice un corte en el que me dije: ‘No voy a hacer más cine que el que me interese’, (…) y comencé esta nueva etapa, cuyo primer título es esta película.”
Pero a “La piel quemada” que, con el tiempo, se ha convertido en una película irrenunciable, le siguió “La respuesta”, basado en una novela de Pedrolo, sobre la contestación en el mundo universitario, y desgraciadamente, el franquismo la prohibió por completo y no pudo verse hasta muerto en dictador. Frenó entonces su carrera como director. Pasada una etapa en la que ocupó una serie de cargos institucionales ligados con el cine catalán y produjo buena parte del cine de por aquí de la época, regresó a la realización de películas, pero, en mi opinión, sin hacer ninguna mínimamente elogiable.


 

miércoles, 14 de febrero de 2024

Sesión en la Filmoteca dedicada a Llorenç Soler


Mañana por la tarde, una buena sesión en la Filmoteca dedicada a Llorenç Soler, que falleció hace nada.
No es que en otras ocasiones hubieran sido malas las sesiones que se le dedicaron, porque comportaban sus más famosas películas, pero sí que eso mismo las hacía repetidas, posiblemente “ya vistas”
No es el caso de la sesión de las 18h de mañana, jueves 15 de febrero, en la que se pasan cuatro de sus obras cortas, a cada cual más especial.
Quiero llamar la atención, especialmente a la que considero una joya desconocida suya, “Gitanos de San Fernando de Henares” (1991), con la que, aunque quizás fuera sin darse cuenta, estaba inaugurando una nueva forma de cine, que tardó en llegar.
Detalle del programa:

 

lunes, 12 de febrero de 2024

La piel quemada en el Cercle




Ja saben els de “La charca literaria” que no soc molt donat a aquestes coses del dia de San Valentin però, malgrat això, el dimecres 14 de febrer intentaré portar la sessió del Cineclub del Cercle, dirigit per .
Es projectarà “La piel quemada” (Josep Maria Forn, 1967). Com és un dels films més singulars fets per aquí els anys 60, molta gent ja ho haurà vist, però és possible que fasi ja molt temps, ara és copia restaurada i paga la pena tornar-lo a fer.
H
I, en qualsevol cas, és l’ocasió de curiosejar una mica el Real Cercle Artístic per dins o, com a mínim, el seu teatre, una mica d’estil pompier, on es celebrarà la sessió.
(La foto d’una cantonada del sostre de la sala l’he treta de “La meva Barcelona”)
Serà doncs al costat de la catedral: Carrer dels Arcs, 5 el dimecres 14 a les 19h. Entrada lliure, però es prega reservar a la adreça
cineclub@reialcercleartistic.cat



 

sábado, 10 de febrero de 2024

2 Welles:“It’s all true” y "Una historia inmortal"

Preparando para navegar la jangada.



Ayer, la oportunidad de poder asistir a una sesión especial dedicada a Orson Welles, compuesta de lo que se salvó de su experiencia brasileña (“It’s all true”, 1943) y de su última ficción completa, “Una historia inmortal” (1968).
Con la primera, asombrarse con las contrastadas imágenes en blanco y negro sobre la boda de la joven pareja y posterior accidente, así como el penoso viaje en una jangada desde el noreste brasileño hasta Río de Janeiro. Planos parcialmente montados rodados casi siempre con el sol bajo.
Cuelgo una foto que no sé muy bien si es de esta película o del posterior “Otelo” (1951), ambas como están, diría yo, influidas por las imágenes de otro cineasta que probó la experiencia latinoamericana, “¡Que viva México!” (Sergei M. Eisenstein, 1932).
Las imágenes venían de un montaje de las bobinas encontradas después de mucho tiempo dadas por desaparecidas, con una música y banda sonora reproduciendo una síntesis de ruidos ambientales que, personalmente, me apartaron un poco del film, pese a la fuerza de sus imágenes.
Con la segunda mantengo un cierto idilio desde hace mucho tiempo, aunque no sea considerada de lo mejor de Orson Welles, pues suele recibir críticas a diestro y siniestro, que no acabo de entender.
Siempre había visto la versión francesa mientras que ayer pasaron la hablada en inglés, que contiene cuatro o cinco minutos más de duración. A mí me gusta tanto ese poso del relato de Isak Dinesen, “Una historia inmortal/Anécdotas del destino”, con su leyenda que el rico propietario de Macao quiere materializar, como la puesta en escena de Orson Welles, que traslada a mi parecer de forma extraordinaria el ambiente del relato.
En eso es en lo que más me fijé ayer, estando en otras ocasiones pendiente de ver, divertido, la transformación de Chinchón en Macao a base de un par de pinturas y letreros.

Fernando Rey comentando el asunto en la plaza de Chinchón/Macao.

El rico propietario con su secretario judío (que hace de hilo conductor de la historia). El primero no puede aguantar las profecías.

El secretario se pone en marcha para ejecutar los deseos de su señor.




 

Juan Mariné: entre luz y sombras


Empieza Juan Mariné, compungido, hablando de los horrores de la guerra civil, con imágenes que vi en una sesión sobre Laya Films en la Filmoteca de la calle Mercaders, que me hizo conocer por vez primera de su existencia.
Pasado el título, “Juan Mariné: entre luz y sombras” (Rafael Toba, 2023), lo vemos en la playa de Argelés, comentando sus impresiones de cuando estuvo en el campo de concentración que acogió -vamos a decirlo así- a los refugiados españoles que cruzaron la frontera tras la derrota.
Luego, todo el documental, que pasaron ayer en la tele, se convierte en un extenso repaso, con mucho material de la época, muy interesante, de lo que fue la guerra civil vista por los ojos del entonces joven Mariné, siempre comentado de forma tan poco estereotipada, tan amena y tan divertida por él que se hace un lugar en cualquier espectador que haya tenido curiosidad por saber quién es ese desconocido director de fotografía y restaurador al que esta noche, a sus 103 años, le ofrecerán un merecido homenaje, entregándole un Goya de Honor.
El repaso histórico y a la carrera posterior de Mariné ya es mucho más esquemático, y de muy menor intensidad.




 

miércoles, 7 de febrero de 2024

La sombra de nuestros antepasados



La pareja de niños.

Su boda.

Como lo del turista un millón, detectado y sorprendido al bajar del avión de Iberia. Antes de empezar la sesión de ayer de la Filmoteca con la proyección de “La sombra de nuestros antepasados” (Sergei Parajanov, 1965), han hecho ponerse de pie a mi vecino de la fila de delante en las butacas de la Sala Chomón, señalándole como el espectador que hacía el número 1.500.000. Y vaya: ahora recuerdo que al salir de la sala no me han dado el regalín que habían prometido darnos a todos, por haber caído tan cerca del afortunado, como pasa en la lotería navideña de mi mercado. Pero bueno, el regalo me ha llegado por otro lado.
Porque un primer regalo ha sido la misma proyección del film de Parajanov, no muy fácil de ver, aunque he debido superar un doble inconveniente personal: uno primero genérico, como es que confieso me cuesta bastante entrar en las películas de Parajanov, con su estética de film independiente en subformato de los años 60/70, con sus temas y formas de representación de cuentos y leyendas, con sus vestuarios tradicionales,… aunque finalmente conecte -y a veces mucho- con ellas, como ha sucedido en este caso; un segundo consecuencia de la tarde en concreto en que tenia lugar, esto es, teniendo que luchar por mantener la lozanía en una primera sesión después de una comida celebrada con amigos, sin posibilidad de siesta posterior.
Pero el auténtico regalo ha sido lo que de hecho me había hecho vencer la pereza previa: el análisis que, como estaba anunciado, posteriormente ha efectuado Luis Aller del film en la media hora disponible, justificando sobradamente que al ciclo en el que se incluía la sesión se le llame “Aula de cine”. Hizo olvidar el bochorno que ocasionan algunos otros presentadores del ciclo, soltando una serie de banalidades que no deberían nunca corresponder a su estatus de profesores, muchos de ellos universitarios.
Luis Aller consiguió hacernos ver lo estudiada, lo planificada que está la película en todos sus detalles, como desgraciadamente no lo están la mayoría. Empezó haciéndonos recordar la imagen inicial y la última del film. És la primera el rostro de un niño. La segunda, la que en la foto aparece en la pantalla, detrás suyo, mostrando unos niños observando el interior de una habitación desde el exterior, a través de una ventana. Como si Parajanov -remató- nos quisiera decir que debemos tener la mirada inocente que tienen los niños ante esta historia de mitos y leyendas.
Tras señalar la evidente falta de estabilidad de las imágenes que nos había servido Parajanov, se detuvo la mayor parte del tiempo en evidenciar los resultados del análisis cromático del film, en el que el rojo es casi siempre -salvo en determinadas y muy significativas secuencias- el color dominante, con todas las connotaciones que a ese color quiere darle. El rojo está presente en ropas y objetos, pero también en títulos, fundidos y algún que otro efecto.
No ha acabado ahí. Aún con mucho menos tiempo para extenderse en ello, ha procedido a marcar de pasada alguno de los aspectos que adicionalmente suele tener en cuenta en el análisis de un film: el atrezo (en este caso la caracterización de un personaje mediante la moneda que deposita en una bandeja), el tratamiento de los espacios, los movimientos sincopados de cámara correspondiendo a choques emocionales del protagonista, etc.
Toda una lección en el Aula de Cinema.

El hecho sangriento.

La soledad tras una desgracia.

Un personaje odioso asediando a su segunda mujer.



 

The phantom light


"No puedo resistirme ante un faro. Cuanto más solitario e inaccesible sea, más contento me siento".

Eso comenta, para justificar su disposición a realizar "The phantom light" (1935), Michael Powell por la página 300 del primer tomo de sus memorias, "Une vie dans cinema" (versión francesa de 1997 para el Instituto Lumière de Lyon).

Años 30, un faro. Conociendo y disfrutando de los de Jean Epstein y Jean Grémillon o de la aparición de un faro en alguna película suya posterior, a ver quién no se pone a buscar esa película, aunque se trate de una de las iniciales del realizador inglés, hechas, según él mismo confiesa, con poquísimo presupuesto y rápidamente.

Poco después introduce a su actor principal: "Gordon Harker tenía uno de esos rostros memorables de los que el cine de cada país posee un ejemplar. Fernández en Francia, Cantinflas en México, Alberto Sordi en Italia, Humphrey Bogart en América, Víctor McLaglen en Irlanda, Conrad Veidt en Alemania, y en Inglaterra Gordon Harker. Era una de las caras favoritas de Hitchcok, quien había contribuido a hacerle una vedette." (En "The ring") 

domingo, 4 de febrero de 2024

La vallée fantome



Las dos primeras fotos (que he sacado de la Wikipedia y de Expedía) corresponden a Chioggia.
No iba a escribir de “La vallée fantome” (Alain Tanner, 1987), que desconocía -creo que no se estrenó nunca por aquí- y había visto en mi reciente fuente, últimamente casi exclusiva, de cine: TV5Monde, porque no acabó de resultarme del todo, aunque, como ví en un “Dirigido Por” que había dicho en su día Esteve Riambau, establece una muy interesante estructura a base de tres escenarios consecutivos diferentes muy bien marcados:
-el brumoso valle suizo -se ve el Ródano- donde vive un director de cine en crisis (“Los árboles desaparecen y las imágenes proliferan, como células cancerígenas”, dice en algún momento), que busca a una actriz para que sus ojos le dicten la historia que ha de filmar (Jean-Louis Trintignant),
-una población cercana a Venecia, en un bareto de la cual trabaja la actriz (encarnada por Laura Morante) que dejó el cine y a la que un ayudante del director va a buscar, y
-el Brooklyn dejado de la manos de Dios en donde tiene otro bar -en este caso un Dinner-el padre de la actriz.
Eso y el uso de una misteriosa voz en offf de narradora (¿querrá ser la de la mujer del director?), así como la presencia de Laura Morante, jovencísima y muy bella, seria lo que salvo de la película.
Pero su visión me ha provocado, en cualquier caso, ganas de ver si tanto Chioggia como ese Brooklyn han o no cambiado respecto a cómo aparecían en la película, dedicándose a otros usos o manteniendo ese aspecto de lugar al margen de los tiempos. Han pasado treinta y seis años…
En ese sentido: ¿Alguien ha visitado Chioggia recientemente?



 

viernes, 2 de febrero de 2024

Locarno Confidential




En agosto de 2011, gracias a la Federación Catalana de Cineclubs, tuve la suerte de participar como jurado en un premio menor del Festival de Cine de Locarno.
Esa, lo tengo claro, ha sido la razón de tragarme “Locarno Confidential” (Chris Guidotti, 2022; TV5Monde), pese a tratarse de un compilatorio de reportajes televisivos antiguos y estar las escenas del presente filmadas como si de un reportaje de telenoticias se tratase, con el típico corresponsal (en este caso Lorenzo Buccella) enviado a la ciudad suiza.
Cierto que al final acaba cansando por casi solo recalcar esta cosa tan banal y repetida asociada a los festivales, pero antes me ha permitido saber detalles de la historia de este festival siempre caracterizado por haber dado a conocer a nuevos y luego importantes directores de cine.
Lorenzo Buccella hace su papel de conductor de la cosa, inicialmente, desde las desconchadas y vacías salas del Gran Albergo, el que fuera en su origen la sede del festival, cuando estuve aún señalado como el mastodonte, lujoso y aparatoso hotel cerrado poco antes, a la espera de una resurrección… que nunca llegó.
Por “Locarno Confidential” me entero de que por el festival pasaron, a veces sin pena ni gloria, muchos de los icónicos films del neorrealismo italiano, pero también “Le beau Serge” (Chabrol) o el mismo Godard con su “Bande à part”, Bellocchio con “I pugni in tasca”, el primer Milos Forman, muchos nuevos cineastas posteriores o, por ejemplo, cine del Este comunista, lo que se ve organizó una buena hecatombe política interna.
La fotografía que he encontrado documenta uno de los reportajes incluidos que merecen verse: el de la llegada de Marlene Dietrich con Joseph Von Sternberg.
De la parte más moderna, con documentos grabados mucho más anodinos en forma y contenido, quizás destacaría dos cosas: el libro de fotocopias que consiguió el festival como todo trofeo de JLGodard cuando le dieron un premio honorífico y lo bien que se había preparado Àgnes Varda su discurso y golpe de efecto para meterse al público de la Piazza Grande en su bolsillo.
También se habla largo y tendido, claro, de esa Piazza Grande, utilizada por primera vez como cine al aire libre en las noches de 1971, tras el diseño establecido por un arquitecto local, y de su progresivo aumento de capacidad (2500, 4000,…10000 espectadores).
Quien haya estado alguna noche viendo ahí una película -si es buena, mejor, pero si es mala también, porque te puedes dedicar a mirar a los otros espectadores, ir un momento a tomar un tentempié y volver, captar, en definitiva, su ambiente irrepetible-, seguro que no la ha olvidado.



 

Les arpenteurs




Me quedo embobado viendo de principio a fin “Les arpenteurs” (“El imposible juego de cuatro”, Michel Soutter, 1972, en TV5Monde), un cuento por momentos lioso, siempre fantasioso, aunque sus piezas acaben por encajar.
Un cartel anuncia que nos encontramos en una película de Le Groupe 5, en confabulación con la televisión suiza, y la trama en blanco y negro, formato cuadrado, se inicia, con ligero tono de absurdo en sus diálogos y alguna de sus acciones.
Lo de quedarte embobado pegado a la pantalla debe mucho a sus actores. Se reconocen los dos principales de “La salamandra”, Jean-Luc Bideau y Jacques Denis (el de “Jonás, que tendrá cinco años en el 2000”), pero también, en un amplio e importante papel, Marie Dubois.
Y para que luego digan que la televisión no es instructiva: he aprendido que un “arpenteur” es un topógrafo, como el personaje de Bideau en la trama, pero la película juega al doble sentido con su otra acepción: el que pasa por encima de la gente y sus sentimientos.



 

jueves, 1 de febrero de 2024

No hay treinta y seis maneras de mostrar cómo un hombre se sube a un caballo



Viendo el principio de “No hay treinta y seis maneras de mostrar cómo un hombre se sube a un caballo” (Nicolás Zukerfeld, 2020) me he dicho que quizás era verdad y sólo había una, porque el montaje de una buena cantidad de películas de Raoul Walsh hace ver un gesto muy similar, en escena similar, de cómo se sube fácilmente a un caballo. Pero luego he podido ver que lo que ha de deducirse de la frase es bien diferente.
Acudí ayer a la sesión de la Lleialtat Santsenca incitado porque la presentaba Quim Casas y por el bonito póster de la película, y salí de la misma satisfecho tanto por el propio film, en verdad insólito, como por el coloquio que provocó su visión.
La película, elaborada durante la pandemia, consta de dos partes. La primera supone un ímprobo trabajo de montaje de escenas correspondientes a todos los films de Raoul Walsh que han encontrado y podido bajar. Se inicia con eso del acto de montar a caballo, pero luego sigue con toda otra serie de motivos, abrir o cerrar puertas entrando en habitaciones principalmente. No son sólo westerns, sino películas de otros géneros que también dirigió Walsh.
Acabado este primer acto, que dura alrededor de la mitad del metraje, el segundo acto te adentra en el relato de una más que divertida (al menos para los que alguna vez hayan caminado por ese campo) investigación cinéfila, que no es otra sino la búsqueda de la fuente primigenia en la que se demuestre que Walsh dijo lo del título, o ver qué es lo que dijo realmente, porque las variaciones que se van encontrando en ese recorrido son numerosas. Toda esta parte la pantalla permanece completamente en negro, mientras Zukerfeld va dando cuenta de los pasos de la investigación, salvo los momentos en los que se muestran páginas de publicaciones escaneadas o párrafos de estas mismas o de los mensajes intercambiados con una lista de colegas llamados a colaborar en la investigación.
Toda esta parte, que tan jugosa resultará para los estudiosos o aficionados de la materia y que al menos yo contemplé con una constante mueca sonriente en la cara, me quedó claro que no podía estar hecha más que por un argentino de la nueva hornada. A los nombres de los componentes de El Pampero he añadido mentalmente el de Zukerfeld, pues toda esta segunda parte del film bien podría ser obra de ellos.