viernes, 15 de mayo de 2026

El último suspiro


Anoche preferí contemplar “El último suspiro” (Costa Gavras, 2024; en Movistar), que llevaba mucho tiempo grabada en espera de verse, con riesgo de desaparecer, que una película nueva.
Ya solo empezándola, constato que Costa Gavras la afronta con la decisión con la que hacía, por ejemplo, una película sobre la indiferencia de la Iglesia Católica sobre los crímenes nazis.
Una música que utiliza los inolvidables ritmo y sonoridad de un aparato de resonancia magnética me mantiene el interés ante un tema árido…con riesgo de ser afrontado de forma radicalmente edulcorada: la atención médica durante el inexorable final de la vida.
Costa Gavras tiene ahora 93 años. Por mucho que siga en plena forma, desarrollando muchísimo trabajo, entre otros menesteres como presidente de la Cinemateca Francesa, se debió sentir llamado por más de una razón a adaptar el libro de conversaciones de Régis Debray con el doctor Claude Grange, en el que ambos hablaron largo y tendido sobre muchos casos de cuidados paliativos.
Se le nota quizás demasiado sus ganas de entender los comportamientos de la gente joven, y ciertas frases se lanzan con afán de sorprender y hasta escandalizar a los espectadores, pero al menos a mí me convencieron y me hicieron poner de parte de la película cosas como el personaje de Léonie, interpretado por Françoise Lebrun, o la literal instantánea desaparición del interpretado por Charlotte Rampling.
Y, pese a la comprensible tendencia a ofrecer casos de cuidados paliativos que hasta levanten un poco el ánimo, ahí está también la aterrada mirada de Denis Podaydes al saber de una sospechosa mancha revelada por la prueba médica


Charlotte Rampling.

La gran Françoise Lebrun.


 

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