Lo dicho…
Anoche quedé encantado de haber podido ver “Merlusse” (1935; en Arte). ¿Estaba “The holdovers” (“Los que se quedan”, Alexandre Payne, 2023) inspirada en esta obra de Marcel Pagnol? Porque el rema de ambas es el mismo: unos profesores -y entre ellos un cascarrabias- deben quedarse durante unas vacaciones para atender a los niños no reclamados por sus familias. Una historia sobre las posturas de la educación dura y la educación blanda, sobre críos que se buscan cada uno la vida que pueden, y que acaba como un cuento de Navidad.
Unas imágenes con aire documental del Lycée, muy alejadas del aspecto habitual de Pagnol, dan paso a un interior, una sala donde los padres esperan a sus hijos, que van acudiendo, avisados, para llevárselos, pero la cámara pasa al corredor, donde el bedel y chico para todo está barriendo y entona con convicción artística una canción.
Y es que lo mejor de la película, además de su perfecto ambiente, en la línea de “Zéro de conducirte”, está en lo bien dibujados e interpretados que están todos sus personajes, como éste.
Además de éste, entre los chicos de variadas edades aparece un supuesto hijo del rey de un país de por la indochina, que dice cosas bajo la idea de una jocosa mirada imperialista que hoy sería políticamente tan incorrectas que me temo nos lo perderíamos, o también el mismo subdirector y su carácter de lo uno y lo contrario, que elevan la comedia muchos enteros.
Pero, para mí, además de la confirmación de por qué Pagnol se hizo tan popular y sus obras constituían invariablemente grandes éxitos, la película supone el descubrimiento de una especie de Míchel Simon pequeño, en el papel del más veterano de los alumnos. Sus frases, sus gestos…alcanzan la genialidad.
El de la izquierda, con sus aires de connaisseur, es el que digo: tronchante.
Cada uno con su carácter muy bien marcado.






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