martes, 17 de diciembre de 2024

Écrans partagés. Support vidéo et salle de cinéma


Hablaba de un artículo del dossier dedicado al soporte vídeo en el Positif de diciembre, que haría silbar los oídos a los que llevan cineclubs. Como contiene aspectos de divulgación que creo puede interesar a todo el mundo, hago ahora referencia a él aquí.
Se trata del artículo de Fabien Gaffez, director artístico del Fórum des Images parisino, “Écrans partagés. Support vidéo et salle de cinéma”, que habla, entre otras cosas, de lo siguiente:
Dice que el artículo se concentra en salas que funcionan sin billetería regulada oficialmente y que “pagan tarifas de alquiler, siempre negociables, a distribuidores, vendedores, estudios, gerentes de tal o tal catálogo de films. Hablo pues aquí de festivales, cinematecas o instituciones culturales”. Y ahí entran, añado yo, los cine-clubs.
Ésta es la parte divulgativa que la gente no suele conocer:
“Para programar un film, es necesario encontrar antes al poseedor de sus derechos por un lado, y el material de proyección por otro (sabiendo que se pueden ostentar los derechos de un film sin poder poder suministrar el soporte de proyección, y que se puede haber encontrado la copia de un film sin haber podido identificar a quien tiene sus derechos de exhibición, en la jungla administrativa de las herencias y depósitos). Una ecuación que es necesario imaginarse internacional, con tantas reglamentaciones y tarifas como países. A eso se añaden varios parámetros, que tienen todos una incidencia económica y ecológica: el transporte de las copias, su eventual subtitulado, su calidad de conservación, etc.”
Añado de mi cosecha aspectos que no todos los cine-clubs tienen resueltos gracias a alguna institución o voluntariado (alquiler sala de proyección, pago presentadores o al menos los gastos para hacerlos presentes en la sesión, personal para la logística de la programación y la proyección,…) para dejar entender que, haciendo unos mínimos números, es bien difícil que éstos salgan. Baste tener en cuenta que los derechos de una proyección de película “normal” suponen del orden de unos 300 euros. Dividir eso más los otros conceptos a aplicar por el número de espectadores previstos y se verá que en el mejor de los casos se corresponde con lo que viene a costar una entrada a un cine comercial y, como dice Gaffez, “todo espectador que paga una entrada para ver una película en una sala en vez de en su salón tiene todo el derecho a esperar unas condiciones óptimas de proyección, cosa que un soporte vídeo no proporciona necesariamente”…
Otras cosas que explica Fabien Gaffez:
-“El uso del soporte vídeo en las salas está mucho más extendido de lo que se suele imaginar”. Tuve acceso a encuestas sobre los soportes empleados por los cine-clubs federados en la Federació de Cineclubs de Catalunya y resulta que viene a ser mayoritario…
-“Ciertas ediciones Blu-ray que anuncian copias ‘restauradas’ mienten sobre su mercancía, puesto que su máster no se ha beneficiado más que de un rápido aseo asistido de la IA. No hay una correlación sistemática entre el soporte y la calidad de la copia, aunque dicho eso, Francia está bien dotada, con una edición vídeo, sobre todo de films de repertorio, de gran clase (con Carlotta, Potemkine o L’Atelier d’images), sin olvidar el trabajo de orfebres de los británicos de Arrow Films y de Powerhouse Films”. Desgraciadamente, añado yo, ya hace mucho que no vemos las fantásticas ediciones de sellos como Intermedio o Cameo, y unas cuantas de las casas editoras españolas que quedan no es que se esmeren demasiado en sus productos.
-“El soporte vídeo, grabado sobre disco, representa siempre un riesgo para la proyección. Es un soporte inestable (el disco puede saltar, congelarse, detenerse,…). (…) Las mezclas de sonido de un soporte vídeo está pensado para la sala de casa. El sonido aparece en general degradado en la sala de cine (…). Cuanto mayor sea la pantalla, más se magnificarán los defectos de una imagen.”
-“Algún gran estudio, como Disney, no autorizan la proyección en vídeo, sin, a cambio, proponer otro soporte. (…) Hay quien hacen un comercio más discutible, como Swank Films, que explota los derechos, únicamente en vídeo, de grandes catálogos para proyecciones públicas, a menudo fuera de sala (al aire libre, en mediatecas, salas de fiestas, etc.) sin nunca proporcionar el material.”
Ahí queda eso.
(Foto del artículo de Positif y cartel que dibujó J.M. Olagorta para la exposición que, sobre el cineclubismo, tuvo lugar en la Filmoteca en 2019/20)

Cartel que dibujó J.M. Olagorta para la exposición que, sobre el cineclubismo, tuvo lugar en la Filmoteca en 2019/20
 

lunes, 16 de diciembre de 2024

El DVD/Blu-ray/UHD hoy en dia

La tienda parisina, cercana al Canal Saint Martín.

Nunca fui coleccionista de cintas de vídeo ni de DVD. Es más: rehuía entrar en un vídeo club o tienda de venta de DVD de las que ya casi no existen, porque me producen mareo y malhumor. Me parece pasar al reino de la publicidad (esas caratulas), el caos (esas clasificaciones por conceptos -comedia, acción, etc.- que no entiendo) y del escondite (omisión u ocultación de los datos fundamentales de la película), con los que no quiero tener relación. Sólo una excepción: la tienda Potemkine de París, que es otra cosa, pues parece que estés entrando en una buena librería o biblioteca, con sus DVD clasificados por países y realizadores.
Por otra parte, no me manejo bien con los discos con películas. A duras penas si he contactado con los Blu-ray, que ahora resulta que hay otros 4k que no acabo de saber qué comportan. Y, en cualquier caso, como me manejo tan mal con las conexiones entre aparatos, no sé qué hacer para poder ver discos en el monitor de la tele, y solo sé verlos, entonces, en el ordenador de mesa, lo que ofrece unas sesiones más bien incómodas. Me ha costado mucho llegar a saber que los reproductores de Blu-ray pueden reproducir también DVD, mientras que los de DVD no pueden hacer lo mismo con los de Blu-ray, que aportan, generalmente y sobre todo si la película es en color, mejor calidad de reproducción. Pero ya no llego del todo a esos nuevos formatos de alta definición que están saliendo (4K UHD), que me parece entender que precisan de un reproductor exclusivo, no compatible con los de DVD y Blu-ray.
Todo esto para decir que pese a lo anterior, o quizás debido a ello, me han interesado muchas cosas del dossier dedicado al mundo del DVD/Blu-ray de la revista Positif de diciembre, de la que quería traer aquí algunos aspectos de lo que me ha llegado (resta una cierta zona de confusión, pero mi azotea es lo que es para comprender este cambiante campo).
En el dossier, encabezado por una foto de Vicky Krieps en uno de los vídeos de Criterion Closet Picks (en la que un famoso escoge y recomienda diez DVD de la colección Criterion, una de las cosas que he descubierto con el dossier, que habla de la versión aproximada francesa, “Vídeo Club Konbini”, en la que he pescado a Wim Wenders, por ejemplo, hablando de los DVD dedicados a Ozu y a tantos otros), ese dossier, digo, se inicia con una mesa redonda con cuatro editores independientes franceses, discutiendo entre ellos el momento del sector. A eso voy, con una advertencia previa:
En Francia hablan del “sector video” para referirse, una vez ya desaparecidas las cintas de VHS, Beta o las otras que había, a los tres tipos de discos con películas mencionados (DVD, Blu-ray y 4K UHD), que constituyen hoy en día los restos de esa posibilidad de poseer en un soporte personal una película. Pero también a diferentes sistemas de VOD (video on demand)… que no acabo de ver del todo claros, porque creía que eso estaba reservado para las plataformas, pero parece que en Francia ese concepto se amplía mucho.
Contrariamente a lo que creía (y veo es notorio en España), coinciden los convocados a la mesa redonda en que, si bien han bajado sus tiradas, siguen editando un número de películas muy alto, en mayor calidad que nunca. También se desprende de la discusión, que el Blu-ray no ha acabado de destronar al DVD.
Un hecho diferencial con España puede ser (desconozco cómo va la cosa por aquí) en las subvenciones a las editoras por parte del CNC (Centre National du Cinema et de l’Image Animée), que han disminuido en cuantía, pero siguen apoyando la edición física.
La deriva hacia las ediciones de calidad lleva al aumento de packs muy bien editados, con materiales adicionales (los famosos bonus) y un diseño cuidadoso, como para presidir orgullosamente ciertas estanterías de esas librerías… que veo también van desapareciendo en las salas de las viviendas privadas.
Como dicen en la mesa redonda, “poseer el objeto permite no quedar a merced de una plataforma que va a retirar la película, o retocarla” (por todas esas acciones hacia lo políticamente correcto, campañas antitabaco, etc).
Parece ser que un UHD cuesta tres o cuatro veces lo que un Blu-ray, que a su vez cuesta el doble que un DVD.
Y me pierdo con las fórmulas de pedido anticipado, que permiten a los editores saltarse al distribuidor y parece están empezando a funcionar por ahí. Con el peligro de que si los DVD desaparecen de las -pocas- tiendas físicas, llegue “el principio del fin”, según sus palabras.
El dossier entrevista a un responsable de una tienda de vídeo superviviente de París (JM Vídeo), que aún alquila y vende discos y se ve que se ha puesto de moda, incorpora un artículo sobre la Criterion Closer Picks, un par de entrevistas a realizadores de documentales para inserir como material adicional en packs, reseñas sobre unas cuantas ediciones recientes y un artículo muy interesante, “Écrans partagés. Support vidéo et salle de cinéma”, que creo gustará a los gestores de cine-clubs, y que dejaré para otra entrada, quizás destinándola a los componentes de la Federación de cineclubs y sus asociados.


Un caso extremo, difícil de superar su calidad: la edición en madera dedicada a Rashomon, de Potemkine.
 

domingo, 15 de diciembre de 2024

Here




Cierre de obra -y de actividad- por verano. Un obrero de la construcción rumano que vive en Bélgica tiene todo un mes por delante. Encuentro, de golpe, con el tiempo libre.
La baja actividad se siente en todos los sitios que frecuenta, en los principios, finales y cambios de plano. Momentos en los que actúa, sobre todo, el viento.
En uno de esos, con la brisa meciendo las hojas de los árboles, hay en la película un cambio de punto de vista, a una oriental, bióloga, muy contemplativa, estudiosa de los musgos, que deja sus pensamientos en off…
Luego volvemos al rumano contemplativo, pero puede que se den encuentros…
Si una película sobre un japonés que limpiaba lavabos y miraba al cielo entre los árboles mientras almorzaba tuvo recientemente el éxito que tuvo, no sé por qué este “Here” (Bas Devos, 2023; en Filmin) no pueda tener otro tanto.



 

Sumario 3/94

La escena inicial, en el escenario, sobre el que se arroja niebla de esa baja.

Ya pasados los años, el protagonista en libertad, estancia en la casa de campo. Pero el plano de esas rejas seguro que no es casual.

Preparando los documentos que serán el guión de la obra a desarrollar.


¿Por qué será que me interesan y he visto unas cuantas películas o series que repasan algún crimen sonado, si soy de los que, viendo las noticias de la tele, cuando llega el apartado estilo “El Caso” -que abunda-, apago el televisor, y cuando me hablan de alguno me resultan totalmente desconocidos?
Los casos paradigmáticos serían las realizaciones de esa cuerda de Elias León Siminiani y Justin Webster, pero ahora he tenido oportunidad de ver una película bastante diferente, pero que insiste en ese tema, “Sumario 3/94” (Abel García Roure, 2024; parece se estrenará en Barcelona el 3 de enero, en el Cinema Maldà), y no me arrepiento.
En una filmación casera vemos una fotografía familiar desenfocada, que recupera el foco por un momento para volverse a desenfocar enseguida. Recoge la figura -entonces relativamente joven- de Vicente Arlandis, cuyo caso se repasará treinta años después, él ya salido de la cárcel, en la que cumplió condena por homicidio, por activa y por pasiva.
Poco después, la cámara -ésta actual, y profesional- se mueve por un escenario sobre el que se vuelca, mediante un cañón, humo… Una mujer baila en el escenario y un hombre la mira satisfecho en el patio de butacas. Él es el hijo de Vicente Arlandis, el que divulgó y denunció la acusación efectuada a su padre por canales de televisión (de los que vemos algún corte).
Enfoques y desenfoques, realidades a veces enturbiadas por humo, pues.
Tras esta introducción, vemos cómo la pareja se instala en la casa de campo de un amigo, donde extiende todos los informes de la Guardia Civil, pruebas y demás documentación del caso. Mediante todo eso van a proceder, contando con el acusado y su familia, a una representación teatral de cada elemento significativo de la investigación y juicio que, si no puede revertir los años de prisión, quizás sí, a modo de la psicomagia de Jodorowski, quizás pueda sanar algo a los afectados.
Eso y las filmaciones caseras tomadas principalmente en las salidas de permiso penitenciario constituyen la película. Una película que el mismo García Roure cuestiona irónicamente mediante una pregunta oída en la banda sonora cuando acaba la proyección.
Otra cosa: Quizás Abel García Roure no lo ha buscado, pero a mí la película me ha interesado, además de por todos estos juegos sobre la representación, la verdad y sus veladuras, como revelador retrato de dos generaciones sucesivas, procedentes de la clase obrera.
Y, como posible respuesta a la pregunta inicial, ¿será que porque me gusta el cine?



Grabación, hace años, del hijo a su hermana. Muy interesante para redondear el retrato del que hablo.
 

Autobiografía de Nicolae Ceausescu




Las primeras y últimas imágenes de “Autobiografía de Nicolae Ceausescu” (Andrei Ujica, 2010; ayer en la Filmoteca) no corresponderían en buena ley a su autobiografía. Se trata de imágenes que sacaron de la pareja presidencial en el pseudo-juicio que montaron contra ellos antes de matarlos.
El resto sí podemos decir que son las imágenes dictadas por él y su camarilla. Para entendernos, reportajes sobre sus recepciones, viajes (siempre agasajado por todos los líderes del mundo), discursos (de un bajísimo nivel, pero recibidos con estruendosos aplausos), visitas de obras… y escenas supuestamente más privadas, como sus cacerías (¿a qué me recuerda eso?), fiestas o descansos con su mujer, se supone que todos trasmitidos en hora estelar por la televisión estatal para ir comiendo el coco de la audiencia.
Toda una primera parte los baños de masas son -la técnica del momento obliga- en blanco y negro, mientras que sobre la mitad irrumpe el color con una grabación en la que Ceausescu y su mujer, patosos perdidos, juegan con unos cuantos de sus aduladores al balonvolea, sin dar una a derechas. Sólo una escena más para hacernos dar cuenta que sólo se trata de unos tristes catetos absolutos, que en condiciones normales no destacarían en ningún campo.
Es inevitable pensar cómo llegaron a ser los líderes intocables, para los que se organizaban vergonzantes celebraciones masivas de sus cumpleaños, congresos con respuestas unánimes de sus zalameros diputados, desfiles y paradas gimnásticas y de danza (en Rumania y otros sitios, y notoriamente China y sobre todo Corea del Norte) que ríete de la Barbie.
Pero quizás esas imágenes de su servicio de propaganda seguirían haciendo hoy mella: A la salida de la sala una señora, confusa, me dirige la palabra:
-¿Pero no lo asesinaron? He esperado hasta el final para verlo, pero no se ve lo que recordaba.
-Sí, si, después de ese juicio de pega, los mataron.
-¿Pero por qué? Si se ve lo bien que lo hicieron todo…





 

viernes, 13 de diciembre de 2024

Adieu sauvage

María Luna, coordinadora de la Mostra de Cinema Colombià y Sergio Guataquira Sarmiento intercambian miradas antes de iniciar la sesión. Sus perfiles delatan fácilmente sus origenes.

Me supuso un esfuerzo grande ir ayer a la Filmoteca a ver la segunda película de la Muestra de Cine Colombiano. Por una parte, cayó toda la tarde una continua y fuerte lluvia. Por otra, la película de Mayolo que inauguró el ciclo no fue santo de mi devoción… Pero vencí los prejuicios… y valió la pena.
“Adieu sauvage” (2023) es el primer largometraje de Sergio Guataquira Sarmiento, estudiante de cine en Bélgica, que ha tenido una buena repercusión por festivales de todo el mundo (¡hablan de una cincuentena!) y ha recibido el Magritte al mejor documental, el más sonado premio que otorga la profesión del cine belga.
Para este primer largometraje, tras haber hecho cortos de ficción, Guataquira se dispuso a rodar un documental en la zona amazónica de sus orígenes.
Así planteada, la cosa comportaba unos cuantos peligros. Uno claro podría ser el ofrecer una lección concienciadora para mentes occidentales. Otro, caer en un cierto preciosismo estético amazónico, mezclado o no con la idealización sin mesura de la bondad e inteligencia indígena.
Diría que Sergio Guataquira salva muy bien esos escollos.
Para lo primero es esencial la mirada irónica que vierte sobre sí mismo en la película, ajena por completo a la mistificación del autor dotado, endiosado. Nada más empezar, da muestras de ese comportamiento. En la voz en off que marcará el rumbo de la experiencia, el propio director se define como el último príncipe de un perdido linaje del Amazonas… para luego hacer trizas la imagen formada, señalándose como hijo de borrachos y de un conductor de un descuidado autocar que por mal mantenimiento se precipitó por un barranco con todo su pasaje.
Pero hay muchos más ejemplos en esa línea. Explica, por ejemplo, su incomodidad al verse a sí mismo cuando da su discurso de presentación en la Amazonía, sintiéndose como un político vendiéndose a base de imposturas. Y no hace falta mucha intuición para notar que, en vez de mostrarse como arrogante cineasta europeo, hace en la película de patoso con todo lo que ensaya, y no puede sino caer bien.
No hay preciosismo selvático, pero sí una muy bella y funcional fotografía en blanco y negro, en formato horizontal. En el coloquio dio pistas sobre la sólida preparación cinematográfica del menor detalle: procedente él mismo de la ficción, el blanco y negro le ayudaba, al dejarse moldear, al contrario que el color, en su idea de “hacer una película”, pues no hay nunca que entender que rodar un documental consiste en “sacar la realidad tal como es”. La distancia con la que están filmadas las personas y las cosas en diferentes momentos tampoco está dejada al azar, precisamente…
Y, por último, todos sus descubrimientos de la cultura indígena -que lo ha perdido casi todo- están pasados por una sana ironía: véase, por ejemplo, su aplicación del remedio para sus insoportables ronquidos nocturnos.
Las primeras imágenes, él en off narrando su llegada a Mitú, en la región colombiana más cercana a Brasil, sorprenden. Entabla conversación con el conductor del triciclo que le lleva desde el aeropuerto sobre el tema que, en principio, va a tratar en su documental (la oleada de suicidios entre la población indígena), y desde el interior del vehículo no hacemos sino ver un infernal mundo de motocicletas cruzándose, en unas imágenes que me han recordado a varios films del sudeste asiático.
Las escenas que capta de Mitú (luego se concentrará en una pequeña aldea cercana) hablan de una tierra de nadie, producto anómalo de las guerras, que han dejado conviviendo a militares e indígenas despojados de sus tierras.
A partir de ahí, vamos sintiendo una serie de extrañezas (como que el indígena que le instruye a él en todo, que se llama nada menos que Laureano Gallego López, le llame a él, con sus rasgos heredados tan evidentes, “blanco”), que la propia película irá explicando.
En el coloquio posterior, Sergio Guataquira terminó con una hermosa anécdota que confirma su imagen en el film de patoso y, a la vez, define muy bien cómo entiende debe ser, en casos como el que nos ocupa, su cine. Explicó que los colombianos (y tengo anécdotas que muestran que esto es así) socializan mediante el baile. Pero, siendo él un nulo bailarín -por eso, indicó, “me dedico al cine”-, su madre le decía que se dejase llevar, que siguiera el paso. En un documental como éste, ante Laureano y su familia, “yo tenía claro que no debía imponer nada, sino seguir el paso”.

Llegando al aeropuerto de Mitú, desde el rickshaw, o como le llamen en Colombia. Al poco rato, la calzada se llena de motocicletas.

La primera mirada, pudorosa, a los indígenas, está tomada desde la distancia.

Camino, por el río, del poblado en el que va a pasar unos meses, participando en las labores y filmando. Ese traslado cuando apenas se conocen, en la canoa y en el sendero desde el río al poblado, lleno de juegos y risas con los niños, cámara en mano, de autodescubrimientos, te congracia con su postura como cineasta.

Laureano Gallego López quien va ser el maestro de Sergio (y por lo tanto nuestro) de todo un mundo que se acaba precipitadamente.

La escena de la llegada del gobernador a la comunidad. Esperpento total.

Ya sin su chaqueta con la bandera colombiana, en el coloquio final.
 

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Valentin Valentin

El que aparece asesinado es Valentin, querido por todos.

Con su madre, Arielle Dombasle.

Agathe Bonitzer, una de las que comparten piso en el edificio.

Para ir llenando el registro, como solicitaba Estrella. Va de “Valentin Valentin” (Pascal Thomas, 2014).
La iba viendo y no viendo, hasta que al final me he dicho que tampoco estaba tan mal.
Muestra al asesinado y el lugar del crimen al principio y luego, tratándose de Pascal Thomas y siendo las continuas situaciones de la narración / flashback las que son, te dices que todo se resolverá en tono de comedia. Pero luego, valorando, ves que no tanto…
Son los personajes -tipos tirando a caricaturescos- de un bonito edificio parisino, los que, al estilo ‘13 rue del Percebe’, marcarán la historia… y entre los que deberá salir el asesino, aunque durante mucho metraje, salvo valorar el peligro al que se somete Valentin, casi te olvidas de ello, pasando a seguir los diferentes caracteres de los vecinos, se entiende que representativos de medio mundo.
Por el edificio circulan un buen montón de actores franceses y, entre los veteranos, Geraldine Chaplin y -a ella le sentará fatal el calificativo- Arielle Dombasle.


 

Agathe, Solange et moi


Un pequeño descubrimiento que me ha hecho por momentos feliz.
Sabía que Agathe Bonitzer era hija de Pascal Bonitzer y Sophie Fillieres. He estado entonces buscando si Louise Narboni era a su vez hija de Jean Narboni, pero como no he logrado sacar nada en claro, me he dispuesto, resignado, a ver la película. Al cabo de un rato, la voz en off de la realizadora aclara que las dos son hijas de los dos antiguos redactores de Cahiers du Cinéma, que son “las Narbonitzers”. Ya satisfecho, me he dispuesto a ver el resto de película.
El pequeño descubrimiento -al menos para mí- es “Agathe, Solange et moi” (Louise Narboni, 2024; visible en ArteTv, por el ArteKino Festival). La misma Louise explica en el film que se ha reencontrado después de muchos años a Agathe en una pequeña galería de su barrio donde exhiben una muestra sobre la abuela de ésta última y que, casi sin pensarlo, le propone hacer una película juntas.
La película, entonces, podría pasar a formar parte de ese grupo ahora relativamente frecuente en la que una cineasta descubre el mundo artístico y hasta los secretos de su abuela, y algo hay de esto, aunque la abuela es de la actriz y no de la realizadora, y ésta lo mezcla todo con sus propios recuerdos personales y de su familia. Eso y sacar a flote un pequeño homenaje que ambas hicieron a la Zazie de Louis Malle hace años, cuando ambas eran unas crías. Por no hablar del continuo ejercicio de constatación del paso del tiempo y la necesidad de aprovecharlo a fondo.
Pero a mí, personalmente, lo que más me ha emocionado ha sido ver esa posible transmisión que últimamente veía en peligro, del cine que amaban los de los Cahiers de los años 80 y 90 (y que marca, en buena parte, el cine que más interés me ha despertado), quizás por herencia de genes, a sus hijas, asegurando la continuidad esperada.

En la galería destaca la cabeza de Pascal Bonitzer.

En la galería.con Alexandre, el hijo de Louise Bonitzer, que también da muestras de poder perpetuar la tradición una generación más.

Agathe en casa de su abuela, ante el cuadro al que llama “Solange de verd”.


 

lunes, 9 de diciembre de 2024

Fragmentos del paraiso


Vi, hace ya un tiempo, un buen documental sobre Jonás Mekas. Escribí entonces algo sobre él. Pues bien, leyendo hoy de nuevo el articulín que escribí, pues lo publica ahora La Charca Literaria, me he dado cuenta que me balanceé bien balanceado con una cosa.
Ponía en él que Jonás Mekas nos lanzaba un brindis y se bebía una copa de vino en la “Correspondencia Jonás Mekas-José Luis Guerin” (2011), cuando creo que en realidad esa escena estaba en el previo largometraje de Guerin, “Guest” (2010).
Pero vaya, lo dejo así. Total, ¿qué es la vida, sino un continuo balanceo de aquí para allá, a veces más brusco -hasta descalabrarte-, otras más suave y reconfortante?
Aviso que, aunque sale en “Los lunes, día del espectador”, lo escribí en realidad para esa sección de “Casi llore de emoción al ver esa escena en el cine” que, como ya apenas si voy al cine y es raro que me emocionen de verdad las películas que veo últimamente por otros canales, está hace un tiempo bastante desubicada y desnutrida.
El enlace al artículo, con ‘fake-news’ incluida: