Una de las mejores cosas de la red de Filmotecas para sus espectadores son los acuerdos que tienen entre las que disponen de capacidad de restauración para intercambiarse sus últimos trabajos. Gracias a eso ayer pude ver en la Filmoteca una copia restaurada por la Cinemateca Suiza de “Rapt” (Dimitri Kirsanoff -el de Ménilmontant-, 1933).
Si “Menilmontant” (1926) aportaba imágenes inusitadas, “Rapt”las sigue teniendo, presentadas y engarzadas como si Kirsanoff se hubiera olvidado de la llegada del cine sonoro pero, al tiempo, como si hubiese querido introducir toda una serie de elementos sonoros…hasta el punto en que dirías que se le fue la mano. Me temo que me será necesario explicarme: apenas si se recogen diálogos en la película, pero a cambio una música atronadora (a un volumen anoche que los espectadores salimos de la sala medio ensordecidos) de diferente registro (que el nuevo sistema de subtitulado de la Filmoteca adaptado para personas con discapacidad auditiva iba deduciendo diría que por la acción -como también podría hacer un eventual sordo que se hubiera presentado en la sesión- si era romántica, festiva, trágica o de intriga) se hace presente de forma avasalladora, sobre todo para emular, de forma técnicamente bastante primitiva, el sonido de las campanas, el nada realista de los pasos de un vendedor ambulante con pata de palo, el potente tic tac de un reloj de cuco, el ulular de los lobos o, más frecuentemente, las rachas del vendaval.
Toda su introducción tiene lugar en un idílico paisaje alpino del que se comenta también, en contrapartida, su dureza. La trama lleva efectivamente a un rapto de esos de costumbre ancestral, como las leyendas o no tan leyendas que corren sobre el norte de Albania, pero resulta que no, que se trata de dos valles suizos que se dan la espalda, los habitantes de una vertiente no tragando a los de la otra que -dice la película- tienen diferentes costumbres, idioma y hasta creencias religiosas. Algo así deduje en directo que pasaba entre la Suiza de habla germánica y la de habla francesa, pero nunca sospeché que llegaba a lo que se ve en la película.
Si altisonante se puede llamar sin miedo a la completa banda sonora, ese calificativo también podría resultar válido, en muchos casos, debido a ser tan y tan buscadas, para buena parte de sus imágenes, aún quedándose grabadas alguna de ellas por su -si se quiere- belleza. Son numerosos los planos de cruces recortadas contra un fondo de nubes, las nubes que pasan aceleradas por el cielo, planos con movimiento en contrapicados, fraccionados con unos cuantos primeros planos de efecto.
Esa continua búsqueda del efecto sobre el espectador, aunque al llegar el “Fin” han sonado sus buenos aplausos, yo creo que va en contra de la película, como así mismo todos los momentos en los que aparece un teatral tonto del pueblo (así lo llaman en los títulos de crédito), aún con la presencia, en sentido contrario, de otras escenas como el sorprendente baño matutino (si fuese norteamericana diríamos que claramente pre-Código Hays) de la protagonista (encarnada por Dita Parlo, la inolvidable actriz de “L’Atalante”, aunque aquí no desarrollando un papel de continua dulzura, precisamente, o ese extraordinario travelling en retroceso por el camino por el que corre la novia oficial… hasta que falta de fuerzas cae… mientras la cámara sigue indiferente su carrera, dejándola abandonada en el suelo.
Este enlace debe corresponder a esa misma copia, y de ella he obtenido buena parte de las capturas que cuelgo (que conviene ver para darse cuenta de la fuerza visual del empeño), pero la noto con una banda sonora menos alocada que la de anoche. Quizás solo sea cuestión de volumen..:
Ha cambiado el crucifijo por el espejo...























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