miércoles, 19 de marzo de 2025

Laura


Es el reloj de “Laura” (Otro Preminger, 1944), destrozado por el trance final de la película, significando la ruptura ya total entre Waldo, ese Pigmalión que no admitía a moscones de la calaña que fueran alrededor de su protegida , y la fascinante Laura.
Laura tenía un reloj en su casa y Waldo otro, por lo que podría decirse que era el elemento que aún unía a esos dos universos que parecían circular ya cada uno por su lado.
Otros le achacan una simbología ligada -¡por algo se trataba de un reloj!- al tiempo. Un tiempo que separa la edad de ambos, ofreciendo de ellos una visión más de padre a hija que otra cosa.
Pero ha surgido hoy en la sesión una sorprendente opinión adicional sobre la aparición de ese reloj -precisamente ese-, adquiriendo un cierto protagonismo en la película. Según ese espectador, el reloj definiría a Waldo, personaje con doble fondo, como se demuestra tiene, finalmente, el reloj de marras.



 

lunes, 17 de marzo de 2025

Yuri Ancarini en Mubi


Mubi nos sorprende -¡ya era hora!- presentándonos la obra de Yuri Ancarini. Cuatro cortometrajes, sin diálogos (sólo unos muy ligeros en la última), únicamente sonidos y, ocasionalmente, una tenue música.
1/ Il capo (2010)
En las impresionantes canteras de mármol de Carrara, un hombre dirige, mediante un variado concierto de gestos, las operaciones de las potentes excavadoras con las enormes masas pétreas. Un hombre que conoce al dedillo la roca, la Naturaleza.
2/ Da Vinci (2012)
Vemos unas masas de tejidos adiposos y, de repente, vemos que aparecen en la cavidad que se encuentra entre ellos unas pinzas, un punzón… En un movimiento de retroceso salimos a un moderno quirófano. Allí apreciamos (de forma compungida almas sensibles como la mía) que se utilizan unos agujeros practicados en el vientre de una paciente para introducir en él lo necesario para llevar a cabo una operación, que contemplamos gracias a una microcámara. A veces, los movimientos articulados de los brazos y piezas de transmisión de movimientos del robot contrastan con la aparente pasividad de médicos y enfermeros.
3/San Siro (2014)
Unas brigadas de trabajadores dan los últimos toques preparativos al estadio de Milán antes de un partido de fútbol. Luego, los espectadores van llegando y esperan la salida de los nuevos gladiadores…
4/Piattaforma Luna (2017)
Un equipo de buzos vive un tiempo en una plataforma submarina. Te asalta una claustrofobia enorme.
Mubi surgió, según propias declaraciones, para dar a conocer cineastas de mérito a espectadores a los que no llegase su cine. Hacia mucho tiempo que esto no pasaba.



 

viernes, 14 de marzo de 2025

Prisioneros de la tierra

El de las botas es el patrón de la explotación y hacia ahí va a emprender viaje.

El vapor Bermejo avisa de su partida.

Y a él suben sus pasajeros: el doctor consumido por el alcohol y su hija, que va para intentar frenarlo en su carrera hacia la desaparición y el manco (que, optimista, siempre dice que no le falta nada -!!!- para ser feliz.

Unas canciones de los mansús a bordo del Bermejo, por la noche.

Un par de grandes nubarrones abre “Prisioneros de la tierra” (Mario Soffici, 1939), y es que después de haberme encontrado con dos comedias en el Ciclo de Cine Clásico Argentino que han conseguido montar en la Filmoteca a base sobre todo de colecciones privadas, anoche topé con un desatado melodrama, que no se había enterado aún de las castrantes reglas a seguir al narrar estas cosas con las que contaba Hollywood.
La copia que pasaron era extraordinaria, procedente de una restauración de la Cineteca de Bolonia/Cinema Ritrovato, y eso dejaba contemplar en toda su riqueza la fotografía en blanco y negro -sobre todo de sus exteriores por la selva de Misiones- de la película.
No he leído los cuentos de Horacio Quiroga, por lo que no puedo confirmar que a ellos se debe ese ambiente, ese toque de aventuras tropicales y ambientes exóticos que invade buena parte de la película, interesada en reflejar las penurias de los mensús, trabajadores en la explotación de la selva tratados como esclavos. O si de él proceden las frases de todo tipo que la inundan, como ese:
-“Los libros trastornan la cabeza”- que le suelta el patrón, auténtico negrero, a un mansú mientras le arrebata y arroja por la borda del vapor Bermejo que sube río arriba el que estaba leyendo.
Pero las más impactantes corresponden al melodrama profundo que se vive:
-La mordedura de la coral lo lanzó hacia una noche que no termina
-Todos los vasos son iguales y la vida igual a la muerte…
El explotador también tiene amores contrariados y hace sonar varias veces “Tristeza de amor” en su destrozado gramófono, de la misma forma que la travesía permite reunirse junto a unas canciones nocturnas en la cubierta del barco.
En cualquier caso, valió la pena enfrentarse al frío y lluvia, agua por todos lados, para ir a verla.

Un encuentro.

Un mansú peligroso, en cuanto lector.

Vigilando a los mansú.

El gramófono en el que hace sonar una y otra vez “Tristeza de amor”.

El doctor, en pleno delírium tremens.



 

miércoles, 12 de marzo de 2025

Los pulpos


Es una lástima que la copia encontrada para el ciclo sobre el Cine Clásico Argentino de “Los pulpos” (Carlos Hugo Christensen, 1948) no fuera muy buena, porque realmente, como indicaba la nota de la Filmoteca, las calles y sitios de Buenos Aires son unos de los protagonistas de la película.
El primer pulpo que extiende sus tentáculos es el diario en cuya redacción escribe unos folletines de mucha fama el protagonista de la función, pero pronto veremos que otro, la adorable chica que lo enamora gracias a unas románticas cartas, es el que tiene unos tentáculos más peligrosos, que abrazan hasta no dejar respirar.
El noviazgo de los dos tiene unos diálogos espectaculares, con floridas frases a las que no alcanzan los mejores autores de fotonovelas, como “Mis ventanas sos vos: veo a través de tus ojos” y, cuando se descubre que la modosita niña es una mujer fatal, que tiene problemas para no coincidir con sus varios amantes a la vez, vemos al escritor soltando una tardía oración: “Líbrame de la dulzura inexorable de tus ojos”.
Hay en “Los pulpos” sobreimpresiones muy llamativas. Una, parecida a la vista en “Gente bien” (Manuel Romero, 1939), con escena en que literalmente van cruzándose con los luminosos neones de los locales nocturnos de la ciudad, pero que en esa película me pareció lo único destacable cinematográficamente. En ésta, en cambio, se dan otras sobreimpresiones notables cuando a él no le empieza a cuadrar “el relato”-que se dice ahora- de ella (ver la última foto).
Pero lo más importante y destacado de toda la película, lo que la marca definitivamente, su armazón principal, es la total inversión de papeles de la pareja con respecto a los tradicionales: él es el alma cándida que se deja atrapar y hundir por ella, mientras ella le engaña con todos los hijos de vecinos.
La píldora se acaba de dorar, y ya no queda ninguna duda de esta inversión de roles, cuando el espectador oye a un actor diciéndole al escritor que lo va a maquillar, para que presente la imagen perfecta que merece.
Por un momento parece, al surgir una cruz e iglesia, que vamos a presenciar el final impuesto a “Cielo negro” (Manuel Mur Oti, 1951), pero no es así, y ofrece su final dramático también aparatoso, pero exclusivo.
Posiblemente el tercer pulpo, no nombrado en la película, sea ella misma, pues atrapa con sus tentáculos, haciéndote reír y disfrutar de principio a fin.




 

martes, 11 de marzo de 2025

Francesc Vicens


“La guerrre est finie” tuvo como asesor a Francesc Vicens. Resnais necesitaba alguien que garantizara la verosimilitud de todo lo relacionado con la vida en la clandestinidad de la película, y Jorge Semprún le presentó a Vicens. Así podemos en el film observar con detalle las tácticas utilizadas para acordar una cita y cómo actuar si se cree caer en peligro, cómo ocultar propaganda en la carrocería de un coche o un mensaje confidencial en un tubo de pasta dentífrica, así como ver la habilidad de Domingo Malagón en la falsificación de pasaportes.
Fue, desde luego, un buen gesto de Semprún. Así ayudaba a su antiguo compañero en el Comité Central de los comunistas españoles. Expulsado del PSUC como lo habían sido poco antes del PCE Claudín y Semprún, Vicens se encontraba ante una difícil situación para canalizar su vida. No podía regresar a España, pues se arriesgaba a torturas, la cárcel y quizás algo peor, pero no conocía a nadie en Francia, precisamente por haberse desenvuelto en clandestinidad. Semprún, al menos, ya gozaba de una inmensa fama debido al éxito alcanzado por su primera novela, “Le long voyage”.
Ayer, como aperitivo de la película de Resnais, pasaron el mediometraje “Francesc Vicens” (Martí Rom, 2003), y le podemos ver explicando ésta y otras cosas de su vida, que recorrió la militancia de base comunista de los años 50, la terrible experiencia de 28 días en la Jefatura de Policía de la Vía Layetana con interrogatorios al mando de Antonio Juan Creix, la cuarta galería de la Modelo o el Comité Central del PSUC en París, pero también, por ejemplo, la vida parlamentaria en Barcelona y Madrid militando en ERC primero y en Barcelona de nuevo por Iniciativa por Catalunya después, o bien su actividad como primer director de la Fundació Miró.
Pero si alguien piensa que se trata del típico reportaje con un busto parlante hablando de esto y aquello, está bien equivocado. Mediante una puesta en escena muy bien ideada por Martí Rom, vemos a Francesc Vicens la mayor parte del metraje, efectivamente, hablando de todas las experiencias por las que rodó su vida, pero cada vez en un escenario cambiante en función del tema que expone: de las cavas de la antigua rectoría del Empordà donde vivía, pasando por la casi completa oscuridad cuando relata el episodio de Vía Layetana, va ascendiendo plantas, asumiendo primero ciertos espacios de luz, que van completándose.
No había vuelto a ver el documental desde que lo presentamos en la Associació d’Enginyers en 2003. Por una parte me supo mal detectar la cantidad de cosas que, ahora con más experiencia, le podíamos haber llegado a preguntar, discutir y registrar en el libro que le dedicamos. Por otra parte, y luego comprobé que fue el mío un sentimiento compartido por todos los asistentes, quedé una vez más maravillado de su seria, convincente y elocuente disertación.
Por si alguien quiere dedicarle un tiempo a su visión, que requiere su momento y atención, pongo aquí su enlace:



 

La guerre est finie

Cruzando la frontera de España a Francia.


Reclamado por la policía francesa.

Encuentro en París.

Con Ingrid Thulin.

Es muy curioso cómo va conceptuando uno una película según el momento de su visión. Con la de ayer yo diría que habré visto “La guerre est finie” (Alain Resnais, 1966) tres veces. Quizás alguna más, pero en todo caso recuerdo tres etapas y, con ellas, tres respuestas personales ante el film.
De la primera, cuando se estrenó (parece que por 1977), con un entusiasmo político idealizado y poco formado, yo únicamente debí valorar que había estado prohibida en España. Supongo que consideré a todos sus protagonistas como del bando de los buenos como antifranquistas que eran, y entendí sus extrañas acciones como ejercicios de cautela, porque atentaban contra el gobierno de Franco y sabían a lo que se arriesgaban.
De la segunda etapa/vez sólo recuerdo el tedio que me abordó por su ritmo cansino, sus aparentes repeticiones y larga duración.
Ayer, habiendo en el entretiempo ya leído los libros de Jorge Semprún y otros sobre la historia del Partido Comunista, entendiendo bien la situación política retratada y las pugnas internas de los grupos políticos opuestos al régimen, estuve atento a la pantalla (se pasaba, y esto ayuda, una copia impecable) de principio a fin, me resultó de una claridad meridiana y hasta me asombré que en una etapa tan temprana se planteara ¡una película!, y con buenos actores muy populares (Montand, Piccoli, Thulin,…) para dar a conocer las posturas y ofrecer elementos de discusión. (Entre paréntesis, qué lejos estamos ahora de esta situación…).
No sé si encontró en algún momento su público. En España ya debían tener claro que no se pasaría, en los países comunistas también fue prohibida, porque fueron sagaces y vieron una mirada reprobatoria de las tesis de la cúpula oficial del partido. En los demás países… tampoco tengo claro que pudiera disfrutarse, al tratar de un tema muy particular: el de esa polémica entre los dirigentes comunistas del exterior, desconocedores de una realidad española que había cambiado profundamente, y los conocedores del terreno, acusados, cuando expresaban su opinión, de ver sólo los detalles y no tener visión de conjunto. Por otra parte, faltarían los eventuales seguidores del cine de Resnais pero, aunque ésta sí tuviera avances y retrocesos, insertos que son como pequeños flashback o avances de lo que podría venir, pues seguramente tampoco tendrían mucho que pelar, ya que se trata de una película que se estanca muchas veces en acciones…que no son muy activas, sino más bien reflexivas. Y no tiene, para compensar, ni mucho menos el ambiente de Marienbad.
La viví ayer, pese a esa mirada estilo Godard a ese primer encuentro amatorio con Genevieve Bujold, y ese sensual segundo con Ingrid Thulin -que puede recordar bastante a “Hiroshima, mon amour”- como una obra totalmente sempruniana.
No sólo por interpretar Yves Montand al alter ego de Federico Sánchez, que además responde al en el momento contestado pensamiento contrario a la línea oficial del PCE sobre la evolución del panorama político español, el de Claudín y Semprún, sino por su misma poética constructiva y reflexiva.
Me ha hecho gracia ver que un policía francés le dice por el final al personaje de Montand, como reflexionando en voz alta, que tiene cuidado con los que están en la clandestinidad, porque quién te dice si al día siguiente no serán ministros. Porque cuando Semprún escribió esta línea de diálogo estaba entonces bien lejos aún de ser nombrado ministro de cultura… ¡curioso!

Y amigos ajenos al Parido.

Reunión política en la Rue de l’Estrepade.

El anual artículo y consignas irreales sobre la huelga general y sus seguros efectos.

El sol se levanta por Benidorm. No debía ser el 45 el número de la calle Aribau en “Nada”, porque se que estaba en el lado Besós, pero…


Un jovencísimo Flotats.
 

lunes, 10 de marzo de 2025

The apprentice. La historia de Trump

La Trump Tower, en imagen de la BBC.

La primera visita a NY, además de ver los clásicos sitios popularizados por el cine, como Tiffany, rendimos pleitesía a los del momento. Así, en la misma Quinta Avenida, tras ver la cola de una tienda de ropa que lucía en su entrada a un tío luciendo unos llamativos pero escuetos calzoncillos, pagamos la novatada de entrar en un rascacielos que decían tenía en su interior una cascadita y todo.
Pensábamos que sería del estilo de los sitios decorados por Philippe Starck que habíamos ido encontrando por varios lados, pero nos encontramos con una terrible horterada, reino de la mayor y solemne aparatosidad dorada que pueda suponerse.
Esas mismas irreprimibles nauseas, ganas de salir de la Trump Tower a respirar aire fresco me han venido a la mente por la mitad de atreverme a ver “The apprentice. La historia de Trump” (Ali Abbasi, 2024; en Movistar y Filmin), coincidiendo con el momento que representa la inauguración del edificio, si bien el malestar ya venía desde su mismísimo principio.
No es que la vea como mucho más que un telefilm, pero esa voluntad feísta que la preside de principio a fin me hace reconocer que está bien conseguida. Incluida ese nerviosismo y textura que tenía el cine blaxplotation de los 70/80.
Y hay tantas coincidencias (supongo que buscadas) con lo que se ve cada día en las noticias que vuelven, irremisibles, las arcadas: para preguntarse una y otra vez cómo es que hemos llegado a esto…



 

domingo, 9 de marzo de 2025

¿Dónde está esta calle?

“Los verdes años” y “Onde fica esta rua?”

“Los verdes años” (Paulo Rocha, 1963) es la película a la que muchos atribuyen el inicio del Nuevo Cine Portugués. Rodada en buena parte durante periodos de restricciones por la pandemia de Covid-19, “¿Dónde está esta calle?” (Joao Pedro Rodrígues y Joao Rui Guerra da Mata,1962; en Filmin) intenta su continua evocación.
Así, unas escenas iniciales (que se complementan más adelante) muestran, con una viveza grande -con la ayuda de patinadores- los terrenos entonces del extrarradio de Lisboa donde paseaban los personajes de aquella película, con fondo las nuevas construcciones de la ciudad. Por cierto que, tras mostrar las aún más nuevas construcciones que han saturado la zona, la cámara nos desvela la escalofriante existencia, bajo los matorrales, de trozos de un cadáver: una mano, una pierna,…
Pero que nadie crea que la evocación se efectúa casando escenarios de entonces y ahora como indicaría la primera imagen que cuelgo… Se ha de tener muy interiorizada “Los verdes años” para llegar a descubrir otros escenarios (que el plano de la segunda imagen tiene equivalencia directa con otra del film actual no lo he sabido hasta buscar por internet fotogramas del film de Rocha; sí en cambio he recordado, al verla, la portería de la casa donde servía la criada venida del pueblo y de donde sale Isabel Ruth, la que la interpretaba, cantando una canción), como par descifrar las razones de las escenas que se nos presentan.
Aunque quizás no importe en ocasiones tanto como me temo: también puede verse como un curioso documental sobre Lisboa, lo que permanece y el paso del tiempo por ella. Hasta me ha parecido detectar un par de escenarios de Joao César Monteiro…

Los verdes años



El mirador de Santa Justa, que aparece también.


 

El teorema de Marguerite


Es extremadamente convencional en sus formas y desarrollo, hasta el punto de tener un final como estilaban las películas norteamericanas, pero al menos “El teorema de Marguerite” (Anne Novion, 2023) presenta la originalidad de un tema (el superficial, no el de base) no demasiado explotado: la joven investigadora matemática Marguerite es un bicho raro que sólo vive para demostrar la Conjetura de Goldbach.

Y la cosa matemática, Gonzalo, no chirría como podría llegar a chirriar. 

miércoles, 5 de marzo de 2025

Pan




Filmin ha reintroducido en su catálogo, después de mucho tiempo sin hacerlo, cine clásico -pero del de verdad-, y hay que congratularse de ello. Ahí están ahora para refrendarlo películas como “Fausto” “Nosferatu”, “Tabú”, “El Tartufo” y “Amanecer” de Murnau, o el “Dr. Mabuse”, “Metròpolis” y “M” de Lang para corroborarlo y disfrutarlos.
No encuentro ninguna referencia documental antigua sobre una recién llegada en el mismo paquete, “Pan” (Khlib, Nikolai Shpilovsky, 1930), y deberá ser por lo que dice la nota de la plataforma sobre que fue prohibida por el gobierno soviético.
Será por eso, porque si no no se entiende cómo un peliculón como éste haya pasado desapercibido por tantas historias del cine.
Propaganda descarada de la colectivación de las tierras, pero mostrando las luchas entre los campesinos por esa causa, contiene unos planos de una belleza inusitada, de voluntad estetizante muy estudiada (como ese en el que el protagonista, regresado del ejército y hecho a la causa de los soviets, rotura con su caballo en diagonal los campos de cultivo de los diferentes vecinos, para “cultivar para todos”, u otros correspondientes a contrapicados, muchas veces con fondo en negro, para resaltar el perfil de los personajes.
Eso y también un juego con los intertítulos y las imágenes trepidando para significar las voces y consignas que se van divulgando, indican un aprovechamiento vanguardista del cine que debiera darle un hueco en la memoria del espectador de cine.