¡Pues no habré pasado veces ni nada por la carátula de “Monsieur La Souris” (1941) en TV5Monde+, buscando alguna perdida película interesante a ver!
Hasta que ayer caí en que su realizador era nada menos que Georges Lacombe, el que se inició en esto del cine con esa joya sobre los bidonvilles que rodeaban París que es “La zone” (1928) y me dispuse a verla por si algo de esa se le había impregnado.
Ningún parecido formal entre ambas. En su segunda mitad la más reciente tiene también escenas rodadas en escenarios naturales, aunque de mayor alcurnia que la primera, pero sus escenas principales están rodadas en evidentes decorados. Las tomas de escenarios naturales dan a “la zona” una espontaneidad y frescura enormes al tiempo que le otorgan un carácter documental único, mientras que “Monsieur La Souris” (se ve que aquí se llamó “El misterio del automóvil”) tiene mucho de teatro de bulevar. Su protagonista es, eso sí, también un representante del más bajo estrato de la sociedad, un vagabundo, que conserva en este caso la elegancia de una vida que algún día tuvo.
Es y está tratada como comedia de costumbres, pero está basada en un relato de Georges Simenon, y parte de un muerto…que desaparece.
Su fuerte, y el motivo por el que la atiendes con placer de principio a fin no es, sin embargo, su trama policiaca. La atracción reside, indiscutiblemente, en unos actores salidos del teatro más popular, que ofrecen unos personajes extraordinarios. Raimú es Monsieur La Souris, pero cada vez que aparecen es un gozo que cuente con ese inspector Lognon (Regné Bergeron) o ese inocente y feliz Mr. Cupido (Raymon Almas), cada uno de ellos con sus expresiones listas para convencer de su autenticidad.









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