viernes, 20 de enero de 2017

Le pont des Arts


Ya sin Eugène Green, hoy ha sido el turno, en el ciclo de la Filmoteca, de “Le Pont des Arts” (2004).
Podría ser un cuento del estilo de “Le monde vivant” (2003), con la característica de estar ambientado en el París moderno, si no fuera que, llegado un momento, aparece de repente un grano que te distancia irremisiblemente del film.

En un corrillo de después de la proyección todo el grupillo alababa la película, hasta que una amiga ha señalado que no le había convencido, que le veía muchos agujeros. Ha sido divertido ver entonces que uno de los que la había alabado con entusiasmo, ha concedido que sí, que tenía agujeros, y –animándose- que muchos agujeros, y -ya desbocado-, que era un colador.
Quizás no diría yo que se trata de un colador, porque en su mayor parte sigue manteniendo el tono y la esencia del cine de Green, con un amor poderoso más allá de la muerte, con una música maravillosa –aquí sobre todo Monteverdi- digna de lo máximo, y también porque posee esos personajes a lo época final de Bresson, o estilo Garrel, o un poco el Eustache de “La maman et la putaine”, como posee planos de detalles de movimientos, o actores colocados frontalmente a la cámara, a los que ya me voy aficionando, y constituyendo uno de sus claros atractivos.

Pero sí que es verdad que también yo le veo agujeros, o aristas difíciles de tragar, como el en teoría jocoso personaje que encarna Denis Podalydès o, en mucha mayor medida, el forúnculo de la impresentable secuencia asignada a Olivier Gourmet, aquel característico actor de los Dardenne. Green le hace aparecer con una túnica, revolcarse lascivo por el suelo, en una escena bochornosa que lejos de caracterizar graciosamente a un estamento criticable, hunde en mi opinión bastante el tono general.
Por suerte, olvidando cosas de éstas, está –claro- París, con sus palais del XVIII y el Pont des Arts…

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