jueves, 26 de enero de 2017

High school

Mariana Freijomil, junto a Mercè Coll, arreglándose el cabello antes de su presentación.
En algún momento me diré que para qué andar mirando cómo funcionan por dentro los cursos de danza en la Ópera de París, cómo están organizados los subterráneos del Louvre, la National Gallery de Londres o ciertas áreas de un hospital norteamericano. Pero hasta que llegue ese día, las películas de Frederic Wiseman suponen, para conocer de todo eso y cantidad de otras inesperadas cosas de minucia y de amplio fondo de esos sitios y los entornos que los producen, una fuente de primera magnitud.
"High school" (1968), que no cayó en la reciente retrospectiva del documentalista, lo ha hecho hoy en la Filmoteca, dentro del ciclo de La Casa de la Paraula "Fantasmagories del Desig", presentada por Mariana Freijomil. Está centrada en las actividades de un instituto prestigioso de Pensilvania, y yo la situaría entre sus propuestas más interesantes.
Mariana Freijomil ha establecido muy bien una línea de interpretación global: Wiseman filma y luego monta la película dando a entender la High School como una línea de producción, que va moldeando las características de los que salen de ahí, un ejemplo de los cuales ocupa la escena final. Pero en el coloquio Xavier Bassas ha presentado sus dudas sobre la global maldad del sistema disciplinario presentado, comparándolo con los sistemas educativos que tuvimos por aquí.
Lo que ocurre es, creo yo, que no deja de ser un reflejo de una época y un país que, en esos días, aún en puertas de una cierta revolución de comportamientos, seguía estando a años luz de la oscuridad ambiental en la que se movían nuestras escuelas. Incluso más atrás en el tiempo, cuando los soldados americanos vinieron a luchar en Europa, eran otra cosa, tenían una forma de actuar diferente.
En otro plano de esta actividad casi todo el cuadro está ocupado por el dorso de una alumna.
¿Qué presenta Wiseman? El desarrollo de clases, momentos de gimnasia (con los cuerpines de las chicas envueltas en sus equipos deportivos en unos planos medios y primeros planos que yo diría no se permitirían hoy en día), entrevistas con los padres de una alumna expedientada -también presente-, paso de modelos con los consejos de estilo de la profesora, charlas de formación sexual y hasta al pobre encargado de la limpieza yendo ahí lejos, en el gran pasillo, con su carrito.
Padre e hija en el despacho del director.
De todos los momentos puede extraerse viéndolos una pequeña conclusión, que yo creo que puede ir desde un posible orgullo de la sociedad americana del momento, incapaz de ver el lado oscuro de las enseñanzas mostradas y lo crítico de la forma en que nos son servidas, hasta un cierto susto actual sobre de qué manera se inculcaba entonces y ahí disciplina.
Prácticas de mecanografía.
No era el instituto analizado de gente de clases desfavorecidas. Disponía de magníficas instalaciones para diferentes actividades. Los alumnos de raza diferente a la blanca eran casi inexistentes, y todos parecían tener un cierto nivel económico. En una escena magnífica, el cuadro directivo, en labores de orientación educativa, plantean el acceso posterior de una chica a una u otra universidad en función del dinero al que está dispuesta a aflojar la familia de la alumna y, en todo caso, ya conformada con lo que resulte, entonces ver si puede optar a alguna beca de las universidades de nivel superior.

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