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miércoles, 24 de enero de 2018

La edad te la acerca más

La escena que me conmueve aparece en una película de esas que de tanto en tanto te apetece ver: un documental sobre la inmensa actriz Ingrid Bergman, que tiene la particularidad de estar estructurado a partir de sus propias filmaciones familiares, pues era una gran aficionada al cine amateur, casero, y lo filmaba todo.


Aquí lo han titulado Ingrid Bergman: Retrato de familia. Lo hizo en 2015 Sig Björkman, un director sueco que también efectuó alguna entrevista muy interesante al otro gigante Bergman, el realizador de cine. Su título inglés es quizás más preciso: Ingrid Bergman in her own words, aunque diría mucha más verdad si fuera «en sus propias imágenes», en vez de «palabras».


Tanto en sus propias filmaciones como en las secuencias de films que incorpora el documental, se ve, inicialmente, a una Ingrid Bergman bellísima, prototipo de la gran estrella americana; pero una estrella que debía tener algo realmente especial, inusual, dentro. Lo digo por ese giro que da en su vida tras haber asistido a una proyección de Roma, città aperta, un film que, en cambio, no debieron ver otras actrices americanas del momento. Ingrid Bergman sí lo vio, se conmovió con él y, como reacción, tuvo la osadía de escribir aquella famosa carta a Roberto Rossellini, diciéndole cuánto le había gustado el film y dejándole claro que ahí estaba ella, si alguna vez quería rodar con una actriz sueca que hacía películas en Hollywood y que en italiano sólo sabía decir “Ti amo!”.


Rossellini no se lo pensó dos veces y ya la tenemos, poco después, con él, rodando Stromboli, terra di Dio. Ocupan, en la isla eólica, cada uno de ellos una casa con discreta comunicación posterior, dando comidilla a la prensa del corazón por ese repentino cambio en la vida sentimental del realizador italiano, del temperamento latino de Anna Magnani al exótico encanto nórdico de la Bergman.


La secuencia que quiero destacar se encuentra, no obstante, ya bastante avanzado el documental. Se trata de una escena procedente de una película que no he sabido localizar y muestra al personaje que interpreta Ingrid Bergman viéndose tal como es, ya no joven, y exclamando:


– ¡Oh, Dios mío! Perderé a todos mis fans.


Se ve justo entonces un primer plano de ella, mirando a la cámara, con los ojos humedecidos.


He analizado después, al escribir estas líneas, por qué me conmoví con esa situación y cuál fue el motivo de las embarazosas lágrimas que pugnaban por asomarse a mis ojos. Poco antes había visto a la actriz en una prueba, sin maquillaje, efectuada a sus 19 años, por lo que podría ser la brutal constatación de todo lo perdido lo que me hubiera arrastrado, por simple comparación, hacia ese sentimiento. Pero no se trataba de ese tipo de desmorone interior. En ese caso habría visto en su rostro, como en un relámpago que se bifurca, otros dos: por un lado el de esa chica angelical de 19 años; por otro, el de ella misma, bastantes años después, interpretando –para mí que con un cierto tono malhumorado– una película para el Bergman director. O ya con el cáncer que se la llevó de este mundo.


Pero indagando y rebuscando otras causas he dado también con una razón más personal, bastante plausible. En la escena de esa película incorporada en el documental, Ingrid Bergman ya es una mujer madura. La piel de su rostro se muestra picoteada por unas pecas y no es lo tersa que se notaba justo antes, pero no ha perdido, no obstante, por ello, su poder de atracción. Al contrario: parece reclamar una caricia. Doy un salto mortal en el análisis interpretativo y recorro el posible camino seguido. Resuelvo que la visión del rostro de Ingrid Bergman me llevó a verme observando el rostro de mi madre (ya en ese momento una mujer de mediana edad) y cómo también su rostro me condujo a recordar la imagen de una fotografía suya de joven, muy guapa, en una de esas rocas que van punteando las playas de Empúries. La foto la hizo mi padre, en una estancia con ella en L’Escala, antes de su boda. Todo eso debió pasarme por la cabeza, concentrado en un flash que, inevitablemente, me deslumbró.


Vi en ese plano, en definitiva, una Ingrid Bergman muy hermosa. Y llena de humanidad.

martes, 28 de marzo de 2017

Ingrid Bergman. Retrato de familia

Ingrid Bergman, niña. Seguramente retratada por su padre.
En uno de esos canales de cine de Movistar + corre "Ingrid Bergman. Retrato de familia" ("Ingrid Bergman, Stig Björkman, 2015). Björkman es un escritor cinematográfico que ha hecho entre otras cosas varias entrevistas a Ingmar Bergman, y él mismo ha realizado varios films, de los que recuerdo que alguna vez el mismo Bergman habló. Y, eso al margen, si alguien gusta de algún modo de la actriz sueca, yo creo que lamentaría perderse la película.
Con el que sería su primer marido.
Ésta empieza, antes del título, con extraordinarias fotos de ella de niña, feliz con su padre y narrando que de golpe se le murió casi toda su familia. Una forma de atarnos desde el principio a su personalidad. El subtítulo inglés de la película es en realidad "En sus propias palabras"' porque buena parte de su metraje está narrado por ella misma o se ven imágenes casadas con su relato epistolar o de diversas entrevistas. Pero también se podría haber llamado "En sus propias fotos", o "En sus propios films", porque se la ve en numerosas fotos con una cámara fotográfica o de cine de 8mm, o incluso de 16mm, y así vemos cómo en su viaje a Europa en los años 30 se topó con numerosos niños o miembros de las Juventudes nazis desfilando alegremente en su marcha hacia la destrucción global, como vemos posteriormente muchas escenas de sus películas familiares, en gran parte rodadas -y casi diría que montada su escenografía- por ella.
Encuentro Bergman-Rossellini.
Un buen documental, o en general una buena película, sostengo que siempre te enseña cosas. Gracias a éste (que sí, podría acusarse de demasiado rendido desde un principio a Ingrid Bergman), y a un comentario que hace ella a una amiga en una carta (algo así como que Humphrey Bogart, con el que iba a rodar "Casablanca", no era un galán al uso de los de Hollywood: que muchos de los actores jóvenes y guapos habían desaparecido, alistados en esos años 40 en el ejército, para combatir en la II Guerra Mundial), he empezado a pensar en la cantidad de galanes ya maduros que realmente pulularon en esa época por las pantallas americanas, y me he dicho de fijarme próximamente, porque parece bastante probable que así sea. En todo caso: HB para Casablanca fue un recurso casi obligado, dada la escasez.
Ella, supongo que en Stromboli, con su cámara familiar, rodando.
Pero aporta bastante más el film. No defraudará a los que busquen la crónica rosa. Yo he actualizado el fichero en este sentido, cayendo del burro y todo. Aparece su confesión de haber encontrado a Robert Capa y haberse enamorado de él, o todos los otros lances por los que pasó (y fue bastante movida en eso). Tiene cortes más que curiosos, como esa toma de Hitchcock haciendo de entrevistador a pie del avión que los traía a Londres para rodar "Notorious", o más tarde una escena de film doméstico con el orondo director en un jardín de casa británica. También me ha hecho mucha gracia lo que cuenta de cómo Roberto Rossellini contrató al (de hecho fueron dos) que iba a ser su partenaire en "Stromboli": "Ya veremos cuál de los dos es más inteligente. A ver qué te parecen" -se ve que le dijo tras escoger un par de pescadores en una playa de Salerno- "Me ha costado encontrar que midieran más que tú".
También ofrece datos que me han sorprendido, y que convendría analizar y poner en claro. Uno, que hizo una gira por Europa con la obra de teatro "Juana de Arco" con toda la familia Rossellini, y que la etapa previa a Estocolmo con la obra fue ¡Barcelona! Otro, que Rossellini, por esas fechas, tenía previsto rodar fuera de Italia, y estaba pensando hacerlo en España.
Y, por último, también me han gustado alguna de las reflexiones que se hacen en la película. En especial una de su hijo Roberto, feliz cuando relata lo que supuso para él la isla sueca que poseía el último marido de Ingrid: "Todo cambia. Las ciudades, nosotros, nuestro trabajo,... Necesitamos de una cosa, de un punto que no cambie". Está muy bien la reflexión. Entiendo lo que quiere decir. Aunque desgraciadamente no tenga los posibles -ni amistad con los conocidos necesarios- para poder disponer de una isla a mi antojo.