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domingo, 29 de mayo de 2016

O encantado


Después de tres días a sesión de más de dos horas diarias de “Las mil y una noches” (Miguel Gomes, 2015) se corre un serio riesgo de caer mañana en una fuerte depresión post-parto, por inanición. Quizás para evitar este mal, en el tercer trozo (“O encantado”), tras un buen rato de (hermosa) crisis, en la que Sherezade (aunque lo diga en verdad su padre, el Gran Visir) está cansada y ya no sabe qué decir, reemprende sus historias, pero centrándose básicamente en una larguísima de unos pajareros que habitan en un barrio empobrecido cercano al aeropuerto de Lisboa, que ha hecho desfilar de forma más notoria que las otras noches al público de la Filmoteca.
Pero antes, y sobre todo al principio, ha habido tiempo para todo. Primero para ver danzar a una bailarina persa… que recuerda sospechosamente a la de “El río” (Jean Renoir”, 1951), pero evolucionando no ante una pared, sino ante el mar. A continuación para pescar una serie de vistosas y divertidas historias de un Bagdad muy mediterráneo, con una más que hermosa e inteligente Sherezade intentando vivir lo que no ha vivido y en ocasiones con persas de leyenda que más parecen hippies ibicencos, curiosos adoradores del Metal, si bien se cruza en las imágenes con un concierto de samba en los USA.

Sherezade vuelve a contar finalmente historias, pero son entonces ya sólo dos, la de los que atrapan pájaros para “hacerlos girar” (aprender a cantar) y vencer en concursos y la mucho más corta e intercalada de Fuente Caliente, esa china que explica que ha conocido a un portugués, pero en la pantalla vemos el sitio del Parlamento portugués o una protesta con una pancarta que dice “No dejar morir Abril”. Y ella misma –Sherezade- entra en bucle: En la pantalla cada vez con más frecuencia se nos va colocando un letrero que nos repite que al llegar el alba se calló, y otro al poco tiempo que nos dice que volvió a contar (otro aspecto de la historia de los pajareros, claro).
Aún no sé decir qué predomina en las historias de los dos primeros días, pero me resulta claro que en las de este tercer trozo, y habría que exprimir y sacarle una interpretación a eso, son historias narradas básicamente utilizando el sonido. No vemos a la china que relata su historia: lo hace en off. Y a los pájaros les envuelven sus jaulas, por lo que sólo les oímos cantar, sin verles hacerlo.

Al final todo acaba con una larga panorámica siguiendo la marcha del veterano pajarero, aprovechando al máximo las cualidades del formato panorámico con el que está hecha toda la película. Quizás, como hemos estado comentando a la salida de la sesión, el que después de tanta historia haciendo volar la imaginación acabemos inmersos en el mundo de esos pajareros (y a través de ellos en la vida de su barrio), en el más puro afán documentalista, no sea en absoluto involuntario. Los pajareros están refugiados en su mundo, lleno de pájaros que deben atrapar y adiestrar, ajenos a otros asuntos…

sábado, 28 de mayo de 2016

O desolado


La primera historia de “O desolado”, el segundo trozo de “Las mil y una noches” (Miguel Gomes, 2015), con su pantalla panorámica y su Simao Sem Tripas, el forajido que transita solitario por la sierra, me ha recordado a ciertas películas del Cinema Novo brasileño. Pero luego hay un cambiazo: Desde un ambiente acomodado una hija telefonea a su madre para avisarle que ya ha superado a satisfacción uno de los hitos de su vida.
La madre es juez, y preside a continuación un juicio bufo, lleno de personajes de farsa, utilizado para, en otro giro, establecer una fuerte denuncia a los ataques a los servicios públicos perpetrados los últimos años en Portugal y tantos otros sitios.
Y así sigue, colocando de tanto en tanto una canción pegadiza, y demostrando el poder de ensoñación del cine. Las más de dos horas de este trozo central de la película acaban con la presentación de una serie de historias cortas ambientadas en una torre de una especie de Ciutat Meridiana portuguesa, con el nexo común del simpático perrito Dixie, que va cambiando cada día de abrigo. Son sólo tres días viendo “Las mil y una noches” (mañana la última parte en la Filmoteca), pero así, a base de historias y más historias, podríamos estar tres meses, y seguir ahí pegados. Yo me apunto.

O inquieto


Creo que es lícito temer que el exceso de una película que son en realidad tres, como es el caso de "Las mil y una noches" (Miguel Gomes, 2015) sea una demostración del endiosamiento de un director al que se ha aupado muy arriba y ya se le permite todo. Pero resulta que se inicia de una forma que aúna el necesario documental sobre la crisis (impresionantes escenas y voz en off sobre el mazazo a los astilleros como fuente de trabajo y fortuna), la peculiaridad del cine de Gomes (apareciendo él mismo reconociendo no saber qué hacer, mezclando una película sobre la crisis de los astilleros y la misteriosa invasión de la abeja asesina y los métodos ideados para acabar con ella) y el cine clásico narrador de historias fantásticas, dejando claro que Miguel Gomes no es un bluff.
El inicio de su primera parte ("O inquieto"), que se ha pasado hoy por la Filmoteca previamente a su estreno en salas comerciales, me ha recordado otra película de joven realizador portugués de la que guardo un muy grato recuerdo, "É na Terra, nao é na Lúa" (2011). En ésta Gonçalo Tocha filmaba desde una oscilante barca la isla de Corvo, la más occidental de las Açores, y prometía entrar en todos sus rincones para rodar y dar cuenta de cada uno de sus aspectos. En "O inquieto" Miguel Gomes rueda desde una barca los muelles de los astilleros, donde se acumulan montañas de gente que se han quedado sin trabajo. Mientras la cámara oscila con las olas, en off alguna de estas personas explica el proceso seguido hasta esta situación. La isla de Corvo, la crisis portuguesa y europea: dos objetivos de la mirada de renovadores cineastas.
Transcurrida la bastante larga introducción general, empiezan a sucederse -anunciadas por unas imágenes sí muy ligadas a unas atractivas y exóticas Mil y una noches-, historia tras historia. Alguna de estas historias deja en evidencia mecanismos asociados a la crisis de forma algo grosera; otra recuerda los inicios de Gomes, bomberos incluidos, en "Aquel querido mes de agosto"; en otros predomina un cierto disparate algo tontaina, pero incluso pegados a alguna de estas últimas, aparecen relatos punzantes como el del personaje de la imagen. La cámara se le va aproximando, para permanecer finalmente, de forma sostenida, en un plano medio fijo mientras ese señor explica de forma templada, pero demoledora, la evolución de su situación.
Mañana y pasado, la segunda y tercera parte.