Después de mucho diálogo y reflexión para hacer más o menos verosímil la conversación con Luis Buñuel que está teniendo treinta años después de su muerte, Jean Claude Carrière en "Despierta Buñuel" (Oportet Editores, 2016) le hace decir algo sobre un tema en verdad interesante: la creencia religiosa, en Dios, de dónde viene y lo que arrastra.
Primero, sobre la "auténtica proeza" de seguir creyendo en alguien que nunca se muestra, dice el Buñuel de ficción (que ya no está entre los vivos, pero no está enteramente muerto): "Los fieles le dirigen plegarias, le ofrecen enloquecidos sacrificios, se levantan por la noche para cantar sus alabanzas, hacen penitencia, se fustigan, caminan sobre ascuas, se hincan clavos en la carne, y Dios sigue sin aparecer."
- Es como para enfadarse - le dice entonces el Carrière de ficción, que tiene mucho del sí mismo actual.
- Así es -contesta ese Buñuel-. Enfado que conduce a la cólera, y rápidamente al furor. ¡Porque, en cualquier caso, ese cielo de silencio y de vacío resulta exasperante! (...) Se llega a odiar a los que no han perdido el tiempo en adorar a un dios, a los que han vivido como hay que vivir (...). Y entonces se les mata, lisa y llanamente
Y, más adelante: "Si una sociedad se muestra de pronto más sensata, más amistosa, Dios se va, ya te lo he dicho. No hay territorio de caza. Pero si la sequía te agobia, y la pobreza, y el hambre, si el desierto te acosa incluso bajo tu ventana, si los lobos y los osos vienen a comer en tus basuras, si tus jefes están corrompidos, tus hijos hambrientos y tus vecinos son crueles, rápido, ponte de rodillas, reza. Así es la cosa. Dios ama las penurias, las catástrofes, la miseria, las opresiones (...)"
En la foto, de la que desconozco autor, Luis Buñuel, con unas pierninas que ya hacían presagiar su lamentable estado en el libro, en un alto en un paseo por San José de Purúa, donde solían refugiarse muchas veces para escribir los guiones de sus películas.
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