viernes, 5 de junio de 2026

O Thiasos


Debe quedar poca gente que recuerde la sesión de la Filmoteca de la calle Mercaders en que se proyectó “El viaje de los comediantes” (“O Thiassos”, "El viaje de los comediantes"; Theo Angelopoulos, 1975). Fue una de las tres o cuatro en las que las expectativas suscitadas por el éxito y polémica por su pase en el reciente festival de Cannes hicieron convertir la sala en un sitio en el que se había de estar.
Se quedó gente fuera, pero entró mucha más que lo que el aforo de la sala permitía y creo recordar que fue una de las veces en que “los sobrantes” se acomodaron (es un decir) por todos los huecos que encontraron: sentados por los pasillos, apoyados en las paredes,… aguantando sin chistar las cuatro horas de su metraje, que también tuvieron que soportar estoicamente los traseros de los que alcanzaron una butaca, entonces de la más implacable madera.
Pese a esas condiciones de recepción, hoy impensables, la sensación que causó la película (que nos dio a conocer aquí el cine de Angelopoulos) fue enorme.
Pero si bien asistió muchísima gente, lo más probable es que casi ninguno de los afortunados supiera el detalle de los acontecimientos históricos griegos que intervenían en la película, frustrando una y otra vez a la desgraciada troupe de teatro representar su popular “Golfo la pastora”. La cosa era más que enrevesada, y todo el mundo no hacía más que ver desfilar por la pantalla, a lo largo del tiempo, a fascistas, soldados italianos, alemanes, británicos y hasta marines norteamericanos, sin saber situar en el tiempo muy bien cada aparición.
Y aunque en pases sucesivos ya fueron casando un poco las piezas, a ver quién sostiene que ese periodo de la historia griega, de 1939 a 1952, no fue un verdadero follón, difícil de desfibrar.
Es por esto que ayer asistí felicísimo a la sesión de la UB en que Daniel Roig nos habló de “La guerra civil griega”, que hubo de contar con un inevitable prólogo de situación, porque la historia griega desde el XIX es básica y, en general, de nuestras más desconocidas.
Lo que pasa es que la introducción que he hecho ha sido ya tan larga, que pararé aquí, dejando el resumen de lo aprendido para una o dos entradas posteriores.




 

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