lunes, 22 de junio de 2026

Aeropuerto

Por fin, entre espectágulo de folclore regional y otro diferente, les dejan ir a la pista de baile.

Para que luego digan que el cine no es un correlato directo de la situación sociopolítica del momento… A principios de los años 50 el gobierno norteamericano reemprendió relaciones diplomáticas con el gobierno franquista y se firmó un pacto por el cual España entraba en el bloque occidental, instalándose bases norteamericanas en su territorio. De 1953 es “Aeropuerto” (Luis Luciá; Canal Flix Olé) y todo parece hecho para señalar que aquí no ha pasado nada y que éste es el mejor país del mundo, abierto a todos.
Hay que fijarse en la conversación que tiene un policía con un republicano exiliado:
-(Un policía:) Vd. es de los que se largaron de España al acabar la guerra, y no para hacer turismo, precisamente…
-Oiga, que hay que tener en cuenta que yo he tenido durante toda la guerra un cura escondido en mi casa, y que además le daba lentejas…
Al poco rato entra el comisario, una bellísima persona, a la que no le importa nada que ese hombre (Manolo Morán) haya tenido algún desliz político en el pasado, teniéndose que ir al exilio mexicano, y se burla de lo que cuenta la prensa extranjera sobre la falta de libertades en la Península. Para que se entienda, deja dicho esto:
-Por ahí dirán lo que quieran, pero aquí cada uno sigue haciendo lo que le da la gana.
Si recuerdo bien, “Aeropuerto” (George Seaton, 1970) recogía las múltiples historias que se daban en un aeropuerto y un vuelo. Lo que no sabía es que el cine americano era un copión absoluto, porque sacaron la fórmula de una película española anterior en casi veinte años. Para que luego digan.
Me dispuse a ver anoche el “Aeropuerto” español, que desde luego es Barajas, para ver qué daban de sí Fernando Fernán Gómez, Julia Caba Alba, Pepe Isbert, Xan das Bolas y tantos otros. Fernando Fernán Gómez, sobre todo, está muy bien, y ciertas cosas de los demás también, pero aunque una escena cita a La Codorniz para hacerla su claro referente de la forzada comedia, en general las situaciones que quieren ser cómicas van alargándose y repitiendo hasta hacerse muy pesadas.
Por otro lado, la sala de fiestas de categoría internacional que aparece en la escapada nocturna de la pareja tiene como espectáculo un cuadro de danza regional (que te has de chupar de pe a pa) al que, para que se vea lo de la diversidad regional luego sigue un cuadro andaluz, Juanito Reina cantando “Yo soy esa” y hasta un chotis. Vamos, que por ahí también encerrona.
Para más INRI no falta una historia sensiblona y de retorno a la bondad de la vida matrimonial como la de Fernando Rey con una niña repelente insufrible, como era de rigor doblada por una adulta. La niña tiene éxito y en un plis plas consigue la reconciliación y regreso al casto amor del matrimonio, como demuestra que, después de muchos años sin hablarse, la mujer del personaje de Rey le lleve, solícita, zapatillas de estar por casa para que se las ponga.


Del prólogo que narra en ofrecer aceleradamente, para dar más risa, la historia del transporte a lo largo de la humanidad, hasta llegar al avión de pasajeros.

Manuel Morán, exiliado en México que no puede esperar más para reencontrarse con la esencia de las juergas en una taberna de su barrio madrileño, abandonando el supuestamente agradabilísimo exilio. Vamos: viene a decir eso de ¿qué iban a buscar tan lejos que tenían en casa?

Julia Caba Alba y su martirizado León.

La niña insufrible, tan buena y sabia ella, la pobre, y esa mujer que tan tristemente se ha alejado de ese marido que no hace sino abandonarla continuamente.

El principio del regreso al amor matrimonial, ella trayéndole a él las pantuflas, como debe ser.

 

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